Betito Becerra en el Mundo de la Belleza

Humberto Becerra Domínguez es conocido como Betito Becerra en el mundo de la belleza. Tiene 42 años y es originario de Huamantla. Su empresa es Velvet, formada en 2009. Fue el encargado del make-up del Festival Tlaxqui de Arte, Moda y Música 2023.

—¿Cuál es la carrera que eliges estudiar?

—Soy licenciado en Negocios internacio­nales, con una especialidad en Operaciones comerciales internacionales, propiamente en clasificación arancelaria y despacho aduanero; estudié contaduría. Me centré en estudiar estilismo, que fue mi primera carrera, pero no era mi meta final. Actualmente me dedico al área docente; trabajo para el gobierno del estado de Puebla en el área de capacitación. Me mandan a distintos municipios a trabajar en estilismo y diseño de imagen. Soy propie­tario del Instituto Velvet, que cuenta con dos sucursales: una en Huamantla y otra en Tequexquitla.

—¿Qué te inspiró para decantarte hacia el estilismo, tu primera carrera?

—Mi abuela es María Félix Grande Sánchez, pionera en el área del estilismo y la moda en nuestro estado. Fundó una de las primeras escuelas a nivel estatal incorporadas a la SEP en el área de diseño, propiamente en estilismo, que en ese entonces era corte y confección, y que finalmente era moda. Fue científica al patentar su invento de un sistema de corte y confección para personas analfabetas, único en su tipo. Su trabajo, durante toda su vida, fue enseñar y compartir con personas que no tenían las mismas oportunidades en la vida; su legado lo traigo muy marcado por ser su primer nieto.

Mi mamá estudió en la escuela de mi abuela y ahí conoció a mi papá. Mis papás son totalmente artistas. Mi papá ya no vive. Era pintor al óleo.

Cuando inicio mi toma de decisiones y trascender a otra etapa, decidí no dedicarme al estilismo ni a la moda; quise hacer algo di­ferente a lo que hacía mi familia y me interesé por la carrera en Relaciones internacionales. Trabajé en una aduana y advertí que no era lo mío, aunque era muy bueno en mi trabajo.

En mis ratos libres estaba ilustrando moda e imaginándome cómo iba a maquillar. Mi mamá es mi gran socia, amiga y confidente; ella fue mi mayor impulso. En su momento me dijo: “Si no te hace feliz, qué haces ahí. Tú ya tienes tu escuela”.

Fundé una escuela propia incorporada a la SEP; a los 18 años me convertí en el director de una escuela de nivel medio superior y eso me reforzó lo que desde niño me enseñaron, que sí era posible y que sí lo podía lograr. Me dije: “Es cierto, qué hago formando generaciones de estilistas cuando yo mismo reniego de mi carrera”. Fue una confrontación muy difícil.

Estas dudas que tuve en esa transición de mi adolescencia a la adultez me dieron la gran oportunidad de replantearme. No fue fácil, porque pasé por lapsos depresivos al saber que podía hacer algo en que era muy bueno, pero yo era mi limitante más grande. Cuando me libero de esas ideas y tengo la for­taleza de decir: “Basta, a qué estoy jugando, esto no es para mí”, regreso empoderado y retomo mis inicios.

—Platícanos cómo ha sido tu tra­yecto en el mundo del estilismo y la moda.

—Actualmente tengo la gran fortuna de pertenecer a la familia de Miss México, Miss México Organization.

Empecé con certámenes chiqui­tos y escalé hasta llegar a lo que fue Señorita Tlaxcala. En Colegio de Bachilleres varios años estuve a cargo de la imagen de los 21 planteles del estado. Así empieza mi carrera dividi­da entre la docencia y la producción, hasta llegar a Señorita Tlaxcala; ahí tuve contacto con los directores de Nuestra Belleza México, que en ese momento representaban al estado de Tlaxcala. Empiezo a trabajar con ellos y es cuando inicia mi despegue a nivel nacional representando a todo un estado. Estoy en una de las marcas más importantes del país y del mundo, porque Miss Mundo es el concurso más grande y antiguo del mundo.

Estoy orgulloso de ser el primer tlaxcalteca que tiene la gran fortuna de pertenecer a una marca como director estatal en Tlaxcala, o sea, en Miss México. Como director estuve desde su fundación hasta hoy.

En el caso de Miss Universo no ha habido un director estatal que sea originario de Tlaxcala y en Mexicana Universal tampoco; hasta ahorita he sido el único y espero no ser el único.

También soy director desde el año 2015 de la marca H2O Miss Teen Ambassadors México, que es un certamen que surge en Curazao. Fui invitado a la primera edición como director de México; en ese entonces llevé a una representante del estado de Tlaxcala. Nos fue muy bien en el Internacional y me ofrecieron quedarme con la licencia permanentemente. A partir de ahí inició mi travesía como director nacional de un certamen.

—En toda esta diversificación qué has encontrado en el tema de la belleza y de la moda. Qué es lo que más te apasiona.

—Lo que más disfruto son dos as­pectos. El primero y más importante es mi amor especial al maquillaje, porque me dio la oportunidad de ir al extranjero y visibilizar que también en Tlaxcala se puede, pues el talento está en todos lados y se puede cultivar.

También me gusta mucho el diseño de modas, que llegó a mí de manera muy inesperada, pero no tanto si pienso que nací rodeado de telas, máquinas de coser, bordados y todo lo que se refiere al diseño de modas.

De niño recuerdo con mucho cariño que mi abuela y mi mamá se pasaban todo el tiempo haciéndome disfraces. De repente mis amigos me decían: “Eres muy dramático, eres muy histriónico”. ¡Pues cómo no! Un día era un pollo, al otro día era otro personaje y creo que eso me dio también el poder de creer que podía ser quien yo quisiera.

—¿En tu actuar como profesional en el mundo de la belleza, ¿Qué es lo que se transmite de Betito Becerra?

—La frase que ocupo mucho y me representa muy bien es: “Me gusta embellecer vidas”. Con ella me re­fiero a la gran posibilidad que tengo de poder ayudar a las personas a reencontrarse con su belleza. Las personas que me conocen y mis clientes saben que soy muy emocional.

Cuando maquillo o visto a alguien, siempre quiero mostrarle o ayudarle a entender cuán bello o cuán bella puede ser. A las reinas de belleza y a mis clientes siempre les comento que la belleza más fácil de lograr es la externa. Siento que lo más difícil que existe en este mundo de la belleza, es la belleza interna. Les digo: “No se estresen, la parte más fácil es hacer la belleza física, me la dejaron a mí”. La belleza interna es algo con lo que se nace.

—Para ti qué es la belleza.

—Para mí es algo demasiado abstrac­to. No creo que haya una definición exacta de la belleza, porque lo que a mí me parece bello probablemente a otra persona no. Pasa mucho en los certámenes. Si lo hablamos téc­nicamente, creo que la belleza tiene que ver mucho con la armonía, con la simetría.

Creo que la belleza está presente en todos los tamaños, colores, formas. Hay belleza en todos lados, nada más es que la aprendas a apreciar.

—¿Cuál sería el legado que te gus­taría dejar con esta trayectoria que tienes heredada por tu abuela, tu mamá y tu papá?

—He pensado trascender a través de la docencia. Quisiera que a tra­vés del trabajo que hago en algún momento alguien recuerde y diga: “Él fue mi maestro”.

Por otro lado, creo que una manera bonita de trascender sería compartir. Me gustaría mucho apoyar a nuevas generaciones en la medida de mis posibilidades

Ojalá yo pudiera ser una he­rramienta de ayuda para que mis paisanos tlaxcaltecas puedan llegar a otras plataformas.

Conozco diseñadores, modelos, productores, maquillistas, auto­ridades, todos los que tienen que ver con este rubro. A mí me gusta mucho presentar a las personas y que puedan hacer proyectos juntos. Creo que esto es una cadena de favores y me gustaría mucho trascender a través de esta forma.

—Aparte del mundo de la belleza y la imagen, qué más te apasiona.

—Me gusta mucho el diseño. En 2014 tomo la decisión de trasladar las ideas que venían a mi mente y plasmarlas en algo más tangible y empiezo como autodidacta a hacer mis pininos en el área del diseño de modas.

Era un poco también como honrar la memoria de mi abuela y empieza a tomar mucho sentido. Me empiezo a dar cuenta que a la gente sí le gustaba lo que hacía y gracias a mis directores nacionales, y mis amigos Adán Castro y Víctor Macías, quien falleció hace poco, empecé a trascender y salir de mi zona de confort, donde estaba muy arropado aquí en mi tierra que tanto amo. Este acompañamiento me permitió darme la oportunidad de empezar a diseñar.

Empiezo a diseñar de la mano de un amigo muy querido y al cual muy pocas veces se le ha reconocido su trabajo, Esaú Luna González. Empezamos a experimentar, a hacer nuestros primeros bocetos y nuestras primeras prendas; gustaron mucho los primeros vestidos que hicimos. Ahí empiezo a creer que sí era posible y a entender que era algo que había estado en mí, pero que no había tenido la oportunidad de explorar. 2015 para mí fue mágico, porque un año antes ni siquiera tenía idea que me iba a dedicar a la moda y al año siguiente ya había mandado vestidos a nueve países. Fue para mí sobre todo entender que fui programado desde niño y entender que todo en la vida es posible, siempre que tú quieras, estés dispuesto y que encuentres a las personas adecuadas.

—La tienes muy presente, pero, si tuvieras aquí a tu abuela qué le dirías.

—En primer lugar, le diría que la amo profundamente, que está en mi corazón siempre y que debe estar muy orgullosa del legado que nos heredó y estar muy tranquila de saber que soy muy feliz haciendo lo que me toca y que me siento muy orgulloso también de ella. Quisiera que ella supiera que toda su rebeldía sigue haciendo eco hasta ahora, que ese trabajo que ella comenzó hace 70 años sigue teniendo relevancia.

—¿Algún hobby que tengas, Betito?

—Creo que mi hobby más importante es el diseño, aunque también pudiera ser el bordado. Me gusta mucho bordar, porque siento que aparte de ser muy relajante, es un momento de estar contigo mismo, te permite crear algo bello, pero también te permite hacer una introspectiva. También me gusta mucho cocinar, sobre todo gastronomía tlaxcalteca. Soy fan de la comida tlaxcalteca.

—¿Algo que quieras agregar?

—En primer lugar, agradecerte, agra­decer a tu medio de comunicación y a tu equipo de trabajo por tener la gran fortuna de estar.

Tuve la oportunidad de ver publicaciones, todos los trabajos del primer Festival Tlaxqui. Soy un gran admirador de los diseñadores tlaxcaltecas y me impresionó mu­cho que estuviera presente Andrés Caballero. Además, el trabajo que vi fue maravilloso, me encantó. Me dije: “¡Wow, qué padre que ya se esté haciendo este tipo de festival!”. Creo que ya nos correspondía, pues nos tardamos, siendo un estado productor de textiles y aparte de tener maravillosos artistas.

No pude asistir al primer Festival Tlaxqui, pero fue maravi­lloso ver tanto talento reunido y siempre dije: “Ojalá algún día sea invitado a estar”. En la segunda edición tuve la oportunidad de ser invitado y te agradezco mucho, porque para mí es una meta más cumplida y que además me dio la gran oportunidad de conocer a personas maravillosas, como Judith Vázquez Huerta, de Yu­delka Huerta, marca de la que ya era fan; y Cristina Jerónimo, además de ver el gran talento de los diseñadores emergentes que se están formando en escuelas como la UTT.

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