René Drucker, in memoriam

Publicada Febrero 2018 Edición 123

René Drucker Colín cumplió con nume­rosas tareas en beneficio de la ciencia en México. De entrada, su destacada aportación en el terreno de las neuro­ciencias lo convirtió en un referente mundial. Sus trabajos en torno a la biología del sueño encontra­ron eco entre investigadores de numerosos países, que siguieron la brecha abierta por este destacado universitario.

Nacido en la Ciudad de México en 1937, Drucker Colín aceptó en varias entrevistas que no tuvo del todo clara su vocación por la ciencia hasta muy en­trada su juventud. Incluso abandonó los estudios una vez que finalizó el bachillerato. Sin embargo, tras un par de años de estar trabajando, se matri­culó en la Facultad de Psicología de la UNAM.

Al término de la licenciatura, deseaba aten­der pacientes, sin que estuviera en su horizonte la posibilidad de la investigación. Sin embargo, un encuentro con un destacado neurocientífico acabó por llevarlo por ese camino.

Fue así que hizo la maestría en Psicología en la Universidad del Norte de Illinois, mientras que el en la Universidad de Saskatchewan, Canadá, hizo el doctorado en Fisiología.

Otras entidades académicas donde realizó es­tudios fueron la Universidad de California en Los Ángeles; el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia; y la Universidad Von Humbol­dt de Alemania, entre otras. La página del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República destaca que el doctor Drucker “Fue pionero en el estudio de pép­tidos neuro activos en la regulación del sueño, y de esta forma puso a México en el mapa mundial de la neurobiología del sueño, al plantear la partici­pación de moléculas de naturaleza polipeptídica en la regulación de una función nerviosa superior, un concepto que en la actualidad es ampliamente aceptado.

“También desarrolló la técnica de registro de actividad unitaria simultánea a la perfusión intra­cerebral en animales en libre movimiento, línea experimental que lo condujo a desarrollar y a pro­poner su teoría excitostática para explicar, tanto el mecanismo de inicio y terminación del sueño de movimientos oculares rápidos (MOR), como su función”, se explica.

De igual manera, investigó la enfermedad de Parkinson, tareas que desplegó en el Instituto de Fisiología Celular de la UNAM.

Entre los numerosos reconocimientos que recibió destacan el Premio Nacional de Ciencias y Artes; el Premio Universidad Nacional en el área de investigación en Ciencias Naturales; el Premio Fundación Mexicana para la Salud; el Premio Mi­guel Otero al Mérito en Investigación Científica y el Premio a la Excelencia Médica, ambos de la Secretaría de Salud.

Asimismo, se le impuso la condecoración Or­den Andrés Bello “Clase Banda de Honor”, otor­gada por el Gobierno de Venezuela; el premio de la Academia Nacional de Medicina “Dr. Ruiz Cas­tañeda”.

La Universidad Autónoma Metropolitana y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla le otorgaron el doctorado Honoris Causa.

Durante su gestión al frente de la Coordinación de la Investigación Científica de la UNAM encabezó numerosos proyectos que colocaron a la Universi­dad a la vanguardia en esta materia.

También durante su administración al frente de la CIC se fundó El faro. La luz de la ciencia, que durante 17 años ha registrado el trabajo desple­gado por más de cinco mil investigadores univer­sitarios.

En cuanto a su quehacer como divulgador, sus Pequeñas dosis de ciencia marcaron un rumbo al momento de difundir el conocimiento de esta ín­dole. Sin duda nos hará falta René Drucker Colín.

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