Implicaciones del cáncer de mama

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró a octubre como el mes para la sensibilización sobre el cáncer de mama, con el propósito de aumentar los rubros de apoyo a la detección temprana y al de tratamiento de esta enfermedad.

Por ello, cada 19 de octubre se celebra el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama. Esta fecha nos recuerda la importancia que tiene la prevención para enfrentar este terrible padecimiento.

El cáncer de mama es el más común entre las mujeres de todo el mundo; lamentablemente, la mayoría de los casos se diagnostica en fases avanzadas, por lo que la detección temprana es fundamental en la lucha.

Numeralia

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, para 2020, el cáncer de mama registraba más de 2,2 millones de casos diagnosticados.

Cerca de una de cada 12 mujeres enfermarán de este mal a lo largo de su vida y, de hecho, es la principal causa de mortalidad en las mujeres. La mayoría de los casos y de las muertes por esa enfermedad se registran en países de ingresos bajos y medianos, como México.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2020 el cáncer de mama ocasionó la muerte de 7,821 mujeres y 58 hombres.

La tasa más alta de defunciones de mujeres diagnosticadas se registra en el grupo de edad de 60 años o más, con 49.08 por cada 100 mil mujeres. Los datos demuestran la grave situación a la que se enfrentan las mujeres de nuestro país.

Detrás de cada paciente y caso con desenlaces fatales están personas con emociones, sentires, familia y un contexto social que les permite, determina o condiciona las expectativas para vivir con esta enfermedad y su tránsito por ella.

De aquí en adelante reflexionaremos algunas de las implicaciones psicosociales que el cáncer de mama deja en la mayoría de las pacientes.

Los efectos psicológicos y sociales

Dentro de los variados eventos que pueden aparecer dentro de la línea vital de las personas, sin duda las enfermedades crónicas, en especial las socialmente estigmatizadas, como es el caso del cáncer, imponen una serie de necesidades que movilizan los recursos para hacer frente a la enfermedad, tanto físicos como psicológicos.

Las repercusiones de la enfermedad en una paciente con cáncer de mama se expresan en todas las áreas de la vida: la familia, las relaciones de pareja (si la tienen), el trabajo y las relaciones sociales. El daño en la vida sexual y en el trato con la pareja de la paciente, se encuentra fundamentado principalmente en las creencias, impacto emocional de la enfermedad, motivaciones y afrontamientos.

Los sufrimientos o trastornos que aquejan a la mujer con cáncer de mama incluyen ansiedad, insomnio, vergüenza, sentimientos de inutilidad y subvaloración personal. La depresión, reacción emocional muy frecuente en los enfermos crónicos al enterarse de su enfermedad, ha sido estudiada por psicólogos, quienes han encontra­do que los síntomas depresivos se relacionan estrechamente con el estadio de la enfermedad y con el apoyo social; también encontraron mayores niveles de depresión y an­siedad, así como un afrontamiento más negativo.

La experiencia clínica reporta que, en muchos casos, estas pacientes no aceptan completamente su en­fermedad, mostrando gran variedad de sentimientos de inconformidad, como rechazo, ira, temor o desespe­ranza, que pueden ir desapareciendo en tanto se sobrelleva la experiencia de la enfermedad.

De la misma forma, brota el temor de la transmisión hereditaria a los hijos, el miedo a la muerte, los dilemas relacionados con la ac­tividad laboral, los cambios en las relaciones, las amenazas al bienestar espiritual, la pérdida de la esperanza, la incertidumbre sobre el futuro y la trascendencia del diagnóstico del cáncer, que contribuyen a que las mujeres vean impactado su nivel de bienestar.

El tratamiento necesita, en la ma­yoría de los casos, una intervención quirúrgica, que destruye parcialmente el tejido corporal. Desde el punto de vista estético, el caso más extremo es la cirugía radical.

Algunos estudios reportan en pacientes intervenidas quirúrgica­mente un cierto estilo represivo de afrontamiento en su personalidad, caracterizado por baja ansiedad y alta debilidad social. Todo procedimiento invasivo en patologías mamarias tendrá efectos psicológicos sobre la persona, debido a cambios que ocurren en el autoconcepto y en la imagen de sí mismas.

Aquella mujer a la que se le rea­liza una mastectomía se ve afectada por una distorsión de su imagen corporal y por una cierta incapa­cidad de asumir sus compromisos sociales habituales y culturalmente asignados.

La complejidad de la situación objetiva que pone en movimiento los recursos psíquicos de afrontamiento de la paciente, está determinada por los cambios en la imagen corporal, de acuerdo con el tipo de cirugía y posibilidades de reconstrucción física y estética con lo que cuente a su alcance.

Un panorama psicosocial

Al estudiar el bienestar psicológico, con especial atención se ha notado que elementos como la personalidad pueden ser detonantes o modula­dores del mismo. Por lo tanto, la personalidad que posea una mujer que padece cáncer de mama condi­cionará el afrontamiento al mismo y, por ende, su bienestar.

De manera general, se identifica que la autoconfianza, la estabilidad emocional, la fortaleza, la afectivi­dad positiva y la autoestima pueden condicionar los niveles de bienestar en cualquier etapa del ciclo vital, así como la autodeterminación y habilidad de competencia.

El hecho de que una persona, es­pecíficamente una mujer, lo padezca, modifica el sistema de relaciones sociales (familia, amigos, conoci­dos) establecido hasta el momento.

Pueden presentarse expresiones de minusvalía, de los demás hacia la enferma o de la enferma hacia sí misma, o expresiones de juicio de los demás hacia la enferma, en caso de un afrontamiento satisfactorio, o expresiones de miedo a la muerte, sentimientos de incertidumbre o sensación de amenaza a su existencia próxima y futura.

El estigma del cáncer produce en ocasiones un efecto de verda­dero freno al desarrollo individual y social en la vida del paciente, no atribuible, en modo alguno, a las limitaciones reales que impone la enfermedad.

Pero dada la determinación multifactorial del bienestar psi­cológico, puede decirse que, en un padecimiento, aunque sea crónico y por tanto potencialmente limitante, no lleva implícita la condición de infelicidad de los afectados.

Al igual que en otras situaciones de estrés, el apoyo social, en parti­cular el de la familia y de la pareja (si la tuviera), ha sido identificado como factor amortiguador de los efectos de la enfermedad sobre el bienestar, y para el caso de las mujeres que enfrentan el cáncer de mama, es aún más significativo.

Asimismo, un gran número de estudios coincide en señalar que los sufrimientos psicológicos depende­rán de la edad, el entorno familiar, laboral y social, y de características de personalidad, así como de la es­trategia de afrontamiento al estrés de la enfermedad que la paciente desarrolle.

Como es conocido a través de los estudios en antropología, en dife­rentes culturas, el cuerpo humano y cada una de sus partes poseen una determinada connotación.

En el caso de la mujer, las ma­mas han constituido generalmente una parte importante de la belleza corporal, un símbolo de la sexuali­dad y, de hecho, una zona erógena importante, así como una represen­tación de la maternidad, pues de hecho son los órganos glandulares que contribuyen a la alimentación de los hijos.

Así como en el resto de las en­fermedades crónicas, el tiempo de evolución de la patología puede modificar los efectos psicológicos sobre los pacientes. El bienestar psicológico de las mujeres diagnosti­cadas con cáncer de mama, suele ser desfavorable en la etapa inmediata al diagnóstico con relación al nivel de bienestar posterior al avance de la enfermedad.

Factores como el estadio de la enfermedad, el tiempo de sobrevida y los diferentes tratamientos apli­cados, así como la personalidad, los recursos individuales y sociales que median, y la estrategia de afronta­miento, marcan una determinada calidad subjetiva de la vida de las pacientes.

Los programas y las estrategias de atención de la salud de las pacientes deben incluir elementos clínicos y psicológicos que promuevan una mejoría del bienestar psicológico y psicosocial de quienes arrostran esta enfermedad.

Finalmente, les recomendamos apreciar con una perspectiva crítica y abierta el filme Stricken (Prueba de amor), del director neerlandés Reinout Oerlemans, cinta de 2009 que narra de manera realista los dilemas, tropiezos y decisiones que toma una joven diagnosticada con cáncer de mama.

Ariadna Serrano Juárez
Foto: Archivo Revista Momento

Comparte este artículo