Christian Enríquez Ruiz Fundador y Director del Instituto Florecer

Para Christian Enríquez, director del Instituto Florecer, encontrar su misión de vida fue básicamente gracias a tocar fondo a los veintiocho años. La historia del Instituto Florecer trata sobre crecer como comunidad y generar nuevos patrones a nivel benéfico, de hábitos y consciencia.

–¿Cómo inicia su conocimiento sobre natu­ropatía y trofología?

–Atravesé una crisis emocional y física. Tenía veintiocho años, por lo tanto, estaba comple­tamente anormal. Esa sensación tan a corta edad de inflamación intestinal, problemas continuos de garganta, estaba pasando por una especie de depresión; En la investigación de buena literatura, a través del yoga, de aplicar depuración a través de lavativas y ayunos con fruta, no estar consumiendo fruta durante días, empecé a recobrar energía y eso representó una oportunidad de verificar la capacidad autocurativa y auto regenerativa que tiene el cuerpo y sí me movió a tal grado que empecé a profundizar en más literatura y en aplicar en mí. Posteriormente, fui encontrando lugares para formarme, me acerqué con profesionales. Todo es una búsqueda, lo que tenemos ahora es una síntesis de diez años.

–¿En qué momento surge el Instituto Florecer?

–Mi primera formación es de trofólogo; es­tudié en el Instituto Nacional de Trofología. Al graduarme, fundo con mi esposa Dana el Instituto Florecer, que al principio se llama “Centro Florecer”. Tengo mi consultorio y em­piezo a sugerir rutinas a través de jugoterapia, alimentos crudos; posteriormente, incorpora­mos más herramientas, pero inicia a través de una formación donde prácticamente cambio un estilo de vida sobre cómo alimentarme.

–¿Qué es la trofología?

–Trofología es una herramienta. Trofo en griego significa ‘alimento’; por lo tanto, se define como “la ciencia del bien comer”. Trata sobre combinar mejor los alimentos para evitar digestiones acidificantes y así el metabolismo nunca esté en un estrés metabólico, sino que absorba nutrientes de forma normal, relajada, sin desgaste. La trofología ayuda a elegir de mejor forma nuestros alimentos.

–¿Cuántos años de vida tiene su instituto?

–Diez años como instituto, porque ahora ya no estoy solito, ya somos un grupo de asesores y terapeutas que estamos brindando herra­mientas continuamente.

–En estos diez años que ha tenido esta expe­riencia y acercamiento con personas, ¿para quién es la trofología?

–La trofología está abier­ta a cualquier público interesado en encontrar un orden para combinar y elegir sus alimentos. Es para mejorar la calidad de vida, prevenir enfermeda­des y resolver problemas crónicos, no solo con la trofología, pues es una herramienta. El programa de R.C.O actualmente es un modelo que ayuda a las personas para manifestar la salud de su cuerpo físico, inclusive cuerpos emocionales, energéticos, mentales.

–¿Qué necesidad hay en las personas con estas herramientas que usted tiene?

–La necesidad hoy en día es urgente, esto ya no es un tema de new age, de veganismo, ni de crudiveganismo, ni ve­getarianismo. Empieza a haber un envejecimiento prematuro en la sociedad; más que nos preocupa, nos ocupa Esa es la finalidad de todo un equipo y de todo un instituto. Cuando una persona alza la mano y pregunta: ”¿Oye, me puedo apoyar en este programa que es el R.C.O aquí en Florecer?”, es don­de nosotros como equipo entramos de lleno ante esa necesidad. Esa necesidad de que a cortas edades empiezan a manifestarse problemas de salud agudos y crónicos, es lo que siento está necesitando hoy día el ser humano, ser consciente de tener un diseño corporal, una máquina sagrada que lo lleva a todos lados y ocupa al máximo. Hay necesidad de ser más consciente de cómo se va a fortalecer y apoyar al cuerpo con cada decisión tomada día con día.

–Puede ahondar en este programa que se llama R.C.O.

– R.C.O. significa “Regeneración celular del organismo”. El mayor número de personas lo buscan porque tienen un problema que ya les incomoda a tal grado que quieren resolverlo. Este programa es a base de cinco pilares, donde dos son esenciales y esto es ‘depuración corporal’ a través de técnica depu­rativa, es decir, empezar a eliminar toxemias intensas arraigadas en el cuerpo. Otro pilar esencial es el de “los alimentos regenerativos”, que son los alimentos fisiológicos.

La característica de los alimen­tos fisiológicos es que sostienen y garantizan la molécula oxigenante y sobre todo la enzima. El cuerpo sufre un desgaste y una deficiencia enzimática cuando hay una enfer­medad. A partir de los alimentos, de su constitución original, como son las frutas, las semillas, los vegetales crudos, se sostienen estas enzimas, que van incorporándose al cuerpo.

La persona, a través de cinco pilares, genera una estructura que son las condiciones para generar una célula útil, porque siempre están muriendo y naciendo células, pero si no cambiamos la informa­ción que estamos enviando hacia el organismo, no hay cambio o beneficio, y no hay regeneración. Si en días de generación de células nuevas se ocupa un programa donde están desparasitando, oxigenando, reconstituyendo el microbiota a través de alimentos fermentados, sí empieza a haber un escenario factible, una base, una estructura ideal para después simplemente ordenar los gustos, ordenar los ali­mentos fisiológicos, que son nuestra estructura principal.

El programa trata de que el usuario pueda aprender, porque el punto es la autogestión, el autocuidado. La persona juega un papel activo.

–¿Cuáles han sido los resultados que de manera personal le han sorprendido en algunos pacientes del programa R.C.O.?

–Este programa ha llegado a funcio­nar a un nivel de que una soriasis pueda eliminarse. Inclusive hemos comprobado cómo puede rehabilitarse un páncreas. En algún momento ya no es necesario que la persona tenga que seguir consumiendo otro tipo de tratamientos de por vida, sino que puede realmente superar eso, pero tiene que reorganizar su vida. Es un cambio estructural, un estilo de vida. Esto no es una varita mágica, el milagro es el mismo cuerpo. Sin embargo, se bloquea a través de toxemias, malos hábitos, desórdenes y eso genera un desorden interno, a tal grado que pierde capacidad el mismo organismo.

Realmente no hacemos aquí más que la persona pueda normalizarse y estar en un estado de eficiencia, porque esa es la normalidad y mu­chas veces estamos en estados de adaptabilidad, es decir, me adapto a alimentos que no tienen que ver con mi diseño, alimentos industria­lizados que no hacen ningún aporte, al contrario, deprimen las funciones claves del sistema metabólico y eso se va a representar en todo un desorden a nivel sistémico.

–Florecer ahora es un instituto por estar conformado por más personas, esto me lleva a preguntarle, ¿qué más puede hallarse en el Instituto?

–Se hace instituto porque se empieza a crear investigación, empiezan a desarrollarse procesos, metodologías. Los que ocupamos este Instituto como nuestra casa o nuestro lugar también tenemos hábitos, eso lo vuelve un Instituto. Ahora también se hace la enseñanza de las herra­mientas que brindamos, para que la gente pueda hacerlas en casa, pues la salud está en casa.

Damos talleres para aprender a hacer un pastel que sea fisiológico, que contenga molécula oxigenante y enzimas, cero cocción, cero aditivos, cero lácteos, cero harinas, cero gluten, ¡cero lo que no sirve! Hay un taller que se llama “Medicina fermentativa”, para tener probióticos en casa como el kéfir, la kombucha, etc.

Hay un programa que está ayu­dando a las personas de manera muy clara y precisa; los vamos llevando de la mano. Eso se conoce como “Contención”, ofrecemos contención, asesoría, capacitación. Desmantela­mos alimentos, les creamos sabores, pero desmantelando el alimento, nunca estamos en contra del sabor ni del placer, estamos al contrario investigando siempre para ofrecer herramientas a la mano. Cuando entiende uno la lógica de cómo hacer los ensambles y cómo hacer procedimientos. La cocina se vuelve un laboratorio espectacular y genera uno su propia medicina, que son los alimentos; ya lo decía el padre de la medicina Hipócrates: Que tu alimento sea tu medicina, que tu medicina sea tu alimento”.

–Casi siempre en enero es el punto de partida para cumplir metas. ¿Cuál considera que sea el principal motivo para tomar una decisión?

–Esto es una cuestión de conscien­cia, alineación y reflexión, de cómo me encuentro en este momento, cómo está mi propósito de vida. Muchas veces, cuando empieza a resonar que requieres una mente clara, que te puedas implicar con tus emociones de forma adecuada y tener un cuerpo que rinda para cumplir nuestros sueños, caminos y propósitos de vida.

Claro, en enero sucede que hay una consciencia en colectivo que empuja. Si en algún momento esa alineación es el primer paso para apoyarte, pues apóyate de eso, no importa cuál sea la causa. Nos ha pasado que, si lo hacen en enero, después de tres semanitas como que empieza a agradar la sensación de estar aplicando el programa. En tres semanas ya se limpió el intestino, está la persona más relajada, con mayor energía.

Es impresionante cómo está relacionada la toxemia de cómo puedo representar mi realidad. Una persona que tiene una cirrosis en el hígado va a mirar y va a sentir desde un ángulo, a otra que su hígado está en orden; no es una varita mágica todo esto, sino cómo está mi am­biente interno.

–Algo más que quiera agregar

Agradecer a la gente que ha aplicado el programa, que hemos contado con su confianza, su participación en los talleres. También a los fun­dadores. A mi esposa agradezco que siempre ha acompañado este proyecto, junto con todo un equipo que se fue sumando. La gente que en algún momento le resuena toda esta información que no dude de su capacidad, de su inteligencia intuitiva; eso es lo que le llamamos corazonadas, decimos así porque tenemos un chakra cardiano.

–¿Cómo puede contactar el público al Instituto Florecer?

–La página es www.institutoflo­recer.com; en Facebook aparece como Instituto Florecer. Ahí están nuestras líneas de soporte, todo lo que quieran averiguar, nosotros con mucho gusto respondemos a sus preguntas.

Marisol Fernández Muñoz
Lucero Ivonne Peña Jiménez
Fotografía: Federico Ríos Macías
Aliyeri Garcia Hernández

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