Laura Torres Sánchez

Edad: 28 años.

Estudios: Secundaria.

Ocupación: Albañilería.

Laura lleva siete años trabajando como albañil. Se inició en este oficio bajo la guía de su padre, quien le enseñó a pegar block. Optó por este camino ante la falta de oportunidades de empleo. Considera a la rudeza como parte sustancial de ella. A los catorce años tuvo un accidente que la llevó a estar ocho días en coma; un año después se convirtió en mamá. Más tarde, confió a sus manos la edificación de su propia casa. Como albañil ha sufrido discriminación por ser mujer; además, sus dos hijas llegaron a ver a este trabajo como lo más bajo. La fuerza de Laura teje un vínculo entre el beisbol y la albañilería. 

—Por ser menor de edad no tenía la ventaja de entrar a un trabajo. Mi papá me empezó a enseñar a pegar block, a ser como una chalana. Él era contador, pero le sabía a todo: plomería, electricidad. Se la rifaba en cualquier lado. Me hizo a su semejanza. Me decía que nunca tenía que doblarme con nada ni con nadie. Él ya no está, pero se me quedó esa herencia. Antes de ser albañil empecé a construir mi casa. Colé las recámaras, aunque me falta la otra mitad; así fui agarrando experiencia. Compré mi herramienta y ahora es a lo que me dedico.

Desde chica he sido de llevar lo rudo, tener mi propio límite; si me dicen no, ahí voy. Siempre he sido así.

—Mucho. A la gente no le da confianza porque somos mujeres. Dicen que es un trabajo pesado para una mujer, pero para mí no es imposible. A lo mejor no voy al ritmo de un hombre, porque un hombre sí es más rudo y tiene más fuerza.

La discriminación es lo más difícil de ser albañil. Dicen que porque somos mujeres no podemos, pero se lo he demostrado a mi familia y a la gente, que sí puedo y no por el hecho de ser mujer quiere decir que es un límite.

—De mi casa me caí con todo y una barda al estar colando la cadena de losa, porque no tengo a nadie que me ayude. Esa vez ya no sabía qué hacer, si llorar o reírme. Me levanté y dije: “Empezamos de errores”. Volví a limpiar mi block en la pared… y me puse a trabajar.

Trabajo sola. También he trabajado con personas que ya le saben a este trabajo. Me dedico a esto desde hace siete años.

—Dos hijas. Una niña de nueve años y otra de doce; soy madre soltera. Fui mamá a los quince años.

—A veces no les gustaba, porque decían que es lo más bajo. Pero no es así, porque a final de cuentas cobramos por lo que sabemos, no por lo que hacemos. Ahora ya lo entienden mejor y les gusta, porque saben que a veces nada más voy un día a la semana, con lo que saco prácticamente lo de toda la semana. Depende de los costos; a veces voy con mi familia y les cobro un poco más barato.

—Sacar adelante a mis hijas. También, principalmente a mi modo de ser, callar bocas, porque siempre me decían “No puedes”, “No vas a poder”. No porque me hayan enseñado eso lo voy a llegar a creer. A la fecha hasta en la casa de mi mamá he trabajado. Mis hermanas luego me dicen: “Vas a hacer tal cosa”. “Ah, sí, pero te cobro tanto”, les respondo. Aquí ni la familia ni el trabajo se juntan.

—Creo que sí. En mi caso ya no cuento con el respaldo de mi papá; sí cuento con mi mamá, pero no es lo mismo que mi papá: ¡Mi papá era mi papá!, hasta la fecha me acuerdo, porque con mi mamá no llevo comunicación.

Mi papá falleció hace cuatro años. Él fue alcohólico; como tal ya no me vio ser albañil. Platicando con los de mi equipo de beisbol, les dije: “¡Qué hubiera dado mi papá por vernos jugar beis!”, porque él era beisbolista. Apenas este año entré; me gusta. Soy fielder [jardinera, que en el cuadro de juego es el número] 9.

—Que no hay límites para nada, que mientras uno se lo proponga podemos salir adelante. Como dicen, en esta vida, el que está jodido es porque quiere,porque todo lo podemos hacer; no hay imposibles. Seamos hombres, seamos mujeres, de todo tenemos que saber hacer.

—Por mi fuerza. Mi fuerza la desquito allí. Todo lo que conlleva, más que nada las tácticas que hace uno. Bueno, apenas me pusieron como segundo bat, por lo mismo de la fuerza que tengo, cuando antes era el séptimo.

Ni idea; la verdad es que vivo al día. No hago planes ni me acuerdo del pasado. He vivido muchas experiencias. Necesito lentes, entonces ya fui a hacerme el estudio y me dicen que si no me he hecho un estudio de la cabeza, porque estoy perdiendo la vista muy rápido. A los catorce años tuve un accidente. Me enterré una varilla en la cabeza y estuve en coma durante ocho días en el Hospital del Niño. Ya estaba dada por muerta. Por irme a un baile me caí de una camioneta, me enterré una parte de las huellitas de los topecitos amarillos. Como me juntaba con mucha gente, muchos muchachos de los que íbamos a los bailes me hicieron una misa de limosna, ¡y aquí estoy!

Marisol Fernández Muñoz
Lucero Ivonne Peña Jiménez
Aliyeri Garcia Hernández

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