Los desafíos (presentes y futuros) de las juventudes

Ariadna Serrano Juárez es una joven de 25 años por demás brillante. A una impecable trayectoria académica, en la que se ha habituado a recibir reconocimientos por su alto rendimiento escolar, suma también varios premios por otras actividades.

En este año ganó el Concurso Nacional de Debate Intercultural y Colectivo, organizado por el Instituto Nacional de la Juventud, que contó con el apoyo del Instituto Nacional Electoral. Para obtener su representación por Tlaxcala, previamente Ariadna triunfó en la fase estatal, que fue organizada por el Instituto Tlaxcalteca de Elecciones.

Su pasión por la palabra y el intercambio de ideas lo lleva ahora a la radiodifusión, al participar en un proyecto organizado por el Instituto Tlaxcalteca de la Juventud.

Por si fuera poco, acaba de finalizar la Maestría en Análisis Regional, donde contó con el apoyo del Conacyt, a través del programa de posgrado en excelencia.

Es egresada de la licenciatura en Psicología Social, de la UAT, donde recibió la distinción como la alumna con el mejor promedio de su generación.

En esta conversación con Momento, nos comparte algunos de sus logros, pero también efectúa varias reflexiones sobre las juventudes y el futuro que se avizora para la sociedad.

—¿Qué significó para ti haber ganado en este año el Concurso Nacional de Debate Intercultural y Colectivo, organizado por el Instituto Nacional de la Juventud?

—Haber obtenido el primer lugar en la categoría D, en el marco del Primer Concurso Nacional de Debate Intercultural y Colectivo fue un logro importante en esta etapa de mi vida, pues la disciplina es una de las áreas que desde que estudiaba en la secundaria me atrapó por lo magnífico que podemos hacer con las palabras a través de nuestra voz.

El nuevo formato que el IMJUVE le dio al tradicional concurso de oratoria que cada año organizaba y que, en esta ocasión, con el giro hacia el estilo de debate, fue algo que me animó mucho desde que leí la convocatoria.

Haber participado, primero a nivel estatal, y haber sido elegida como representante de mi estado representó un gran honor. Luego vino la preparación para el Concurso Nacional. Me dediqué a repasar los elementos que en los eventos previos de la secundaria y preparatoria aprendí y tomé de mis maestros.

Ya en la etapa nacional fue una experiencia muy grata. Aunque se realizó en la modalidad virtual, me sentí muy a gusto. Las jornadas fueron intensas, pero muy impactantes para mí.

Escuchar a jóvenes del norte, centro y sur del país me llenó de alegría porque compartía con ellos puntos de vista, y también encontraba otros enfoques a un mismo tema.

Otro elemento que sin duda disfruté del concurso fueron los ejes temáticos, pues eran muy diferentes a los tópicos que generalmente se estudian en los concursos más ortodoxos de oratoria y debate político.

En suma, haber tenido la responsabilidad de representar a Tlaxcala en este concurso fue una experiencia que me enorgu­llece, y me compromete a seguir preparándome para el futuro y el presente. Ganar el concurso es un detonante de motivación para mí.

—Estás desarrollando una investiga­ción sobre el tianguis, una práctica social que se remonta al periodo prehispánico. ¿Qué te animó a efectuar esta investigación, que cuenta con el apoyo del Conacyt?

—Efectivamente, realizo mis estu­dios de posgrado, específicamente en la Maestría en Análisis Regional del CIISDER. Y como proyecto de investigación abordo el escenario del tianguis sabatino de Tlaxcala, un espacio que alberga prácticas sociales que desde los estudios históricos cuenta con una data anterior a la época colonial.

El interés surgió en dos momentos. El primero está relacionado con la observación de la realidad concreta que se me presentaba en el movi­miento comercial que tiene lugar los sábados en las inmediaciones del mercado municipal de la ciudad de Tlaxcala, pues desde pequeña he sido testigo asistiendo de la mano de mi familia como clientes.

El segundo momento se rela­ciona con mirar esta cotidianeidad a través de los aparatos teóricos y conceptuales que me han dado mis estudios de licenciatura y, con mayor finura, del posgrado.

Enfatizo que observar lo cotidiano de eso que llamamos tianguis, a tra­vés de la teoría social, es un proceso laborioso, pero gratificante, pues devela muchas de las construccio­nes de sentido común con las que cargamos, haciendo que estas pasen por un proceso de reconstrucción cognoscitiva.

Estudiar la dinámica del tianguis sabatino de Tlaxcala nace de preguntas básicas sobre el qué, cómo y el porqué de este espacio, y a las cuales encontré una aproximación y respuestas desde la visión que las ciencias sociales nos aportan.

El respaldo que tengo para realizar esta investigación por parte del programa de posgrado al que pertenezco, es resultado de que la maestría está dentro del Programa Nacional de Posgrados de Calidad. Y el apoyo en la modalidad de beca nacional ha sido muy importante, pues me ha ayudado a cubrir los gastos escolares de mis estudios.

—Platícanos de tu participación en el proyecto radiofónico del Instituto Tlaxcalteca de la Juventud.

—Actualmente, tengo el gusto de participar en el programa institucional “Juventudes Radio ITJ”, del Instituto Tlaxcalteca de la Juventud. Realicé mi postulación en la segunda edición del 2022. El casting fue en los últimos días de junio, y de entre 134 jóvenes que hicimos audición, soy parte de nueve seleccionados para la tarea de locución.

Es un nuevo reto, pero me entusiasma mucho. Siempre he tenido la espinita de hacer radio, y esta es una oportunidad de aprender, conocer más jóvenes con el gusto por este medio de comunicación y, sobre todo, de ganar experiencia.

El trabajo dentro de este proyecto de Juventudes Radio ITJ lo realizó en dupla con una joven como yo. También participan con nosotras tres chicos que realizan las labores de producción; somos un equipo diverso, con intereses variados, lo que se ve reflejado en el trabajo que hacemos.

—Hablemos ahora de tópicos relacionados con la juventud, aprovechando tu preparación en psicología social. En términos biológicos y psicológicos, cómo se diferencia la juventud de la niñez y de la madurez.

—Básicamente, las diferencias entre la juventud, la niñez y la madurez están basados en términos biológicos. Pero desde la psicología, se han retomado estos elementos, y nutrido de las explicaciones de los modelos teóricos sobre la personalidad y la conducta.

Una forma básica de diferenciar estos tres momentos en la vida de una persona, es a partir de la edad biológica, es decir, de los procesos de crecimiento, cambio y maduración que el cuerpo vive, tanto en hombres como en mujeres.

Podemos decir, de manera general, que la niñez corresponde a una etapa preponderantemente de crecimiento e incrementos, por ejemplo, en la talla, peso, habilidades y capacidades motoras.

En tanto, en la juventud se continúa con el crecimiento, pero se aceleran los cambios morfológicos que presenta el cuerpo; estos tienen implicaciones en la psique de las mujeres y hombres jóvenes. También en la juventud se adquieren nuevas habilidades o se perfeccionan otras.

Finalmente, en la adultez, la maduración del cuerpo se da por completo, y esta momentánea estabilidad genera procesos en la mentalidad de las personas que les permiten, en la mayoría de los casos, consolidar la personalidad, carácter y conducta, que más o menos mantendrá hasta el fin de su vida.

—El concepto de juventud es relativamente reciente. Hasta hace unos 150 años no se consideraba esta etapa de transición entre la niñez y la madurez. Qué ayudó a crear el concepto de juventud.

—Efectivamente, se trata de un concepto reciente. Considero que fue resultado de dos elementos primordiales. Primero, el avance y desarrollo de las investigaciones, desde la biología, la sociología, la psicología y la medicina, principalmente.

En segundo término, tenemos que tomar en cuenta el desarrollo que han mostrado las sociedades, principalmente desde la perspectiva occidental y el modo de vida que sigue.

Construir a las juventudes como actores dentro de la dinámica social occidental y capitalista es un hecho que permite la especialización y segmentación con mayor puntualidad de la población. Asimismo, facilita generar entramados sociales y políticos para reforzar y perpetuar el modelo de vida y la ideología.

En un sentido general, responde a la necesidad de que la maquinaria social se nutra y regenere constantemente. De manera específica, y desde las ciencias sociales, la juventud es una categoría que permite seleccionar y estudiar con precisión aquellos elementos, características y conflictos que presenta una persona en un punto de su trayectoria vital.

—¿Cuáles retos enfrenta actualmente la juventud?

—Considero que enfrentamos casi

los mismos retos que la población en general, por ejemplo, satisfacer nuestras necesidades básicas, como la alimentación, la búsqueda de la salud y bienestar; contar con espacios sociales sanos para nuestro desarrollo; oportunidades de un trabajo digno y que nos permita desplegar nuestras habilidades; seguridad de nuestra vida e integridad, por mencionar algunas.

Sin embargo, enfrentamos estos retos mediados por las construcciones socioculturales que se han atribuido a la juventud, y que básicamente miran a los jóvenes como inexpertos, con poca iniciativa y lejos de asumir responsabilidades.

—Qué implica ser joven en estos tiempos líquidos.

—En primer lugar, quiero comentar que lo que el sociólogo Zygmunt Bauman denominó como “tiempos líquidos”, es un modelo que desde su disciplina intenta describir el modo en que se dan las relaciones de las sociedades occidentales.

El planteamiento general indica que esos “tiempos líquidos” que se viven dentro de la modernidad y posmodernidad están caracterizados por la inmediatez de los vínculos humanos, y que estos se ven atravesados por los elementos materiales tecnológicos que inundan esta época.

Por deducción, entonces ser joven en los tiempos líquidos significa responder a conductas basadas en la inmediatez y con vínculos humanos, es decir, sociales, poco estables, de corta duración, y en constante perdida y, paradójicamente, infestado de altos y continuos estímulos, a través, principalmente, de las redes informáticas de comunicación con los otros.

Personalmente, no tomo al pie de la letra la descripción y explicación que el sociólogo polaco hace, pues es aventurado asumir totalmente esta explicación, que, repito, es un modelo que desde la sociología explica el comportamiento humano.

Me decanto por la idea de que esta teoría nos sirva de punto de partida para problematizar lo que las juventudes de lugares concretos experimentan, esto es, asumir una actitud académica crítica, que contraste los aparatos teóricos y la realidad que estudiamos.

—¿Cómo afianzar valores entre los jóvenes, ante el predominio de la fugacidad, la superficialidad, la trivialidad que distingue a la sociedad actual?

—Es una pregunta interesante. Parte de un cuestionamiento muy similar al que se hacían los primeros psicólogos sociales, a mediados del siglo XX, específicamente al fin de la Segunda Guerra Mundial. Incluso un poco antes, con los trabajos de Wilhelm Wundt, el psicólogo alemán al que se le atribuye el nacimiento de la psicología moderna.

Realmente no existe una receta, modelo o máquina que nos haga afianzar los valores, pero desde la experiencia que hemos adquirido como sociedades, hemos observado que las conductas con base en los valores universalmente compartidos son un proceso básicamente de aprendizaje.

Recordemos que como proceso cognitivo, el aprendizaje es un continuo en la vida de las personas, y si buscamos afianzar valores en las juventudes es imperativo que el proceso de aprendizaje se detone desde la infancia.

Realizar actividades de socialización y promoción de valores como la responsabilidad, respeto y tolerancia entre las juventudes debe ser una manera de afianzar procesos previos, o al menos el comienzo de estos.

Desde la psicología social se trabaja en la visión comunitaria, y en esta se involucra no solo a los jóvenes como únicos responsables de la práctica de valores, sino como unos de los actores que participan dialógicamente y, al mismo tiempo, con las demás personas y el medio social en el que viven.

—Cómo avizoras la sociedad del futuro, cuando tu generación sea la que tome las decisiones.

—La miro con mucha expectativa. Me emociona conocer qué tanto cambiarán las formas, instituciones y medios de desarrollo con las que he crecido y he asimilado.

Proyecto dos escenarios: el primero es una sociedad sumamente tecnificada y polarizada, llena de micro narrativas, prácticamente personalizadas, cuyo objetivo central sea el desarrollo del individuo, sin tomar en cuenta a quienes le rodean, sumamente egocéntrica.

Mi segundo pronóstico es una sociedad que ante el impacto destructivo en el ecosistema que habita, proyecte un cambio de conducta en el que los individuos se vuelquen hacia la comunidad que pertenecen o donde viven, y así se involucren más en lo que le sucede al colectivo.

Ambos escenarios son posibles, pero el resultado que llegue a vivir dependerá de las pequeñas y trascendentes decisiones que ayer, hoy y mañana tengamos como generación.

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