Carlos German Ortega – Docencia y cambios de Paradigmas

Docencia y cambios de Paradigmas- Carlos German Ortega

Carlos Germán Ortega Ortega tiene 32 años y es docente, conferencista y tallerista. Licenciado en Comu­nicación e Innovación Educativa y Maestro en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, ha realizado estancias de enseñanza en Estados Unidos, lo que le ha permitido ampliar sus horizontes.

A siete años y medio de haber realizado su examen para impartir clases en educación básica, nos comparte la gran pasión que siente por la docencia, que lo ha llevado a generar estrategias de enseñanza y aprendizaje en un medio en constante transformación.

—¿Cuál ha sido tu experiencia como docente y qué retos consideras que has vivido en esta evolución educativa?

—Definitivamente ha sido una experiencia muy bonita, la cual ha permitido mi capacitación y eso es algo que me encanta. Por ejemplo, yo comienzo como docente con el Plan de Estudios 2011, des­pués viene el Plan de Estudios de Aprendizajes Clave y ahora nos encontramos trabajando con el proyecto de la Nueva Escuela Mexicana, la cual me parece excelente, pues es un plan de estudios creado por maestros mexicanos. Generalmente otros planes y programas de estudio han sido basados en modelos extranjeros, mismos que dentro de la prueba PISA se encuentran en los primeros lugares en países como Finlandia; sin embargo, eso requería adaptaciones para nuestro contexto mexicano.

Actualmente, en la Nueva Escuela Mexicana se involucran maestros de nuestro país y, por supuesto, muchos tlaxcaltecas, mismos que realizan aportaciones para los nuevos libros de texto gratuitos. Con estos libros surge un gran reto, romper con la idea de que desaparecerían matemáticas, español y otras áreas de aprendizaje.

Desde mi perspectiva, los tres principales retos que se enfrentan en la educación en México son los libros de texto gratuito, sensibilizar a padres de familia a este nuevo modelo educativo y, el último, tratar de innovar con estas herramientas, así como adaptarlas a nuestro contexto local.

—¿Qué es lo que más te gusta del proyecto de la Nueva Escuela Mexicana?

—La flexibilidad que nos da a los docentes. Antes realizábamos planeaciones semanales que entregábamos a los directores o directoras de las escuelas. Ahora son planos didácticos que nos permiten reconocer el avance de los alumnos y decidir si la duración de mi plano será de once o quince días.

Asimismo, hay proyectos sugeridos sobre los cuales puedes decidir si son pertinentes dentro del contexto local o no. También tenemos procesos de desarrollo; esto se refiere a lo que debemos generar en los alumnos como valores, además que se encuentra enfocado en las necesidades que hay realmente en la escuela. Por ejemplo, en la igualdad de género, valores en educación socioemocional, neurolingüística y, sobre todo, en algo que me apasiona, el sentido de pertenencia.

Recordemos que el sentido de pertenencia regularmente se encuentra perdido, pues los mexicanos estamos acostumbrados a ver lo extranjero como algo mejor. Encontramos anhelos como: “Yo quiero ser alto”, “Quiero ser güero”, “Quiero vestir ciertas marcas”, entre otras cosas. Por lo mismo, la Nueva Escuela Mexicana incentiva a sentirte orgulloso de tus raíces, por medio de vincular de manera positiva a los alumnos con la comunidad.

Hay un proyecto sugerido que me parece muy interesante, que es sobre las personas importantes de mi comunidad. Decía que los adultos mayores de sesenta años eran quienes manejaban a la comunidad, entonces los niños analizaban:” Mi abuelito es albañil, él es importante”. Esto genera emociones de orgullo, reconocimiento y pertenencia.

—Como docente apasionado y dedicado que eres, ¿Cuál consideras que es la principal problemática de la educación en México?

—Hace veinte días di una conferencia en la Universidad Autónoma de Tlaxcala a los estudiantes de Comunicación e Innovación Educativa, justo donde yo estudié. Esto representó para mí una retrospección, pues comencé por problematizar por qué no avanza la educación en México; la respuesta del ochenta por ciento de los alumnos apuntaba a señalar al docente como el principal responsable de la situación planteada. Eso me recordó demasiado al joven universitario que fui, queriendo comerme al mundo y afirmando que los maestros son los malos.

Actualmente, y después de estar dentro del sistema, comienzo a identificar ciertas problemáticas que realmente no radican en los docentes. No voy a decir que los más de 22 mil maestros son apasionados y comprometidos con su labor, sin embargo, existen decadencias en el sistema educativo que nos superan.

Por otra parte, la identidad docente se encuentra un poco coartada ante los padres de familia, que muchas veces no permiten observaciones de higiene personal, pues se llega a malinterpretar la intención y entran cuestiones de derechos humanos, dejándonos más limitados en nuestra labor.

A todo esto, le podemos añadir los diagnósticos de diferentes es­cuelas de Calpulalpan, los cuales arrojan problemas de comprensión lectora, falta de valores y machismo. Estos diagnósticos los compartí en la conferencia que te comentaba, para preguntarles cómo abordarían estas situaciones de una manera diferente a las propuestas clásicas y, sobre todo, para que pudieran comprender que no es algo tan fácil de resolver.

De manera personal, defiendo mucho a los docentes, porque veo las necesidades que tienen. Últimamente también he capacitado a maestros de diferentes escuelas; les comparto estra­tegias y construimos nuevas, porque hay algo muy claro, los maestros ya no son como hace diez o quince años.

Algo que a mí me motiva es mejorar siempre las clases, y retomo de los maestros que han sido mi ins­piración, así como de la maestra de tercer grado de primaria que me hizo sentir no especial; ella me hace querer ser alguien mejor para no repetir eso con mis alumnos. Si está en mi poder, aportar y apoyar a algún maestro para que sea mejor siempre, lo voy a hacer.

—¿Consideras que el problema del sistema educativo en México es la falta de capacitación del maestro?

—No creo que sea un problema de capacitación, pues esa existe. Cuando iniciamos un ciclo escolar empieza en los consejos técnicos extraordinarios y ahí se tiene capacitación; luego, a nivel mensual (sic), tenemos consejos técnicos donde vemos diversos temas. Es una pregunta muy difícil, porque también nos lleva a la educación de los padres de familia y el compromiso que tienen, porque muchas veces nosotros no sabemos si los niños desayunaron o si llevan los materiales. Aunque, mira, nos llegan niños sin desayunar o sin material y nosotros vemos la forma de cómo poder apoyarlos. Aunque tal vez podría ser la falta de motivación del sistema educativo y de ciertos compromisos por parte de docentes.

—¿Crees que el sistema educativo pueda tener alguna mejoría con la Nueva Escuela Mexicana?

—Yo creo que sí. Observando amplia­mente este proceso, podemos darnos cuenta que hubo algunos errores, por ejemplo, en los libros de texto gratuito, por supuesto que esto ocurrió como en todo libro. Sabemos que hay una fe de erratas y no siempre existe la forma de identificar todos los errores. Ahora bien, considero que podría haber una mayor capacitación en supervisores, asistentes técnicos pedagógicos y directivos, porque muchas veces yo identificaba que no había una línea de congruencia en lo que decía la Secretaría [de Educación Pública del Estado] y lo que decía supervisión; esto generaba otro tipo de dudas respecto a cómo vamos a ver matemáticas. Yo, que doy clases a primer grado, cómo les voy a enseñar a leer. Definitivamente costó bastante, pues a esto le podemos sumar la campaña negra que hubo para la Nueva Escuela Mexicana, en donde se mezclaron aspectos políticos para desprestigiarla. Ahora nosotros somos los responsables de ser un poquito más autodidactas y ver cómo podemos llegar a implementar los cambios desde nuestras aulas.

—Si tú como maestro tuvieras que hacer un llamado para mejorar tu trabajo, a quién lo harías.

—Definitivamente a las autoridades educativas. Trataría de concientizarlas para que pudieran ser más empáticas con los maestros, porque vivimos muchísimas problemáticas y carencias. Por ejemplo, en el año 2022 tuve la oportunidad de asistir como maestro binacional en Oregón, Estados Unidos, y me pude percatar de las diferencias económicas que existen. Yo decía: “Si tuviera todo este material en mi salón y este apoyo económico que nos están dando, podría hacer oro”. En ese aspecto valoré a los maestros mexicanos, porque realmente hacemos muchísimo con poco. También haría un llamado a los padres de familia, pues finalmente para sacar adelante una buena educación requerimos de ellos, así como del sistema educativo, directores y docentes de manera equilibrada.

—¿Cómo comienzas a ser conferen­cista y tallerista?

—Yo empiezo a realizar ciertas acti­vidades que veía en congresos a los que he asistido. A partir de ahí me pregunto: “¿Cómo podría aplicarlos en el aula?”. Comienzo a diseñar estra­tegias para aplicarlas y me funcionan. Acto seguido, las empiezo a subir a mis estados de WhatsApp y algunos maestros me preguntan sobre estas actividades y yo les comparto mis diferentes experiencias. Posterior a esto, un maestro me pregunta si yo podría dar un taller en su escuela, situación a la que respondo que sí. A partir de ahí comencé. Después me fueron recomendando y así se comenzó a hacer más grande mi labor. Últimamente en las universidades me han invitado a dar conferencias a los estudiantes que están en pedagogía o ciencias de la educación; les com­parto la realidad que vivimos como docentes y como es que, en cinco días, durante cinco horas diarias podemos tener un mayor entendimiento de las verdaderas problemáticas educativas.

—¿Cuál es tu misión principal como maestro?

—Hacer niños felices. Para iniciar el día en el salón de clases aplico programación neurolingüística; co­menzamos con oraciones afirmativas: ¡Yo soy grande! ¡Yo soy fuerte! ¡Yo soy inteligente! ¡Yo soy buen alumno! ¡Yo soy extraordinario! ¡Yo sé leer!

Es un hecho que necesitamos enseñar las tablas de multiplicar, definitivamente van a aprender a leer, pero la forma en la cual ellos lo reciban o traten de sacar eso que ellos saben, es sumamente importante y de mis principales retos. Me pregunto: ¿Qué sería mejor, realizar una actividad ju­gando o a reglazos como se solía hacer antaño? Por lo mismo, sostengo que mi principal misión es que sean niños felices y vayan hacia una autorrealización con conocimiento de su comunidad, porque necesitamos a seres humanos con sentido de pertenencia.

En el caso específico de Calpu­lalpan, se dice que por su ubicación geográfica no tiene ni la cultura de Hidalgo ni del Estado de México ni de Tlaxcala. Nosotros, por ejemplo, la costumbre de hacer mole no la tenemos tan arraigada, pues muy pocas perso­nas lo realizan; el Carnaval sólo hay una camada, esto es porque estamos un poquito despegados de Tlaxcala. A nosotros como maestros nos toca ayudarles a construir su aprendizaje y sentido de pertenencia como alumnos conscientes, responsables, compro­metidos, autodidactas y empáticos.

—¿Qué te desmotiva como maestro?

—La falta de reconocimiento de la labor docente por parte de las auto­ridades. Me parece que esto se debe a que tenemos autoridades educativas que no estuvieron frente a grupo más de seis meses, sino que solo hicieron algunas investigaciones. A pesar de que eso no es algo malo, sí evidencia lo poco conocedores de las diferentes problemáticas por las que pasa un docente.

—¿Cuáles son las mayores satisfac­ciones que has tenido en tu labor docente?

—Entre las cosas más satisfactorias que me han ocurrido como docente se encuentra mi experiencia en nivel medio superior. Tuve alumnos que preparaba para ir a concursos nacionales de oratoria y declamación; segundos lugares estatales en redacción de cuento, además de que llevábamos tres años consecutivos ganando el primer lugar de teatro con una obra que yo escribí.

Yo creo que ha sido de lo más satisfactorio ver a alumnos que si­guieron más allá de la oratoria y de la universidad. En educación básica mi satisfacción personal fue ganar la convocatoria para poder ir a dar clases a Estados Unidos, conocer a muchísimas personas, así como sus principales problemáticas. El poder abrirme camino en otro idioma y mi crecimiento personal en esos espacios.

Otra satisfacción es cuando un alumno me dice que quiere ser maestro. Pienso que a lo mejor estoy haciendo algo bien.

Ser maestro me ha dado muchísimas cosas, entre ellas tener una mamá muy orgullosa de su hijo maestro.

—Algo que quieras agregar . . .

—Que necesitamos maestros apasio­nados, porque estamos ante diferentes retos y no creo que se vayan a acabar el día de hoy o en diez años, sino que siempre estaremos frente a cambios de paradigma. También decirle a toda a la comunidad educativa que estemos más pendientes de los alumnos, a las autoridades pedirles un poco más de apoyo para seguir apostando por la educación.

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