Fátima Berenice Calderón Directora General de Capital Humano

12° Edición Especial Mujeres – Conoce a Fátima Berenice Calderón Directora Gral. de Capital Humano

¿Cómo te sientes en esta etapa de tu vida?

–De pronto me llegaron los cincuenta sin darme cuenta, incluso olvidé mi cumpleaños. Para muchas personas es una edad muy significativa; sin embargo, para mí esto tuvo sentido con el paso de los días. Hoy me siento libre y creo que eso es la base de la plenitud. Puedo decir que me siento plena.

–¿Esa niña que fuiste se imaginó ver a esta mujer que hoy eres?

–Esa niña se imaginó a una mujer feliz, con una familia y exitosa. Justo el camino de construcción en el que estamos. Sin embargo, no creo que se haya imaginado esto, más bien imaginaba un mundo rosa, sin complicaciones, y la vida, aunque no me resulta complicada, sí es diferente a lo que la niña imaginó.

–¿Ha sido difícil ser mujer?

–No. Yo creo que hay mucho camino que ya nos for­jaron nuestras mujeres desde nuestra historia personal, como lo son nuestras madres y abuelas, así como en lo social, con todas las mujeres que han arriesgado su vida e, incluso, la han dado por nosotras. Actualmente, pueden cerrarnos puertas por ser mujeres, pero nada que no se pueda superar con voluntad y valentía.

–¿La violencia se ha presentado en algún momento de tu vida, ya sea afectándote directamente o a otras mujeres de tu entorno?

–Reconozco la violencia desde diversos lugares; por ejemplo, en mi hogar se dio a partir de la educación estricta de un papá sobreprotector. A pesar de que él no veía estos comportamientos con esa connotación, cuando analizo lo que fue mi educación, me sorprendo dándome cuenta que sí existió violencia.

Actualmente, en donde no me siento cómoda, no me desgasto y lo evito. Identifico esos momentos y me protejo yéndome para no volver.

–Como mujer, ¿Cuál ha sido el mayor reto de tu vida?

–Definitivamente ser madre. Esta etapa la viví a una edad mayor respecto a lo que se espera socialmente, aunque para mí las cosas se van dando en la vida de manera perfecta.

Considero como reto a la maternidad, por lo que implica a nivel de respon­sabilidad, pues desarrollar en un niño valores, conciencia social, de género y respeto es un reto que inicia cuando nace y no termina nunca.

–¿Qué te sostiene en tus días turbulentos?

–Dios. Mi fe no la demuestro yendo a la iglesia o haciendo las ceremonias que socialmente se requieren para demostrarla; sin embargo, sé que Dios está conmigo a cada momento. Él me sostiene. Yo sí pido señales para que de algún modo me haga ver el mejor camino cuando tengo algún desafío o cuando tomo una decisión compleja. Mi fe es lo más grande y después mi familia.

–¿Crees que las cosas han cambiado para las mujeres?

–Sí. Yo viví con una madre totalmente abnegada, entregada a su familia, que gustaba de hacer cosas diferentes. Ella estudio enfermería y nunca la vi siendo enfermera más que de nosotros y yo entiendo que eso a ella le encantaba. Hoy las mujeres podemos decidir en dónde radica nuestro éxito. Antes nos costaba más trabajo, esto lo veo desde los ojos de mi mamá. Hoy por hoy hemos ganado un terreno que probablemente le costó la vida a otra mujer. Afortunadamente ahora vivimos una sociedad diferente, no plena para las mujeres, pero sí con un camino ya trabajado.

–Desde tu entorno, ¿Qué haces para que las mujeres tengan mayor igualdad?

–Yo ofrezco mis servicios a bastantes empresarios, busco a sus colaboradores y trato de hacer conciencia sobre que los puestos los pueden ejercer hombres o mujeres. Sí lucho por la igualdad de oportunidades. En ocasiones tengo vacantes en las que, por ejemplo, el empresario me comenta que son para gente que carga o trabaja en alturas y prefiere hombres, pero si se postula una mujer la propongo. Desde mi trinchera así hago mi labor social con los empresarios, para que las oportu­nidades laborales sean equitativas.

–¿Te arrepientes de alguna decisión?

–No. Yo creo que toda decisión tomada es la mejor.

–¿Cuál consideras que es la mayor virtud que tenemos las mujeres?

–La calidez. Definitivamente el hecho de contar con una madre, una hermana o una amiga nos brinda el apapacho que requerimos, la escucha y un acompañamiento en nuestra vida. Entonces, para mí la calidez es nuestra mayor virtud y algo invaluable.

—¿Y el mayor defecto?

–El exceso de confianza. Nos en­tregamos, confiamos creyendo que del otro lado está un espejo y no es cierto; cada ser humano es distinto y muchas veces la respuesta no es la que esperábamos.

—¿Cuál es tu próxima meta?

–Mi meta es muy clara: quiero una casa con jardín donde pueda disfrutar mis últimos tiempos.

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