CACAXTLA, sorprendente y enigmática zona arqueológica

Publicado en Junio 2008 Edición 07

  • El sitio contiene la pintura mural prehispánica más grande descubierta hasta la fecha

La zona arqueológica de Cacaxtla fue reabierta al público en abril pasado, después de varios meses de labores para rehabilitar la techumbre que protege al Gran Basamento, la cual resultó dañada por una inusitada granizada el 21 de mayo del año 2007.

Las tareas comprendieron la ejecución de acciones para prevenir la corrosión y oxidación de los cerca de 11 mil metros cuadrados que comprende el techo metálico, así como de los elementos mecánicos, incluidos los tensores que lo soportan.

El público en general ya puede admirar nuevamente el colorido de los murales, la belleza de las celosías y la magnificencia del basamento concentrados en el lugar, además de la zona arqueológica vecina Xochitécatl, que cuenta con estructuras de menor tamaño, pero de la misma importancia histórica.

La estructura metálica sufrió un colapso parcial a consecuencia de la granizada que se registró el 21 de mayo de 2007, y que provocó el desplome del extremo sur, así como afectaciones menores en la parte norte.

El diseño del nuevo armazón, con el que se restituyó la parte afectada, respetó las características del anterior, modificando lo referente a las inclinaciones para facilitar el desalojo de las aguas pluviales y eventuales granizadas que pudieran presentarse en el futuro.

Las pinturas conocidas como La Batalla, el Templo Rojo y el Templo de Venus seguirán siendo objeto de labores de conservación y monitoreo de las condiciones de temperatura y humedad, sin que ello signifique que el público no pueda admirarlos.

La zona está abierta al público de 8 a 17:30 horas de lunes a domingo y el acceso tiene un costo de 46 pesos, a excepción de los domingos y días festivos oficiales cuando la entrada es gratuita.

CACAXTLA, ZONA ARQUEOLÓGICA INQUIETANTE

Cacaxtla es un baluarte de la cultura olmeca-xicalanca que dominó el valle poblano-tlaxcalteca y se localiza en San Miguel del Milagro, municipio de Natívitas -a 19 kilómetros al sureste de la capital-. Este sitio se desarrolló entre los años 600 a. C. y 1000 d. C. Su decadencia sucedió alrededor del año 1100 d. C.

Por probables cuestiones defensivas, el centro ceremonial fue emplazado sobre una elevación natural que domina parte del valle. En el Gran Basamento destacan numerosos edificios y estructuras superpuestas de varias épocas constructivas. Están rodeados por grandes fosos y por una muestra de pintura mural prehispánica, la más grande descubierta hasta hoy. Mide más de 200 metros cuadrados y en ella se reproduce una gran batalla y algunos sacrificios humanos.

El Gran Basamento está protegido de las inclemencias del tiempo por una techumbre de 10 mil 220 metros cuadrados. El estilo general recuerda los rasgos del arte maya, aunque también se advierten influencias de otros centros contemporáneos como Teotihuacan y Monte Albán.

A lo largo y ancho del país encontramos vestigios prehispánicos de un intercambio cultural intenso, pero es sorprendente ver en Cacaxtla murales de figuras mayas y glifos nahuas, ideas y formas de dos áreas muy distintas y diferentes, fundidas en una extraordinaria creación pictórica, narrativa de historias épicas y míticas que aún son un reto para nuestra comprensión.

Cacaxtla debió ser un punto estratégico de intercambio comercial entre Teotihuacan y los poblados del Golfo de México; sin embargo, sus profundos símbolos míticoreligiosos nos permiten vislumbrar el gran avance cultural de los misteriosos olmecas-xicalancas.

Los murales de Cacaxtla son un reto aún para los estudiosos de las culturas prehispánicas; por ejemplo, en el llamado Templo Rojo fueron pintados en el piso cuerpos descarnados y descoyuntados.

“En el muro oriente hay aves, peces y una estrella marina, que son animales que aparecen en los murales teotihuacanos; una serpiente emplumada enmarca la escena principal: sobre una lanza se sostiene un cacaxtli con un cesto de plumas de quetzal y un carapacho de tortuga; junto está un viejo con antifaz azul y la inscripción nahuatl (Perro), que posee garras felinas en manos y pies. Su tocado es la cabeza de un jaguar y su faldellín de piel tiene la cola del mismo felino; frente a él hay una planta de cacao floreciente que emerge de la serpiente emplumada y un quetzal a punto de posarse en la planta de cacao. Junto crece una planta de maíz, con rostros mayas y cabeza en forma de mazorca; un enorme sapo recibe gotas de lluvia azules”. (Guía Turística, gobierno del estado de Tlaxcala, 2000).

La riqueza simbólica de los murales de Cacaxtla aporta elementos valiosos para conocer más la filosofía y la concepción espiritual de nuestros antepasados. Impresiona el llamado Hombre Ave, al que justo sería llamar Hombre Quetzal, ya que la cabeza del quetzal que se identifica en el mural del Templo Rojo tiene la misma forma de su tocado.

El mural de La Batalla, de más de 100 metros cuadrados, el del Hombre Jaguar y los del Hombre y Mujer Alacrán, también son enigmáticos y sorprendentes.

En el museo de sitio de Cacaxtla se muestran piezas muy interesantes, entre las que destaca una urna ritual policroma de barro con la imagen en relieve, de frente, del Hombre Quetzal o Ave y otros dos personajes con deformaciones físicas.

Revista Momento
Fotografía: Zitlali González Loo

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