Cáncer cérvico uterino y virus del papiloma humano: amenaza a la mujer – Enemigos silenciosos de la salud femenina.

Publicación Febrero 2008 edición

La información estadística lo señala como un hecho contundente: en México el cáncer cérvico uterino es la principal causa de muerte en mujeres mayores de 25 años, con un promedio de un deceso cada dos horas debido a este mal.

Esta realidad es aún desconocida por un gran número de mujeres, especialmente las de bajos recursos económicos, aunque resulta sorprendente la ignorancia o desinterés de mujeres con educación y mejor estatus social. Estos factores traen consigo infelicidad y problemas, sin embargo, podría ser controlados a partir de un elemento muy simple: la información para la atención preventiva oportuna.

La carencia de infraestructura médica agrava la atención oportuna que ayude a abatir los índices de morbilidad y mortalidad, permitiendo los estragos ocasionados por estos silenciosos enemigos de la salud.

El cáncer cérvico uterino es una enfermedad en el cuello de la matriz, caracterizada por el crecimiento incontrolado de las células, lo que provoca el desarrollo de tumores malignos que deben atenderse hospitalariamente en los

servicios de oncología. Al cabo de un período que normalmente va de 5 a 10 años, se hace presente con pocas posibilidades de sobrevivencia para la paciente, en caso de no atenderse con anticipación.

Sin embargo, la silenciosa evolución de la enfermedad puede ser detenida mediante la práctica de estudios llamados papanicolau, colposcopía y biología molecular.

Estos exámenes, que implican la visita previa al ginecólogo, aportan la información necesaria para iniciar un tratamiento exitoso. Dependerá de la decisión del facultativo el tipo de examen a realizar, pero normalmente se solicita el papanicolau, e incluso se recomienda que la mujer se lo practique especialmente a partir del inicio de su vida sexual, aunque otra opinión médica señala que puede ser desde los 40 años de edad. Este examen permite el diagnóstico de lesiones premalignas como displasias leves o lesiones intraepiteliales de bajo o de alto grado, conocidas de manera genérica en el ámbito médico por las siglas LEIBG o LEIAG, respectivamente.

Los factores de riesgo para contraer este tipo de cáncer son múltiples y entre los más importantes está el virus del papiloma humano, que es una enfermedad de transmisión sexual de alto riesgo. Haber tenido la primera relación sexual antes de los 18 años, haber dado a luz más de dos hijos, contar con múltiples parejas sexuales o que la pareja las haya tenido incrementan la posibilidad de contagio de esta afección. A ello debe agregarse que si se padeció otra enfermedad de transmisión sexual, como el virus de inmuno deficiencia humana (VIH), el herpes o Chalmadea tracomatis es doblemente necesario efectuar el control clínico para prevenir este tipo de cáncer.

Además, si el organismo presenta deficiencias inmunitarias, el panorama es más preocupante, y si a ello se agregan problemas de nutrición, tabaquismo o elementos psicológicos inadecuados como depresiones, violencia física o emocional, el cuadro clínico tiende a agravarse.

El virus del papiloma humano (VPH) se advierte cuando aparecen verrugas en los genitales, provocadas frecuentemente por tipos virales de bajo riesgo y que difícilmente provocan carcinoma. El diagnóstico que arrojan el papanicolau, la colposcopía y biopsia, también ayuda a determinar la presencia de VPH, pues mediante estos estudios se puede observar los cambios que esta enfermedad produce en células y tejidos. Es posible que los resultados indiquen una infección latente, en cuyo caso se tiene que recurrir a las pruebas de captura de híbridos y reacción en cadena de la polimerosa. Estos permiten determinar si el tipo viral es de alto riesgo, factor que se ha encontrado en el 99.7 por ciento de los tejidos con carcinoma cérvico uterino.

En el caso de que el papanicolau determine una lesión de alto grado, es indispensable acudir urgentemente a la clínica u hospital, para que ahí se corrobore el diagnóstico haciendo una colposcopía o una biopsia, que sea analizada por un especialista en patología. En el caso de tratamientos para las lesiones precursoras de alto grado, se puede quitar el tejido lesionado del cuello uterino mediante la crioterapia o la electrocirugía, utilizando la congelación o el calor, respectivamente.

La visita al médico y la práctica de exámenes clínicos, así como la prevención de factores de riesgo, son indispensables para que la mujer mantenga la salud. Vencer la desidia y el desinterés es el primer paso para detener el cáncer cérvico uterino y el papiloma humano.

Dra. Rossana Castellanos

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