Cultura y Lenguaje Sexual

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Publicada febrero 2008 edición 3

Entender la cultura en una sociedad en la que se ejercen múltiples prácticas en todos los ámbitos de la existencia humana, permite acercarse más a la profundidad de la na­turaleza del hombre. Cultura es un término que designa el conjunto total de las prácticas humanas, ya sean eco­nómicas, políticas, científicas, jurídicas, religiosas, discur­sivas, comunicativas y sociales. Para algunos autores, el concepto de cultura está restringido a los significados y valores que los hombres atribuyen a sus prácticas.

Gracias a la antropología, el concepto de cultura incor­pora también los bienes materiales, simbólicos (ideas), instituciones (canales por donde el poder se ejerce de ma­nera socialmente aceptada) como pueden ser la familia, la escuela, el Estado, y finalmente, las costumbres y los hábi­tos que cada persona lleva consigo en su ciclo de vida.

Desde este punto de vista, se puede decir que toda socie­dad tiene cultura, y toda cultura es puesta en práctica a través de la interrelación de las personas con el “otro” o con las institu­ciones. La cultura no es algo que se posea como un bien mate­rial como coloquialmente se afirma, sino que es una producción colectiva, y esa producción es un universo de significados que está en constante transformación.

En el caso de la cultura sexual, mujeres y hombres son se­res sexuados por excelencia y la cultura interviene mucho en la expresión social de la sexualidad. La cultura sexual ha evolu­cionado históricamente a través de los tiempos, en las más di­versas sociedades. También en la nuestra, que se ve sometida a condicionantes naturales y culturales de muy diversa índole: políticos, económicos, religiosos, éticos, entre otros. Todo ello se manifiesta en cuestiones tan evidentes y dispares como la demografía o el lenguaje.

Así es que la cultura sexual se presenta como algo muy di­verso en nuestro mundo, tanto histórica como geográficamen­te, tanto individual como grupalmente. Hasta hace unas déca­das, la cultura sexual en nuestro país era concebida a partir del principio de la reproducción, por lo tanto debía ejercerse con una pareja, por supuesto heterosexual, en el marco legal del matrimonio. Todas aquellas prácticas que no llevaran a la repro­ducción, eran sancionadas o condenadas en nuestra cultura. Tal es el caso de la masturbación, el sexo oral o el anal, y otras prácticas menos conocidas.

Sin embargo, el avance de la sociedad en términos cultu­rales, ha desmitificado dichas prácticas. El reconocimiento de la sexualidad humana como un derecho íntimo, social y políti­co ha permitido el avance de una cultura sexual mucho menos represiva y, en consecuencia, un lenguaje sexual mucho más abierto, manifestado en toda la sociedad.

Un ejemplo muy claro es el reconocimiento de los matrimo­nios o sociedades de carácter homosexual que se han venido dando en México y en algunos países. Aunque han existido mu­chas protestas a este respecto, la gente ha comenzado a acep­tar los derechos que sus semejantes tienen a una sexualidad elegida y no impuesta o represiva. Justamente esto permite una cultura sexual más crítica en donde se incluye el respeto a los derechos individuales y la aceptación de personas diferentes a nosotros en todas sus características sociales.

*Psicologo

Psic. Gustavo Carpintero Vega

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