EL SEGUNDO IMPERIO MEXICANO Y SU FINAL

Publicado en Junio 2008 Edición 07

“Voy a morir por una causa justa, la de la independencia y la libertad de México. ¡Que mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria! ¡Viva México!”
Maximiliano I de Habsburgo, 19 de junio de 1867, ante el pelotón de fusilamiento.

El 12 de junio de 1864 el emperador Maximiliano I arribó a la ciudad de México para ser ovacionado como el nuevo soberano. Llegó a México como monarca tras ser convencido de que el pueblo mexicano le requería como su gobernante. Su nombramiento ocurrió en un ambiente sumamente discrepante entre los habitantes de este país, y así de hostil resultaría su estancia y su trágico deceso tres años más tarde el 19 de junio de 1867.

TLAXCALA, ESTADO-DEPARTAMENTO-ESTADO

Tlaxcala, al igual que el resto del país, formó parte del segundo imperio. El hecho de que fuera un estado pequeño no fue motivo para que el gobierno imperial le restara importancia, y en 1865, cuando se decretó la nueva división política del territorio en cincuenta departamentos, Tlaxcala fue integrada como uno de ellos, añadiéndole a su territorio la municipalidad poblana de Zacatlán.

No obstante, el nuevo estatus administrativo no condujo a Tlaxcala por rumbo distinto al del resto del país. Los problemas políticos eran los mismos, la guerra estaba presente y la situación económica
no era mejor que en otros departamentos del imperio. Los liberales (republicanos) combatían a los ejércitos imperiales respaldados por las fuerzas francesas.

En 1866 Napoleón III, emperador de Francia, comunicó que las tropas francesas de campaña en territorio mexicano retornarían a Europa. La noticia tomó por sorpresa tanto a republicanos como a imperialistas, pues estos últimos confiaban en las armas francesas para conservar su supremacía sobre los liberales.

A las fuerzas republicanas el saber que los franceses ya no combatirían les daba nuevos bríos, y un grupo armado asaltó la plaza de Tlaxcala el 19 de febrero de 1866, capturando a miembros del gobierno
imperial. La revuelta fue sofocada y los rebeldes hechos prisioneros, liberados posteriormente tras ser indultados por el emperador Maximiliano.

En septiembre de 1866, desde El Carmen Tequexquitla, el general Antonio Rodríguez Bocardo se pronunció contra el gobierno imperial e hizo del conocimiento público que desde ese momento era el gobernador y comandante militar de Tlaxcala, nombrado así por el general Juan N. Méndez.

La lucha contra los imperiales rindió frutos en un lapso de tiempo relativamente corto, pues el cuerpo de voluntarios austriacos abandonó Tlaxcala el 31 de diciembre de 1866 y para el 1 de enero de 1867 el
ejército liberal tomó la ciudad de Tlaxcala. Antonio Rodríguez Bocardo fue nombrado gobernador provisional y Miguel Lira y Ortega secretario de gobierno.

El 3 de enero de 1867 el general Antonio Carvajal, general en la 2º división del Ejército de Oriente, dirigió al general Rodríguez Bocardo un comunicado en el que le informaba que sabía de su triunfo y de su próxima llegada a Tlaxcala para asumir el gobierno del estado. Tlaxcala volvía así al republicanismo, recuperando el carácter de estado.

EL FIN DEL IMPERIO

La lucha armada continuaba. En otros puntos del país las fuerzas republicanas se enfrentaban a las cada vez más reducidas fuerzas del imperio. Sin el ejército francés de su parte, todo lo que restaba a Maximiliano era el ejército conservador mexicano, el cuerpo de voluntarios austriacos y la guardia belga.

El general Rodríguez Bocardo fue llamado a asumir un nuevo comando en el Ejército de Oriente, por lo que dejó la gubernatura provisional. Por orden directa del general Porfirio Díaz, el puesto lo asumió Miguel Lira y Ortega.

…teniendo que seguir en la campaña el general Rodríguez Bocardo, Porfirio Díaz General en Jefe del Ejército de Oriente, hallándose frente a Puebla a mediados del mes de marzo, nombró Gobernador y Comandante Militar Interino al C. Miguel Lira y Ortega…

El 2 de abril de 1867 las fuerzas del Ejército de Oriente bajo el comando directo del general Díaz, tomaron la ciudad de Puebla, derrotando a las fuerzas imperiales. En esa batalla también participaron fuerzas militares tlaxcaltecas al mando de los generales Doroteo León y Antonio Rodríguez Bocardo.

La resistencia final del imperio se dio en el sitio de Querétaro. El ejército imperial, conducido por el propio Maximiliano, cayó ante las fuerzas republicanas al mando del general Mariano Escobedo el 15 de mayo de 1867, tras un sitio de 61 días. Maximiliano, sus colaboradores más cercanos, los generales y altos oficiales del imperio fueron hechos prisioneros.

Por consejo del presidente Benito Juárez, a Maximiliano se le sometió a juicio con miras a sentenciarlo a muerte. Fue juzgado en el teatro Iturbide de la ciudad de Querétaro, donde después de un juicio que duró del 13 al 15 de junio, fue condenado a muerte junto a los generales Miramón y Mejía.

Muchas personas y emisarios de gobiernos extranjeros, así como amigos de Maximiliano, pidieron que se le perdonara la vida. El presidente Juárez se negó rotundamente pese a que años atrás, al encontrarse en circunstancias similares, la vida le fue perdonada bajo la consigna “los valientes no asesinan”. Juárez hizo alusión a que era el pueblo mexicano el que pedía la cabeza de Maximiliano.

Junto a Miramón y Mejía, Maximiliano fue ejecutado en el Cerro de las Campanas, en Querétaro, el 19 de junio de 1867, cerrando así un capitulo en la historia nacional que se conoce como el Segundo Imperio.

En agosto de 186712, el diario tlaxcalteca, El Pueblo, realizó una remembranza sobre los sucesos acaecidos en México en los últimos años, recordando las ambiciones que hubo detrás del trágico infortunio de Maximiliano de Habsburgo, señalando que detrás de la investidura imperial de aquel hombre estuvieron las ansias de poder de los conservadores mexicanos y del emperador Napoleón III.

Historiador: Raymundo Pérez Tapia

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