De cotorreo en Cana

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“Amigos y parrandas, mujeres y tequila,

canciones con mariachi, con banda o con marimba,

esto ha sido mi vida y la vivo muy alegre,

porque hago lo que quiero y morirme no me duele”.

Así canta Estrella, uno recluso del Centro de Reinserción Social de Tlaxcala (Cereso), durante el día del “Amigo penitenciario”. Ha pasado una semana de la presentación oficial de la producción discográfica que lleva por título De cotorreo en Cana. En ese disco se puede apreciar el talento de Estrella para componer e interpretar.

Lo que empezó como una simple petición por teléfono a un programa de radio para que tomaran en cuenta a los reclusos del Cereso, acabó por convertirse en un proyecto apoyado por el Programa de Desarrollo Cultural para la Atención de Públicos Específicos, emisión 2018-2019.

Miguel Minor Serrano, productor audiovisual, y José Enrique Paredes, productor musical, son dos tlaxcaltecas que coinciden a partir del hip hop con el sello Cypher Tlx y que llegan al reclusorio para dirigir el proyecto.

El disco contiene diez canciones, que relatan emociones de dolor, arrepentimiento y violencia desde la cana, como le dicen los penitenciarios a la cárcel. Revista Momento entrevista a los productores y recoge los testimonios de tres reos que formaron parte de esta producción discográfica; los títulos de sus creaciones son “Interludio en la barra”, “Mañana” Y “Morirme no me duele”, este último un corrido, compuesto por Estrella.

Con todas las medidas de seguridad sanitarias, Revista Momento ingresa al Cereso la mañana de un sábado, aprovechamos que es el día del “Amigo penitenciario”, actividad implementada después de estar restringidos a consecuencia de la COVID-19. La idea es que obtengan recursos; por ello, invitan a familiares y amigos cercanos para que adquieran algunos de los productos elaborados en el internamiento, como bolsas, chamarras, cuadros, pulseras y artículos de madera, entre otros.

En la entrada nos recibe Alfredo Valdés Sánchez, responsable del área educativa del Cereso de Tlaxcala. Después de pasar un registro riguroso, nos guían para ir a uno de los patios conocido por los internos como el dormitorio 6; en el trayecto se encuentran algunos puestos de venta de artículos. Uno de los internos nos ofrece cuadros de imágenes religiosas, que él mismo elabora.

“Llévelo, ahí me va pagando poco a poco”, dice.

El escenario de presentación aguarda con internos esperando la función, algunos preparan el sonido, el conductor, también penitenciario, hace pruebas para invitar a que se acerquen y escuchen. Del lado derecho hay familiares y amigos, algunos tomando alimentos en las islas de concreto ya instaladas en el reclusorio. Al estilo de mercado hay puestos con pequeñas lonas de cobija improvisadas para atajarse del sol; el evento es el pretexto para que otros se animen a cantar sus canciones favoritas: rancheras, baladas, norteñas y rap.

El sol arrecia, pero no impide que la presentación dé comienzo.

Los productores del CD

Miguel Minor Serrano productor au­diovisual

—¿Cómo te llamas y a qué te dedicas?

—Mi nombre es Miguel Minor Serrano, soy originario de Nativitas. Soy pro­ductor audiovisual y estudié ciencias de la comunicación.

—¿Cómo llega este proyecto a tu vida?

–El proyecto de trabajar dentro del reclusorio de Tlaxcala con personas privadas de su libertad fue a partir de un programa de radio de hip hop que teníamos y que las personas de aquí lo escuchaban. A partir de algunos contactos, pudimos hacer esta cone­xión, primero de hacer unos talleres de producción musical y grabar unos epi­sodios emblemáticos del Cypher Tlx.

—¿Quién intervino para que este pro­yecto empezara?

—En primera instancia yo intervine con las autoridades del propio penal. A partir de estar trabajando algún tiempo, las autoridades del Institu­to Tlaxcalteca de la Cultura (ITC) se acercaron a nosotros, nos propusieron elaborar un proyecto con más impac­to, tener un financiamiento para que el proyecto fuera más sustentable y poder sacar algunas copias físicas con una producción más cuidada y pensada para la comunidad que está dentro del penal.

—¿Con cuántos integrantes comen­zaron este taller?

—Empezamos con cinco internos y en la segunda etapa fueron once. El resultado fue de 10 tracks del disco titulado Cotorreo en Cana.

—¿En cuánto tiempo hicieron este proyecto?

—El tiempo record para hacer este proyecto fue de cinco meses, aun­que estábamos trabajando constan­temente con las propias autoridades del penal con otros proyectos, como La Voz Penitenciaria y se nos pedía que participáramos en la grabación y registro audiovisual de eventos im­portantes como pastorelas.

—¿Imaginaste que trabajarías en un proyecto así en tu vida?

—No. Siempre había querido hacer proyectos de incidencia social que impactaran en muchas personas y estar en un centro de reclusión nos da esa oportunidad de conocer muchos perfiles. Antes de lo que hicieron, o en dónde se equivocaron, son personas y son humanos y tienen muchas as­piraciones creativas, y eso me motiva, pero no lo había pensado así.

“El hecho de cómo me acerqué al hip hop no fue circunstancial, sino porque ya había trabajado tiempo atrás y eso le da otro valor al hip hop, no solo de acercarnos a la música, si no también qué hay detrás de la música, qué personas son las que lo escriben y cómo quieren que se les muestre como personas creativas para escribir un track”.

—¿Qué fue lo que encontraste detrás de la música?

—Nos encontramos con varias histo­rias que relatan su proceso de llegar acá. Historias con problemas emo­cionales, trágicas, violentas, pero que a partir de la música han cambiado su conducta o han tenido un acer­camiento diferente y es bueno en­contrarlo. Saber que no todo es malo dentro de un penal, que realmente hay una reinserción social para las perso­nas que están privadas de su libertad.

—¿Conoces algún testimonio acerca de ese cambio que mencionaste?

—Sí, hay algunos ejemplos que par­ten de enfrentarse a un papel en blanco y comenzar a escribir una canción. Quizá nunca tuvieron en su vida un acercamiento con el arte y la cultura y a partir de los talleres que llevamos a cabo, los convenci­mos de poder expresar lo que tenían dentro. Había mucha información, lo que había que hacer era dirigir lo que ellos pensaban y plasmarlo en una lírica o rima que se escucha ya en el disco. Por ejemplo, un spoken word que pudimos incluir y es otra parte igual del hip hop que no solo es incluir temas rapeados.

“El rap es una corriente musical que ha dado pauta a otros géneros musicales y al mezclarlos producen otro tipo de discurso musical, y eso nos llama mucho la atención, la mez­cla que hay entre géneros musicales y que al final también podríamos lla­marlo hip hop, porque la lírica no se pierde; este ejercicio de escribir está plasmado en este disco, incluso en los propios temas que están ahí como un corrido, un spoken word y fragmen­tos de pláticas entre pasillos. Eso le da otro color al propio disco”.

Creaciones inspiradas desde la cotidianidad de los reos

—¿Eres otra persona a partir de este proyecto?

—Sí, incluso el primer día que ingresé y escuché las propuestas que tenían, pusieron una memoria en una bocina con sus propuestas y cuando yo salí, sentía que la realidad aquí dentro era más dura que afuera. Cambió mi pers­pectiva de un centro penitenciario al momento de escuchar esas historias.

“Desde ese día ha habido un com­promiso, más allá de lo monetario, porque no es solo tener una retribu­ción de nuestro trabajo, sino un com­promiso con la propia sociedad e im­plica contextos muy diferentes como lo que es estar en cana”.

—¿Hay algunos de los participantes que ya no estén?

—Sí, por ejemplo, Sed y Lervy que eran parte importante del proyecto ya no están. En principio hubo una respues­ta positiva del proyecto de la propia escena hip hop, porque había ante­cedentes de personas que rapeaban dentro del propio penal.

—¿Qué sigue después de este resul­tado?

—Hay presentaciones en otros pena­les. Hay una red de los propios pena­les en el estado de Tlaxcala que están buscando llevar actividades diferen­tes para que los reclusos se acer­quen al arte y la cultura y creo que es el lugar donde tenemos que llevar el ejemplo de lo que se está haciendo en el Cereso de Tlaxcala para que se re­plique este proyecto en otros espacios donde también hay mucho talento.

“También hay noticias de que en otros lugares del propio sistema pe­nal hay buenos raperos y exponentes. Dentro del hip hop hay otros elemen­tos como el grafiti. Aquí en este penal de Tlaxcala se hizo un mural donde participaron varios reclusos y esto también es parte del movimiento del hip hop. Creo que replicar este tipo de actividades va a tener un impacto positivo en muchas personas.

—¿Cómo definirías el hip hop?

—Comunidad. El hip hop es comu­nidad; si no hay comunidad, no hay nada. Hay artistas muy famosos, pero si no hacen comunidad, no llegarían a donde están. La organización a partir de lo comunitario como lo hicimos en el disco, representa al hip hop.

—Algo que quieras agregar.

—Que sigan a Cypher Tlx. Tuvimos una buena experiencia con un docu­mental corto que forma parte de una selección oficial descentralizada de la oferta cinematográfica del cine en el país y que tiene como particulari­dad que los realizadores son del ba­rrio para el barrio. Realizadores de la periferia que muestran su trabajo que presentan estos proyectos.

“Cypher Tlx es un sello que afianza más, que no está en un solo contexto, está abierto a todo público”.

—¿Nos podrías compartir cual fue el premio que recién obtuviste?

—Es el premio estatal de artes vi­suales, en la categoría de videoarte con el trabajo Lirica de la fertilidad y habla sobre el ciclo de la vida a par­tir de escenas observacionales, con audio original de la propia comuni­dad, pero con el impacto ambiental, en una de las zonas consideradas más fértiles del estado, que es el sur, de donde yo soy. Fue una propuesta conceptual, porque no cuenta con una narrativa como tal, sino que lo cambiamos. Espero y ya pronto pue­dan ver el material.

José Enrique Paredes, productor musical

—¿Podrías hablarnos acerca de ti?

—Me llamo José Enrique Paredes, tengo 28 años, soy de la comunidad de Tizatlán, en Tlaxcala. Soy beat maker y productor musical.

—¿Cómo te acercas a este proyecto?

—Mi homie Miguel Minor me invita a realizar música, después de que le entregaran el proyecto. Me invita a realizar la producción musical. Así fue como me integro a su proyecto.

—¿Cómo acompañas en este proyecto con tu trabajo?

—Al principio, eran como cursos para acercarlos al hip hop. Después de conocer la rítmica y el género, fue como empecé a hacer canciones.

¿Qué fue lo que les enseñaste?

—Lo que les enseñé fue a acomodar sus rimas, a impulsarlos para que trajeran sus temáticas; después fue tener una pista, encaminarlos y grabarlos como si estuvieran en un estudio.

—De todo este proceso, ¿qué te impactó más?

—Las historias y la entrega con la que lo hicieron fue lo que me impactó más, porque el entorno es algo turbio y al escuchar las sesiones y su rapeo, sentir la energía de lo que ellos querían canalizar mediante sus letras, fue impresionante.

—¿Te hizo ver la vida de otra manera?

—Sí, claro, tengo una experiencia extraña. Cuando veníamos a producir, en la noche soñaba cosas raras; además, escuchar las canciones por más de tres horas para la producción. Ahora valoro mucho lo que estamos haciendo afuera para venir y producir música.

—¿Cuál era el objetivo con esta actividad?

—El objetivo era que ellos se sintieran cómodos, y lo que quiero transmitir es que cada diálogo que les grabamos sea musicalizado. Por ejemplo, a un participante le hice solo atmosfera de sonido para acompañar un spoken word, que es poesía hablada.

—Del disco producido, ¿cuál pista te ha gustado más?

—Del disco tengo un top que me gustaron bastante. No en una especie de orden, pero sí por su contenido. El corrido canero y el spoken word dedicado a su mamá.

—¿Cuál sería tu siguiente proyecto?

—Para el siguiente proyecto me gus­taría volver aquí y grabar fragmentos de guitarra, voces, lo digo como pro­ductor musical; grabar más diálogos, recopilarlo y llevar una carpeta para hacer más melodías e innovar.

“Al platicarlo con Estrella, le co­menté que quería hacer corridos am­pliados con hip hop. Esto sería como el proyecto a futuro, al cual le metería más empeño”.

—Algo que quieras compartir con los lectores.

—Escuchen bastante el rap de Tlax­cala y escuchen el disco Cotorreo en Cana. Pusimos bastante empeño en este disco. Que lo escuchen y se den cuenta de la realidad que existe.

Interludio en la barra.

Desde que estaba afuera me daba por escribir de lo que fuera

Mi nombre es Giovanni N, tengo 32 años y soy de Santa María Acuitlapilco.

—¿Cuánto tiempo llevas aquí?

—Llevo dos años, tres meses.

—¿Cómo sabes de este proyecto?

—Hubo un concurso para cantar en karaoke y siempre había intentado la música, pero nunca me animaba, pero como dicen, no pierdes nada con intentarlo. Canté, me vio personal del Cereso y me dijeron que iban a venir unas personas a grabar un disco y que si quería intentarlo, y dije que sí; es así como escribo esta canción, que en un principio se llamaba “Eres un ángel”, pero el nombre final igual me gustó.

—¿Recuerdas el momento en que la escribiste?

—Sí, de hecho, fue como un agrade­cimiento a mi mamá. Cuando entré a este penal no sabía si alguien me iba a venir a ver, hasta que un día de visi­ta, gritan mi nombre y no sabía quién era. Salgo y veo que es mi mamá. Desde ese momento empieza toda la historia, recordar todo lo bueno y lo malo que pasé con mi madre. Fue ahí donde me inspiré.

—¿A partir de esa visita comenzaste a escribir?

—De hecho, ya escribía cuando estaba afuera, pero no tenía algo firme. Escri­bía por escribir lo que me salía y lo que venía. Cuando andaba inspirado eran letras de amor, de decepción. Ahora decidí escribir esto a mi madre, tantos años estar alejado de ella y demos­trarle con algo que en verdad la quie­ro, que la amo y la admiro por todo el esfuerzo que hace al venir a verme.

—¿Qué edad tienen tu mamá?

—48 años; me tuvo a los 16 años

—¿Eres su único hijo?

—No, tengo dos hermanas. Una de 25 y otra de 13.

—¿Por qué te sorprendió ver a tu mamá, cuando pensabas que no iba a venir nadie?

—Porque yo afuera era muy alejado de mi mamá. Vivía a diez minutos de su casa y nunca la iba a ver; pasaban dos o tres años y nunca la visitaba. Viví siete años en Puebla; de esos siete años solo la visité como tres veces y eso solo como media hora y me iba. Por eso cuando me detienen, nadie de mi familia sabía que estaba en el penal y hasta que me hablan por el día de visita, me gritan por mi nombre, me asomo y resulta que es mi madre. Me cayó de sorpresa. Ahí fue cuando me di cuenta que yo era el que estaba mal, por no acercarme con mi madre, por no decir: “¿Cómo estás, mamá? ¿Cómo te va?”.

—De lo que describiste ¿hay alguna frase que te guste más?

—Sí: “Eres mi hijo y siempre te voy a cuidar”. Me lo ha dicho muchas veces:

“Eres mi hijo y estés donde estés, ahí voy a estar contigo” [con la voz entre­cortada], se lo agradezco y estoy muy agradecido con la vida, por la madre que me tocó.

—¿Qué emociones hay cuando escri­bes esta canción?

—Pues muchas; son sentimientos en­contrados. A veces me siento culpable por desperdiciar 30 años de mi vida afuera sin valorar a mi madre. Cuan­do entro al penal, me doy cuenta que estoy perdiendo tiempo valioso. Siento coraje, tristeza, qué pendejo soy. Te­niendo una madre y no la supe valorar por las malas influencias, o por hacer­le caso a otras personas, por quedar bien con ellas. Ahora que Dios me da otra oportunidad, todo lo que hago, lo hago pensando en mi madre, que al­gún día se sienta orgullosa de su hijo.

—¿Qué le dirías a tu yo en este mo­mento?

—Pues que no hay por qué desperdiciar el tiempo por tonterías. Hay cosas más grandes y sorprendentes afuera. Ya no la vuelvas a regar. A veces me sorpren­do de las cosas que puedo lograr, sé que puedo lograr más. Me diría: “Ya no la vuelvas a regar, échale ganas”.

—¿De cuánto es tu sentencia?

—Aún no estoy sentenciado. Todo lleva un proceso. Si Dios quiere de aquí a un año ya estaré afuera, echándole ganas.

—¿Te gustaría regresar el tiempo?

—No. No me gustaría regresarlo. Creo que lo que pasó, por algo pasó. Estos 30 años que estuve allá afuera hice, des­hice, fui como quise, y siempre me pre­guntaba “¿quién soy?”. No sabía quién era. La cárcel a veces te vuelve de una manera mala, pero depende de uno.

—¿Ahora si sabes quién eres?

—Si. Soy Giovanni [llora], el que toda su vida se la pasaba riendo y no le importaba las cosas. No importaba si no tuviéramos para comer, aunque a mí me estuviera llevando la chingada. Ahora es al revés, es diferente, siempre voy a estar para apoyarlos; sea quien sea, quiero estar ahí para apoyarlos. Ahora sé quién soy; no es el Giovanni que andaba perdido, que no sabía qué hacer; porque cuando uno está joven, la riega; quiere hacer muchas cosas y termina uno haciendo nada.

—¿Tu mamá ya escuchó tu poesía?

—Sí, una de mis hermanas la descargó y se la mandé por audio. Mi mamá me dice que está bonita. Yo digo que está orgullosa de mí, [aunque] nunca me lo dice. Solo me dice: “Los quiero como son y nunca los voy a dejar”.

—¿Qué es lo primero que harás con tu mamá cuando salgas?

—Apoyarla. Ya no dejarla que trabaje mucho tiempo, a veces [yo] gastaba el dinero en tonterías, en cosas que no necesitaba. Algo que me ha enseñado la cárcel y que le estoy bien agrade­cido: la vida se vive una vez. Si uno no la aprovecha, no sabe lo que es vivir la vida. Quiero hacer todo eso que no hice en su tiempo.

—¿Vas a seguir escribiendo?

—Sí. No lo voy a dejar, lo hago por gus­to. El otro día me decía una persona “¿Cuánto vas a ganar por el disco?”, y yo le dije: “No lo hago para un benefi­cio para mí, lo hago por gusto, no para recibir algún ingreso; lo hago porque me gusta”. Me gusta escribir, sacar lo que siento, a lo mejor lo que no puedo decir lo puedo hacer a través de una canción, sin que ella sepa. Y cuando lo haces por gusto, hasta lo haces con mayor empeño. Trato de hacer que mis creaciones se distingan y que se­pan que son hechas por mí, trato de ser único y de no copiar a los demás.

Morirme no me duele

La música es lo mejor que me ha pasado.

—¿Cómo te llamas, que edad tienes y de dónde provienes?

—Me dicen Estrella (PNL), tengo 53 años y soy de Yucatán.

—¿Cuánto tiempo llevas preso?

—26 años.

—¿Cómo te enteras de este proyecto?

—Siempre me ha gustado la música, el ambiente. Desde que era niño me llamaba la atención cantar, aprender a tocar la guitarra, pero no teníamos el recurso y no me podían comprar mi guitarrita, pero yo insistí, insistí hasta que en la secundaria me la compra­ron, y de ahí empecé a aprender.

“Tenía 14 años cuando aprendí y me gusto más. Ya me acompañaba yo solito, aprendí más y más hasta que la dominé y me gusto más el am­biente de la música. Cuando recién llegué en el 95, me invitaron a par­ticipar en una rondalla. Me integré y hubo un concurso de rondalla y nos llevamos el segundo lugar.

“Cuando me invita el amigo Miguel Minor, yo les comenté que solo can­taba rancheras, corridos, boleros de rondalla. Y me dicen que no importa­ba el estilo y el género, que lo impor­tante era participar, que te apasione lo que haces.

“Desde 2018 estamos trabajando en el proyecto y por diversas cues­tiones no podía salir hasta ahora. Se atravesó la pandemia, cambio de di­rectivos, se hizo muy lento, hasta que se hizo realidad. No fue muy fácil que digamos, porque tuvimos que impro­visar muchas cosas”.

—¿Como cuáles?

—En esa aula que está ahí al fondo tuvimos que improvisar una caseti­ta con cartones, forrada para que el ruido no entrara para poder grabar y si no quedaba a la primera, pues que a la segunda y que sigue la otra; sí cuesta grabar un track; no nada más vas a tocar y ya, lo bueno que sí quedó y les gustó. Me incluyeron en el disco en acústico.

—¿A las cuantas quedó la tuya?

—Como a la tercera vez, no fue mucho, al tercer ensayo y ya quedó. Dijeron “Esta es”, y se quedó.

—¿Antes ya escribías?

—No, estando afuera era muy dife­rente, no había mucho tiempo para reflexionar, para pensar y aquí tene­mos todo el tiempo del mundo para pensar, reflexionar durante la noche y como a mí me gustan las cancio­nes; de repente me llega una idea y digo “Tengo que hacer una canción”, y poco a poco me empieza a llegar una inspiración. No crea que de momento llega todo completo, es por pausas, que una estrofa y al otro día otra es­trofa.

—¿Cómo se llama esa canción?

—“Morirme no me duele”. Son viven­cias que ha tenido uno. Por ejemplo, puedes hacer una canción respecto a la cárcel, pero necesitas inspirarte en algo, de alguna vivencia para poder sacar un resumen de lo vivido para hacer una canción, un corrido. Aquí muchos compañeros me han dicho: “Hazme un corrido”. Yo les digo: “Platí­came tu vida, tu historial”, y de ahí nos basamos para ver qué nos sirve, qué desechamos y qué agarramos para hacerla. He hecho varios corriditos de personas que han estado aquí.

—¿Recuerdas el momento justo cuando escribiste esta canción?

—Por el año 2000, porque yo caí en el 95 y ya más recientes en los años 2014, 2015, 2017.

—¿Qué emociones estaban en tu mente cuando estabas escribiendo esta canción?

—Sentimientos encontrados de cosas que te llegan a la mente.

—¿Este proyecto te ayudó a inspirarte más?

—Sí, porque es algo que te motiva a hacer cosas nuevas. A veces necesi­tas un empujoncito para lograr las co­sas, porque sí tenemos la capacidad y la inteligencia y todo para hacerlo, pero nos estancamos. No tenemos quién nos apoye o quién nos impul­se para decir: “Ahora sí voy a hacer lo que me gusta hacer”.

“Con la llegada del amigo Miguel, a varios nos inspiró a seguir, a hacer más cosas y dice que más adelante va a tener más proyectos. Por mi parte yo estoy dispuesto para seguir, pero él tiene su género que es el rap y me dice no importa, el rap puede ser un corrido, cualquier estilo, el chiste es que uno se acople.

—¿Ahora qué has escuchado el rap y el hip hop, te gustan?

—Sí me gusta escucharlo, pero ac­tuarlo como que no. Hacer una can­ción en rap no me siento en confian­za, pero quizá practicando, nada es imposible; todo es cuestión de querer.

—¿Alguna frase de tu canción que más te guste?

—Sí, “Viví mi vida como quise hacerlo”, alegremente, es lo que me gusta ser, alegre, porque viví mi vida como yo quise hacerlo y morirme no me duele, estoy conforme y contento con lo que he vivido y con lo que he hecho res­pecto a la música, a cantar, a tocar y como que sí me queda algo la canción, porque habla de lo que soy: alegre.

—¿Esa canción está dedicada para ti?

—Sí, prácticamente sí. Al principio le había puesto “El alegre”, pero ahora se modificó el título y quedó como “Morirme no me duele”.

—¿Qué le dices a tu yo interior?

—Que estoy satisfecho, contento, estoy bien conmigo mismo. Con la sociedad igual, que me ha dado la oportunidad de estar en este proyecto. Me siento contento, porque sí pude.

Proyecto apoyado por el Programa de Desarrollo Cultural para la Atención de Públicos Específicos emisión 2018-2019

—¿Te gustaría regresar el tiempo?

—Si se pudiera, sí. Pero es algo que no se puede retroceder, lo vivido y lo hecho, hecho está. Estoy contento así como estoy, aunque sea en este lugar, pero estoy tranquilo con lo que he logrado. Mucha gente aquí me busca para cantar. Yo me siento contento; es más, hasta me desestreso, hasta me olvido que estoy preso.

—¿Para ti que es la música?

—Es algo que no se puede explicar. He visto compañeros que han aprendido a tocar la guitarra y aquí les gusta y sobresalen.

“La música es algo que te puede llevar lejos, siempre y cuando tú quie­ras. Para mí, la música es lo máximo, es lo mejor que me ha pasado. Yo tuve ese interés en la música, en mi familia no lo había y pude lograrlo. Mi papá me decía: “Tú qué vas a aprender, estás chamaco, no vas a aprender a tocar”. Pero yo decía que sí y a la lar­ga sí se dio. Lo que no era posible, se hizo posible. Aquí estoy demostrando que sí, que la música es lo máximo progresando.

—¿Tu guitarra es tu mejor compañera?

“Sí, sin mi guitarra me siento incom­pleto, sin la guitarra siento que me fal­ta algo. Para mí es lo máximo tener mi guitarrita, aunque me gusta mucho el acordeón, pero no tuve la oportunidad de aprender.

—¿Enseñas a tocar la guitarra?

—A los que me han pedido, pero no me han durado. Luego se rajan, dicen: “Es que ya me duele mi dedo, ya no quiero”. No me ha salido alguno que supere al maestro. No me niego, pero luego se aburren o no pueden, y ahí la dejamos.

—¿Qué sentiste cuando escuchaste tu canción?

—Alegría, estaba contento cuando me dijeron que el disco ya estaba terminado. Nunca me había pasado un momento así en mi vida. Se logró lo que se buscaba, escuchar la can­ción que me gusta. Se logró algo que no estaba en mi mente que se podía lograr, pero gracias al proyecto de Miguel y su amigo Henry, un sueño se hizo realidad

—¿Te sientes una estrella?

—No tanto que digamos, pero sí. Desde muy niño todo mundo me decía Estre­lla, Estrella, Estrella; en la escuela casi nadie me llamaba por mi nombre.

—¿Algo más que quieras comentar?

—Pues ojalá que nos sigan apoyando el señor Miguel y su amigo Henry en traer más proyectos musicales, par­ticipar más, dar a conocer más can­ciones que ya se escribieron aquí. No importa el lugar donde estemos. Se pueden lograr muchas cosas y con la ayuda de ellos que vienen del exterior, pues a echarle ganas.

—¿Y morir no duele?

—Pues si me toca una muerte dulce, no me duele.

Mañana

El hip hop es un estilo de vida

—¿Cómo te llamas?

—Delmar N

—¿De dónde eres originario?

—Soy de Chiautempan

—¿Cuánto tiempo llevas preso?

—Llevo 4 años, 4 meses y 7 días.

—¿Cómo te enteraste del proyecto?

—Me enteré por otro amigo que estu­vo aquí, quien me comentó que iba a haber un evento, que íbamos a hacer unas canciones; en un principio era poesía lírica. Y ahí conozco a Miguel Minor y a Henry, que por medio del área educativa del penal los trajeron aquí. El otro amigo sí se sentía rapero y quería hacerlo. Yo no, yo fui como el colado del proyecto.

—¿Cuándo conoces el proyecto, que es lo que te llamó la atención?

—Yo crecí con hip hop, crecí en el am­biente, crecí en las pandillas, crecí en el entorno completo del hip hop.

Porque aquí el hip hop no solo es la música, las canciones. Yo crecí con la onda de que en el hip hop se can­ta lo que se vive. No puedo contar de mujeres que no tengo, dinero que no manejo, carros que no tengo. Cuando me entero del proyecto me gustó. En Estados Unidos me sentía opacado, poca cosa, porque allá los niños de 10, 12, 15 años ya cantan, ya tienen una historia; porque esto es una historia y yo no tenía esa historia que contar. Cuando caigo en la cárcel, me doy cuenta que tengo una gran historia que contar, que es mi vida.

—¿Qué es para ti el hip hop?

—Es un estilo de vida. Comes hip hop, duermes hip hop, vives en hip hop; de hecho, hasta el estilo del slang que manejas cuando hablas tiene que ser del estilo del hip hop y solo lo encuen­tras en la calle, porque el hip hop es callejero de la vida real.

—¿Cómo se llama tu canción?

—Se llama “Mañana”. Esa canción me llegó a la mente porque estando pre­so aquí, me di cuenta que siempre he pensado en el homie del futuro [refi­riéndose a sí mismo], no de unos años si no del mañana.

“El mensaje de la canción es que estando en la cana, aquí puedes vivir de a padrino o de a perro. Cuando mi mamá me visitaba, me traía comida y yo quería que me trajeran los Jordan, las gorras, playeras. Tanto así que mi mamá en una ocasión me comentó: “Tú no ves la manera de irte, sino de quedarte”, y era cierto, porque quería mi pantalla, las bocinas, porque sentía que era como venir de vacaciones.

“He tenido tiempos buenos y malos, me metí en problemas. Yo me aventé el turismo canido, porque andaba de dormitorio en dormitorio. La canción del mañana es como echarme po­rras y disfrutar lo que tengo; porque mañana voy a salir y pensando posi­tivamente, tendré todo lo que alguna vez soñé y vivir todos los días como si fuese Navidad. Si la vida me da li­mones, pues hago una limonada; si la vida me da madera, pues hago unos mini homies. La canción del Mañana es una canción motivacional, porque mañana voy a salir, vivir, cotorrear”.

—¿Recuerdas cuándo la escribiste?

—Sí. La escribí pensando en el rapero del futuro. Yo nunca pensé que en el estado de Tlaxcala te fueran a senten­ciar por robar un taxi. Pensé que iba a ser como una regañada y ya, vete a tu casa, no lo vuelvas a hacer. Pero no fue así, me sentenciaron a 4 años 10 meses de cárcel.

“El exceso de confianza me ha he­cho llegar a donde estoy. Siempre lo tuve y me sentí más que los demás. Aquí en la cárcel le bajé mucho a eso. Me di cuenta que era prepotente, arro­gante, mal plan, demostrando con he­chos que era el mejor. Hoy no puedo decir lo mismo, lo mejor es estar afuera.

—¿Qué le dirías a tu yo interior?

—Sigue adelante, nunca te eches para atrás; estoy en el proceso de buscar una salida. Mi mamá llegó feliz un do­mingo y me dijo: “Adivina donde estu­ve ayer”, “No sé, mamá”, “Pues estuve con mi grupo favorito, pero no era el lugar, ni el grupo; estaba feliz porque sé dónde está, [con un profundo si­lencio y a punto de llorar, completa] sé que no estás golpeado, no estás arrestado, no estás chocado. Sé que estás en un lugar seguro”. Le dije: “Sí, jefa, gracias. Yo también te quiero”.

“Soy quien soy, porque todos los días le echo ganas.

—¿Te gustaría regresar el tiempo?

—No. Todo lo que ha pasado en mi vida es un aprendizaje. De lo bueno, de lo malo he hecho una historia que puedo contar.

—¿Para ti qué es un homie?

—Es un hermano, un carnal. Todos tenemos familia, pero la familia no la escoges y a lo largo de la vida el ho­mie es tu compañero, es esa persona que tiene una empatía contigo: mis­mos pensamientos, mismas formas de pensar, les gusta la misma música, para mí el homie es un apoyo.

—¿Cuál sería tu mañana ideal?

—El éxito para mí no es tener dinero, mujeres, alcohol, droga; para mí el éxito es estar satisfecho con mi día, con lo que hago. Por ejemplo, el día de hoy le puedo decir que hago un mu­ñeco de madera y no gano mucho; de hecho, no gano nada, pero me divierto y en la noche me siento satisfecho. Me siento una gente exitosa.

—Algo que quieras agregar.

—Esto me dejó muchas experiencias que ni en las calles las tenía. Cono­cía el hip hop desde niño, pero nunca me sentí apto para hacerlo. Gracias a Minor y Henry, al área educativa del penal y al Instituto Tlaxcalteca de la Cultura. Yo les doy las gracias porque hicieron algo por mí que nadie había hecho. Fui portada de una revista, sa­qué unas canciones.

“Creo que no puedo pedir más a la vida, esto no dejó dinero, pero me hizo el día, la noche, es más, me hizo el año. Es un proyecto que me llenó de gratitud”.

“La verdad nunca pensé grabar un disco, que mis canciones formaran parte de este disco y que este disco saliera al público. Me dije: “Es proyecto de cana y lo de cana queda en cana”. Estoy completamente feliz de este re­galo de un poder superior que hasta la fecha, nadie me había regalado”.

Fotografía: Federico Ríos Macías

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