Réquiem por un sueño

Publicado en Febrero 2008 Edición 03

El deporte mexicano está lleno de leyendas, de esperanzas y de sueños. Sin embargo, los demonios rondan continuamente al deporte organizado y lo vuelven una pesadilla, una pérdida de tiempo, un averno de fracasos para talentosos atletas de todos los niveles, que simplemente no pueden dar más de sí ante la indiferencia de los directivos que gobiernan el territorio de las emociones. El deporte es la perfecta imagen del valor, del trabajo en equipo, del esfuerzo, del sufrimiento y de la gloria.

El 16 de enero de este año, México se despertó con una desagradable noticia: Ana Gabriela Guevara anunció en conferencia de prensa su retiro de las pistas. La que quizá es la mejor velocista mexicana de todos los tiempos, dijo sentirse satisfecha con su pasado victorioso pero muy inconforme con su presente. Ante la falta de apoyos, seriedad y la terrible corrupción en los mandos principales del deporte mexicano, Ana Guevara optó por el retiro, como una voz mucho más profunda que la queja.

EL ADÍOS

Ese miércoles en la mañana, todos los noticiarios del país reportaban la despedida de Ana Guevara. Meses atrás, había entablado un pleito abierto contra los dirigentes de la Comisión Nacional del Deporte (Conade) y la Federa­ción Mexicana de Atletismo (FMA) y en particular contra el exfubolista Carlos Hermosillo y Mariano Lara. Mientras el último fue cesado por cuatro años de su cargo directivo en la FMA, Hermosillo acusó a la atleta de ser revoltosa y estar enferma. Sin embargo, Ana había tomado la decisión de no asistir a los próximos Juegos Olimpicos en Beijín en tanto no se aclararan muchos puntos entre la Conade, la FMA y los responsables de la corrupción y la falta de apoyos que han mantenido al deporte mexicano en situación precaria.

Pero Ana se cansó de aguardar. En espera de una respuesta favorable, reanudó el entrenamiento y acudió al presidente de la República para exponer su postura de retirarse. Desgraciadamente, esa respuesta jamás llegó.

Con lágrimas en los ojos y con la clara emoción de alguien que siente mucho abandonar un pedazo de vida gloriosa en condiciones fúnebres, la atleta dejó las pistas y subió al podio para despedirse de México.

LO QUE SON LAS COSAS

El mundo es curioso. Cuando Nelson Vargas concluyó su gestión, muchos de los deportistas mexicanos apoyaron el arribo de Carlos Hermosillo como titular de la Conade, quizá por el aura de goleador que aún proyectaba, de cumplidor de metas a mediano y largo plazo. Por desgracia, el poder había tocado a sus puertas y lo había mareado al extremo de la burla, el cinismo y la indiferencia. Seguramente, tanto Ana como otros deportistas se arrepienten hoy de dejar el deporte mexicano en manos de personas tan exitosas en la vida deportiva, pero tan opacas en la vida institucional.

Ahora que la delegación mexicana de atletismo se queda sin su máxima exponente, el panorama a Beijín se tambalea. Y seguramente el espectador sentirá la ausencia en el podio, le dolerá el himno nacional mexicano silenciado y, sobre todo, la presencia invisible de la mejor de todos los tiempos: Ana Gabriela Guevara.

EN RETROSPECTIVA

Originaria de Nogales, Sonora, nació el 4 de marzo de 1977. A sus 30 años ha conquistado un sinnúmero de justas atléticas y roto récords nacionales y mundiales.

Su inicio en el deporte se lo debe al basquetbol, que practicó desde la primaria hasta la preparatoria, en su natal Sonora. Fue descubierta por el entrenador Raúl Barreda, y su primera justa atlética fue la Olimpiada Nacional en 1996. De allí, Ana Gabriela fue tomando forma, fuerza y figura de campeona, venciéndose a sí misma cada día.

Su momento cumbre fue el campeonato mundial de atletismo, donde ganó los 400 metros con un tiempo de 48.89.

Una de las cosas más admirables en ella es el hecho de que no ha recurrido a sustancias ilegales u otro tipo de artimañas para ganar en las competencias, como otras atletas del medio, que sí lo han hecho.

Sus números hablan por ella. Sus premios la convierten en una de las mejores del mundo, pero sobre todas las cosas, su sacrificio por el deporte mexicano y por su cambio de rumbo la convierten en una leyenda viva, en un ser humano que deja entrever su humildad, su capacidad crítica y su fidedigna preocupación por el difícil futuro de sus compañeros deportistas.

Es precisamente aquí cuando Ana Gabriela Guevara se sube al podio, sin patrocinios, con pocos apoyos institucionales, pero con un pueblo volcado sobre ella.

Extrañaremos observar la televisión esperando el arranque de la carrera, nos hará falta la emoción al ver cómo se adelanta a sus competidoras y los gritos de victoria al verla en lo más alto. Ana nos hará mucha falta, pero nos hace mucha más falta un cambio radical en quien dirige el deporte. Adiós y buen viaje, Ana Gabriela Guevara.

Juan Leonardo Escutia Medrano

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