EL DIFÍCIL NEGOCIO DE LA CULTURA

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Publicada Enero 2008 Edición 2

Un estudio patrocinado por la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) arrojó que las actividades artísticas y culturales generaban hasta 8 por ciento del Producto Interno Bruto del país. Sin embargo, al elaborar presupuestos y programas, las autoridades suelen asignar cantidades insuficientes para el fomento y la difusión de las artes; además, cuando se efectúan recortes de presupuesto, el sector cultural es uno de los primeros en perder recursos.

En México, y en concreto en Tlaxcala, echar a andar algún tipo de empresa cultural se ha convertido en una tarea de romanos. Con pocos incentivos fiscales, una pesada carga burocrática y limitados públicos consumidores, el panorama se antoja desolador. Sin embargo, hay un puñado de auténticos valientes empeñados en la tarea de brindar la posibilidad de contar con servicios artísticos y culturales de primer nivel, equiparables a los ofrecidos en entidades como Puebla o el Distrito Federal.

HACERLE AL TEATRO

José Luis Castilla es un auténtico hombre de teatro. Actor, director, productor y maestro de artes escénicas formado en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, se ha echado sobre la

espalda la tarea de darle vida al teatro en Tlaxcala. Director de la Compañía Teatrubu, “que empezamos en 1991 con dos gatos”, ha consolidado la propuesta teatral más sólida en toda la historia de Tlaxcala.

En sus 16 años de existencia, la compañía ha enfrentado varios altibajos. Pero ahora mismo se encuentra en un buen momento. Beneficiarios de una beca otorgada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, han aprovechado cada peso para echar a andar un proyecto realmente sólido, que ha encontrado en el Teatro del IMSS, de la capital del estado, el recinto idóneo, dándole nueva vida a uno de los mejores espacios escénicos con que cuenta la entidad.

Pero la perspectiva es mucho más alta. El repertorio ofrecido al público no sólo ha incluido el montaje de piezas teatrales como La madrugada, de Juan Tovar, o el clásico de Shakespeare Romeo y Julieta. Se ha programado una serie de recitales, exposiciones de artes plásticas, ciclos de cine y lecturas en atril. Ciertamente una opción distinta a la habitual cartelera de Tlaxcala.

La diversificación artística ha atraído a un público cada vez más numeroso. Así, se ha pasado de tener presentaciones con dos o tres espectadores, hasta llenos absolutos durante la temporada en cartelera de Romeo y Julieta. Y es que la mayor parte de las presentaciones tiene un costo, así sea simbólico, con lo que se crea en el público la conciencia de que se debe pagar por cualquier tipo de espectáculo.

Y aunque Castilla reconoce que la compañía aún no es autofinanciable y no se sostendría sin el subsidio federal, la recaudación sirve para cubrir varias necesidades y requerimientos del grupo: “Se está generando una costumbre entre los espectadores, además de que estamos llegando a más público, diferente al que concurre a otros teatros, como el Xicohténcatl o el Universitario”.

Su idea se decanta en dos aportaciones fundamentales: generar la constancia de una actividad cultural que se convierta en una auténtica tradición y el aspecto formativo actoral a nivel técnico, sólido y no comercial, comprometido con el espíritu del teatro.

CONSTRUIR UNA MÁQUINA DE LECTORES

Dedicarse a vender libros en un país cuya media de lectura es de apenas dos títulos al año (incluida la Biblia y algún título de Gabriel García Márquez o, peor, de Carlos Cuahtémoc Sánchez) parecería una invitación a la bancarrota. Pero así no lo asume Mónica Blanco, dueña de la librería Jalil, de la ciudad de Apizaco.

Inaugurada el 19 de noviembre de 1999 bajo el concepto de librería-café, Jalil se ha convertido en la librería con la mayor oferta para el público lector de la entidad; ahora mismo cuenta con más de 5200 libros en exhibición, de los cuales aproximadamente 500 títulos corresponden a novedades, como las disponibles en locales de Puebla o del Distrito Federal. “La oferta que tengo es similar a la de las grandes tiendas”, afirma sin rubores Mónica Blanco.

 Y sólo basta con dar un vistazo para comprobar la afirmación. Lo mismo se puede encontrar lo más reciente de Umberto Eco, Carlos Fuentes o José Saramago, que títulos de autores con un corte más comercial, como Isabel Allende o J. K. Rowling. Y aunque en ocasiones alguna persona se pasa dos horas hojeando un libro, sin llevárselo, sabe que a la larga volverá y comprará el ejemplar.

“Estoy satisfecha con lo que he logrado en nueve años de trabajo. Me ha costado mucho esfuerzo, pero de dos años a la fecha puedo decir que podría vivir de mi negocio, aunque quizás no mi familia”, apunta mientras mira hacia las dos mesas de novedades, rebosantes de libros. Su objetivo es que la librería se convierta en “una máquina de lectores, no de dinero”. Porque además de dedicarse al difícil oficio de librero, Mónica Blanco se ha embarcado en la tarea de la promoción cultural, con la organización de distintos talleres artísticos, orientados a la “minoría que busca alternativas a la tele”. Así, se han ofrecido cursos de creación literaria y de ajedrez, además de haber albergado un ciclo de presentaciones de autores tlaxcaltecas.

Sabe que para subsistir requiere de la diversificación, de ahí que también se vendan discos y videos. Y aunque lamenta que la baja calidad de la instrucción pública limite las posibilidades de lectura, confía en que la situación se revierta en el futuro cercano, porque “se pueden hacer maravillas con la literatura. Presagio buenos tiempos. Estamos empezando una buena racha, ascendente. Hay planes de abrir más talleres, con un enfoque distinto. Estoy segura que van a tener un éxito”.

EN EL PAÍS DE LA PINTURA

Ganadora del Premio Estatal de Artes Visuales en la categoría de grabado, Galdina Galicia es una artista que combina su oficio con la tarea de hacer redituable y asequible la cultura. Integrante del taller fundado por Ángel Torres en el municipio de Texoloc, durante varios años impartió el curso de pintura a niños de la comunidad. El crecimiento del taller permitió la expansión de actividades, entre las que destaca el diseño y producción de una urna prehispánica, con la debida certificación del Instituto Nacional de Antropología e Historia, en la que Galdina Galicia tuvo una decidida y valiosa participación.

Previa a esta experiencia, entre 1999 y el año 2000 había coordinado en la comunidad de San Miguel Xaltipa, municipio de Contla, el centro cultural Tonantzi, que contó con financiamiento del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (Pacmyc). Gracias a una serie de convenios con las autoridades locales y con el Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, se pudo integrar un centro que ofrecía talleres de teclado, guitarra, dibujo y pintura.

Para esta pintora, grabadora y escultora, una auténtica educación debe incorporar a las bellas artes en su currícula. “Deben ser un elemento indispensable en la formación de niños y jóvenes”, sentencia. Y para poner el ejemplo, a lo largo del año 2005 encabezó a un compacto grupo de pequeños que se dieron a la tarea de diseñar una serie de murales, aprovechando las paredes del palacio municipal de Texoloc. El gesto movió a la comunidad hacia sus propios valores. “Se reconocieron en lo que estábamos pintando. De hecho, el taller ha servido como un punto de reunión, además de representar ingresos, tanto por la venta de productos como por otros servicios que se ofrecen”.

La aportación social de estos empresarios resulta crucial al momento de hacer un balance de cara a la difusión del arte. Su peculiar combinación entre negocio y cultura abre las posibilidades a la comunidad para tener acceso a ofertas y opciones distintas a las de la cultura de masas, que ante todo busca la uniformidad de pensamiento como imperativo, soslayando la imaginación y la creatividad.

Yassir Zárate Méndez

Comparte este artículo

Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on linkedin