Ana Lilia Rivera Rivera-El verdadero rostro de Morena

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Ana Lilia Rivera Rivera ha enfrentado numerosas adversidades a lo largo de su vida. Desde la pérdida de se­res queridos, hasta la cerrazón de una cla­se política que se niega a cambiar.

Verdadera fundadora de Morena en Tlaxcala y en México, ha desempeñado importantes cargos en la dirigencia na­cional de ese partido político.

Ahora, en el Senado de la República Ana Lilia Rivera está desempeñando un papel fundamental. En su condición de presidenta de la Comisión de Estudios Legislativos, Segunda, ha encabezado las más importantes modificaciones a la Constitución hechas en el último siglo, con un sentido progresista.

Integrante de la FAO e invitada espe­cial del Parlatino, mantiene una intensa agenda propia de marcado corte social. Esta particularidad ha definido su carrera política, desde que en su niñez presenció las injusticias cometidas contra los más desvalidos.

—Cómo fueron sus años de la infancia.

—Fueron años como los de todos los niños de nuestro estado. Fueron años bonitos, con muchas necesidades, pero con una familia que nos proveyó de lo necesario.

“Yo en particular fui una niña muy tra­viesa. La última travesura que hice es algo que siempre voy a recordar. Era muy hi­peractiva. Siempre andaba raspada, me caía del columpio, llegaba descalabrada a mi casa. Mi mamá le decía a mi papá: “Tenemos que hacer algo con ella, porque un día se va a matar”. Entonces descubrie­ron que con un libro me quedaba quieta hasta que lo terminaba de leer. Yo aprendí a leer a los cinco años. Mi papá me regaló mi primer libro, que me acuerdo bien fue El Principito. A partir de ese momento fue leer, leer y leer.

“Cuando tenía nueve años fui a la bi­blioteca y encontré El Quijote de la Man­cha, que posteriormente me regalaron, pero esa vez me lo prestaron. El Quijote me gustó tanto, que cuando empezaba a leerlo no veía las horas; de plano tenían que apagar la luz para que yo dejara de leer. En ese entonces compartía la habi­tación con una de mis hermanitas, que es mayor que yo; ella se enojaba porque quería dormir y yo no quería apagar la luz.

“Un día descubrí que con una velita po­día seguir leyendo y así no molestaba a mi hermana. Pero con el paso de las noches, la vela se fue haciendo chiquita, chiquita, hasta que quedó debajo y no encima del nivel de la cama. Una noche me quedé dormida y la vela empezó a prender el colchón. Despertamos porque ya se esta­ba quemando la cama.

“Fui una niña muy feliz. Le agradezco a mis padres y a mis hermanos que me hayan dado esa dicha de ser libre”.

—¿Estudió en su comunidad?

—Sí, estudié en las escuelas públicas de Cuaula, en el municipio de Calpulal­pan. No había kínder cuando era niña, porque todavía no llegaba ese servi­cio. La primaria la cursé en la “Grego­rio Torres Quintero”, que es la escuela rural de mi pueblo. Ahí tuve la suerte de encontrar al profesor Arturo Pérez Minor, que cuando iba en cuarto de primaria me enseñó la poesía, la de­clamación y la oratoria. Eso siempre se lo voy a agradecer.

“Ese profesor fue el que me pre­sentó por primera vez el poema que más me ha gustado y que no se me olvida; fue así que conocí a Jaime Torres Bodet, con un poema que se llama “Civilización”, un poema muy bonito. Ese maestro cambió mi vida.

“Cuando termino la primaria, en Cuaula habían hecho una moviliza­ción para que tuviéramos secunda­ria, porque siempre íbamos a estudiar hasta la cabecera municipal. Fue así que se creó la escuela secundaria técnica; nos llaman a todos los que habíamos egresado ese año para inscribirnos en la secundaria, que por supuesto no había un plantel como ahora lo tenemos.

“Empezamos a tomar clases en el auditorio de la comunidad, que lo dividieron con tabla roca. La inaugu­ramos dos meses antes de que egre­sara. Los tres años tomamos clases en lugares prestados; a veces en el auditorio, a veces la presidencia de comunidad nos facilitaba alguna aula cuando llovía y no podíamos entrar al auditorio.

“La preparatoria sí la estudié en Calpulalpan, en el Colegio de Bachi­lleres plantel 03. Mi carrera universi­taria la hice en Tlaxcala, en la licen­ciatura en Derecho”.

—De alguna forma, con el juego se dio la llegada de las letras; disfrutaba cuando leía. ¿Cuáles eran sus senti­mientos?, porque no todos los niños pueden tomar un libro y decir lo voy a terminar de leer, pero en su caso era lo contrario.

—Yo tenía mucha energía y mucha imaginación, pero también empe­zaba a resentir los castigos por mis travesuras. Recuerdo una frase muy recurrente de mi mamá. Mientras ella estaba lavando, me llamaba: “¿Dónde estás?”. Quería saber si yo andaba por ahí, porque cuando ya no estaba empezaba a buscarme. Sin embargo, no me regañaban, me dejaban libre, además de que tenía mi imaginación.

“Había días en que me subía a la azotea de mi casa, después de haber leído algo y me perdía no sé cuánto tiempo, imaginando, imaginando. Fue entonces que comencé a escri­bir también”.

—¿Sobre qué escribía?

—Cuando llegué a la secundaria, se me abrió una posibilidad muy gran­de de participar en diferentes acti­vidades. De hecho, en la primaria fui una niña muy participativa: en todo quería estar. Era la que declamaba todos los 10 de mayo; llegaba ca­racterizada de Paquito y hacía llo­rar a las mamás. También yo era la que daba los discursos el Día de las Madres y el 15 de septiembre. Cuan­do salí de la primaria, el comité de padres de familia me dio un diploma muy especial por haber sido una niña muy participativa, pero no podía com­petir.

“Cuando entro a la secundaria técnica, la escuela sí tenía concursos cada año de muchas actividades aca­démicas y culturales. En alguna oca­sión lanzaron una convocatoria para un concurso de cuento entre escuelas técnicas; a partir de lo que leía, escri­bí mi primer cuento, que se llamó “El Suero Maravilloso”. Y gané”.

—¿De qué trataba esa historia?

—Ahora que reflexiono en la pande­mia, me digo “Mira hace cuántos años escribí ese cuento”. En él hablo de una epidemia que enfermaba al mundo por maldad, por haber acabado con la naturaleza, porque ya no había respeto entre padres e hijos, donde el dinero era más importante. El per­sonaje principal creaba una sustancia hecha de los mejores sentimientos de la humanidad y los repartía como un suero, y eso curaba las enfermedades. Con ese cuento gané en mi secundaria, y luego obtuve el tercer lugar a nivel estatal.

“También escribí un poema y con ese gané el primer lugar en poesía. Ese poema se lo escribí a mi pueblo. Todavía me acuerdo de un verso. Mi pueblo tiene varios cerritos y todos tienen nombre. Uno de esos cerros se llama El Chame, es la punta del cerro más alto, desde donde se ve Teoti­huacán, la Ciudad de México, porque Cuaula está cerca de Teotihuacán, es­tamos en ese límite entre Tlaxcala, el Estado de México e Hidalgo.

“Cuando vi a mi pueblo desde ese cerro, la imagen se quedó grabada en mi mente. Regresé a mi casa y escribí el poema, que decía: “Subí al cerro más alto para mirarte de lejos, como mira un padre a su hijo ama­do, porque así te quiero, ¡mi pueblo adorado!”.

“En lo que fui campeona estatal en la secundaria fue en oratoria, que esa llegó después. Como mis maes­tros veían que me gustaba declamar y escribir, participé para oratoria. Así empezó mi formación. La literatura me hizo construir un alma sensible. Nada me gusta ni me llena más en las noches, que llegar a su pobre casa después de un día saturado de cosas, y si tengo tiempo y no llego tan cansada o no tengo que atender a mi hijo, tomo un libro de poesía y me pongo a leer algo que desintoxique mi mente, que me recupere.

“Le agradezco a mis padres que a pesar de todas las pobrezas con las que pude haber crecido, me dieron la oportunidad de tener la cultura cerca de mí y que eso haya hecho que una niña de un pueblo, sin edu­cación especial, sin maestros parti­culares, haya conocido el mundo sin caminarlo”.

—¿Qué número de hermana es?

—La segunda. Somos cinco herma­nos, en una familia de muchas mu­jeres. Somos cuatro mujeres, sola­mente tenemos un hermano, que es el más pequeño, pero, aunque soy la segunda hermana mayor, en la familia funjo como la mayor.

Soy la hermana-tía, la herma­na-abuela, la hermana que ayuda, que siempre está con la familia cuan­do la necesitan.

“Es una familia muy bonita, porque como somos muchas mujeres, tam­bién eso nos ha hecho unirnos mucho y ayudarnos unas a otras. Todas mis hermanas son profesionistas, aunque no todas viven aquí. Unas viven fuera del país, otras han desarrollado sus actividades fuera del estado. Soy la única que se quedó aquí en Tlaxcala.

“Además, tuvimos una mamá muy valiente. Mi mamá fue una mujer muy trabajadora. Ella murió en un acci­dente hace 12 años. Ya no le tocó ver lo que había hecho de su hija”.

—¿Qué legado le dejó su mamá?

—Mi mamá me enseñó dos cosas im­portantísimas en la vida. Cuando yo era niña, y por justificarme, porque era muy traviesa, y esas travesuras me llevaban a hacer cosas que me ocasionaban castigos, quise mentirle un día al echarle la culpa a alguien de algo que yo había hecho.

“Ella me llamó y me dio una gran lección de vida. Me dijo: “Escúchame bien, hija, en la vida hay que de­cir la verdad, aunque pier­das”. Entonces aprendí eso: tengo que decir la verdad, aunque pierda.

“La segunda lección que mi mamá me dio fue “Levántate siempre que te caigas; no permitas que nadie te diga que no pue­des, porque la única que decide lo que puedes y no puedes hacer eres tú. No porque seas mujer, no por­que hayas nacido en estas circunstancias, la vida no tiene para ti algo. A la vida pídele lo que mereces”. Esa fue la otra lección.

“Mi mamá fue una mu­jer muy fuerte, muy traba­jadora, y eso nos llevó a mis hermanas y a mí a ser personas siempre propo­sitivas, siempre echando para adelante y tratando de buscar nuestro destino bajo las condiciones que se nos presenten”.

—¿Y cómo es la relación que tiene con su padre?

—Mi papá es un hombre muy culto; él ha sido muy importante en mi vida. Siempre ha sido mi compa­ñero en todo; en la política igual, porque por él estoy aquí. Ahora vive aislado de todo. Él me llevó sin querer a la política, porque nunca fue su intención.

—Platíquenos sobre su formación pro­fesional. ¿Por qué escogió la carrera que tiene?

—Crecí en una familia don­de mis tíos, que son otra parte que ha influido en mí, hablaban de política. Ten­go un tío que es ingeniero petroquímico, y trabaja en la UNAM. Él, desde que era muy jovencito, nos hablaba sobre los movimientos que había en la Universidad. Hablaban sobre el socia­lismo, el comunismo, el Partido Comunista, el Par­tido Socialista; siempre han tenido una mentalidad de izquierda.

“Yo escuchaba atenta­mente lo que decían. Hubo un momento en la zona de Calpulalpan que los cam­pesinos tuvieron que orga­nizarse para exigir mejores precios para la cebada. Mi tío, mi papá, mi fami­lia organizaron a la gente del pueblo; mi papá era comisariado ejidal en ese tiempo. Se fueron a México con su maquinaria a bus­car que les hicieran caso, y que se pudiera entablar un acuerdo con la empresa Cebadas y Maltas. Se fue­ron como una semana, y el pueblo se quedó vacío de hombres; sólo se quedaron mujeres, niños, personas mayores.

—¿Cuándo comienza su carrera en la política?

—Acompañando a mi pa­dre, que era comisariado ejidal. Yo le decía: “¿Vas a ir a las reuniones del ejido? Voy contigo”. “Pero te vas a aburrir”. “Voy”. Fue así como empecé a ir a las reuniones del comisariado ejidal.

“Luego, en 1988 vino el movimiento de Cuauhté­moc Cárdenas. Yo todavía era una adolescente. Mi papá, mis tíos, mi familia se subieron a unos camio­nes de redilas y se fueron a apoyar al Frente Nacional Democrático, en contra del fraude electoral. Ahí iban los señores en los camiones de redilas y les dije “Voy, voy, voy”. “Pero por qué, si eres una niña chiquita. Allá te van a atropellar, hay mucha gente”. Y me fui con ellos. Iba y venía en las marchas del 88.

“Después empecé a in­volucrarme en otras acti­vidades. Participé en una escuela, que ya desapare­ció; se llamaba Centro de Educación Ambiental, que coordinaba Ofelia Cova, una señora de Sanctórum. Antes de ella estuvo su her­mano Rogelio Cova.

“Yo era una jovencita que iba a la secundaria cuando empecé a trabajar en actividades de protec­ción al medio ambiente. Ellos me pusieron en con­tacto con el Grupo Vicente Guerrero, que tiene más de 20 años luchando por la defensa del maíz en Tlaxcala. Ahí fue donde conocí al maíz plenamen­te. La cultura que uno trae por supuesto que está muy arraigada con el maíz, pero empezar a trabajar en la defensa de nuestra semilla fue con ellos. Aún no sabía que la vida me iba a llevar a la política, pero ese fue uno de mis primeros pasos.

“Cuando se dio la con­sulta nacional por el reco­nocimiento de los derechos de los pueblos indígenas, sin que yo perteneciera nunca al EZLN, levanté la mano para realizar las con­sultas en Calpulalpan.

“Cuando estaba en Dere­cho, me acuerdo muy bien, Cuauhtémoc Cárdenas se volvió a lanzar a la presi­dencia de México. Recuerdo que lo estábamos viendo en el zócalo cuando avisaron que acababan de matar a Luis Donaldo Colosio.

“Todas esas cosas te van impactando y te van lle­nando; te hacen ir pensan­do que en algún momento vas a ser mayor de edad y podrías afiliarte a algún partido. Yo sabía que ten­dría que ser en uno de la izquierda”.

—¿Cómo se dio ese proceso de elección partidista?

—Cuando conocí a Andrés Manuel López Obrador. Él era dirigente nacional del PRD en el año 2000. Ahí fue donde lo conocí y dije: “A este señor yo sí le creo”. Fue así como empezó mi activi­dad política partidista.

“Me tocó ir a ver a la gente, hacer reuniones en pueblos, en municipios. Fue así que empecé a trabajar en la política, pero de una manera muy activa, muy desde abajo, muy de con­tacto con la gente. Nunca fue una actividad de privi­legio, donde yo estuviera en un escritorio o tuviera recursos. No, nunca.

“Siempre fue de “Te toca la visita de tal personaje. Haz la reunión”. Fue tocar puertas, convencer a los vecinos, hacer reuniones en mi casa y luego en la calle, cada vez más grandes. Em­pecé entre los botes de la pintura y del engrudo, porque en ese tiempo se permitía poner propagan­da en los postes pegada con engrudo. Así empecé. Me subía en el toldo de la camioneta y empezaba a motivar a la gente antes de que llegaran mis candidatos.

“También me tocó reunir represen­tantes de casilla; yo misma fui repre­sentante, luego me tocó ser represen­tante general. En 2005 me convertí en una activista en contra del desafuero de Andrés Manuel López Obrador. Al año siguiente, cuando llega su pri­mera postulación como candidato a presidente, me invitan a coordinar su campaña en once municipios del ter­cer distrito federal electoral.

“Ganamos nuestro estado, pero desgraciadamente el fraude electo­ral no permitió el triunfo para la Pre­sidencia”.

—¿Qué participación tuvo tras el proceso del 2 de julio de 2006?

—Me fui a México, como responsable, en algunas ocasiones, del campa­mento de Tlaxcala, cuando nos que­damos en la resistencia civil pacífica del voto por voto, casilla por casilla. Me tocó ser responsable del campa­mento de nosotros los tlaxcaltecas. Allá me quedé algunos días, después me regresé, porque nos turnábamos. Algunas veces estuve en el Zócalo, en otras me tocó estar al frente de la resistencia en los consejos distritales.

“Fui integrante de la Convención Nacional Democrática; allí empeza­mos a tomar decisiones sobre hacia dónde íbamos a llevar al movimiento en resistencia. Después me conver­tí en coordinadora del movimiento del gobierno legítimo y empezamos a formar las células de lo que des­pués se llamó Morena.

“Desde ese momento, el licen­ciado Andrés Manuel López Obra­dor empezó a vislumbrar que dentro del PRD había incrustada una clase política que no iba a cumplir la ex­pectativa de desarrollar un gobierno para todos. Esa premonición se vio cumplida en el 2012, cuando el régi­men impone a Enrique Peña Nieto y el Pacto por México desdibuja com­pletamente al PRD.

“Pero las células de Morena las empezamos a construir desde el 2006. Pasamos de la convención al gobierno legítimo; del gobierno legítimo llega­mos al 2012”.

—¿Qué vino después de eso?

—En el 2007 pedí la oportunidad de ser candidata a diputada por mi dis­trito. Para entonces ya había colabo­rado, desde el 2000 y hasta el 2007, en la construcción, en ese tiempo, del PRD.

“En 2007 hubo elecciones para renovar el Congreso local y participo en el proceso interno del PRD, donde había voto participativo directo de la militancia. Yo me registré en un distrito donde nunca había ganado un parti­do de oposición.

—¿Cómo fue esa elección a diputada local?

—El problema era el dinero. No había. Me enfrentaba con el que por segun­da vez había sido presidente munici­pal de Calpulalpan, que era apoyado por una alianza entre el PRI y el Parti­do Verde. Era presidente municipal en ese momento y pidió licencia; aparte estaban los partidos que siempre tie­nen dinero, como el PAN.

“A pesar de todas esas adversi­dades e inconvenientes me fui a la campaña. Lo más bonito que me pasó fue que el licenciado Andrés Manuel había empezado una gira nacional por todos los municipios después del fraude del 2006, y vino a Tlaxcala en esos días. “Va a venir López Obrador y va a ir a las plazas públicas con los candidatos a diputados”, nos avisaron.

“Y sí, me alegré mucho y me puse a trabajar para recibirlo en Calpulalpan y Nanacamilpa, que formaban mi dis­trito. Eso me ayudó mucho. El distrito lo había ganado él en el 2006. Había mucha gente que tenía claro que hubo un fraude electoral en aquel año.

“Fue en ese proceso electoral cuando el presidente me dejó un con­sejo que siempre le voy a agradecer. En Nanacamilpa me presentaron con él: “Ella es la candidata a diputada”. Se me queda viendo y me dice “Eres muy joven”. “No tanto, presidente, me como los años”. “Me da mucho gusto”.

“Subimos al templete. Dio su dis­curso, yo pronuncié el mío. Me escu­chó y después nos fuimos a Calpu­lalpan. Cuando terminó el mitin en Calpulalpan, nos despedimos; fui a dejarlo y entonces me dijo: “Tú eres muy joven, Ana Lilia, y eso puede ser una virtud o no, depende de cómo la gente lo vea y lo que tú hagas. Si ganas, cumple. La gente está har­ta de las mentiras. Y si pierdes no te llenes de rencor. Tenemos que hacer mucho para que la gente entienda lo que es transformar democrática­mente el país; se construye de abajo para arriba. Al pueblo siempre hay que quererlo y hay que respetarlo”. Eso me dijo el presidente.

“Después enfrenté algunas derro­tas, porque pienso como él, porque actúo como él, porque he aprendido de él… y de mi familia, de mi histo­ria, de mi gente. Nunca me lleno de rencor contra la gente. La gente no tenía todavía en esos momentos las herramientas intelectuales e ideoló­gicas que le hiciera entender que en este país el que manda es el pueblo, no el dinero. Todavía estamos en esa lucha. Pero gracias al apoyo del pue­blo ganamos en 2007”.

“La gente vio que nos acompañó el licenciado López Obrador, aunado a que soy una persona limpia; eso per­mitió que por lo menos en mi distrito, por primera vez ganara la oposición.

“Por si fuera poco, fue una mujer quien le ganó al poder, al dinero y a la corrupción, porque yo no compré ni un voto. Además, fue una campaña austera, cercana a la gente. Si ustedes hubieran visto mi propaganda de esos tiempos. Por ejemplo, mis sobrinos, con su letrita chueca, salían a poner propaganda que decía: “Ana Lilia Ri­vera. Candidata a diputada”. No tenía dinero.

“Llegaba a las plazas donde ha­cia mis mítines y la gente me ayudó mucho, porque yo no tenía con qué. Y fue así que ganamos ese proceso de 2007. Todavía tengo mis videos de los mítines que tuve en Calpulalpan y Nanacamilpa con el licenciado Andrés Manuel López Obrador.

—Una vez en el Poder Legislativo local, ¿cuáles pro­puestas e iniciativas presentó?

—Nos venimos al Congreso y empeza­mos a trabajar una agenda. Ahí cono­cí otra etapa del poder. Ver a los del propio partido entregándose al go­bierno. De los ocho diputados del PRD, ganamos cinco distritos de mayoría y hubo 3 plurinominales. De estos ocho, cuatro se entregaron al gobierno de Héctor Ortiz. Sólo cuatro nos mantu­vimos leales al partido y a la gente.

“Yo llevaba mi agenda: la defensa del maíz. Empiezo a trabajar y logra­mos que se reconociera por primera vez en el mundo al maíz nativo como una fuente del derecho a la alimentación sana, que se le declarara culturalmen­te patrimonio intangible de los pueblos; además, protegimos al territorio de Tlaxcala de semilla transgénica.

“Tlaxcala fue el primer lugar en el mundo en tener una legislación de esta naturaleza. Gracias a eso tuve un reco­nocimiento de Greenpeace y de la orga­nización alemana Pan para el Mundo.

“Así construimos una ley que nun­ca han querido ejecutar los gobier­nos de Tlaxcala, pero esa no es mi responsabilidad. Mi responsabilidad fue legislativa y yo cumplí. Lo que el Ejecutivo haga o no ya es otro tema, porque no convirtió en programas ni políticas públicas la protección del maíz; pero yo sí cumplí. De ahí me convertí en una de las principales promotoras del Movimiento Nacional sin Maíz no hay País.

“En cuanto en Tlaxcala logramos la ley, me empecé a vincular con académicos, científicos y grupos de todo nuestro territorio y asesoramos a otros estados. Con esta ley nos fuimos a orientar a la gente de Michoacán y del Estado de México. Fue así que em­pezamos a reproducir nuestra ley. Me convertí en madrina de bendiciones de semillas en Michoacán, en Colima y en muchas otras partes.

“Empecé un activismo que me llevo a involucrarme muy profundamente en el movimiento Sin Maíz no hay País. Ahí conocí a Jesusa Rodríguez, mi compañera, hoy senadora; también conocí a Francisco Toledo, que fue un ferviente seguidor de esta causa. Me tocó ir a una de las reuniones que se hizo en Oaxaca con él y entré en con­tacto con mucha gente muy valiosa.

“En este movimiento me presen­taron a Jesús Ramírez Cuevas, que es el actual encargado de comuni­cación de la Presidencia de la Re­pública. También tuve la oportuni­dad de conocer a Armando Bartra, Víctor Toledo, Antonio Turrent, Víctor Suárez, Alejandro Espinoza, Eckart Boege y Elena Álvarez-Buylla, ac­tual directora general del Conacyt, entre otros, que se convirtieron en mis maestros. Asimismo, conocí a mujeres de pueblos indígenas, de organizaciones de Guerrero, de Oaxaca. Me hice parte activista del movimiento Sin Maíz no hay País”.

—Ese movimiento le dio una perspectiva distinta.

—Así es. Para el 2011 ya traíamos una visión clara de lo que estábamos ha­ciendo, cuando el licenciado Andrés Manuel López Obrador decide ir nuevamente por la Presidencia, por­que gana una encuesta. Nuevamen­te nos volvemos a involucrar en la participación de él. Me toca coordi­nar el tercer distrito federal. Me metí de lleno a apoyarlo, viene el fraude y entonces empezamos a construir la historia de Morena como partido”.

—¿Ese es el momento en que comienza el nacimiento de Morena?

—Efectivamente. Termina la elección de 2012 y el licenciado López Obra­dor decide separarse del PRD. Anun­cia que va a construir un movimiento democrático desde abajo y pide que quien lo quiera seguir, lo acompañe. Yo me fui con él. Renuncio cuando él renuncia, y nos vamos a la construc­ción de Morena desde abajo.

“En esos días fui electa secretaria general del primer Comité Ejecutivo de Tlaxcala. Poco después se efectuó el Consejo Nacional para integrar a la dirigencia nacional de Morena y ahí me designan secretaria Nacional de Asuntos Indígenas y Campesinos, por el papel que tuve en la lucha por la defensa del maíz, que ya represento en ese momento en el país, algo que en mi estado no me reconocen. Creen que la defensa del maíz es algo insig­nificante, o que es una lucha que me encontré en el camino.

“En Morena reconocen esa labor y me convierto en la primera secre­taria Nacional de Asuntos Indígenas y Campesinos. Ya como dirigente na­cional del partido me encargan ser la responsable de la fundación del partido en Tlaxcala y me nombran coordinadora estatal de la asamblea fundacional.

“Los comités que hay de Morena, la afiliación que fue base del movimiento la construimos muchos, pero yo fui la coordinadora estatal, la responsable. Me tocó buscar a los simpatizantes; tramitar los permisos con las autori­dades para ocupar el centro histórico de Tlaxcala capital para efectuar la asamblea; estar atenta con la logística.

“Fue un día muy desafiante, pero sobre todo histórico, porque formali­zamos ante el instituto electoral una alternativa política para la ciudadanía que estaba harta de la corrupción y de la impunidad, siguiendo a un lideraz­go íntegro y sin tacha.

“Y yo estuve ahí desde el principio, siguiendo mis convicciones y respe­tando mis principios, construyendo a Morena desde abajo. Casi nadie pue­de presumir algo así.

“Logramos que Tlaxcala tuviera el registro en la primera asamblea; de ahí me comisionan a ser parte de la construcción de Morena en varias partes del país. Fue así que estuve en Campeche, Baja California Sur, Oaxaca, Puebla, Estado de México, Nayarit e Hidalgo, donde incluso me hice cargo de la coordinación de un distrito local, para preparar la asamblea estatal de esa entidad federativa.

“En el movimiento me nombran coordinadora de Capacitación y Formación Política de los primeros cuadros de mujeres de Morena en el norte del país. Ahí me toca cono­cer a las mujeres de Jalisco, Nayarit, Michoacán, Baja California, Sinaloa.

“Muchas de las diputadas fede­rales que están ahora en el Congreso de la Unión, son compañeras a las que fuimos a darles formación po­lítica. Ahora que me las encuentro cuando nos reunimos las dos Cá­maras, y las diputadas me dicen “Mi maestra”, siento raro que me digan así, porque son mujeres mayores que yo, mientras que otras son mucho más jóvenes.

“Estuve coordinando esta escuela de formación de cuadros un tiempo en Sinaloa y en Guadalajara. Finaliza mi lapso como dirigente nacional, que coincide con la postulación a diputada federal en el 2015. Fue una candida­tura de muchos sacrificios. Sabíamos que no había las condiciones para ga­narle al PRI en ese momento. Maria­no González era gobernador y Peña Nieto presidente.

“Ahora entendemos por qué llega­ron con tanta fuerza esos diputados federales; son los que legitimaron la reforma energética. Hoy sabemos que se les entregó mucho dinero a esos le­gisladores federales. Se cobró caro el voto, porque era mucho lo que iban a entregar. Participé en ese proceso elec­toral. Hicimos un muy buen papel, pero desafortunadamente no ganamos, aunque en Tlaxcala quedamos como la primera fuerza en la oposición”.

—¿Cómo fueron cambiando las condiciones?

—En 2016 enfrentamos un proceso lo­cal, que viene con sus altas y bajas. El partido gana su registro formalmente en la primera elección del 16, y ya en el 17, viene el proceso para elegir candi­datos para el proceso federal de 2018.

“Se hace una votación interna en Morena y soy la candidata, práctica­mente por unanimidad, en el Conse­jo Político para ir a una encuesta. En esa encuesta se me midió con muchos personajes: diputados, ex diputados, incluso personas que nada tienen que hacer en la política, pero bueno. Sale el resultado de esa encuesta, donde gané gracias a la gente del pueblo.

“En la disposición que a nivel na­cional hubo de cómo elegir los gé­neros, a Tlaxcala le tocó que fuera primero una mujer y entonces enca­bezo la fórmula para senadores por Tlaxcala. Por si fuera poco, me toca coordinar el distrito II directamente, que fue el que nos encargó el presi­dente, y hacer campaña hasta donde pudiéramos en el I y en el III.

“Así es como gracias al pueblo de México, a este gran movimiento, que he construido con la gente, porque yo soy parte del movimiento, lo conoz­co, lo siento, lo entiendo, lo he vivido, y además lo he sufrido, estamos hoy acompañando a un hombre íntegro, honorable y muy inteligente, de quien presumo, y eso siempre lo presumo, soy su discípula, porque lo he acom­pañado durante 20 años, en este es­fuerzo de transformación profunda”.

—¿Qué opinión tiene de López Obrador?

—De don Andrés Manuel he aprendido todo, hasta llevarle la contraria cuan­do he considerado que hay cosas en las que nos debe escuchar, aunque el presidente nunca quiere unanimidad, quiere que haya criterio y que haya honestidad en la gente.

“El presidente, como compañero de lucha, es muy estricto, y hay cosas que sé muy bien que a él no le gus­tan. Por ejemplo, que todo el tiempo andes colgado de su brazo, que lo andes abrazando, que lo andes foto­grafiando. Yo soy muy respetuosa de eso, porque lo conozco.

“Yo sé que ve nuestro trabajo, que es lo que hace visible a un personaje u otro, tu trabajo. Yo trabajo, y trabajo, y trabajo. Hoy, desde el Senado, trato de entregar buenos resultados a mi estado, a mi país y a mi presidente”.

—Y justamente en esta experiencia como senadora, ¿cuáles son las iniciativas que ha presentado?

—El trabajo legislativo ha sido muy intenso. Hay una agenda distinta a todas las que ha habido en al me­nos casi un siglo. Es una agenda de reivindicación de lo que nos fueron quitando en el transcurso de estos años del antiguo régimen, sobre todo el desmantelamiento de la Constitu­ción con el Pacto por México.

“Cuando nosotros entramos, ha­bía una agenda del movimiento, que fue la plataforma que nos hizo ga­nar, que incluyen los compromisos de campaña, que se convierten en realidad en las políticas públicas y en las leyes.

“Al entrar en el Senado llegamos con una agenda muy dinámica. Em­pezamos a construir otra historia. Por primera vez, las fuerzas progre­sistas son mayoría, aunque no ma­yoría calificada; por primera vez en la historia, las comisiones se tienen que distribuir por paridad de género, porque antes eras senadora, pero no presidías comisiones, eras integrante o secretaria. Ahora no. Ahora la mi­tad de las comisiones son para hom­bres, la mitad para mujeres. Morena tiene una parte importante, pero no es absoluta.

“A nuestro movimiento le tocó presidir algunas comisiones. Dentro de este grupo de legisladoras que se les concede el alto privilegio de presidir una comisión en el Senado, que es un trabajo muy dinámico, se eligieron los mejores perfiles; los que tuvieran experiencia legislativa, co­nocimientos jurídicos, experiencia política y transcendencia en el parti­do. Fui elegida para presidir la comi­sión más importante que encabeza una mujer; se trata de la Comisión de Estudios Legislativos.

“Es una comisión estratégica, porque por ella pasan todos los dictámenes de las diferentes comi­siones; es una comisión de análisis técnico, convencional y constitucional. En la anterior legislatura, estuvo en­cabezada por Alejandro Encinas. Ade­más, es la primera vez que la preside una mujer.

“Recibimos la agenda con las prio­ridades del Ejecutivo. Hay dos agen­das. Yo llevo la del propio Senado y también mi agenda personal, la que me ha llevado a presentar muchas iniciativas”.

—En términos generales, ¿cómo ha sido el trabajo?

—En la comisión que presido hemos dictaminado 144 iniciativas. Fíjense lo que hemos abordado: la creación de la Guardia Nacional; la formación del INSABI; la reforma educativa que anuló la contrarreforma de Peña Nie­to; la reforma laboral; la creación del Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado; la revocación de mandato; la iniciativa que establece que los animales no podrán ser utilizados para probar productos cosméticos; el decreto que expide la nueva Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial; adiciones al Código Penal sobre propiedad intelectual en medios electrónicos; la Ley de Infraestructura y Calidad, que fueron leyes que aca­bamos de aprobar para que entre en vigor el T-MEC

“También las reformas al artículo cuarto de la Constitución, con las que convertimos en derechos los progra­mas sociales. Esta es una reforma importantísima, porque antes eran beneficios, hoy son derechos; antes eran a capricho de quienes estuvie­ran al frente, dar o quitar. Hoy, una vez que se cumple con los requisitos que establece la ley y se adquiere ese derecho, nadie lo puede quitar y nadie lo puede condicionar; quien lo condi­cione, comete un delito, que además es un delito grave.

“Esta tipificación como delito grave del condicionamiento de programas sociales, forma parte de las reformas que hicimos al artículo 19 de la Consti­tución. La utilización de los programas sociales que ahora son derechos, es un delito que causa prisión preventiva oficiosa, que es grave. La gente debe saber que quien condiciona progra­mas no solamente está cometiendo una falta moral, sino un delito grave. El funcionario federal que condicione los programas es un delincuente y se le debe denunciar ante la Fiscalía Ge­neral de la República.

“Por la comisión que presido tam­bién pasó la reforma en materia de violencia política de género, que es algo de lo que acabamos de votar en marzo. Todas las leyes que tienen que ver con la sanción y tipificación de figuras que antes no existían, que deben ser calificadas por la violencia de género. Todas estas son reformas importantes.

“Además, dictaminamos la refor­ma en materia de eliminación de bi­fenilos y policlorados, que tiene que ver con contaminación; reformas al Código Federal, en materia de de­litos de prisión preventiva oficiosa; reformas para crear la nueva Ley de Impuestos Generales de Importación y Exportación Aduanales; la reforma general de salud, con el objeto de combatir la corrupción en los pro­gramas de vacunación; la reforma de protección al maíz nativo, que es parte de la agenda que les voy a comentar de manera particular, porque es parte de mi agenda pro­pia; las leyes que expiden crear el nuevo sistema de carrera para las maestras y maestros; la ley de sal­vaguarda de los conocimientos de cultura de la identidad de pueblos y comunidades indígenas; los dere­chos a las niñas y niños adolescentes en materia de maltrato infantil.

“Asimismo, están las leyes que tienen que ver con el etiquetado de alimentos, también pasaron por esta comisión, que busca garantizar el derecho a una alimentación sana; es obligación del que vende que el consumidor sepa lo que compra y lo que come; la nueva ley de confianza ciudadana.

“También está las importantí­simas modificaciones a la Ley de Adquisidores, que pasaron por la comisión que presido, y que permi­ten al Estado mexicano, no al pre­sidente, sino al Estado mexicano, hacer convenios con empresas o con instituciones de salud extranjeras y laboratorios, que la ONU establezca bajo convenios internacionales para adquirir medicinas para México, en este momento con la intención de acabar con los monopolios, con los sobrecostos, con los medicamentos de mala calidad y toda la corrupción que en este sentido hay en el país.

“También aprobamos la ley que por primera vez en la historia de Mé­xico considera el suicidio como un problema de salud pública, respon­sabilidad del Estado.

“Todo esto es parte de lo que es agenda nacional, lo que nosotros he­mos aprobado. Tiene que ver con un impacto para México, para nuestro estado, y todas estas iniciativas han pasado por la comisión que presido”.

—¿Y en cuanto a su agenda parlamentaria propia?

—De manera personal he presentado una propuesta sólida. Esta agenda llevaba la prioridad de la defensa del maíz, porque el T-MEC trae un acuerdo que nos obliga a reconocer la propie­dad intelectual sobre variedades ve­getales. No podíamos entrar en esas condiciones a un tratado de libre co­mercio, con todo y que en el país sea necesario para fortalecer y reactivar nuestra economía, porque hay cláusu­las y condiciones sobre las que noso­tros tenemos que protegernos.

“No podíamos evitar que entrara en vigor el T-MEC, pero sí podíamos emitir leyes de salvaguarda que crea­ran excepciones, y nosotros, con la Ley de Fomento y Protección al Maíz, creamos una excepción jurídica, para que nunca, ninguna empresa, nacio­nal o extranjera, pueda patentar la riqueza biológica de nuestro país y convertirla en una semilla con control comercial.

“Impedimos que los mexicanos consuman o sigan consumiendo maíz transgénico; además, que sea obligación del Estado vigilar que para consumo humano sean maíces nativos libres de glifosato y de trans­genes. Hacia allá fuimos, esa fue la prioridad. Lo logramos en septiem­bre del año pasado.

“Creamos esta ley que es emi­nentemente declarativa de derechos humanos; asciende a rango de dere­cho humano, el derecho a la alimen­tación a través del maíz, a nuestra cultura. Impulsa la creación de pro­gramas y políticas públicas para que se destinen recursos al productor de maíz nativo, que se destinen áreas específicas.

“A lo mejor en Sinaloa son gran­des productores con otras condi­ciones, pero en el centro y en el sur estamos los más pequeños, los más desprotegidos, sin apoyo del Estado, viviendo del temporal, porque no tie­nen riego, no tenían en ese momento los precios de garantía; hoy con este gobierno ya se tiene. Por eso era tan importante ir a su rescate.

“También propuse que se decla­rara el 29 de septiembre como el Día Nacional del Maíz. En septiembre del año pasado se hizo una maravillosa fiesta en el Zócalo, y el que viene va a ser mucho más grande, porque la Cámara de Diputados ya habrá dic­taminado también. La Ley de Fomento y Protección al Maíz ya me la aprobó el Congreso de la Unión.

“La de Declaración del Día Nacio­nal del Maíz ya la aprobó la Cámara de Senadores. Para septiembre va­mos a lograr que la Cámara de Dipu­tados lo declare. Para mí estas leyes son un regalo para mi estado; que ese día, festejado a nivel nacional, lo haya impulsado una tlaxcalteca, que la ley que por primera vez y para siempre habrá protegido el maíz, para todas nuestras generaciones con la gran­deza de lo que el maíz representa, lo haya hecho una tlaxcalteca.

“Alguien me decía hace algunos días que a esa propuesta le pueden llamar la Ley Ana Lilia, pero les dije “No, a esa le pueden decir la Ley Tlax­cala”, porque si hoy alguien reconoce a nivel mundial su perseverancia en la defensa del maíz, es al pueblo de Tlaxcala.

“También propuse la creación de la nueva Ley de Humanidades, Ciencia y Tecnología. Esta iniciativa fue recibida en su momento con enfado por parte de quienes durante muchos años ha­bían lucrado en esta área, llevándose recursos de la nación para investiga­ciones que muchas veces beneficiaron sólo a las grandes empresas, y que no retribuían en nada al pueblo de Méxi­co; con mi iniciativa se busca detener esta práctica.

“En septiembre vamos a iniciar la discusión de la nueva ley de Ciencia y Tecnología. A mí me da mucho gus­to que la base de la discusión sea la iniciativa que propuse en la Cámara de Senadores. Propuse también las leyes que modificaron el Código de Comercio en muchas de las áreas que tenían que ver con lentitud de la apli­cación de la ley; esas también ya me las aprobó la Cámara de Senadores.

“De la agenda personal que pre­senté, van cuatro que la Cámara de Senadores me aprueba; una que ya me aprobó el Congreso de la Unión y las otras están en espera.

“De manera personal, en lo que va del primer año hasta ahora, he presentado 29 iniciativas, desde el día que llegué hasta ahora. En este momento de receso, acabo de pre­sentar doce iniciativas; no descansé ni un solo día,

“Dentro de las iniciativas que pre­sentamos, y que ya fueron aprobadas, está un exhorto para los gobiernos de Puebla y Tlaxcala, para que se reúnan y empiecen a diseñar los caminos y estrategias que nos conduzcan a la delimitación de nuestros territorios; eso también lo votamos en el periodo anterior.

“Eso fue lo que logré como parte de mi agenda personal”.

—¿Y qué es lo que se viene para el nuevo periodo or­dinario?

—Para el periodo que viene ya traigo una agenda, que es la continuación de lo que he venido haciendo; la re­glamentación del artículo 4to, que es el derecho a la alimentación, ahora cómo la vamos a regular, cómo va­mos a obligar que en las escuelas, efectivamente, ya no se sigan ven­diendo alimentos chatarra, mejo­rar productos de consumo, meter el amaranto, etcétera. Esa ley viene para septiembre.

“Asimismo, viene una modifica­ción estructural en la Ley de Salud, en la Ley de Sanidad Vegetal y otros para prohibir en México cien sustan­cias, incluido el glifosato, que hacen mucho daño en la agricultura, y que son utilizados todavía en México, aunque en otras partes del mundo ya están prohibidos, porque está pro­bado que han generado enferme­dades, como el cáncer y otras más.

“Tardaremos por lo menos un si­glo en limpiar toda esa agua que ha llegado a nuestros mantos freáticos, contaminada por agroquímicos que están provocando el calentamiento global, contaminando la tierra y el aire. Esta va a ser una de las grandes discusiones, de las más importantes en la historia reciente. Ya tengo las iniciativas y las vamos a promover.

“Vamos a impulsar también la Ley que crea el registro de maqui­naria agrícola. No es posible que se roben los tractores, que se roben maquinaria muy cara, de gente que queda endeudada casi toda su vida por esa maquinaria, y no cuenten con seguros, no hay apoyo del estado y ni siquiera haya un registro. Están en total indefensión los campesinos. Va­mos a entrar también con este tema; para mí el campo siempre va a ser muy importante.

“De igual manera, vamos a pro­mover iniciativas que tienen que ver con la modificación del Código Civil y del Código Penal en el nuevo sistema que vamos a impulsar de renovación del Poder Judicial o de una nueva Ley para el Poder Judicial.

“Muchas iniciativas que he pre­sentado en materia de amparo y demás vienen incluidas, y otra muy importante va a ser la modificación del sistema de demandas colectivas. Nosotros logramos detener la siembra de transgénicos en México a través de una demanda colectiva; es un amparo social, una acción que puede amparar a todos los mexicanos, si quisieran. A eso se le llama demanda colectiva.

“Nosotros, con la experiencia de defensa del maíz, estamos a punto de entrar a que lo defina la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pero tenemos que hacer muchas modifica­ciones que dejan en estado de inde­fensión a los ciudadanos. Voy a entrar con todas las reformas y modificacio­nes que consideramos necesarias.

“Otra, que será una de las grandes leyes que vamos a impulsar en el país y esto lo quiero tomar aparte, es la nue­va ley de agua para México. Estamos a punto de entrar en una etapa en el mundo de retroceso, porque el cam­bio climático va a modificar nuestros sistemas de producción de alimentos. Además, casi todas las aguas de los ríos están contaminadas”.

—De hecho, la gestión del agua es uno de los temas más ríspidos en el futuro inmediato.

—Muchos mexicanos y muchas per­sonas en el mundo no tienen acceso a agua potable. Es increíble que en Mé­xico solamente siete grandes mono­polios controlen las cuencas hídricas y las exploten, que haya privilegios para que se otorgue el riego o no, que haya declaradas zonas en veda, pero a al­gunos se las abran por una excepción.

“El 70 por ciento de aguas conce­sionadas están en manos de los titula­res, mientras 25 millones de mexicanos tienen agua cada tercer día. La mayor parte del país depende de 124 cuencas y 115 acuíferos que han sido subconce­sionados; por si fuera poco, el 60 por ciento de nuestros cuerpos de agua sufre contaminación.

“Vamos a entrar en este tema, que en la Cámara de Senadores ya fue turnado a mi comisión. Lo vamos a estar anunciando, independiente­mente del proyecto nacional.

“A nivel internacional la FAO está impulsando una ley modelo que ellos le han llamado sistemas co­munitarios de agua y saneamiento. En el Senado de la República hay un cargo honorifico, al que solamente pueden acceder aquellos a quienes la sociedad civil los proponga para ser sus representantes en el Frente Parlamentario contra el Hambre. Las organizaciones proponen las ternas, la Cámara de Senadores y Diputa­dos, porque es un diputado y un se­nador cada tres y cada seis años se incorporan a este grupo parlamen­tario de la FAO, si son ratificados por sus plenos, pero quien los tiene que proponer es la sociedad civil.

“A mí me dio mucho gusto haber sido propuesta, por unanimidad, por el Consejo del Frente Parlamentario contra el Hambre, para que yo fuera la representante ante la FAO de este frente parlamentario. Fui propuesta por unanimidad, no competí contra nadie y en el pleno fui ratificada como la senadora que representa este Fren­te durante los próximos cuatro años, hasta que acabe nuestro periodo”.

—¿Qué responsabilidades implica este encargo?

—Es una responsabilidad muy grande, porque represento a todo el país, no sólo a mi estado, ante un organismo tan importante como la FAO, que es parte de la ONU, y ahora como invita­da especial del Parlatino, que agrupa a legisladores de toda América Latina y el Caribe.

“¿Cuántos senadores de Tlaxcala han integrado organismos internacio­nales tan importantes como la FAO, que depende de la ONU? La agenda que te­nemos del Frente Parlamentario la he­mos convertido en ley; yo llevé al Frente Parlamentario la defensa del maíz.

“Lo importante es decirle a mi estado que yo no estoy inactiva. Les agradezco mucho que ustedes me hayan entrevistado; les puedo ase­gurar que soy la senadora que más trabaja, con todo respeto a los que han pasado. Y con mucho orgullo les puedo asegurar que soy la que me­nos gana, porque mi dieta parlamen­taria es de apenas 37 mil pesos a la quincena. Estamos trabajando por que realmente queremos y creemos.

El hecho de ser parte de la FAO, de la ONU, y hoy ser invitada especial del Parlatino, son tres cargos adicionales al trabajo que tengo en el Senado. Nos reunimos por lo menos desde hace cinco meses para ver el tema de la nueva Ley de Aguas Nacionales; nos estamos reuniendo dos o tres veces, con organizaciones sociales, aca­démicos, empresarios, porque es un tema detrás del cual hay muchísima corrupción, muchísima injusticia”.

—¿Cómo ve el momento actual que vive el país?

—Dicen que México vive un claroscu­ro. La claridad radica en que estamos viviendo un gobierno democrático por primera vez en nuestra historia re­ciente. Es un gobierno que realmente busca que el país cambie la vida pú­blica, en el ejercicio del poder.

“Al mismo tiempo, vivimos momen­tos muy peligrosos y muy complejos, porque el 1 de julio de 2018 logramos ganar un presidente, pero no el poder; el poder, en México, todavía lo siguen controlando los poderes fácticos.

“Ustedes pueden ver todos los días cómo televisión, radio y prensa atacan y atacan y atacan al pre­sidente. En las redes sociales hay bots para difundir información fal­sa, y que están todo el día metidos, a través de empresas y con salarios, pegándole al presidente con estra­tegias de campaña.

—¿Qué escenarios se vislumbran?

—Los mexicanos tenemos que seguir organizándonos, informar y acom­pañar al presidente; no se trata de ganar elecciones, se trata de ganar gobiernos aliados de la transfor­mación, que sigan impulsando este cambio que tiene sus resistencias en cada territorio.

“A mí me da mucho coraje que el presidente ajusta hasta donde pue­de los recursos públicos federales, para ayudar, y, en cambio, no ver esa reproducción de austeridad en nuestros estados; que el presidente cree programas emergentes para la economía informal, y que nuestros es­tados las simulen; que haya en este momento que entregar más recursos en el sector salud, y que los estados, en lugar de apretar el cinturón, pidan más recursos federales, porque son in­capaces de presentar una política de austeridad.

“Me gustaría ver dónde está la po­lítica de austeridad del gobierno del estado, cuánto está ahorrando en sa­larios, en aguinaldos.

“Mientras en el gobierno fede­ral hay una gran labor por ayudar a concentrar más recursos para que esta crisis duela menos, en nuestros estados, municipios y congresos loca­les seguimos viendo cómo imperan la impunidad y la corrupción en el ma­nejo del gasto.

“Eso es lo que ahora nos está lle­vando a ver cómo vamos a recom­poner lo que viene en el 2021. Esa es una responsabilidad de la gente, del partido, de sus dirigentes, de sus re­presentantes, porque con nuestros ac­tos debemos dignificar lo que somos, lo que representamos, y, por supuesto, tiene que ver con la decisión que entre todas estas circunstancias se dé.

“Es un momento peligroso”, finaliza la senadora Ana Lilia Rivera Rivera.

Marisol Fernández Muñoz
Fotografía: Federico Ríos Macías

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