Delfina Martínez González

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Nombre: Delfina Martínez González.

Cargo: Delegada de la Red Mexicana de Mujeres con Corazón.

Estudios: Carrera técnica en contabilidad (experta en artes gráficas).

Estado civil: Viuda.

Edad: 72 años.

Hijos: Dos. Sergio y Elsa.

¿Es difícil ser mujer?

Para mí es algo muy hermoso ser mujer. Yo nunca concienticé la diferencia entre un hombre y una mujer, hasta que quedé viuda; para mí siempre fue muy bonito ser mujer, porque podía jugar igual que los niños. Me extrañaba mucho que me regañaran porque jugaba con niños cuando era pequeña, pero a mí no me interesó. Eso de ser mujer nunca fue complicado, me gustaba mucho correr, brincar, no veía la diferencia; jugaba igual con los niños y con las niñas, no entendía por qué las niñas se apartaban más con las muñecas.

Cuando quedé viuda recibí muchas condolencias [del tipo] “¡Ay, pobre de ti! Es muy difícil, qué pena que tu marido se haya ido tan joven”. Quiero mencionar que mi esposo murió cuando tenía 33 años. Íbamos a cumplir 14 años de casados, y entonces recibí el pésame, que le llamamos. Pero ahora sé que se me quedó en mi subconsciente ese papel de víctima. Pobrecita de mí. Ir a alguna fiesta, decía yo: “Bueno, ¿y cómo voy a llegar sola?”

No era sola, tenía yo a mis dos hijos; en ese tiempo Sergio tenía 13 años y Elsa 10 años, y para mí fue algo que no me di cuenta, pero empecé a sentirme víctima de la vida y obviamente a darme cuenta, aparentemente, que, si no tenía marido, no iba a ser respetada, que necesitaba un hombre cerca de mí para ser respetada y fue algo extraño, porque desde que tuve 13 años empecé a trabajar.

Siempre fui respetada, me realicé en mi trabajo de una manera muy satisfactoria, porque crecí en la carrera técnica contable que adquirí en la escuela, me capacité realmente en mi trabajo, con el responsable de la empresa, el contador público y auditor. Él fue mi maestro, yo le hacía preguntas y él siempre me las respondía. Llegué a ocupar el puesto más importante en esa empresa. Fui una empleada exitosa, una mujer exitosa, yo me sentía exitosa, hice una familia, tenía un esposo, tenía a mis hijos. Me consideré una mujer muy exitosa, insisto, hasta que se me murió mi esposo.

Yo creo que seguí siendo exitosa, porque tomé el reto de hacerme cargo de la imprenta que teníamos, era una imprenta muy pequeñita, que mi esposo, al ser maestro, nada mas la atendía en tiempo corto. Yo trabajaba en la empresa Hilados de lana, y no atendíamos realmente la imprenta, era algo así como un hobbie, pero yo había dejado de trabajar cuando mi esposo murió, porque había decidido venir a la casa a tener otro bebé, ser ama de casa, y estaba muy emocionada porque iba a ser ama de casa, un poco en contra de mi voluntad, porque yo amaba la cuestión textil. Me había desarrollado 17 años en la empresa, y la amaba; me gusta mucho la empresa textil, pero me vine muy contenta por el amor a la familia, pero mi esposo se murió a los 6 meses, y cuando murió era el reto de sostener a mis dos hijos.

Tenía yo la oportunidad de regresar a la misma empresa donde trabajé. Me dijeron “Usted puede regresar en el momento en el que deseé. Está supuesto”, pero yo decidí tomar el reto de hacerme cargo de la imprenta. Y ahí crecimos bastante. Mis hijos crecieron, fueron a la universidad, en fin, salimos bien; sin embargo, muchos años yo me sentí como que tenía que sufrir, no sé si a lo mejor no sufría, pero yo pensé que tenía que sufrir.

¿Cómo se organizaba?

Era muy bonito, porque me levantaba temprano, veía a mis hijos que se fueran a la universidad, desde donde fuera, porque cuando quedé viuda, mi hijo iba en primer año de secundaria, y mi hija en quinto año. Los iba a dejar a la escuela, cumplía con el papel de mamá, que me gusta mucho, siempre me ocupé de que comieran bien, de que estuvieran en buen estado de salud, y me ocupaba de ellos en la mañana, los llevaba a la escuela y ya después me preparaba y me iba a trabajar.

Para mí el trabajo fue algo que me gustó mucho. Para mí trabajar es una diversión, donde puedo desarrollar mi talento. A mí me gusta mucho; ahora estoy enamorada de las artes gráficas después de 38 años. Si hay algo que hacíamos era siempre comer juntos, desde que vivía mi esposo, siempre comíamos juntos.


¿Considera que hemos avanzado en equidad?

Bastante. En mi tiempo las mujeres, por ejemplo, en las instituciones bancarias cuando trabajaba con una mujer que eran pocas las que trabajaban, se embarazaba y ya no podía seguir trabajando. Así eran en esos años, tenía que dar las gracias. ¿Ahora dígame usted si no hemos avanzado en equidad? Sí. A veces no se valora, porque se vive un poco al día y queremos cambios de hoy para mañana, pero sí hemos avanzado.

¿Desde su entorno, qué hace para que las mujeres tengan mayor equidad?

En primer lugar es mostrarles la capacidad, el valor que tienen como mujeres, como cualquier ser humano. Nosotros tuvimos una empleada hace varios años en mi empresa; ella tenía una limitante, caminaba con muletas, y no le impedía desarrollar su trabajo en la imprenta. Abrir las puertas a la gente que tenga alguna limitación. Es una mujer casada, tuvo a sus hijos, o sea, no hay limitantes y eso siempre se los digo.

¿Usted qué opina de los feminicidios?

Hace falta la cultura en la mujer, en especial, de apartarse de los peligros, porque el feminicidio no se da de la noche a la mañana. Uno percibe en su entorno lo que se está viviendo, y yo creo que es muy importante que las mujeres tomemos conciencia de que no tenemos por qué permanecer en un lugar donde no tenemos respeto, donde no tenemos los cuidados, no que necesitemos como mujeres estar cuidadas, pero en el compañerismo con los trabajadores, que hay hombres y mujeres que a veces abusan, como existe el bullying del que se habla tanto y lo permitimos, y no nos quejamos. Siempre hay alguien que nos puede escuchar, si el jefe no nos escucha, hay otra autoridad y si esa autoridad no nos escucha, yo no tengo porque estar en un lugar forzosamente, si estoy segura de que tengo talento, que tengo capacidad para estar en otro lugar, no tengo porque permanecer en un lugar donde no me respetan.

Tres virtudes de las mujeres.

La sensibilidad Su feminidad Su intuición

Un defecto.

El apego al sexo fuerte que se considera que es el hombre, se hace muy fácil el apego.

¿Cuál es su pasatiempo?

Leer.

¿Qué o quién la pone feliz?

La presencia de mis hijos, pero lo que más feliz me hace es despertar y sentirme, darme cuenta de que estoy viva; eso me hace muy feliz, porque puedo ser útil, ya sea para mis hijos, para la empresa, para la sociedad. El tener vida.

¿Qué o quién la pone triste?

La falta de consciencia en lo valioso que es el ser humano como tal, hombre y mujer, porque se habla mucho de las mujeres y, por supuesto, vivimos en una época en la que estamos de cambio y eso es buenísimo, pero también el hombre se limita, porque se ha limitado a ser macho y eso no es algo que él sea.

Responda con la primera palabra que se le venga a la mente:

Política: La conciencia bellísima, desafortunadamente se ha confundido el contenido

Cocina: Delicioso, vida

Belleza: En todos lados

Machismo: Inútil

Violencia: Paz

Celular: Abuso

Familia: Lo más hermoso que hay.

Marisol Fernández Muñoz
Yassir Zárate Méndez
Fotografía: Federico Ríos Macías

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