Humedales, objetos de un ecocidio cotidiano

Cada 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, ecosis­temas que cumplen con numerosos servicios, aunque lamentablemente se encuentran en riesgo de desaparecer debido a la presión que ejercemos sobre ellos.

Hace 52 años, el 2 de febrero de 1971, se fir­mó en la ciudad de Ramsar, Irán, el Convenio sobre los Humedales, un acuerdo multilateral para concienciar sobre el papel que juegan estos ecosistemas.

De hecho, el Convenio de Ramsar se considera como el primer tratado ambiental moderno. En ese contexto, desde 1997, se ins­tituyó al 2 de febrero como el Día Mundial de los Humedales.

La Convención de Humedales de Im­portancia Internacional, ente creado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), también en Ramsar, pero en 1977, establece que “son humedales las extensiones de marismas, pantanos y turberas, o superficies cubiertas de aguas, sean estas de régimen natural o artifi­cial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluidas las extensiones de agua marina cuya profundi­dad en marea baja no exceda de seis metros”.

Por su parte, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) establece que los humedales “son terrenos, generalmente planos, cuya superficie se inunda de manera permanente o por tempo­radas. Al cubrirse de agua, el suelo se satura y queda desprovisto de oxígeno, lo que propicia la generación de un ecosistema híbrido entre las especies puramente acuáticas y las terrestres”.

Este organismo del gobierno federal precisa que en México hay más de 6 mil humedales, distribuidos en todos los estados. Además, 142 de estos cuerpos de agua se encuentran incluidos dentro de la Convención sobre los Humedales de Importancia Internacional, con lo que México ocupa el segundo lugar mundial, solo por detrás del Reino Unido, que cuenta con 170 de estos ecosistemas.

La Conagua también precisa que nuestro país comparte 464 humedales con Estados Unidos, Guatemala y Belice.

Se trata de ecosistemas cuya principal característica es que el suelo se encuentra inundado de manera temporal o permanente. Por este hecho, las condiciones del suelo hacen que las características físicas y químicas sean muy diferentes a la de los ecosis­temas terrestres, en particular, las concentraciones de oxígeno son muy bajas, lo que genera condiciones que representan un reto para los orga­nismos vivos que ahí se encuentran.

Por un lado, los microorganismos del suelo se ven obligados a recurrir a otros mecanismos metabólicos para subsistir, mientras que las plantas presentan adaptaciones que les permiten llevar oxígeno a las raíces desde las hojas y tallos. Por lo anterior, la microbiota y la flora de los humedales son especiales y los servicios ecosistémicos que nos proporcionan únicos.

Aunque los humedales solamente ocupan el 1.5% de la superficie del planeta, aportan el 40% de los servi­cios ecosistémicos que disfrutamos. Entre dichos servicios destaca el de funcionar como reservorios de agua en caso de una emergencia meteoro­lógica, como inundaciones, sequías y ciclones, refiere la Conagua. De los humedales obtenemos buena parte de nuestros suministros de agua dulce.

A los servicios que nos brindan, suman la peculiaridad de ser hábi­tat de muchas especies únicas; en el caso de los humedales costeros, son el sitio de reproducción de la mayoría de las especies comerciales de peces marinos.

Por si fuera poco, nos dan servicios ecosistémicos que ninguna otra comu­nidad natural puede proporcionar. Entre ellos destaca que protegen a los cuerpos de agua a los que están asociados, pues retienen contaminan­tes y sedimentos, señala la Conagua.

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