EL ETERNO FEMENINO EN EL ARTE

Publicación febrero 2008 edición 04

¿Hay un estilo femenino de hacer arte? De ningún modo la pregunta es ociosa, y mucho menos discriminatoria. Sin embargo, las respuestas de las artistas y creadoras de Tlaxcala divergen entre sí. Mientras para unas se trata de un ejercicio personal, ajeno a ese delicado accidente llamado género, otras no sólo consideran una forma femenina particular de encarar y ejercer el arte, sino que involucran a la maternidad como un rasgo definitorio, que alimenta el quehacer de la artista.

En su momento, los movimientos feministas pugnaron por reconocer la plenitud de las mujeres, tras reflexionar sobre los motivos por los cuales “hayan tenido un papel subordinado a los hombres en la sociedad”, como apunta el investigador Michael Ryan. Pero la crítica feminista va más allá, al observar cómo las artistas expresan “las particularidades de la vida y experiencia de la mujer”.

En consecuencia, una pintora o una escritora pondrá en tensión su propia experiencia vital, matizada por su perspectiva femenina, al momento de producir su obra. En este punto coincide la directora de teatro Gloria Miravete, para quien las mujeres involucradas en el quehacer artístico reflejan su condición femenina en la actividad artística que desempeñan: “Creo que lo practican en la manera de hacer las cosas; en cuanto a la línea de pensamiento hay algo que nos define en el movimiento intelectual. Partimos de caminos diferentes a los hombres. En el caso concreto del teatro se ve reflejado en los temas que manejo, que se van hacia la identidad de la pareja, el estado de ánimo de la mujer. Siempre estoy tratando de sacar experiencias mías o de compañeras”. Miravete apunta que las mujeres directoras “tomamos otro tipo de conceptos, que van enfocados más hacia la identidad femenina, hacia la familia”.

A esta posición se suma la de la bailarina Mónica Elorza Martínez, quien da un paso más allá y considera a la maternidad como un elemento único: “Lo que expresas es lo que traes dentro como mujer. En mi caso, el hecho de haber tenido hijos ha cambiado muchísimo mi manera de ver la danza, la manera de expresar y de entender lo que quiero hacer. Para mí es muy importante dentro de ser mujer, el hecho de ser mamá. Eso ha cambiado mi perspectiva de este arte”. Con estudios en la Escuela Nacional de Danza Clásica, Elorza Martínez tiene una disciplina que en ocasiones “es muy relajada, sobre todo cuando estoy en la coreografía”.

En contraste con estas posiciones, la escritora tlaxcalteca Karen Á. Villeda apunta que sólo existe una forma personal, sea hombre, mujer o “no se sabe” de hacer arte. El artista no se sabe hombre o mujer, “sólo se sabe artista”, sentencia la autora ganadora del Premio Estatal de Poesía “Dolores Castro”.

Por otra parte, a diferencia de un buen porcentaje de escritoras, la narradora Gabriela Conde ha sabido resistir la tentación de caer en los lugares comunes explorados y explotados por ellas. Cuáles son estos. Pues el de la traición, la condición sojuzgada, la fidelidad y su contraparte, la búsqueda del matrimonio. Gabriela ensaya, explora distintas técnicas narrativas, cuyas temáticas se alejan o entran en franca hostilidad. Esa condición la pone por encima del resto de sus compañeras de generación. En otras palabras, hace una literatura atrevida, pero sugerente; subversiva, pero cuidadosa con el estilo.

Esta idea sobre la forma de entender y practicar el arte permea las obras particulares. Sigue una pauta establecida por la crítica feminista, que efectúa un examen de las relaciones entre la representación de las mujeres en el arte y temas históricos o sociales como, por ejemplo, la sexualidad, la familia, el patriarcado o la ley. Y es que como destaca la poeta Angélica Uvilla, las mujeres y los hombres son anatómicamente diferentes, lo que conlleva necesariamente a una forma particular de hacer arte: “El hecho de que una mujer durante el embarazo y los primeros meses de vida del hijo se torne vulnerable y que esa condición haga que el sedentarismo sea necesario, hace que socialmente existan diferencias que muy pronto se convierten en culturales. Bajo, encima y al lado de estas circunstancias la manera en que una mujer mira su entorno toma esos matices, imposible abstraerse de ellos (hasta ahora). Tal vez por cada diez artistas hombres (conocidos) hay sólo cuatro mujeres (conocidas), y eso no es gratuito. Las mujeres tenemos nuestra peculiar forma de expresarnos y eso no excluye al arte”.

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