Entrevista

Yo no sé cómo responder

Yo no sé cómo hacerlos entender

Que yo puedo, yo debo…

mis manos, mi cerebro

Mientras sigo en este limbo laboral (…)

Cómo yo consigo que me dé lo que necesito

Un trabajo salariado con un bono anual

Un orgullo, una hipoteca, un seguro de familia

Un sentido a la vida, una nueva actividad…

“Entrevista” (2011) Francisca Valenzuela.

Las estrofas anteriores forman parte de la canción que la intérprete chilena Francisca Valenzuela lanzó en 2011, como parte del álbum Buen soldado. De manera rítmica, y en su peculiar estilo pop, la también compositora pone sobre la mesa una problemática que muchos jóvenes enfrentamos a nivel global, aunque con mayor profundidad y desequilibrio en los países iberoamericanos.

La edad, al momento de buscar y aplicar para una vacante de empleo, sigue siendo un factor determinante que limita a muchos jóvenes a obtener un puesto de trabajo. El sexo y la edad se convierten en elementos decisivos para formar un perfil deseable de empleado. Los empleadores siguen teniendo un estereotipo prejuicioso sobre los jóvenes, adjudicándonos características como poca confiabilidad, irresponsabilidad, falta de experiencia, además de ser poco cautelosos, arriesgados, inmaduros y un sinnúmero de inconvenientes más, que hacen que se nos tome muy poco en cuenta al momento de seleccionarnos como posibles empleados en algún centro de trabajo.

A todo esto añadamos una actitud reacia por parte de los empleadores, quienes ven a los jóvenes como poco interesados en tener una estabilidad laboral y que, por lo tanto, sus expectativas de mantenerse en un lugar de trabajo por un periodo largo son poco probables.

Todas estas percepciones que los empleadores tienen sobre los jóvenes se basan en estereotipos y prejuicios arcaicos, quizá por el grupo de edad al que pertenecen quienes están en busca de empleados y trabajadores, o quizá solamente por un desconocimiento de nuestras condiciones actuales y de nuestras expectativas del futuro.

Para tener un panorama un poco menos opaco de lo que representamos los jóvenes en México, debemos revisar lo que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía indica sobre este grupo de la población.

Al corte censal de 2020, en México había 37.8 millones de personas de entre 12 y 29 años. Nuestro sector de la población representa 30% del total de la población. Por otro lado, un análisis detallado con datos de la Encuesta Nacional de Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH, 2021) reveló que 11.4 millones (39.2 %) de las personas jóvenes buscamos empleo o bolsas de trabajo a través de internet. En este grupo de población también se observa una estrecha relación entre la edad y la búsqueda de empleo, pues entre quienes tienen de 15 a 19 años, 29.7 % realizó dicha búsqueda por medios electrónicos, mientras que en el grupo de 20 a 24 años, la cifra porcentual casi se duplicó, presentando un 47.1%. Finalmente, entre quienes tienen de 25 a 29 años, el porcentaje fue de 42.6.

Las cifras anteriores muestran cómo los jóvenes hemos ido adoptando nuevas vías para la comunicación e interacción, al tiempo que adoptamos el internet como herramienta principal para la búsqueda de una oportunidad de empleo. Tal vez la entrevista de trabajo cara a cara como la que relata Francisca Valenzuela no ha cambiado tanto, y solo se ha adaptado a las nuevas formas y herramientas de contacto, pero la intención sigue siendo igual o más feroz que antes, ante el escrutinio de los empleadores.

Por otro lado, cabe rescatar parte de los puntos que se plantean en el documento Tendencias mundiales del empleo juvenil 2022. Invertir en la transformación de futuros para los jóvenes, publicado por la Organización Mundial del Trabajo (OIT). Dicho estudio arroja que “entre 2019 y 2020, los jóvenes de entre 15 y 24 años experimentaron una pérdida porcentual de empleo mucho mayor que los adultos (personas de 25 años o más). Muchos de ellos abandonaron la fuerza de trabajo, o no llegaron a incorporarse a ella, debido a la enorme dificultad de buscar y conseguir un empleo en un momento en el que muchos Gobiernos imponían medidas de cierre y confinamiento y los empleadores sufrían pérdidas masivas de ingresos como consecuencia del cierre de empresas”.

Con este ejemplo se refuerza el estereotipo sobre la falta de experiencia y poca confiabilidad en los jóvenes, prefiriendo mantener en el puesto a los considerados adultos, justo por el rubro de la edad.

Otro punto que la OIT señala es que “los jóvenes que pierden su empleo o no consiguen uno son especialmente vulnerables a la cicatrización, el fenómeno por el que sus resultados futuros en el mercado de trabajo son peores que los de sus compañeros, incluso cuando las condiciones macroeconómicas vuelven a mejorar. Pueden acabar aceptando un trabajo para el que están excesivamente cualificados, con lo que corren el riesgo de quedar atrapados en una trayectoria laboral que implica informalidad y bajos salarios”.

Aquí hay dos fenómenos no menos importantes: una paulatina desvalorización de la fuerza de trabajo que representamos los jóvenes y la inminente precarización laboral, llevándonos a un estado constante de incertidumbre sobre nuestro futuro y las condiciones mínimas para nuestro bienestar.

Quizá tras la pandemia de COVID-19 las condiciones laborales de la población en general no se han desarrollado armónicamente, y la crisis ha alcanzado a todos, pero seguimos siendo los jóvenes quienes tenemos que lidiar y luchar contra tantos obstáculos para apenas ser reconocidos en nuestra valía e importancia en el mundo laboral. Es quizás, una y otra vez, la entrevista más importante de nuestra vida a la que seguimos asistiendo, en este limbo laboral que vivimos los jóvenes.

Referencias:

Ariadna Serrano Juárez

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