DOÑA MARINA: LA MUJER DE LA CONQUISTA

Publicada en marzo 2008 edición 04

Comúnmente conocida como Malinche o Malintzi, Malinali o doña Marina es recordada por su papel de intérprete durante el proceso de conquista del actual territorio mexicano por parte de los españoles en el siglo XVI. En Tlaxcala, de manera particular, han surgido cantidad de “historias” que dan cuenta de aquella mujer; a veces se encuentra más entre la leyenda que en la historia verdadera.

Malinche no era tlaxcalteca, nació hacia los primeros años del siglo XVI, entre los años 1500 y 1502, en un señorío tributario a Tenochtitlan. Aproximadamente a los 9 años de edad, fue cedida como parte de un acuerdo al finalizar una guerra, en calidad de esclava a una población maya situada entre los actuales estados de Veracruz y Tabasco. Siendo muy joven todavía, Marina era bilingüe, hablaba náhuatl como lengua madre, y se vio obligada a aprender la lengua maya de sus nuevos amos.

En 1519, el Capitán General don Hernando Cortés zarpó de Cuba y se dirigió rumbo a Yucatán, allí encontró a Jerónimo de Aguilar, sobreviviente de un naufragio español años atrás, quien había aprendido ya la lengua maya. Jerónimo de Aguilar acompañó a Cortés como interprete para con los indígenas de la región.

En la mayor parte de poblaciones, Cortés y sus hombres eran bien recibidos y se les hacían regalos, pues se les creía dioses. El 15 de marzo de 1519, según consta en la celebre obra de Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Cortés recibió de un cacique de Tabasco un gran regalo en joyas que además incluía a 20 mujeres, entre ellas una joven que fue bautizada con el nombre de Marina.

Cortés la ofreció como regalo a su capitán Gonzalo Portocarrero, y al descubrir sus dotes bilingües, decidió utilizarla en la empresa diplomática ante las tribus nahuas. Marina realizaría la interpretación entre el náhuatl y el maya, y Jerónimo de Aguilar lo haría entre el maya y el castellano.

A través de sus interpretes Cortés conoció el inmenso poder del señor de Tenochtitlan, pero asimismo descubrió que muchos pueblos de la costa, así como otros de “tierra adentro” rechazaban tajantemente el domino de aquel señor. Uno de esos pueblos era el de Tlaxcala, el mayor de los enemigos de los mexicas. Cortés envió mensajeros a Tlaxcala para anunciar a los caciques del lugar que él llegaría pronto para ofrecer su ayuda contra los mexicas, pero eso no evitó que al adentrarse a territorio tlaxcalteca los hombres de Cortés, ya una mezcla de españoles e indígenas, toparan con el ejército comandado por Xicohténcatl “el joven”.

La mediación de Marina fue necesaria, pues en nombre de Hernán Cortés habló a los mensajeros indígenas que debían llevar la propuesta de paz a Maxicatzin y a Xicohténcatl “el viejo”. Posteriormente, Malinche, junto con Jerónimo de Aguilar, llevó personalmente el mensaje de alianza a los jefes políticos de Tlaxcala.

Si bien la tarea la realizaban dos intérpretes, la figura de Marina tiene un peso mayor dado el contexto histórico; ella pertenecía a la misma cultura que los señores de Tlaxcala, hablaba su lengua y conocía sus usos y costumbres. En el tenor diplomático hispano-tlaxcalteca representó un icono del momento, sin ella la alianza hubiera costado más vidas de ambos bandos, o simplemente habría fracasado.

Marina acompañó al ejército hispano-tlaxcalteca a Tenochtitlan, participando también en las negociaciones de paz ante el tlatoani mexica Moctezuma II; junto con los desventurados conquistadores, vivió la tragedia de la Noche Triste a la que sobrevivió.

Casada con Portocarrero, también tuvo un hijo de Hernán Cortés, aunque nunca fue su esposa, como suelen aludir algunos. Las ideas del romance surgido entre ella y el celebre conquistador, tienden a ser meros relatos producto de un desconocimiento de la historia. Vivió un tiempo en Tlaxcala, desde donde pudo presenciar la caída del poderío mexica y los inicios de la implantación del nuevo orden.

Hasta el momento de su muerte en 1529, Malinche conservó entre los indígenas de México una mala reputación, aludiendo su ayuda en la destrucción de su pueblo, mote que a casi 500 años de aquel suceso sigue portando (a ello alude la palabra malinchista), debido a la mitificación histórica. Cuando Marina ayudó a los hispanos a forjar una alianza con Tlaxcala no había una nación mexicana a la cual traicionar, ya que no existía unidad entre los mismos pueblos. Tlaxcala le rinde homenaje, pues la majestuosa montaña que se levanta entre los actuales límites de los estados de Tlaxcala y Puebla (Matlalcueyetl) es también conocida como Malinche.

En el aniversario 489 de su encuentro con los hispanos, la historia de Tlaxcala recuerda a Marina como la precursora de la alianza hispano-tlaxcalteca.

Historiador: Raymundo Pérez Tapia

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