El placer del orgasmo

Publicado en Febrero 2011 Edición 15

¿Les suenan familiares las siguientes palabras?: “Se da una gran liberación de las tensiones que se han acumulado en las etapas anteriores de actividad sexual. Esta liberación es muy agradable y excitante. La sensación parece centrarse en la región genital. Es muy intensa y estimulante. A medida que el placer aumenta se da una pérdida de control muscular y casi no puedes seguir. Casi no quieres seguir. ¡Después llegan el clímax y los estados refractarios!”.

O qué tal estas otras: “Un alivio total de todas las tensiones. Muy enérgico y pleno de éxtasis. Contracción de los músculos del estómago y de la espalda».

O esta tercera: “Sensación de una tensión que va en aumento hasta que crees que no ir más y que luego se libera. El orgasmo es a la vez el punto álgido de la tensión y la liberación que se produce casi al mismo tiempo. También se sienten contracciones en los genitales. Sensación de cosquilleo en todas partes”.

Cada uno de estos testimonios apunta a una sola palabra, breve, fugaz, pero enormemente placentera: el orgasmo. Hablar de él es un placer.

El punto de partida de este artículo es el libro publicado por los investigadores Barry R. Komisaruk, Beverly Whipple y Carlos Beyer-Flores, quien ya ha aparecido en las páginas de Momento a propósito de los reconocimientos de los que ha sido objeto, a partir de las investigaciones que ha realizado en el terreno de la sexualidad humana.

El libro en cuestión es La ciencia del orgasmo. La naturaleza humana y los mecanismos del placer, en el cual los científicos mencionados se han dado a la tarea de explorar la fisiología del placer en mujeres y hombres.

Pero su labor inquisitiva va más allá, pues además de estudiar y describir la anatomía del deseo y de los estímulos endócrinos que desembocan en el orgasmo, pintan un auténtico paisaje de la sexualidad y hasta del erotismo.

Fieles a su formación, los autores ofrecen una detalla descripción de los órganos, sustancias y procesos que intervienen en la consecución del orgasmo en mujeres y hombres.

En lo que quizás es la parte más pesada del libro, los investigadores detallan los factores que intervienen en la obtención del placer, para lo cual se apoyan en una auténtico cúmulo de investigaciones y pruebas efectuadas por otros científicos, aunque también hacen referencia a sus propios trabajos.

Es así como se acercan al funcionamiento de los diferentes órganos que intervienen en la obtención de satisfacción sexual. Por ejemplo, analizan el mecanismo de la erección masculina y aportan una interesante conclusión: el orgasmo en los varones no puede ni debe asociarse con la eyaculación.

Es más, al analizar los casos de individuos que han padecido lesiones en la médula espinal, aportan datos que llevan a la conclusión de que algunos hombres pueden tener orgasmos sin que haya eyaculación de por medio, siendo estimulados en zonas del cuerpo que habitualmente uno no pensaría que podrían proporcionar placer.

Curiosamente, hombres y mujeres con este tipo de problemática vinculada con su sistema nervioso central, aducen que sus frustraciones no se relacionan con la incapacidad de caminar o con “el deterioro de su actividad sexual, sino con la pérdida de control de la vejiga y, sobre todo, de la función intestinal”.

En el campo femenino, a manera de ejemplo, rescatan el caso de una mujer con problemas en su médula espinal, quien afirmaba tener orgasmos con el simple roce de una mano por su oreja.

Volviendo a la relación entre orgasmo y eyaculación, los autores recuperan la afirmación de un colega, quien apunta que “la eyaculación y el orgasmo no exigen necesariamente una erección. La erección se puede impedir mediante la compresión de las arterias pudendas con un dispositivo mecánico. Si se hace esto, la eyaculación y el orgasmo se siguen produciendo, pero el pene permanece totalmente flácido”.

De esta manera, se despeja una creencia común, en la que se asocia la obtención del orgasmo con la erección y eyaculación.

Uno de los capítulos más atractivos del libro es aquel que se dedica a tratar de responder a esta pregunta. La conclusión es definitiva: “Tomados en su conjunto, todos estos estudios ofrecen una respuesta bastante convincente a la pregunta planteada en este capítulo: los orgasmos son buenos para la salud, salvo en un pequeño porcentaje de hombres (¿y quizá de mujeres?) con enfermedades cardiacas”.

Y es que los investigadores lamentan la falta de estudios sobre los problemas que enfrentan las mujeres en el terreno de la satisfacción sexual. A manera de ejemplo, señalan que en una búsqueda electrónica en los fondos de la National Library of Medicina (Biblioteca Nacional de Medicina) dio como resultado cerca de 14 mil publicaciones sobre trastornos sexuales masculinos y sólo 5 mil sobre los problemas que enfrentan las mujeres en este terreno.

Asimismo, señalan que una inquisición parecida usando la expresión “disfunción sexual” dio como resultado más de 17 mil publicaciones sobre varones y sólo 9 mil sobre mujeres.

Los especialistas retoman la conclusión formulada por otros colegas, quienes consideran que la evaluación de los problemas sexuales de las mujeres no ha recibido la atención que merece a causa de la ausencia de medidas fiables: “para medir la excitación o el orgasmo en la mujer no existe un evento físico objetivo y definido, como la erección peniana en el caso del varón.

Sin embargo, su propia conclusión apunta por otros rumbos: “Nosotros creemos que además de que existen más formas de medir objetivamente la respuesta sexual masculina, es probable que esta discrepancia se deba a que en los campos de la salud sexual y de la industria farmacéutica tradicionalmente ha habido más investigadores varones”.

Sin embargo, los autores del libro se congratulan de que el tema de la salud sexual sea tratado actualmente de una forma “más abierta”. Apuntan que el interés por el tema haya desbordado los terrenos de la medicina y de la investigación, para instalarse de lleno en la agenda “del gran público y los medios de comunicación”.

Estiman que éstos últimos “abordan de una manera más abierta la sexualidad y la salud sexual. Y apuntan que la publicidad que se ha dado al Viagra tiene mucho que ver en el asunto, aunque lamentan que se limite en buena medida a la sexualidad masculina.

En cuanto a las afecciones que podrían tener un descenso significativo con la práctica sexual, destacan la baja incidencia de cáncer de próstata en varones con al menos cuatro eyaculaciones a la semana.

Igualmente, la obtención de más orgasmos, podría alargar la vida, según un estudio efectuado en el Reino Unido: “cuanto más elevada era la frecuencia de orgasmos, menor era el riesgo de muerte. Los autores concluyeron que la actividad sexual parece tener un efecto para la salud de los hombres”.

En el caso de las mujeres, se ha hallado que el orgasmo puede aliviar el dolor. Por ejemplo, retoman el caso de grupos de mujeres que declararon haberse masturbado para aliviar los dolores menstruales o para sentir alivio por padecer migraña. Igualmente parece recomendable que las embarazadas mantengan una vida sexual activa, ya que podría haber una relación entre ésta y obtener protección contra el parto prematuro.

ASÍ QUE COMO PUEDEN VER, EL SEXO ES BUENO, SOLO O EN PAREJA.

Por supuesto que este volumen no es un manual para la obtención de orgasmos. Se trata de una vigorosa y documentada investigación que explora los diferentes territorios donde se establece el placer sexual.

En ningún momento los autores tienen la intención de orientar o de ofrecer recetas, mucho menos de juzgar o de establecer una crítica a las prácticas sexuales de las personas.

Su labor se limita a una observación científica, que contrasta estudios y trabajos, pero sin un ánimo normativo y mucho menos coercitivo o, peor aún, punitivo.

En el último de los casos, es un estudio rigurosamente científico que arroja mucha luz sobre un tema que paulatinamente va dejando de ser tabú para la sociedad. Así que disfrutemos nuestros orgasmos, más aún en este mes.

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