Pequeños grandes artistas

Publicada en Abril 2008 edición 05

Las notas del Concierto para violín en la menor, de Antonio Vivaldi, revolotean en el salón 10 de Casa de Música.

Concentrada, con la mirada puesta en el atril que tiene frente a sí, la pequeña Rossana Ramírez Vázquez ejecuta las notas de una de las piezas más bellas del barroco italiano. A pesar del intenso calor, la ágil música barroca inyecta frescura al ambiente.

Bajo la atenta mirada de su maestro, Rossana desliza el arco sobre las cuerdas de su instrumento, con la soltura y delicadeza propias de sus ocho años de edad. Y es que para ella, la música le proporciona una forma particular de felicidad y de comunión. Cuando toca, establece una peculiar sincronía con el entorno: “Se siente como si el violín le estuviera diciendo algo a la gente”, revela mientras sostiene el instrumento entre sus manos, y una vez concluida la sesión de trabajo.

Es ejecutante desde los seis años de edad, gracias a que tocaba de oído las piezas que escuchaba; además, siendo todavía más pequeña “en mi casa jugaba con dos palitos a que tocaba el violín. Por eso lo escogí”. Ahora forma parte de distintas agrupaciones de música clásica en Tlaxcala, como la Camerata Femenil, de la cual es la integrante más pequeña. En esta línea, Rossana se ve a futuro formando parte de otras orquestas de México.

Asegura que siempre ha escuchado mucha música, siendo sus autores favoritos el propio Vivaldi y el genio de Salzburgo: Wolfgang Amadeus Mozart. Además, con el tiempo espera llegar a componer sus propias obras, para poder transmitir al público su idea de la música.

Por lo pronto, ahora mismo ensaya continuamente, porque sabe que la música exige “mucha disciplina”,
al tiempo que le permite relajarse y disfrutar con la cascada de notas que salen de su violín. “Simplemente me concentro y ya no pienso en lo demás, aunque siento que me comunico muy bien con este instrumento; lo veo como si fuera un amigo. Además, siento una gran felicidad”, remata esta pequeña artista, quien además es una consumada deportista, ya que recientemente se impuso en distintas disciplinas atléticas durante las competencias organizadas por su colegio.

Envuelta por la penumbra propia de una sala de teatro, la Bruja Jasuda, enemiga mortal de las matemáticas, se prepara para martirizar a los dígitos en la obra «El baile de los números». La terrible bruja, emergida de la imaginación del dramaturgo mexicano Tomás Urtusástegui, significó el primer papel de Miranda Rosell Guzmán, una niña de 11 años que forma parte del elenco del grupo Teatrubu, la exitosa compañía dirigida por José Luis Castilla.

Seducida por la magia de la representación, Miranda ha encarnado a un par de personajes en sendas representaciones teatrales. Además de la malévola Bruja Jasuda, tuvo un papel en la pastorela Las peripecias de un costal, obra original de Antonio Argudín, y que estuvo en cartelera durante diciembre de 2007 y enero de 2008.

En cuanto a las razones que la llevaron a los escenarios, la pequeña señala que “desde que era más chiquita me gustaba ver cómo representaban las obras”. Justamente la capacidad mimética de los actores es lo que la fascina del mundo del teatro. Proyectar personalidades distintas a la suya es lo que ha acabado por convencerla para hacerla subir a los tablados. Además, la disciplina que exige el teatro es un buen reto que le gusta afrontar porque “te enseña a creer en ti mismo, a confiar en ti”.

Su entrada a Teatrubu se debió a que asistió a la representación de la obra didáctica Te regalo un arcoiris, mantenida en cartelera durante algunas semanas de 2007 en el Teatro del IMSS.

Confiesa que siente nervios antes de empezar una función, pero esa tensión desaparece: “eso sólo es antes de empezar, porque cuando ya estoy sobre el escenario, me siento más tranquila, porque recuerdo bien lo que he ensayado”, asegura.

Sobre las emociones que ha tenido mientras encarna a sus personajes, confiesa que en el caso de la niña de la pastorela “sentía mucha tristeza, porque su mamá la maltrataba y su abuela era quien la defendía y su padre no sabía de qué lado estar, porque no sabía a quién apoyar”. En cambio, en el caso de la Bruja Jasuda advirtió la maldad que dominaba al personaje, quien “odiaba a los números y los quería esclavizar. Pero entonces llegó el Mago Renado y me enseñó a querer a las matemáticas. Yo entiendo que el teatro consiste en caracterizar una obra con el personaje, y meterte en él, aunque también me gusta improvisar”.

Un par de dibujos a lápiz cuelga en una pared de la sala de exposiciones del centro cultural de Santa Ana
Chiautempan. Se trata de dos piezas que proyectan cierta tristeza. En uno de ellos, una mujer recostada llora desconsoladamente, mientras al fondo se erige una montaña que suena familiar a los ojos del espectador. En las dos piezas, la sobriedad del grafito concentra una emoción intensa. Su autora es Maricruz Gutiérrez, de 16 años.

“A la hora de dibujar a veces estoy triste pero se me quita cuando estoy dibujando”, confiesa, aunque se puede advertir que esa melancolía se trasmina a sus cuadros.

Iniciada en las artes plásticas desde hace varios años, a la fecha se ha hecho acreedora a varios reconocimientos en certámenes locales, como el organizado a propósito del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Incluso sus piezas han sido expuestas en el vestíbulo del Congreso del estado, como parte de una exposición que reunía a varias mujeres artistas, como Galdina Galicia.

Considera que la pintura “es lo máximo”, por la capacidad que tiene de proyectar las emociones de la gente. “A veces simplemente me cautiva. Por ejemplo, me fascina dibujar rostros, y aunque no tengo un tema en particular, siento que el lápiz ya se va solo”. Como en los otros casos aquí reseñados, Maricruz dibuja desde muy pequeña, y con el tiempo ha ido mejorando su técnica. “Ahora ya no sólo hago nubes sencillas. Me gusta dibujar porque me gusta expresarme a través de mis cuadros y que las demás personas vean lo que hago”.

En su camino por el arte, destaca que su papá jugó un papel decisivo, ya que fue él quien la introdujo en el mundo de la pintura, aun cuando no cuenta con una formación particular en esta disciplina. Sin embargo, ella tiene muy claro que en un futuro no muy lejano, se consagre como una artista profesional. Ahora mismo cuenta con el apoyo de su familia, pero sobre todo con el respaldo de su talento.

Yassir Zárate Méndez

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