JUAN BAÑUELOS: navegante de la galaxia poética

Publicado en 2008 Edición 06

Una mañana cualquiera, con toda su poesía a cuestas, Juan Bañuelos camina por una calle de Ocotlán, a un costado de un centro comercial de origen norteño y costumbres de hacienda porfirista. Con una maleta al hombro, Bañuelos se prepara para un nuevo viaje, un nuevo destino para hablar de poesía, o de las cuestiones que ahora mismo desgarran a nuestro país. Pero antes de embarcarse en la travesía, se detiene ante uno de esos triciclos donde se venden tamales y atole. Con familiaridad, el marchante atiende al poeta, aunque aquél no sabe del genio creativo que aletea en el espíritu de Juan Bañuelos, el navegante de la galaxia poética. Y es que el poeta también come.

Lado A: Esa enfermedad, la poesía

– Depende de qué tipo de poesía. Ahora mismo el género vive momentos de intransigencia en el campo de la cultura, porque la poesía hace madurar a la sociedad a través de sus metáforas, que transfiguran las contradicciones de esa misma sociedad. Lo voy a ilustrar con una historia: un joven brillante le dice a su abuela que se convertirá en un doctor en poesía. La abuela le sonríe, orgullosa, y le pregunta: “Oye, es maravilloso, hijo, ¿pero qué clase de enfermedad es la poesía?”

O sea que la poesía actual se toma como una enfermedad, porque está hablando de las contradicciones que enfrenta la humanidad. Digo que la poesía vive momentos de intransigencia, pero también es cierto que es inmensa; es la Vía Láctea de la literatura. Su centro es una región turbulenta, lo que la hace inaccesible para los telescopios de muchos poetas jóvenes, y de muchos lectores, porque estamos acostumbrados a una poesía anterior, ya sea clásica o romántica, es decir, una poesía demasiado directa.

Los poetas de la gran Vía Láctea se llaman Quevedo, Saint-John Perse, Dante, Vallejo, Neruda, Gorostiza, Pellicer, Girondo, Shakespeare, Elliot.

– Personalmente, de todos ellos me inclino más por Shakespeare, porque abarcó todos los aspectos, y tuvo una forma única de manejar el idioma inglés. Insisto en que la poesía es una masa galáctica, de varios millones de soles. Para algunos nos alivia hallar un poco de polvo brillante de esa inmensa galaxia, y entonces nos viene algo de fama, al encontrar esos polvos.

– Claro que sí. Me falta mucho por escribir. Con motivo del homenaje que me dio la Universidad Autónoma de Tlaxcala, y a partir de las mesas de análisis de mi obra, me di cuenta de muchas realidades. Por ejemplo, recordé pasajes, como lo que pasé en el 68. Yo viví la matanza de Tlaltelolco, porque ocupaba un departamento del edificio Hidalgo. Estuve muy cerca de que me pasara algo también a mí.

Aquel 2 de octubre llegué tarde a la gran concentración debido a mi trabajo. Aún así, incluso me detuvieron policías vestidos de civil poco antes de entrar a mi edificio.

Y ya me llevaban cuando de pronto pasó una camioneta con una bandera blanca, donde iban unos conocidos que me gritaron: “Bañuelos, qué haces ahí, vente para acá con nosotros, estamos recogiendo heridos”. Entonces los policías se asustaron, vieron la bandera blanca y me dejaron ir. Así fue como me salvé. Porque de lo contrario me hubieran culpado de cualquier cosa.

– Yo creo que el tema de la poesía no es un movimiento provocado por la emoción, sino un alejarse de la emoción. No es la expresión de la personalidad, sino un alejarse de la personalidad.

– No precisamente. Por supuesto esos escritores que van a decir algo, los que tienen personalidad y emociones, saben lo que significa desear alejarse de esas cosas inmediatas; han aprendido a verlo todo a través de una proyección más alejada y alucinante, para asumir la existencia como un problema humano. Significa desear alejarse de esas cosas para no hacerlos muy particulares. Se expresan sin presión y a partir de experiencias combinadas, en modos peculiares e inesperados, para que lo puedan captar los lectores. Entonces no es inmediatamente de una emoción que uno escribe un poema, sino que se debe dejar que pase el tiempo y que se transforme aquella emoción en una cuestión vital, humana, para que cuando se exprese en metáforas, en imágenes, pueda llegar a más de un lector.

– Efectivamente. Se trata de un proceso similar, que es acompañado de un distanciamiento de las emociones inmediatas. A través de las texturas uno hace que esto se convierta en una universalidad.

– No. Yo ni tengo conciencia de que soy poeta. Y qué bueno que sea así. Aunque todos los días estoy metido en la escritura, no escribo poemas diariamente. Eso sería genial. Sin embargo, vivo momentos de emociones y captando lo que me ocurre y lo que le sucede a la sociedad, a la familia y a mi entorno cercano.

– No, porque yo no me siento responsable con nadie.

– Conmigo sí, porque es mi verdad, es mi transformación, es una madurez que voy obteniendo.

– La verdad que se tiene como poeta es que lo que sucede fuera de uno, al compararlo con las experiencias individuales, se llega a la siguiente conclusión: “Qué barbaridad, esta uno viviendo en una sociedad llena de encuentros”. Se trata de una masa galáctica llena de contradicciones.

Actualmente enfrentamos una sintomatología parecida a la del 68, con la matanza de Tlaltelolco; por ejemplo, la represión contra los ciudadanos de Atenco por negarse a dar sus tierras para la construcción de un nuevo aeropuerto; el problema minero en el norte del país, en el que murieron sepultados más de 60 trabajadores; el problema magisterial en Oaxaca, que lleva meses sin resolverse; el fracaso de la fiscalía especializada para movimientos sociales y políticos del pasado, para esclarecer más de 500 desapariciones forzadas ocurridas durante la guerra sucia en los años setenta y ochenta, después de la matanza de Tlaltelolco.

Todo eso te va traspasando, y dices: “Yo vivo dentro de una sociedad, soy integrante de una sociedad”. Entonces en ti se agranda la imagen, y ves las injusticias, pero ya en la poesía no vas a hablar de las injusticias, sino que vas a retratar las emociones que están padeciendo los que sufren.

– Sí, aunque no todos los poetas lo hacen. Yo comencé a tener mi vida particular en cierto aspecto, porque durante un tiempo viví dentro de las comunidades indígenas.

Como integrante de la Comisión Nacional de Intermediación estuve durante ocho, nueve años, escuchando sus mitos sobre la creación, de cómo se formó la tierra, la manera como están compenetrados con los cultivos, la forma como sufren, las asociaciones que tienen con una visión distinta, como pueblos originarios de este país.

– No. Tal como un crítico español ha señalado al analizar mi trabajo, las cosas en el conjunto de mi obra son fragmentos de toda una realidad. Y no me había dado cuenta.
Eso me puso a pensar, y concluí que ciertamente ha sido fragmentaria, porque fragmentaria es la vida también.

– Es muy difícil, porque son momentos varios que uno tiene. De pronto, vas en un avión y te viene una idea, pero esa idea no sabes qué tema es, y quizás es uno que viviste hace seis meses o un año, y de pronto, algo, una plática con una persona del avión, por ejemplo, te hace que materialices esa intuición. Entonces eso me hace ver y hacer otros poemas.

– Y de imágenes, que cambian por completo, que surgen por una pregunta o por algún acontecimiento.

LADO B: Juan Bañuelos de carne y hueso

– Me encanta lo que se hace aquí; la comida de Tlaxcala es muy rica, y entonces, sí, me acerco, ya me conoce muy bien el que vende los tamalitos y el atole.

– No, ni lo presumo; eso nunca lo presumo. Simplemente sabe que soy profesor. A veces me dice si ya me voy a mis clases. Hace pocos días me preguntaron sobre el anuncio del encuentro. La gente es muy noble, y no hay que asustarla.

– No lo creo, pero ya no tendrían la misma confianza para platicarme sus problemas.

– Bueno, yo soy catedrático, siempre he sido maestro. Por ejemplo, los primeros talleres que se dieron en la UNAM yo los dirigí, después de la matanza de 68. Yo no quería, porque no sabía nada de talleres, sólo el de mi padre, a quien ayudaba en cuestiones mecánicas a componer coches. Pero me fueron a ver más de 100 alumnos a mi casa, me pidieron que aceptara porque había estado en el movimiento estudiantil. Entonces tuve que decir que sí.

Así, a finales de 68, principios de 69, empezaron los talleres. Y de pronto estaba inundado eso. Había más de 350 personas metidas ahí. Tuvimos que dividirlas en tres talleres a la semana. Iban por mí en una camioneta, porque yo trabajaba hasta Naucalpan. En ese momento también sucedieron muchos actos represivos en Sudamérica: en Argentina, en Chile, en Perú, en Colombia, por lo que se vinieron muchos jóvenes a México. Eso propició que se convirtiera en un taller internacional.

– Tener que ganarse la vida, por ejemplo, corrigiendo textos, como hice en la Editorial Novaro. Ahí, un poeta, Octavio Novaro, me dijo: “No te preocupes, yo te doy trabajo”.

Y así fue como laboré durante más de 20 años para esa editorial. Era corrector de estilo, y cuando terminaba esa actividad, era cuando podía ponerme a escribir lo mío. Octavio era uno de los dueños de la editorial. Ellos fueron de los primeros que publicaron cómics en México, como Batman y La pequeña Lulú. Ahora he visto que siguen publicándolos y veo la redacción mía en las traducciones.

– Sí, y agregaba diálogos o hacía adaptaciones al castellano.

– Mi vida ha sido terrible. Por ejemplo, en el amor he tenido fracasos, porque creyeron que ser escritor es ser millonario, por lo que se equivocaron en ese aspecto.

– Claro, y más si se tienen hijos. La situación es terrible. Pero también he sufrido persecuciones, momentos en que he estado en peligro. A mí me buscaron más de una vez, pero no me encontró la policía, aunque yo no he pertenecido a ningún partido. Los partidos, ahora lo vemos muy bien, únicamente están interesados en obtener dinero. A mí no me ha interesado. Por eso no acepto cuando hablan de mis poemas políticos; en esos casos siempre aclaro que son poemas de temas humanos.

– Sí, pero ha sido con una orientación de tipo social, para acabar con esta deshumanización, esta manera como se trata a los indígenas, como si fueran animales, que proviene desde la época colonial. En muchas regiones se los sigue considerando como gente que no piensa, porque no lo hacen como Occidente, porque tienen otra manera de ver sus comunidades y su vida.

– Y también con la descomposición del poder. De un poder que imita todo lo que han hecho en Europa y en Estados Unidos. En México se ha padecido una cultura petrificada, separada de la vida en muchos aspectos; no se recupera la representación verdadera de los seres humanos.

Estamos bastante mal. Ahora mismo el país enfrenta un gran problema, como en la época de Santa Anna. Por ejemplo, se manipula la enseñanza de la historia. Ya no se está enseñando la historia en las primarias ni en las secundarias.

Eso se hace para que la gente se amolde al poder y no tenga sentido de lo que ha sido la vida en México, y así los muchachos se crean que son universales, y que da lo mismo haber nacido en Estados Unidos o en Francia: de esa manera ya no se dan cuenta de las problemáticas que hay en el país. Además, la falta de historia, la falta de memoria, hace que la poesía no trascienda.

– Y porque la transforma. No sólo la trasciende, sino que también la transforma. Ese es el aspecto de la historia. Es justo lo que te estaba diciendo, al estar viendo las cuestiones magnas, a lo grande, uno dice “Pero qué barbaridad, qué estamos viviendo acá”. Y claro, luego se transforma en hechos históricos y civiles, en injusticias, en atropellos, en matanzas que tienen que ver con la condición humana que hemos vivido en México después de la Conquista, la manera como han sido tratados sobre todo los pueblos originarios de México.

– Claro, y es muy grave, porque sin conocimiento de la historia, y lo que ha pasado, y las contradicciones . Esto que estamos viviendo ya lo hemos padecido antes, me estoy refiriendo a la época de Santa Anna.

– Así es, es un desarraigo muy grave el que enfrentan los jóvenes. Por eso la Universidad debe incidir en la enseñanza de la historia de nuestro país, porque Tlaxcala tiene un lugar que todavía no se analiza a fondo en la historia de México.

– El papel del poeta no es una exigencia. Sino que el poeta que se da cuenta de las injusticias, de las contradicciones en la sociedad, debe tener la sensibilidad de darlas a conocer, desde su punto de vista, aunque no da soluciones. El poeta no da soluciones.

– Lo que hace el poeta es que hace las imágenes más grandes, logrando que impacte a las personas. Primero a los sentimientos, luego a la sensibilidad y de ahí a la mente, al raciocinio.

Yassir Zárate Méndez

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