Cáncer de mama: prevención e investigación de vanguardia

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Publicada Marzo 2016 Edición 100

En México, cada dos horas fallece una mujer enferma de cáncer de mama. Junto con el cérvico-uterino, son los dos tipos con mayor incidencia entre la población femenina del país, aunque el de mama ya es la segunda causa de muerte, sólo detrás de las enfermedades cardiovasculares.

De acuerdo con la Secretaría de Salud se estima que aquellas mujeres que padecen esta enfermedad “pierden 21 años potenciales de vida, debido a que el promedio de edad en que mueren por este mal es de 57 años, mientras que la esperanza de vida de una mujer sana es de 78 años”.

Durante los últimos años, se ha utilizado al mes de octubre para intensificar las campañas de prevención y detección temprana de este mal. El objetivo es que las mujeres se autoexploren, pero sobre todo venzan las resistencias de orden cultural que les impide hablar sobre estos temas.

Y es que como apunta en entrevista para Momento el doctor Alejandro Zentella, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, uno de los más importantes centros de investigación en salud con que cuenta el país, una parte de la población femenina de México aún tiene reticencias para hablar en público de algunas partes de su cuerpo, “y ya no digamos de aquellas mujeres casadas que no acuden al médico para que se les haga una revisión de los senos. Las señoras piensan ‘Cómo otro hombre que no sea mi marido me va a tocar ahí’. Y ese es un gran problema”.

Sin embargo, Zentella reconoce que el cambio generacional ha traído como consecuencias benéficas que las jóvenes hablen sin reparos sobre su propio cuerpo, lo que a la postre salvará muchas vidas, al intensificarse las auscultaciones.

Una enfermedad curable

La sola mención de la palabra acarrea una sensación de terror. El cáncer mantiene su aureola maligna, asociada con un tránsito doloroso que inevitablemente desemboca en la muerte.

Sin importar los espectaculares avances logrados por la oncología, la disciplina médica encargada del estudio y tratamiento de este mal, entre la población se mantiene el miedo, propiciado por la ignorancia.

En entrevista con Momento, el director del Instituto Nacional de Cancerología, Alejandro Mohar, resalta que una detección oportuna permite un porcentaje de hasta 80 por ciento de posibilidades de lograr la curación y con ello salvar la vida. Pero la clave está en la detección temprana.

Naturaleza del mal: células eternas

Mohar explica sucintamente que el cáncer es una enfermedad genética, toda vez que su desencadenamiento se debe a una alteración de uno o varios genes, que ocasionan que la célula cancerosa se reproduzca sin control, multiplicándose a sí misma sin fin. “Se vuelve inmortal, creciendo sin parar”, indica Mohar.

“En términos muy básicos, el cáncer es la proliferación anormal de una sola célula, que crece por miles, luego por millones y por billones, conformando lo que llamamos una masa tumoral, una neoformación, también conocida como neoplasia, que tiene la capacidad de invadir los tejidos vecinos, irrumpir en el torrente circulatorio, recorrer todo el organismo y hacer implantes de sí mismo”, explica el también especialista del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM.

La mortalidad de este padecimiento se debe a la capacidad de inmigración de las células dañadas hacia órganos vitales que sustituyen su función normal. Hay un mecanismo muy preciso de ciclo

celular, que incluyen la proliferación, di­ferenciación y supervivencia de las cé­lulas. Sin embargo, debido a los daños ocasionados a los genes que regulan esos mecanismos, se pierde el control. En consecuencia, una célula maligna se vuelve eternamente joven y se hace in­mortal.

El papel de los genes

En síntesis, las investigaciones confir­man que el cáncer es una enfermedad genética. Esto no quiere decir que sea hereditaria, aunque una persona con antecedentes de la enfermedad en su ascendencia es más susceptible de de­sarrollarla que una que no cuenta con parientes diagnosticados.

Los carcinógenos, una infección pro­vocada por algún virus (como el del pa­piloma humano) o la herencia de un gen pueden ocasionar averías en los genes encargados de la división celular; estos genes alterados reciben el nombre de oncogenes.

Aunque las células pueden reparar los daños ocasionados en su información genética, si no se arreglan adecuada­mente pueden ocasionar que la célula se vuelva cancerosa e inicie un vertiginoso y acelerado proceso de multiplicación. Los genes afectados codifican por lo general a moléculas con funciones semejantes, implicados en la señalización celular.

La capacidad de infiltrar poco a poco los tejidos u órganos vecinos hasta di­seminarse hacia sitios distantes del or­ganismo es el atributo biológico más relevante del cáncer. La metástasis es cualquier nuevo foco que no mantiene una relación de contigüidad con el tumor original del cual derivan las células can­cerosas. La capacidad o no de generar metástasis de una neoplasia determina su tipificación como maligna o benigna.

El crecimiento autónomo maligno, después de alcanzar cierto tamaño, pue­de extenderse por todo el organismo y ocasionar metástasis que amenazan la vida del enfermo.

Los factores de riesgo

Si bien se desconoce con exactitud las causas que desencadenan el cáncer de mama, sí se han detectado factores de riesgo. Alejandro Zentella cita en primer término a los estrógenos, una hormona presente por igual en mujeres y hombres, y que en el caso de ellas juega un papel fundamental durante su periodo fértil.

“No es que los estrógenos sean ma­los”, acota Zentella, quien al igual que Alejandro Mohar, forma parte del Institu­to de Investigaciones Biomédicas. Sim­plemente se ha identificado, estadística­mente, que hay una correlación entre la presencia de los estrógenos y el desarro­llo de neoplasias.

La Secretaria de Salud reconoce que “la administración de anticoncep­tivos orales por más de 10 años ininte­rrumpidamente puede favorecer el desa­rrollo de un tumor maligno”.

Zentella destaca que los estilos de vida contemporáneos han incidido de forma particular en la proliferación de la enfermedad. Se ha identificado que el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y la ingestión de bebidas alco­hólicas favorecen el riesgo de presentar cáncer, porque ocasionan ciertos cam­bios metabólicos que incrementan la presencia de hormonas, lo cual produce un entorno óptimo para la degeneración de las células en el tejido mamario.

La SESA también señala que “existe una relación entre la cantidad de tejido graso periférico y la formación de com­ponentes hormonales (estrogénicos) que facilitan la estimulación de la glándu­la mamaria haciéndola más susceptible para la formación de tumores malignos”.

Otro tanto ocurre con las cremas rea­firmantes del busto, que generalmente “contienen algún tipo de hormona que produce una inflamación a nivel local y definitivamente aplicar una crema en los senos periódicamente favorece el desa­rrollo de un entorno hormonal que pudie­ra incrementar la aparición de un tumor maligno”.

Por último, está el factor hereditario, que si bien concentra el 10 por ciento de los casos, acaba siendo un aspecto a tomar en cuenta. Curiosamente, Se ha identificado que tener hijos a una edad temprana tiene un efecto protector. Es­tadísticamente se ha encontrado que las mujeres sin hijos o que no amamantaron tienen más posibilidades de desarrollar una neoplasia en la glándula mamaria.

¿Qué se puede y debe hacer?

La Sociedad Americana de Cáncer reco­mienda que las mujeres de 20 años en adelante deben hacerse un auto examen de los senos todos los meses. Las muje­res que tienen entre 20 y 39 años tienen que someterse a un examen por parte de un profesional de la salud cada 3 años, mientras que de 40 años en adelante deben hacerse una mastografía al año y deben someterse a un examen del seno por parte de un profesional de salud to­dos los años.

Zentella exhorta a las mujeres a que se autoexploren. Resalta que “el 70 por cien­to de las mujeres en el mundo hacen un autodiagnóstico. Más o menos la mitad de ellas lo confirman en el consultorio”, por lo que resulta vital esta sencilla ope­ración que puede ser realizada en casa.

A lo largo de este mes de octubre se desplegará una intensa campaña para concientizar a las mujeres de la importancia de la autoexploración, pero también para que tengan una vida más sana, incluyendo una dieta balanceada y la práctica regular de ejercicio. Zentella recomienda la realización de sesiones ininterrumpidas de 35 minutos, tres ve­ces por semana.

Las más recientes investigaciones se han centrado en el estudio de los genes, particularmente del llamado BRCA, cu­yas mutaciones pueden indicar la posi­bilidad de desarrollar el mal. También se está tratando de inhibir el proceso meta­bólico de las células cancerosas, aislán­dolas del sistema de nutrición del resto del cuerpo. Zentella refiere que también se han desarrollado procedimientos, como el Mamma Print y Oncotype, que permiten precisar el método para com­batir a los tumores.

Igualmente, resalta que se utilizan combinaciones terapéuticas, para afec­tar lo menos posible a los tejidos sanos.

El emperador de los males

El cáncer se ha convertido en un proble­ma de salud pública por el número de muertes, por los estragos que causa en el entorno de los pacientes y por los costos de la atención médica que demanda.

En México, cada hora mueren seis personas debido a complicaciones ori­ginadas por algún tipo de cáncer. En el mismo lapso, otras once personas reci­ben la noticia de que padecen este mal, de acuerdo con cifras oficiales de la Se­cretaría de Salud federal.

Cada año se diagnostican en el país 120,000 nuevos casos, de los cuales 75,000 fallecen debido a una detección tardía. Las cifras convierten a este pa­decimiento como una de las principales causas de muerte en la población mexi­cana. Está en nuestras manos revertir esta situación.

MITOS SOBRE EL CÁNCER DE MAMA

*Un golpe en el seno provoca cáncer

Un golpe no produce cáncer, lo único que provoca es un hematoma (moretón); aunque algunas mujeres suelen confundir la coagulación en la glándula mamaria con un tumor maligno.

*Los implantes estéticos incrementan el riesgo de cáncer de seno

Los implantes que se utilizan en la actualidad están elaborados con materiales seguros y no provocan cáncer. Incluso son empleados para reconstruir los senos en pacientes que padecieron cáncer y que fue necesario extirpar parte de la glándula.

*Los sostenes con varilla aumentan el riesgo de cáncer de mama

No se ha asociado el uso de sostén con varilla con la presencia de cáncer de mama.

*Los antitranspirantes provocan cáncer de mama

Los componentes químicos de los antitranspirantes no desencadenen tumores malignos.

*Tener senos pequeños me protege de presentar cáncer

La cantidad de tejido mamario no se relaciona con un mayor riesgo de presentar cáncer mamario. Lo que sí es una realidad es que es más fácil detectarlo en una mama pequeña que en una voluminosa.

*Tener un seno más grande que otro es sinónimo de padecer cáncer

Las glándulas mamarias son asimétricas pero no es motivo de peligro para el desarrollo de un tumor canceroso. Conviene hacerse revisar si la asimetría es muy marcada.

*La práctica de una mastografía o de una biopsia (punción de tejido mamario) desencadena tumores

La mastografía es muy útil para identificar la presencia de tumores en la mama y no aumenta el riesgo de cáncer. Respecto a la biopsia, el problema es que la cicatriza­ción producida en el tejido mamario puede confundirse con un área donde se esté generando una tumoración.

*Si se padece cáncer irremediablemente se perderá uno de los senos

Entre más temprano se haya detectado un tumor maligno, mayores probabilida­des hay de conservar la glándula mamaria y eliminar el cáncer. Sin embargo, cuando por el tamaño del tumor y su localización es necesario practicar una mastectomía (extirpación del seno), existen modernas alternativas para la reconstrucción de la mama.

*La autoexploración mamaria es suficiente para identificar un tumor maligno

Si bien es un método preventivo, la autoexploración no es suficiente para identifi­car el cáncer de mama, por ello es vital que todas las mujeres mayores de 35 años acudan a revisión médica periódica (de acuerdo a los criterios antes mencionados) y se realicen una mastografía cuando su médico lo indique, pues hasta el momento, es la única forma de identificar con precisión alteraciones en el tejido mamario difíci­les de detectar con la palpación.

Yassir Zárate Méndez
Foto: Archivo Revista Momento

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