Amor y derechos civiles

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Una historia de nuestros días

San Francisco Atexcatzinco es una comunidad de Tetla. Se encuentra a unos seis kilómetros de la ciudad de Apizaco, refiere Horacio López Muñoz, oriundo de esa localidad y colaborador de Momento, quien en esta oportunidad concede una entrevista a nuestra directora Marisol Fernández, para abordar cuestiones que siguen generando polémica: el asunto de la orientación y de las preferencias sexuales.

Emparejado con este asunto, sale a colación la larga lucha del colectivo lésbico-gay por el reconocimiento de sus derechos civiles. Como refiere Horacio en la conversación, tomó la decisión de casarse con Jorge, su pareja desde hace 19 años, más por el ánimo de garantizarse mutuamente la preservación de bienes y derechos, que por un gesto romántico… aunque no niega que hay amor en esa decisión.

La boda civil la celebraron en las instalaciones de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, el 18 de enero de 2017. Pero para ellos es más importante la fecha en que decidieron estar juntos: el 28 de febrero. Esto es lo que nos cuenta.

¿Cómo fueron los años que viviste en Atexcatzinco?

Ahí me crie y viví hasta los 23 años, que fue más o menos cuando conocí a Jorge.

¿A qué te dedicas?

Yo soy contador público, egresado de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Me dedico a la docencia, dando las cátedras en impuestos y en finanzas. Ahora estoy haciendo un doctorado en el Colegio de Tlaxcala.

“Desde hace unos 28 años aproximadamente, no, estoy exagerando, desde hace como 24 años estoy trabajando como contador público. Mi principal función es la asesoría financiera y fiscal, pero la docencia es mi pasión. Comencé a dar clases a principio de los años dos mil, primero en la Universidad del Valle de Tlaxcala, donde sigo hasta la fecha. También pasé por otras universidades; en algunas de ellas fue un poco complicado, porque están muy lejos. Trabajé en la Universidad Politécnica de Tlaxcala y ahora en la Universidad Autónoma de Tlaxcala”.

¿Cuántos hermanos tienes?

Tengo tres hermanos. Yo soy el mayor, con 45 años. El hermano que me sigue se llama Hugo y va a cumplir 44 en marzo. Omar va a cumplir 42 y Uriel tiene 38; los cuatro estamos ahí como muéganos.

Platícanos de tus padres.

Mi padre se llama José López; también es originario de San Francisco Atexcatzinco. Ya tiene 73 años. Mi mamá se llama Martha Muñoz; ella tiene 65 años y va a cumplir 66 años el próximo mes [febrero]. Mi papá se dedicó a la construcción toda su vida; él es albañil, se desempeña como contratista de obra y mi mamá, pues es ama de casa. Digamos que es una familia muy tradicional en cierta forma, donde el núcleo es el padre, y la madre se encarga de la casa y los roles tradicionales del género masculino y femenino, tradicionales entre comillas [risas].

“Mis hermanos y yo crecimos en un ambiente familiar, diría que bastante normal. Mi papá es un hombre que siempre ha sido muy responsable… muy, muy responsable. Nos inculcó a nosotros tratar de ser lo más responsables posible en nuestro trabajo y en nuestra vida cotidiana”.


Cómo fue tu infancia, porque, como tú dices, San Francisco Atexcatzinco es un pueblito, ¿no?


Tranquila. Creo que muy tranquila. De hecho, mi carácter siempre ha sido muy apacible. No soy muy explosivo ni soy una persona que ande del tingo al tango. Siempre he sido, si no muy reservado con mi familia, sí especialmente con la familia fuera de mi casa, como mis primos. En todo esto sí he sido bastante reservado. Yo diría que mi infancia fue muy tranquila. No hubo acontecimientos grandes ni eventos traumáticos que me marcaran. Obviamente sí pasas por algunas cosas, algunas situaciones más íntimas, más personales, pero diría que tuve una infancia bastante común, bastante ordinaria, sin mayores dificultades.


¿Para ti qué es el amor?


Híjole, el amor para mí son las ganas de estar juntos. Para mí el amor no es sentir mariposas en el estómago; para mí el amor no es enamorarte y olvidarte quién eres. El amor no es decir “Yo soy de…” o “Me pertenece a mí”. El amor no es pertenencia. Para mí el amor es libertad, que cada uno conserve su individualidad y pueda tomar sus decisiones. El amor se construye a través de caminar juntos tomados de la mano compartiendo vida. Eso es el amor para mí.

¿Y qué es la amistad?

La amistad es algo muy parecido al amor, pero también implica muchas cosas que el amor también tiene. La amistad está dentro del amor, pero creo que en la amistad compartes muchas cosas que en el amor no compartes.

Cómo cuáles.

Por ejemplo, en el amor…

O como mencionabas hace un rato, ¿qué no es la amistad?


Fíjate que ahí no tengo una concepción completa de lo que no es la amistad. Por ejemplo, yo tiendo a querer mucho a mis amigos. A Guillermo, por ejemplo, lo conocí en la Universidad del Valle de Tlaxcala en 2004, y a los seis meses ya éramos grandes amigos; pasaba por mí a la oficina. Yo trabajaba en ese entonces en una empresa y de repente un día pasó por mí y me dijo “Sabes qué, deja de hacer lo que estás haciendo y vámonos al cine”. Y nos fuimos a Puebla a ver La guerra de los mundos.

“Esas cositas son maravillosas, porque te das cuenta de cómo vas construyendo tus relaciones. A los dos o tres meses de ese acontecimiento decidió irse a vivir a Chiapas; allá hizo su vida, se casó, ya tiene sus hijos y lo sigo queriendo igual como lo quería antes. A lo mejor ya no lo veo, a lo mejor ya no nos escribimos esas cartas kilométricas que nos escribíamos en los primeros años, pero aun así pasa el tiempo o se da la situación de que comenta algo y ‘Cómo estás hermano. ‘Muy bien’. ‘¿Cómo estás tú? ¿Cómo te va?’ ‘Cuéntame de tu vida, cuéntame qué sucede’ ‘Te escucho, me escuchas. No me voy a meter, pero te escucho, me escuchas’

“Y el amor, además de eso, es que camino a tu lado, tomo tu mano, y me permites estar en tu círculo, en tu espacio. Compartimos este espacio, compartimos estas ganas de estar jun- tos, de vivir, de continuar, de construir juntos. Eso es lo que tiene de diferencia”.

Cuéntame de tu primer amor.

¡Mi primer amor! ¿Platónico o real? [risas].


Del que quieras.

El primer amor real fue Jorge. Ese fue el real. Fue mi primer amor. Antes de Jorge yo había intentado establecer una relación con alguien, pero no estaba seguro de lo que estaba haciendo, en el sentido de intentar algo, a ver si se da, a ver si funciona. Pero con Jorge fue diferente.

“Con Jorge primero empezamos como amigos. Nos conocimos, me pasaba a ver a mi oficina y se quedaba horas platicando conmigo de las cosas que me gustan y que también le gustan a él. Los dos amamos a George Michael, por ejemplo. Yo no había conocido a alguien que le gustara tanto George Michael como me gustaba a mí, entonces nos las pasábamos hablando de su música. ‘Y mira lo que dice acá, mira lo que dice allá. Y hace la música de esta forma’. Cosas de esa naturaleza.

“Para cuando decidimos comenzar juntos ya habían pasado al menos tres meses. Yo ya sabía lo que quería y anteriormente no. Me parece que cuando hablo de mi primer amor, pue- do decir, sin lugar a duda, que fue Jorge y sigue siendo Jorge. Las otras personas, otras situaciones o relaciones fueron más bien de ‘Vamos a probar qué pasa, qué sucede. Podemos intentar algo’. Pero en realidad mi primer novio, mi primer amor, fue Jorge”.

¿A qué edad te das cuenta de que tu preferencia sexual no es hetero?

Desde niño. Desde niño lo supe. Yo diría que me empecé a dar cuenta a los cinco o seis años. Empecé a darme cuenta de que era diferente. No tienes las palabras en ese momento para saber de qué se trata, pero lo sabes.

“Además, la forma en que vamos construyendo nuestras relaciones a veces es muy violenta. Cuando creces en un pueblo, las relaciones son muy violentas. Esas diferencias no deberían estar ahí, pero te las van construyendo, salen con el trato, con respecto a los demás niños. Tus primos, cuando se dan cuenta que no eres como ellos, pues te insultan, se burlan de ti. Te dan adjetivos. Creo que es como te vas dando cuenta, primero de una forma interna y luego socialmente, que tampoco eres igual. Esta identidad que vas construyendo poco a poco la conoces. En mi caso la conocí desde niño [risas]. Así fue”.

¿En qué momento se dan cuenta tus papás?

Creo que es una pregunta un poco complicada. Yo digo que los papás lo saben desde el principio, es decir, no de una forma consciente, quizá, pero sí de una forma que te permite darte cuenta de que eres también diferente. Como yo soy el mayor, la responsabilidad de cuidar a los hermanitos recaía en mí todo el tiempo. Como que eso te obligaba a ser un poco más responsable que los demás.

“De la misma forma pasaba que a veces yo no podía hacer ciertas cosas o no sabía hacer otras cosas. Eso te pone en cierta perspectiva; por ejemplo, en mis construcciones sociales son muy complicadas, me cuesta mucho trabajo entablar una relación amistosa o una relación de cualquier tipo, pero yo creo que los papás se dan cuenta porque te ven crecer, porque ven cómo te desenvuelves, porque saben que está ahí.

“Mi mamá obviamente lo sabía desde el principio. Creo que la primera que se da cuenta es la mamá y luego es el papá; pero el papá es como que al final. Es como que no, esto no está pasando, esto no está pasando, esto no está pasando”.


Como que le da vuela y le da vuelta.

Es una cosa que sabes que está ahí presente, pero que nunca hablas. En ese sentido, el problema no es que se den cuenta, el problema es que no lo dicen.

Nos sigue costando hablar del tema.

Exacto. Y como no hablas, eso también te va marcando como niño mientras vas creciendo, porque empiezas a construir una barrera que impide que puedas desarrollar otros aspectos en tu vida. Por ejemplo, a las personas heterosexuales desde niños les dicen cómo debes amar a las personas, que es de una forma extraña, porque tampoco te dicen ‘El amor es esto, el amor es aquello’. No. Lo hacen a través de una construcción, ya sea por la televisión, por lo medios o por lo que ven, pero para personas como yo es todavía peor, porque ni modo que tu papá te diga ‘Oye, ¿ya tienes novio?’, ‘Cuando andes con tu novio procura no hacer esto o procura divertirte de esta forma o fíjate en lo que estás haciendo’. Creo que esas cosas no se dicen, o al menos en mi etapa, en mi vida, no se decían.

“Lo que esto provoca es que las diferencias se agudicen, porque empiezas a vivir otras etapas, a atravesar miedo, inseguridades, y empiezas a crear otro mundo, y ese mundo te separa, te va aislando. Los papás se dan cuenta de eso, nada más que no estoy seguro de si piensan que es una orientación sexual o más bien que estás como que algo rarito, como que no te pareces a los demás, pero no se dan cuenta que precisamente ese no te pareces a los demás surge por el comportamiento que te obligan a tomar.

¿Y cuál fue tu experiencia con este tema tan violento por la sociedad?

Mi papá y mi mamá nunca se metieron conmigo por mi preferencia sexual. Preferencia que yo no hubiera escogido. Yo no lo escogí, yo nací así, por mi orientación sexual. Creo que se sienten incómodos, específicamente por el entorno. Ellos no han sido violentos conmigo o no fueron violentos conmigo en ese entonces, más que de repente pues algunas palabras que te decían: ‘No te portes como niña’ o ‘No hagas esto porque te ves mal’.

“Creo que mis papás han sido bastante abiertos, tolerantes en ese sentido. La violencia proviene de la familia externa. Mis primos son extraordinariamente machos; es muy complicado y yo creo que eso también es una forma de protegerte para no generar más violencia, porque puedes hacerlos hasta a un lado. Quítate de ahí y no pasa absolutamente nada.

“Tengo un primo que le encanta pelearse conmigo. No físicamente, pero sí puedo lanzar una opinión y de repente ahí está…. Iba a decir una grosería, soy muy mal hablado. [risas] Sí, güey, síguele. Nada más le ponga lo que sea y san se acabó. Prefiero alejarme de la violencia. De hecho, de niño nunca me peleé; no tuve peleas en la primaria ni en la secundaria.

“Alguna vez sí defendí a uno de mis hermanos, pero en realidad no he tenido episodios violentos que tienen que ver más con el rechazo y con la incomprensión. Lo que quiero decir es que eres una persona común y corriente.

“Sí eres diferente, porque tampoco podemos jugar a decir ‘Somos iguales’, porque no es cierto. Si fuéramos iguales tendríamos que pensar lo mismo, tendríamos que hacer lo mismo, y no es cierto. Creo que tiene que ver más con el estigma que te van poniendo. “Como eres una persona diferente, nosotros tenemos un espacio que queremos considerar seguro. Cuando encuentras a alguien que es diferente, lo primero que haces es alejarlo de ese espacio seguro. Dada la naturaleza que tengo, de ser muy de ́No me meto, veo las cosas desde lejos y se acabó’, pues en realidad sí se burlaban de mí”.

¿Pero esta lección costó o sea duele?

Sí, obviamente duele bastante. Duele bastante por- que hay cosas que nunca viviste y que nunca vas a vivir. Algunas de las situaciones que comentaba con Jorge, mi esposo, es que cuando llegas a los 40 años empiezas a vivir una especie de segunda adolescencia. Yo no pude pasar la etapa de los novios; no pude pasar la etapa de ‘Oye, quiero tener un novio y andar por ahí de manita sudada o vámonos al cine, o vamos a la casa y vemos una película’.

“Cuando eres chavo es algo que es imposible, y es una etapa que también se vuelve dolorosa, porque tus familiares todo el tiempo te están presionando para ver por qué no tienes novia no, y los hermanos o los primos que sí tienen novia las llevan a la casa y se divierten. Y tú viendo desde un rinconcito, porque no puedes hacerlo. Eso se volvió una etapa muy dolorosa, porque te sientes solo, aunado al rechazo que te empiezan a soltar por ahí.

“Yo crecí como católico. Mis papás tienen mucho esta idea de Dios y la existencia y todo eso. Yo acompañaba a mis padres todos los do- mingos a misa, pero conforme fuimos creciendo, mis hermanos dejaron de ir, pero yo todavía me pegaba con ellos, porque quería estar con mis papás. Me gustaba estar con ellos.

“Cuando empecé a tomar noción de quién era, cuando me empecé a dar cuenta de que mi género era dis- cordante con mi orientación sexual, me dije ‘Qué está pasando’. Entonces empiezas a preguntar y te das cuenta que en la televisión son los chistositos, pero también son los desviados; que los asesinos son homosexuales, que la peor calaña son homosexuales, que te los muestran así. Yo dije ‘¿Por qué?’

“Obviamente tú no sales del clóset, pero estás preguntando. Los homosexuales se van a ir al infierno, porque Dios no los quiere así. Estas cosas te empiezan a marcar y te empiezan a dar otro tipo de herramientas. Puede ser el caso que digas, bueno, es cierto. Entonces voy a hacer de mi vida un papalote y me vale gorro. Te puedes volver subversivo y puedes empezar a pelearte con todo el mundo, y todo esto que está bien; también es una reacción humana.

“Si a mí me enseñaron en el catecismo que tienes que ser buena persona, o sea, yo por qué. Yo no pedí nacer así. Estoy hablando de los ochentas, pero entonces qué te queda, pues la única cosa que te queda es decir o mando al diablo todo o investigo… y eso fue lo que hice.

“Me puse a leer la Biblia [risas] y a leer revistas médicas. Yo decía que quería ser médico, porque era cierto. Quería ser médico; estaba en la prepa y le decía a mi mamá ‘Voy a comprar mis revistas de medicina, para de una vez ir aprendiendo’.

“Había una revista que ya no exis- te que se llamaba Vida y salud, o algo así. Era una chiquitita, de bolsillo. La compraba todos los lunes, pero la realidad es que yo quería saber qué pasaba. A través de estas revistas me empezaba a entender”.

¿Qué sentimiento fue el que surgió en ti justo cuando empiezas a descubrir?


El primero fue alivio, porque dices ‘Ah, no soy mala persona. No soy una persona que nada más por ser me hace mala’. Yo trato de hacer las cosas bien, trato de ser respetuoso, y no voy a lastimar a otras personas, pero tampoco quiero que me lastimen a mí. Entonces lo primero que sentí fue alivio, pero también vienen otras contradicciones, porque el ataque se va hacia otro lado. ‘Ah, eres un sangrón, te crees mucho porque sabes, no deberías estar hablando así de Dios, no deberías hacer estas cosas’. Una norma moral sustituye a otra y ahí viene otro conflicto. Se vuelve otra cosa un poco más complicada, porque tú quisieras hablar estas cosas con alguien y compartirlas, pero no encuentras con quién hacerlo.

¿No encontraste alguien?

No.

Qué difícil.

Es complicado… es muy, muy complicado. Yo no tenía ninguna referencia ni una brújula en ese entonces. Cuando estudié la universidad fue del 92 al 97. Por ahí del 94 mis amigos querían convencerme de tener novia [risas]. En una de esas estábamos y llegó el punto en el que les dije saben qué, pues no, yo no, y uno de mis amigos, el que consideraba mi mejor amigo en ese entonces, lo primero que dijo fue ‘¿Cómo?’ ‘Es que soy homosexual’. Yo tenía 21 años. Trabajábamos en un despacho en el centro de Apizaco y era mi compañero en la universidad y en el despacho. Su primera reacción fue de ‘Ah, está bien, pero no me vuelvas a tocar’. Esas cosas son muy dolorosas.

“Cuando tú las haces, se te olvida, pero cuando las sufres son cosas que no se te van, se te quedan muy ahí. Y es que tampoco podías contar lo que estaba pasando contigo, ni podías decirlo. A final de cuentas tú mismo intentas llevar tu camino lo mejor posible. Yo fui afortunado en ese sentido, porque tal vez mi carácter me ayudó a no caer en tanta desesperación, porque hubo noches en las que me la pasaba llorando porque decía ‘Qué sucede, yo por qué, yo qué hice’. Quieres compartir algo, decir ‘Oye, yo quiero que un cuate me hable por teléfono y se pase las horas platicando conmigo, pero que sepa quién soy yo’. O quiero salir a bailar o ir a una tardeada.

“Son cosas que yo no me podía permitir. A mí nunca me ha gustado el alcohol, pero cuando eres joven el alcohol, en determinado momento, servía como un vehículo y sigue sirviendo. Y no es que quiera que todo mundo se ponga a beber alcohol, pero cuando eres joven también hay ciertas reglas sociales. Yo quería ir a un baile y tomarme una cerveza con alguien, y no podía yo hacerlo.

“Son situaciones difíciles que mu- chas veces no vemos, porque al no tener una guía, pues qué haces. So- brevives lo mejor que puedes. Yo tuve suerte, pero muchas personas no la tienen; hay muchas personas que

viven lastimadas y que viven humilladas y que viven solas, y eso te obliga a reaccionar socialmente. Te vuelves agresivo o alguien complicado. El resto de las personas que estamos viéndola de fuera, nunca nos ponemos a pensar qué situación le ha pasado para que te orillen a tu agresión”.

¿Cómo conociste a tu esposo?

Que se agarren tus lectores [risas]. En el año 2000 ya llevaba tres años de haber puesto mi despacho. Había intentado empezar a construir mi vida. Yo lo que quería era salirme de mi casa, independizarme. Tenía 25 años. Abrí mi despacho en 1998, a los 23 años, más o menos.

Muy jovencito.

Sí, a ver, yo nací en el 74, el 13 de octubre. Todavía tenía 23 años, porque lo abrí el 1 de octubre. Había trabajado varios años en un despacho en Apizaco. Quería empezar a construir mi vida y no sé por qué extraña razón quería irme a vivir a Barcelona. No sé en qué momento se me metió la idea de Barcelona. Yo ni conocía Barcelona; es más, hablabas de España en ese entonces y lo primero que pensabas era en Madrid y yo decía ‘No, yo quiero irme a Barcelona’. Ni siquiera sabía que hablaban catalán allá. No sabía nada.

“Hice mi maestría y tenía ganas de irme a vivir allá. Empecé a buscar en internet. En ese entonces el internet, sí lo recuerdas, Marisol, no era como ahora. Contraté internet en casa, llegaba en las noches y me ponía a bus- car qué es lo que podía hacer en España. Hacía aplicaciones en línea para encontrar trabajo y toda la cosa”.


O sea, sí era muy en serio irte.

Muy en serio. De hecho, sí me fui a España y conseguí trabajo allá. Y me regresé por Jorge, porque lo extrañaba mucho. En una de esas uno se pone a perder el tiempo en internet. Me meto en una página de contactos que ya no existe, donde tenían fotos y toda la cosa. No era como Facebook, que vas mandando comentarios y te van contestando. Antes era un muro, y era un muro de a de veras. Había una sección específica donde dejabas comentarios. Nunca podías interactuar con nadie. En una de esas estoy ahí y que lo veo. Había alguien de Apizaco. Tenías que dejar tu correo electrónico. Le escribo ‘Qué onda, somos vecinos, ojalá y podamos salir algún día’. Y me contesta. Nos empezamos a escribir correos electrónicos y empecé a conocerlo. Me dijo que era músico. Le contesté que yo tenía un despacho.

“Nos empezamos a escribir así. Mi hermano Hugo se iba a casar el 5 de diciembre del 2000. El primer contacto con Jorge lo tuve el 28 de noviembre del 2000, pero por la boda yo me tuve que alejar un par de días, porque estaba ayudándolos. De repente recibo un mensajito de Jorge: ‘Oye, pues ya no he sabido nada de ti. No me molesta ser rechazado, pero pues qué onda’. Y yo ‘Oh, perdóname. Vamos a seguir’.

“Decidimos conocernos y nos vimos a fines de diciembre. Me invitó a su casa, fuimos a conocer a su mamá. En Año Nuevo le hablé por teléfono. A partir de que nos conocimos empezamos a vernos prácticamente diario. Pasaba a mi oficina, que estaba en la calle Centenario. Se quedaba conmigo y platicábamos horas y horas y horas. Hasta el 28 de febrero del 2001 fue que decidimos intentarlo. Nos hicimos novios y de ahí no nos hemos soltado [risas]”.

¿Cuánto tiempo llevan?

Dieciocho años juntos. Cumplimos juntos 19 años el 28 de febrero.


¿Y después de todos estos años deciden formalizar y casarse?

Pues no creo que sea formalizar como tal, porque [esa] es una creencia de amor romántico. Jorge tuvo un incidente con la casa que heredó de su mama. Tenemos amigos cuya pa- reja ha fallecido y cuando fallece, el que sobrevive se queda en la calle, porque la familia se toma la atribución de decir ‘Eso que construiste con tu dinero y con el de mi hijo, pues no es tuyo. Es nuestro, porque no eres nadie’.

“Eso pasa muy a menudo, más a menudo de lo que pensamos. Jorge y yo dijimos ‘No queremos que eso nos pase’. Necesitamos una protección legal. Obviamente el matrimonio tiene una cierta carga romántica, por su- puesto, pero el principal motivo fue protegernos. El matrimonio nos va a brindar protección. Si yo me voy primero, pues no quiero que te quedes en la calle. Y si tú te vas, pues yo tampoco me quiero quedar en la calle.

“Iniciamos el trámite para el matrimonio. Fue toda una odisea, pero a final de cuentas el matrimonio sirvió para reafirmar nuestros derechos civiles. Repito: sí tiene su carga romántica, por supuesto que la tiene. Nosotros creemos en la individualidad, creemos en que cada uno tiene que tomar sus propias decisiones y puedes hacer lo que quieras.

“De repente nos dicen ‘Ah, es que son una pareja abierta’. Yo no lo defino como una pareja abierta, sino que somos una pareja que quiere andar uno con el otro y que queremos caminar de la mano juntos, que queremos compartir nuestra vida juntos. A mí no me importa la cama, ni me gusta ni me importan otras cosas. Me importa estar contigo y que me dejes estar contigo, porque tampoco voy a forzar que él quiera estar conmigo. En nuestro caso el componente romántico ya estaba ahí.

“Jorge es cantante de música clásica, pero también le encanta el pop y hace sus discos y todo. Entonces dijo: ‘Vamos a hacer un acto emocional para ambos’. Para él y para mí, porque de eso se trataba: es nuestro matrimonio, es nuestro momento. Es nuestro, lo compartimos y lo abrimos, pero nuestro acto es simbólico y es para nosotros.

“Como te comentaba hace unos minutos, George Michael es nuestro artista favorito, y entonces cantamos “Freedom” en nuestra boda. Tiene su componente romántico, pero en esencia era decir ‘Yo no soy un ciudadano de segunda, yo también quiero los mismos derechos, porque soy ciudadano, de acuerdo con la Constitución, de acuerdo con lo que dicen nuestras leyes. No solamente pago impuestos, también contribuyó a la sociedad’. ¿Por qué tendría que agachar la cabeza cuando se trata de defender mis derechos? Eso fue lo que nos motivó a buscar el matrimonio”.

Jurídicamente qué protección tienen como pareja.

En esencia es la misma que cualquier otra pareja, aunque hay algunas cosas que todavía no podemos conseguir.

¿Como cuáles?

Por ejemplo, ya tenemos derecho a la seguridad social. Yo no tengo Seguro Social, porque la universidad no te lo da. Jorge sí tiene seguridad social, entonces me la comparte. También tenemos derecho a pensión, pudimos contratar un crédito hipotecario para nosotros, cosa que hubiera sido imposible, pero ya sé que hay ciertas instancias que todavía es muy complicado, como el acceso a la salud.

“A través del Seguro Social tiene sus bemoles. También hay ciertas instancias en las que nos ven como raros, pero en esencia ya deberíamos de gozar los mismos derechos que cualquier otro ciudadano. A final de cuentas de eso se trata”.

Me parece que ustedes abrieron una posibilidad para el resto de muchas parejas también que buscan esto.

No. No creo. Nosotros pensamos que el trabajo de los activistas fue el que hizo esto. Hay muchos activistas aquí en Tlaxcala que están buscando la libertad de derecho de las personas; en México, en Puebla y en todas partes. Lo que hicimos fue decir vamos a hacer esto y vamos a hacerlo público.

“Yo soy completamente abierto respecto a mi orientación sexual y a mi esposo en las universidades donde trabajo. Todo el tiempo les estoy diciendo a mis alumnos ‘Oigan, todos somos iguales. Necesitamos pensar las cosas, necesitamos ver que somos individuos y que sentimos y que cuando nosotros somos groseros, las otras personas lo sienten y hay que luchar por la igualdad y hay que evitar este tipo de discrepancias’.

“Nosotros no fuimos la primera pareja en casarse. Antes de nosotros fue un par de mujeres que se casaron, pero decidieron no hacerlo público, porque hay represalias siempre. En mi caso también hubo represalias.

“Recuerdo la noche antes de la boda [que] mi papa me decía ‘Está bien que saliste así [risas], pero por qué lo tienes que hacer. Se van a burlar de ti, se van a reír de ti’. Y pues tienes que ser honesto y tienes que decirle ‘Pues sí, ya sé que se van a reír de mí, ya sé que se van a burlar de mí, ya sé que voy a ser atacado, ya sé que puedo perder mi trabajo’, pero si no lo hago qué mensaje les estoy dando a mis alumnos. Les estoy diciendo ‘Escóndanse’, y yo no quiero que se escondan”.

Incongruencia, ¿no?

Deja la incongruencia, porque eso más bien sería una cuestión de imagen. Más bien es cuestión de si no das el primer paso, nunca vamos a avanzar. Lo es- toy diciendo desde el punto de vista de mis alumnos, pero también es un asunto personal. Para Jorge y para mí es importante; esto es muy importante porque si no cómo puedes existir, si no te ven.

“Por eso no considero que nosotros hayamos sido pioneros, más bien fuimos el resultado del esfuerzo de muchas personas que estuvieron atrás de nosotros; de personas que incluso dieron su vida para que personas como Jorge y yo pudiéramos acceder a esto, porque Apizaco, y en general el estado, es muy homófobo. Entonces ha habido muchas personas que han perdido la vida por el ejercicio de su sexualidad, de su género o de su expresión homosexual. Yo no podría tomar un crédito que no merezco; lo tienen ellos”.

Jurídicamente cuántos años llevan de casados.


Tres años. Nos casamos el 18 de enero de 2017, pero en realidad es como que el requisito, porque llevo vi- viendo con él desde hace 16 años. Entonces para mí el matrimonio, así como figura simbólica, pues ya ocurrió desde hace 16 años. Ni siquiera lo celebramos como tal. Para nosotros la fecha importante es el 28 de febrero.

¿Y han pensado en adoptar hijos?

Sí lo pensamos en algún tiempo. De hecho, cuando comenzábamos a andar yo era el que quería adoptar hijos. Estaba como que pensándolo, pero después pensé ‘Creo que no. No sería buena idea por varias cosas’, pero últimamente hemos pensado que tal vez sea una buena idea. Yo todavía lo sigo pensando, pero Jorge sí me ha expresado su deseo de adoptar un niño o una niña ya grandecito, porque ve que cada vez es más complicado. Entre más van creciendo, es más difícil que los adopten. Pero el problema es que él trabaja y yo también, entonces tendríamos que buscar la forma de estar ahí con él o con ella. No puedes tener a un hijo y dejarlo solo, tienes que estar ahí y eso implica que uno de los dos tendría que renunciar a su trabajo.

¿Jorge trabaja en Xalapa?

Él trabaja en Xalapa. Es miembro del coro de la Universidad Veracruzana. Se la vive allá al menos cuatro días a la semana.

Pensé que era de allá, fíjate.

No, él nació en Monterrey, bueno en el estado de Nuevo León, en un pueblito cuyo nombre no me acuerdo, pero nació allá, en Nuevo León, y a los dos años llegó a Apizaco. Entonces, pues básicamente es apizaquense.

Sé que te gusta mucho leer.

Sí.

¿Qué lees?

Usualmente me encanta la narrativa; me gusta muchísimo la narrativa. Por mi trabajo tengo que estar leyendo cosas financieras, como ingeniería financiera. Ahorita estoy leyendo introducción al riesgo, finanzas corporativas. Pero en lectura por placer la narrativa es lo que más me gusta. Me encanta Truman Capote; A sangre fría es como que mi libro favorito, pero hay libros maravillosos. Es lo que más leo.


Qué estás leyendo ahorita.

Ahora estoy precisamente con un li- bro que se llama Ingeniería financiera [risas]. De verdad.


Y obviamente se complementa con la música, porque si estás tan bien con tu esposo, es porque te gusta la música.

Ah, la música es mi pasión. Me en- canta. No puedo estar un día si no es- cucho música y le entro a todo. Siempre pensé que el pop era lo mío, pero de repente me di cuenta que toda mi vida he estado escuchando no pop, sino soul y funk. Escucho de todo… bueno sólo hay dos cosas que no me gustan: la rondalla, la trova y la estudiantina. Son tres. Ahí no le entro [risas].

¿Te gusta el cine?

Obviamente. Me encanta el cine. Vamos prácticamente una vez a la semana al cine.

¿Cuáles son tus favoritas para el Oscar?

No sé, pero Dolor y gloria [el más reciente filme de Pedro Almodóvar] es como que más me ha gustado hasta este momento. No de las que están nominadas; yo sé que es extrajera, pero Dolor y gloria es una cosa brutal. ¡Cómo me gustó esa película! ¡Me encantó! Yo sé que ahorita todo el mundo se encanta por el Joker, pero creo que Dolor y gloria es la que más me gustó de las que están ahí.

No sé si tengas algo más que agregar o que nos puedas compartir.


Yo creo que sí me gustaría que entendiéramos un par de cosas. Las personas que tenemos una orientación sexual diferente no deberíamos estar sufriendo por esa orientación sexual. Entiendo que hay padres que nos leen en esta revista, [por lo que] les (sic) animaría a que si tienen hijos homosexuales, se quiten el estigma y acérquense a ellos; los necesitan, los necesitan mucho.

“La segunda cuestión es que nosotros pensamos que el género es muy importante; creo que uno de los grandes males que tenemos es la misoginia, y por eso está tolerable el lesbianismo, por ejemplo. No sé. Evitamos ese término porque no lo tengo acá, pero las mujeres lesbianas son más aceptables que los hombres homosexuales, precisamente por esa misoginia.

“A mí me gustaría mucho que entendamos que las manifestaciones de género que tenemos como personas forman parte de nosotros, y no están fabricadas, ni están inventadas para atacar a quienes manifiestan un género diferente al que pensamos que deberían tener.

“Por ejemplo, ahora con el problema que ustedes las mujeres están lidiando todo el tiempo, estas marchas que son tan criticadas. Si hacen una marcha silenciosa, se burlan de ustedes; si hacen un performance, se burlan de ustedes; si rayan un monumento, se enojan con ustedes.

“Lo mismo sucede con las marchas del orgullo [gay]. Si un homosexual anda en un carro esté joteando, divirtiéndose casi encuerado, es reproblable. No. Hay que entender que necesitamos visibilidad, y al igual que las mujeres necesitan esa visibilidad para seguir adelante y para luchar por esa igualdad de derecho, creo que de eso se trata el feminismo.

“Las personas con un género discordante o con una orientación sexual diferente necesitan también ser visibles, y la única forma de hacerlos visibles, si no queremos esto, es respetándolas y permitiendo que vivan su vida. Como padres creo que eso nos toca entender, que nuestros hijos son hijos, pero son seres individuales con sus propias decisiones; entonces apoyarlos. Apoyen a sus hijos, que es lo que nos hace falta.

Marisol Fernández Muñoz
Yassir Zárate Méndez
Fotografía: Federico Ríos Macías

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