Herminia Hernández Jiménez Directora de Programas de Derechos Humanos

12° Edición Especial Mujeres – Conoce a Herminia Hernández J. Directora de Programas de Derechos H.

¿Cómo te sientes en esta etapa de tu vida?

–Me siento contenta, satisfecha y plena, muy cons­ciente de las responsabilidades que he adquirido a lo largo de mi vida, sobre todo para lo que siempre me ha movido trabajar en pro de los derechos de las mujeres y de las niñas en mi estado.

–¿La niña que fuiste se imaginó ver a la mujer que eres ahora?

–No, esto lo pienso por el contexto en el que nací. Mi vida transcurrió en una burbuja de bienestar. Cuando era niña aspiraba a casarme, tener una casita con mis hijas e hijos y ser feliz. Sí me veía como profesionista, porque siempre quise estudiar algo y ejercerlo; sin embargo, no me imaginé que años después, con la formación que adquirí y con todo lo que fui descubriendo a lo largo del tiempo, iba a tener como meta principal y razón de mi existencia la defensa ardua de los derechos humanos de las mujeres y de las niñas.

–¿Ha sido difícil ser mujer?

–Sí, desde mi contexto fue difícil por no darme cuenta que podía hacer algo más allá de lo establecido y de que podía lograr mucho más como mujer, pues durante mucho tiempo tuve la idea de que las mujeres solamente teníamos ciertas misiones en la vida, como la de procrear. También el enfrentarme al mundo desde una realidad alejada a mi contexto fue duro, porque desafortunadamente viví acoso; a los quince años alguien me dio una nalgada, fue una cosa tan frustrante y dolorosa, porque no supe cómo reaccionar. Lo primero que sentí fue miedo.

–¿Consideras que además de esa experiencia viviste otra forma de violencia?

–Esa experiencia fue la más fuerte, porque a esa edad yo no tenía la conciencia de que era una violencia como tal, pues con el paso del tiempo y cuando vas creciendo reflexionas que no es justo que alguien toque tu cuerpo sin tu consentimiento. Recuerdo que ese día lo único que hice fue regresar al autobús, porque veníamos de una excursión. Al regresar, solo se me escurrieron las lágrimas. En el contexto familiar, por ejemplo, no viví violencia.

–¿Cómo mujer cuál ha sido tu mayor reto?

–Ser mamá. Yo tengo a una gran madre, siempre preocupada y ocupada de mi bienestar y el de mis hermanos; sin embargo, en mi maternidad sentía que no iba a saber cómo ser madre. A pesar de esos miedos, al final siento que lo hice tan bien, que por eso me atreví a tener tres.

–¿Qué te sostiene en tus días tur­bulentos?

–Mi esposo, mis dos hijas y mi hijo. Ellos son un pilar fundamental en mi vida. A su lado he sentido que he podido lograr todo lo que lo que hasta ahora tengo. También hablo de mi mamá, de mi papá, así como de muy buenas amistades duraderas que me han cobijado. Aunque no puedo decir lo mismo de mis hermanos; ellos son cinco varones y yo la única mujer. Eso hace difícil la convivencia.

–¿Crees que las cosas han cambiado para las mujeres?

–Sí han cambiado en algunos aspec­tos, por ejemplo, ahora tenemos leyes que nos garantizan de alguna manera los derechos que eran imposibles en el siglo pasado. Que las mujeres tu­vieran el derecho al voto fue gracias a compañeras que lucharon para hacerlo posible. El hecho de que las mujeres saliéramos a trabajar o fuéramos empresarias exitosas, no tenía lugar. Pero algo es claro, tenemos que seguir trabajando para modificar aún más nuestra realidad.

–Desde tu entorno, qué haces para que las mujeres puedan tener mayor igualdad.

–Son varios retos a los que les apuesto, por ejemplo, construcción del tejido social por medio de la educación, no solamente institucional, sino también desde casa. Así podemos abonar a una nueva construcción del entorno de la familiar, el cual va a costar tra­bajo, pero tampoco podemos dejarlo todo en manos de las autoridades. En mi caso es apostarle muchísimo a la educación.

–¿Te arrepientes de alguna decisión?

–No me gusta pensar en arrepen­timientos. A lo largo del tiempo he aprendido que cada una de las decisiones que he tomado han sido de acuerdo con las necesidades de la Herminia de ese momento.

–¿Cuál consideras que es la mayor virtud de las mujeres?

–La valentía, la decisión y la fortaleza. No hay en el mundo mujer que no sea fuerte, aunque haya algunas que de momento pierdan la esperanza o que sientan que no lo son, todas salimos adelante.

–¿Algún defecto?

–Yo no lo veo como un defecto, pero las mujeres tendemos a confiar demasiado, a entregarnos; general­mente esto responde a una visión pura y sensible.

–¿Cuál es tu próxima meta?

–Llegar a un lugar donde me permita siempre impulsar a niñas, mujeres y, por supuesto, a los niños a seguir sentando las bases para alcanzar esa verdadera igualdad que necesitamos.

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