El Museo Miguel N. Lira: rescate de la memoria.

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Publicada Diciembre 2009 Edición 25

Miguel N. Lira fue el escritor tlaxcalteca más importante del siglo XX. Su prolífica obra se desgranó entre la novela, la poesía y el teatro, alimentándose de las tradiciones y de los paisajes locales. Un museo en la ciudad de Tlaxcala se encuentra consagrado a preservar el recuerdo de este autor.

UN ESCRITOR SINGULAR

Emigrado a la ciudad de México, durante su paso por la Escuela Nacional Preparatoria Miguel N. Lira trabó amistad con personajes de la talla de Frida Kahlo y Alejandro Gómez Arias.

Amigo de actores y escritores, Lira tuvo la oportunidad de participar en algunas películas haciéndose cargo de la escritura de los diálogos. Su paso por el cine se reflejó en la adaptación de su novela La Escondida, protagonizada por María Félix y Pedro Armendáriz.

Su relación con el teatro también le dejó un sinfín de satisfacciones, que incluyó la puesta en escena de obras como Carlota de México y Vuelta a la tierra, cuyo arco temático abarcaba del fallido Segundo Imperio Mexicano a las costumbres de la gente de Tlaxcala.

Por otra parte, Lira fue un afortunado editor, a quien se le reconoce haber publicado libros de autores de la talla de Octavio Paz y Nicolás Guillén.

Todas estas facetas se pueden apreciar en el recinto que se ha consagrado a resguardar la memoria de este escritor: el Museo Miguel N. Lira.

EN EL CORAZÓN DE TLAXCALA

El Centro Histórico de Tlaxcala quizás sea uno de los más reducidos, en el conjunto de las llamadas ciudades coloniales.

A lo largo de los siglos, el núcleo de la capital tlaxcalteca ha sufrido una paulatina transformación. Del trazado original del siglo XVI queda apenas nada.

La Plaza de Armas, convertida en los tiempos republicanos en Plaza de la Constitución, es la piedra angular en torno a la cual se levantaron los principales edificios de la ciudad.

Apretujadas, diversas construcciones se alzaron para cumplir con las más diversas tareas. En apenas un radio de cuatro cuadras late este corazón arquitectónico.

El centro urbano se enlaza con el resto de la ciudad a través de sus estrechas arterias viales, cada vez más esclerotizadas por el incesante aumento de vehículos automotores, una auténtica paradoja en una ciudad tan pequeña, que se puede atravesar a pie de punta a punta en no más de treinta minutos.

Una de esas venas es la avenida Independencia, en cuyo número 6 se encuentra el Museo Miguel N. Lira.

LA CONSAGRACIÓN DE LA MEMORIA

El recinto ha sido remodelado para cumplir con su misión: recuperar, preservar y difundir la obra de este escritor, afirma la directora de la institución, Rocío Velázquez Llorente.

Para cumplir este propósito, se ha acondicionado un espacio austero, pero efectivo y práctico. En este lugar, los visitantes acceden a una visión panorámica de la vida y de la obra de Lira.

En una singular combinación de calidez y cotidianidad, las salas del museo dan cuenta de una trayectoria, pero también de una historia personal.

Quien se acerque a este espacio, se asomará desde una ventana al pasado del autor más reconocido de la literatura local. “Tratamos de dar un ejemplo del acervo con que cuenta el gobierno del estado sobre Lira”, sostiene Rocío Velázquez Llorente.

El recorrido se apoya en material visual, principalmente fotografías, que no sólo dan cuenta de esta historia singular, sino que también se convierten en una sinfonía coral de toda una época.

Asimismo, hay un importante número de pinturas, entre las que destaca una pieza que retrata la finca denominada Huytlale, ubicada en San Buenaventura Atempan, en el extrarradio de la capital tlaxcalteca, y que era la residencia de Lira y de su esposa, Rebeca Torres.

Dicha estancia era el punto donde el matrimonio Lira Torres recibía a figuras de la talla de los hermanos Soler y de Carlos López Moctezuma, subraya Rocío Velázquez.

En las salas se puede apreciar un escritorio y una máquina de escribir, una vetusta Remington que ahora guarda silencio.

También se encuentran 23 acuarelas de Julio Prieto, así como algunas piezas de Chávez Morado, dos de los más importantes pintores mexicanos de la primera mitad del siglo XX, y quienes le brindaron su amistad a Lira.

Y es que como se había adelantado, el escritor tuvo amistad con los artistas e intelectuales más destacados de su tiempo.

Buena parte de esas relaciones las fincó con colegas, siendo aquí importante su labor como editor.

Durante años, Lira publicó libros y revistas, que incansablemente salían de la imprenta denominada La Caprichosa, con lo que “se pueden dar cuenta del trabajo editorial de Lira”, destaca la directora del museo, donde se resguardan tipos y clichés empleados por el autor de Donde crecen los tepozanes.

LO QUE HAY AHORA

Con este importante acervo, argumenta la directora del recinto, es posible ahondar en la vida de Lira. Así, instó a que los investigadores se acerquen a este autor, muestra cabal del “ejemplo de ser tlaxcalteca en todos lados. En todo momento buscó reforzar nuestra identidad como tlaxcaltecas”, concluye Velázquez Llorente.

En esta línea, la directiva se pronunció por “desechar los mitos” que implican minusvalorar la cultura local. Y para ello pone de ejemplo la actitud de Lira, que consiguió triunfar en la capital del país, como consignan los numerosos diplomas y reconocimientos que florecen en las paredes del museo dedicado a su memoria.

La más reciente sala, denominada “Desde la intimidad”, da cuenta de otro ángulo de este autor. Se trata de una reproducción de la recámara del matrimonio Lira Torres.

“Con este nuevo espacio buscamos darle el toque de la casa de Lira, que era muy acogedora”. Para lograr este efecto, se han incluido adminículos como cepillos, espejos y hasta un peine, amén de la cama y ropa empleada por el escritor.

De esta manera, se busca ofrecer al público una amplia panorámica de la vida y la obra de un autor indispensable en el horizonte cultural de la entidad, quien se nutrió continuamente del espíritu de Tlaxcala.

Yassir Zárate Méndez
Fotografía: Narciso Palma

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