Ana Isabel Barrera L. – Presidenta del Comisariado Ejidal de Ignacio Zaragoza, Huamantla

12° Edición Especial Mujeres -Conoce a Ana Isabel B. Presidenta del Comisariado Ejidal de Huamantla

¿Cómo se siente en esta etapa de su vida?

–Realizada, aunque siento que tengo muchas cosas por hacer, pero hasta el momento estoy muy satisfecha.

¿La niña que fue se imaginó ver a la mujer que es ahora?

–No. Lamentablemente a veces como niños nos marginan demasiado y, sobre todo, como mujeres. Como niña una no se imagina más allá de repetir la historia de mamá, de la abuela o de la bisabuela, en la casa, haciendo labores del hogar, muy dignas, pero diferentes a tener un cargo siendo mujer.

¿Ha sido difícil ser mujer?

–Sí, demasiado. Es un reto muy difícil, porque he tenido que vencer muchos inconvenientes, sobre todo en el entorno social.

Uno de los retos más fuertes fue vencer la ideología de los hombres bragados de campo, que no aceptan tener a mu­jeres en cargos representativos, porque persiste la pregunta de “¿Cómo nos va a manejar una mujer?”. Demostrar que como mujer puedo hacer muchas cosas, ha sido un reto.

¿La violencia se ha presentado en su vida?

–Desde niña las agresiones fueron constantes. En la escuela, por ejemplo, las niñas siempre estábamos margina­das, porque estudiar no corresponde a las labores cotidianas de limpieza, que comúnmente son asociadas a las mujeres. En mi etapa adulta quise participar en cuestiones políticas y por ser mujer no se pudo. El hecho de tener este género es muy difícil.

¿Cuál ha sido el principal reto en su vida?

–Salir adelante en todos los aspectos. En lo laboral, demostrar que uno como mujer puede aportar ideas. De igual forma, apoyar a otras mujeres y romper las barreras para decir: “Sí puedo”, y seguir adelante.

¿Qué la sostiene en los días tur­bulentos?

–El orgullo, pues en ciertas circuns­tancias difíciles, me repito: “Isabel, tú puedes y lo vas a demostrar”, sobre todo porque quiero dejar un legado hacia las mujeres de mi familia, prin­cipalmente a mi hija. También quiero ser un referente para las mujeres del ejido, para que se atrevan a tener sueños y aspiraciones.

¿Cree usted que las cosas han cambiado para las mujeres?

–Un poco, todavía nos falta un gran trayecto, pero sí han cambiado algunas cosas. Hoy ya podemos ver a una mujer comisariada, otras que salen a trabajar a empresas o como obreras. Sí han cambiado cosas, ya no estamos ante el mismo prototipo de una mujer en casa.

Desde el puesto que usted ocupa, ¿Qué ha hecho para que las mujeres puedan tener mayor igualdad?

–Me he ocupado de traer algunas pláticas, sobre todo de superación y amor propio, como parte fundamental para las capacitaciones que ofrecemos. En este caso, hemos tenido algunos talleres y asesorías jurídicas, que aportan al crecimiento de las mujeres.

¿Se arrepiente usted de alguna decisión?

–Sí, de no haber buscado antes el cargo que hoy represento. Me hubiera gustado tomar esta decisión tiempo atrás. Esto lo pienso por una experiencia que viví hace dos meses, que me dejó con más fortaleza para decir: “Pues ahora voy con más ganas de vivir, con más ganas de enfrentar los retos que se presenten”, sobre todo con deseos de compartir con las mujeres.

¿Cuál considera que es la mayor virtud de nosotras las mujeres?

–Dar vida es la mayor virtud que tenemos. Yo creo que es lo más maravilloso que podemos hacer. En nuestras manos está la vida del futuro.

¿Y algún defecto?

–La necedad.

¿Cuál es su próxima meta?

–Concluir de la mejor manera este período de comisariada y dejar huella e inspiración para las mujeres que vengan; en septiembre estamos concluyendo. Mi siguiente reto va a ser el de seguir incursionando en el campo, porque me enamoré de él. Ahorita estamos incursionando en el maíz, pero ya tenemos un poco de nopal. Tengo ganas de poner huertos diferentes.

Comparte este artículo