El mercado Guadalupe, tres generaciones de comerciantes.

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Publicada Octubre 2012 Edición 59

Su construcción se realizó entre 1939 y 1940 en un predio donado por el señor Ángel Solana.

Olores y colores variados. El peregrinar de marchantes en busca de abastecerse de semillas, legumbres, frutas, especias, flores, verduras, productos cárnicos de pollo, res, cerdo y borrego, pescado y carnes frías es una estampa cotidiana.

En el área de cocina, la sazón de los guisos típicos de la ciudad y el aroma que expiden los recipientes expuestos al fuego atraen hasta al transeúnte más exigente en su paladar, pues todos los días se ofrece barbacoa de borrego, consomé, garnachas y guisados, sin faltar los tradicionales tamales acompañados con atole o champurrado.

La actividad inicia antes de que irradien los primeros rayos del sol de un nuevo amanecer.

Hombres de gran fortaleza física descargan cajas o bultos llenos de mercancía de los camiones para llevarlos a los puestos, en donde los locatarios, a toda prisa, acomodan los mejores ejemplares al frente de su meseta para llamar la atención de los marchantes que arriban a surtirse desde los primeros minutos del día.

Cada 12 de diciembre, este espacio se inunda de fe y admiración a su santa patrona, para lo cual los comerciantes preparan un programa de actividades que incluye actos litúrgicos, baile popular, instalación de juegos mecánicos y quema de fuegos pirotécnicos.

En este trabajo se hace una remembranza del mercado Guadalupe de la ciudad de Apizaco, cuyo inmueble está en etapa de remodelación integral, por primera vez en 70 años, con la finalidad de mejorar la imagen de este espacio al que se calcula acuden 70 mil clientes a la semana.

Historia del mercado

El libro Ensayo Histórico de Apizaco, (Arámburu Garreta, José. pp. 80–81) cita que el primer mercado que hubo en Apizaco se llamó Lerdo de Tejada y estuvo ubicado en lo que hoy es el zócalo.

Sergio Guevara llegó a trabajar al mercado Guadalupe en el año 1952 con el señor Elpidio Barceinas

Después se estableció en lo que hoy es el bulevar Emilio Sánchez Piedras. Posteriormente en la avenida Cuauhtémoc.

En 1905–1906 se inauguró el mercado Próspero Cahuantzi en el patio de la casa de los señores Pedro Aguilar y Vela y de su hermano Juan Vela, que se ubicaba en la manzana circundada por las calles Independencia (hoy Emilio Sánchez Piedras) y 5 de Mayo, así como por las avenidas Xicohténcatl y Moctezuma.

Al devolverles a los señores Vela su terreno, entonces los placeros tuvieron que instalar sus barracas en la calle 5 de Mayo, en el tramo comprendido entre la avenida Cuauhtémoc y Xicohténcatl, lo que provocaba un aspecto deprimente.

Para el año 1916, en terrenos que cedió el señor Ángel Solana, se estableció el mercado precisamente en el lugar donde actualmente existe.

En 1949, dicho mercado, construido con barracas de pésima estructura, se incendió la noche del 26 de julio, por lo que el presidente municipal, Manuel García Méndez lo reconstruyó.

Sin embargo, como este mercado no satisfacía las necesidades de la población de Apizaco, se proyectó un nuevo espacio con un presupuesto de 400 mil pesos de aquel entonces.

Con base en el convenio número 1736, celebrado entre el Sindicato Ferrocarrilero con la empresa del Ferrocarril Mexicano, fechado el 28 de enero de 1956, se estableció que el citado ferrocarril construiría un campo deportivo con valor de 300 mil pesos.

Comenzaron las obras, pero como hubiera inconformidad por parte de los trabajadores, ya que se estaban construyendo galerías para sólo 300 espectadores y se estimó que por lo menos deberían construirse para unos 5 mil, en sesión celebrada por la Sección número 3 del mencionado Sindicato, se resolvió que los 300 mil pesos que adeudaba el ferrocarril por virtud del convenio ya citado, se invirtieran en la construcción del ala oriente del mercado.

A petición del Ejecutivo Local de la Sección número 3 del Sindicato, encabezado por los señores Federico Camarillo y Ricardo Cortés, se consiguió con la intervención del señor Samuel Ortega Hernández, que el Ferrocarril absorbiera la cantidad de 75 mil pesos que se habían invertido en las obras del campo deportivo, quedando por consiguiente los 300 mil pesos a que antes se hace mención, libres para construir la parte del mercado que se había proyectado.

Rosa María Hernández vendedora de legumbres desde 1948

La demolición de lo construido con anterioridad en el mercado fue por cuenta del ayuntamiento.

Las estimaciones (inversiones) hechas en la construcción del mercado, fueron pagadas directamente por la pagaduría del Ferrocarril Mexicano, sin intervención del ayuntamiento ni de ninguna otra persona.

La terminación de la obra, es decir, de dicha ala, quedó a cargo del ayuntamiento encabezado por Baltasar Maldonado. Los locatarios, a cuenta de renta, han construido los locales anexos a dicha ala.

Las mejoras que se han hecho a este mercado, estuvieron a cargo de los ayuntamientos presididos por Luis Granillo y Alfonso C. Martínez.

Mientras que el libro Historia de Apizaco (Nava Rodríguez, Luis, pp. 249–250) relata que en el mercado hay una placa en la calle Francisco I. Madero que dice: “Mercado de Apizaco, primera piedra puesta por el C. Gobernador, H. Ayuntamiento 7–II–1939–1940”. Según versiones, este terreno fue donado por el señor Ángel Solana, en cuyo honor se nombró así a la privada que está entre las avenidas Hidalgo y Cuauhtémoc.

El mercado se encuentra ubicado en el centro de mayor densidad de la población y tiene como límites la avenida Francisco I. Madero, la calle Aquiles Serdán, la privada Manuel García Méndez y la privada Ángel Solana. Además, lo atraviesa la avenida Cuauhtémoc, que lo divide en dos partes.

La nave principal tiene una superficie de 275.24 metros cuadrados, su estructura es a base de muros de tabique, columnas de concreto y armaduras de acero con techo de lámina de asbesto, pisos de cemento y muros aplanados de mezcla, considerándose su estado de conservación regular.

La nave está comprendida por accesorias comerciales que dan servicio hacia la calle en las que encontramos: abarrotes, mercancías, zapaterías, fondas, fruterías y, en la parte interior, legumbres, carnicerías, jarcierías, florerías.

La otra parte del mercado consta de accesorias que dan servicio hacia la calle y en su parte interior se encuentran fondas.

El mercado Guadalupe tenía en 1938 una entrada principal y arriba un reloj público, en ese tiempo la avenida Cuauhtémoc no dividía el mercado, el cual tenía jacalones.

Otro dato es que de la partida de 350 mil pesos destinados a la construcción de un campo de béisbol, por acuerdo del Ejecutivo Nacional Ferrocarrilero se transfieren para las instalaciones del mercado municipal Cuauhtémoc, invirtiendo la cantidad global de 450 mil pesos, incluyendo la cantidad de 150 mil pesos que proporcionó el ferrocarrilero don Samuel Ortega como senador de la República y secretario general del Sindicato de Trabajadores de Ferrocarriles de México (STFRM).

Ninguno de los dos libros informa porque se le dio a este mercado el nombre de Guadalupe.

La tercera generación de locatarios

Actualmente, este espacio público se encuentra en un proceso de intervención integral para mejorar su imagen y sus instalaciones, por lo cual los locatarios trabajan de manera provisional en la avenida Cuauhtémoc, entre las calles Francisco I. Madero y Aquiles Serdán.

Entre los comerciantes que más tiempo tienen trabajando en el mercado Guadalupe están el señor Sergio Guevara y la señora Rosa María Hernández, quienes coinciden que en la mayoría de los casos las personas que están a cargo de los locales ya pertenecen a la tercera generación.

Sergio Guevara llega al mercado Guadalupe en el año 1952 como trabajador de Elpidio Barceinas y se casó con la hermana de su patrón. Refiere que trabajó como empleado 17 años y “después me cedió los derechos” y por eso trabaja el local que está en la esquina que conforman la calle Francisco I. Madero y la privada Ángel Solana, precisamente donde se encuentra la placa alusiva a la construcción de este mercado.

Recuerda que el mercado tenía su fachada en la avenida Cuauhtémoc y en la parte superior había un reloj, pero por peticiones de la ciudadanía se abrió esa calle y desapareció la fachada.

“Cuando estuvo el ferrocarril era una buena época para el comercio en Apizaco, pero cuando hubo un ajuste del ferrocarril como que se sentía que Apizaco se estancaba, ya no crecía bonito. Apenas hace siete u ocho años empezó a agarrar su paso el comercio”, apunta.

Guevara menciona que los señores Silvestre y Feliciano Corona, y Julián Díaz fueron los comerciantes más “fuertes” de las legumbres de la época, mientras que don Luis Carrasco en la venta de productos cárnicos. De las pescaderías, recuerda que este giro empezó a tener auge en la década de los cincuenta y su precursor en este mercado fue Ranulfo Camacho.

“Se puede decir que los locatarios actuales representan la tercera generación en este mercado, ya que son descendientes de las familias que empezaron a trabajar en este espacio y ahora que se realiza la remodelación integral del inmueble esperamos que sea para bien de todos, la techumbre se va a cambiar totalmente y creo que va a quedar mejor y más segura”, puntualiza.

Esta misma apreciación tiene doña Rosa María Hernández, quien desde 1948 vende legumbres en este mercado y los locatarios aledaños a su puesto ya representan la tercera generación de comerciantes.

Doña Rosita –como la llaman sus colegas– rememora que su primer local lo techó con un manteado porque en 1948 el mercado no tenía techumbre, además el piso era de tierra y los locatarios debían poner ladrillos para caminar sin mojarse los pies en temporada de lluvias.

“Todos vendíamos en el suelo, unos cuantos empezaban a utilizar tablas para hacer montoncitos con su mercancía, así que cuando nos dijeron las autoridades que se iban a construir las mesetas, pues le entramos a las mesetas”, expresa Rosita con un gesto de añoranza al recordar esa época.

Asimismo, dice que por su limitación económica no podía trabajar con mucha mercancía y “lo que iban pidiendo los clientes, eso íbamos comprando. Los clientes son los que te llevan, te van enseñando a vender”.

En aquel tiempo, Rosita se trasladaba caminando desde Santa Anita Huiloac hasta el mercado, “no había coches” de transporte público de pasajeros en este municipio.

La mujer que incursionó como comerante por necesidad, ya que su marido tuvo un accidente laboral en una fábrica, concluye que ella aceptó con mucho agrado realizar la aportación económica que le corresponde para los trabajos de remodelación del mercado Guadalupe y además asistió a los cursos de capacitación que las autoridades estatales impartieron a los locatarios para mejorar los servicios que ofrecen a sus clientes.

“Tontos seríamos si no le entramos a mejorar nuestros espacios en el mercado”, puntualiza.

Los trabajos de remodelación

Los trabajos de remodelación en este mercado iniciaron el 10 de julio de 2012, con una inversión superior a los 4.5 millones de pesos.

  Este inmueble es remodelado de manera integral a 72 años de su inauguración

Este inmueble, construido hace 72 años, alberga a 145 locatarios y atiende las necesidades de abasto de familias de 20 municipios.

Para la rehabilitación del mercado Guadalupe se invierten 4 millones 200 mil pesos, de los cuales el gobierno federal aporta 2.1 millones de pesos a través del Prologyca, la administración municipal de Apizaco contribuye con un millón 50 mil pesos, el gobierno estatal con 630 mil pesos y los locatarios con 420 mil pesos. Además, se destinaron 200 mil pesos para impartir cursos de capacitación a los comerciantes.

Los recursos del gobierno federal se aportan a través del Programa de Competitividad en Logística y Centrales de Abasto (Prologyca).

A 72 años de su construcción, el mercado Guadalupe recibirá una rehabilitación integral que consiste en reforzar cimentaciones, colocar nueva techumbre, reparar las redes de electrificación, agua potable y drenaje, y remozar en general todo el lugar.

El programa Prologyca está diseñado con un esquema de aportación económica del 50 por ciento por parte del gobierno federal, el 15 por ciento del gobierno estatal, el 25 por ciento del municipio y el 10 por ciento de los locatarios.

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