Manual para mamás y papás de niños con cáncer, de Celia Carro Aviña

Publicada abril 2022 Edición 172

La publicación es independiente y lo recaudado será donado a pacientes del Hospital Infantil de Tlaxcala.

Manual para mamás y papás de niños con cáncer es una guía que lleva de la mano a las familias desde el día del diagnóstico, pasando por la terapia, rehabilitación y el fin de la enfermedad.

 Celia Carro Aviña es originaria de la Ciudad de México, aunque lleva más de 30 años viviendo en Tlaxcala. Estudió ingeniería Química Farmacéutica Industrial. Fue beca­da por el Conacyt a Laboratorio Lepetit en Italia. Ha sido docente investigadora de la UAM Xochimilco. Cuenta con una maestría en Educación Superior en la UAT. Fue di­rectora académica del Colegio de Bachilleres de Tlaxcala; directora de Educación Media Superior y Superior de la USET; y delegada del Instituto Nacional de Educación para los Adultos en Tlaxcala.

Egresó del Instituto Mexicano de Tanato­logía de la Ciudad de México. Actualmente es tanatóloga voluntaria en el Hospital Infantil de Tlaxcala, donde su atención se ha centrado principalmente en el ámbito oncológico, con niños y familiares de los pequeños.

El Manual para mamás y papás de niños con cáncer, de Celia Carro Aviña, es una guía que lleva de la mano a las familias desde el día del diagnóstico, pasando por la terapia, la reha­bilitación y, para algunos casos, el fin de la noche oscura: la pérdida de algunos pacientes.

Poder ayudar a padres y a niños con diag­nóstico de cáncer e insuficiencia renal, ha sido el día a día de los último doce años de Carro Aviña. En el 2010 ingresó como voluntaria al Hospital Infantil de Tlaxcala, donde pudo conocer y vivir de cerca la historia y peregri­nar de pequeños y sus familias, que carecen de ayuda o guía para enfrentar dicha situación. Sin embargo, por más que alguien se intente colocar en los zapatos de los familiares, nunca se podrá lograr dicho cometido, comparte la escritora.

Para ella es indispensable sensibilizar al equipo médico y a los familiares, ante la noticia del padecimiento de cáncer o de insuficiencia de renal en niños y adolescentes, pues esta resulta ser una noticia devastadora que debe tratarse con mucho amor y paciencia. El dolor y sufrimiento no solo están en los pequeños, de quienes se cree no alcanzan a comprender lo que atraviesan, sino que también impacta de manera directa a los padres, amigos y familiares cercanos. Todos se quiebran emocionalmente ante el diagnóstico de cáncer e insuficiencia renal, que suele asumirse como sinónimo de muerte.

Nadie está preparado para sobrellevar el proceso de estos padecimientos y como padres también solemos equivocarnos. De modo que el Manual para mamás y papás de niños con cáncer es un parteaguas en el tratamiento, atención y diagnóstico para niños y adolescentes con estos padecimientos.

El día para Celi, como la conocen en el Hospital Infantil, inicia a las ocho de la mañana. Ataviada con su bata blanca, realiza un recorrido por las diferentes salas y se acerca con los pequeños y adolescentes diag­nosticados con los que platica, lee, canta y ve películas. La convivencia resulta ser muy cercana, al grado de que poco a poco se convierte en la confidente de los pacientes.

―Cumplimos los deseos de conocer algunos lugares, personajes o acudir a eventos (torneos, conciertos, con­vivencias) con el apoyo siempre de gente generosa. Dios es grande ―se­ñala Carro Aviña con suma dulzura.

Voluntaria, tanatóloga, gestora, pero ante toda humana, Celia Carro tiene días que son muy pesados y com­plicados para los pacientes y para ella.

―Algunos días son tristes, porque soy humana. A veces me rebasan las emociones, salgo al estacionamiento y en mi auto lloro, me desahogo. Al día siguiente me preparo y hago mi recorrido con el único objetivo de dibujar una sonrisa en cada uno de mis pacientes. Para así brindarles un poco de luz y esperanza.

Sin embargo, cuando alguno de sus pacientes ha de abandonar el hospital y no precisamente por recuperación, este resulta ser un hecho sumamente nostálgico.

―Recuerdo bien a un paciente de cinco años, su nombre era Mau. Un día en que sus familiares no se en­contraban con él en el hospital, me llamó para que pasara un momento a su lado. De repente me dice: ”Celi, estoy muy cansado, hasta aquí llegué. ¡Ya no quiero venir al hospital!”, exclamó Mau, abatido.

Algunos autores mencionan que a la edad de cinco años, los niños no tienen un concepto claro de lo que es o representa la muerte. Pero ante la historia que compartió la maestra tanatóloga con nosotros, parece ser que aquellos autores están errados, pues ese día Mau tenía claro que había de abandonar el hospital y no quería hacerlo estando solo.

―Minutos más tarde Mau decidió marcharse, apagar su lucecita ―des­cribe con nostalgia la tanatóloga.

Celia Carro nos comentó que a una década como voluntaria en el Hospital Infantil de Tlaxcala, luego de jubilarse, su labor la ha hecho madura, ser más sensible, comprender mejor los procesos que atraviesa cada persona y el tiempo límite que nos da la vida.

―Me siento agradecida y feliz por mi labor. Esta publicación representa para mí una ayuda para quienes viven y padecen cáncer. La publicación del manual fue un regalo de mis hijos que financiaron el proyecto, de modo que lo recaudado será donado para los pacientes del Hospital Infantil ―nos explica la maestra Carro.

En entrevista con Celia Carro, platicamos de forma amena en una cafetería del municipio de Panotla, donde actualmente radica, y compar­timos un delicioso chocolate caliente para mitigar el frío del invierno. Celi abre sus recuerdos y comparte con nosotros su gran pasión como voluntaria en el Hospital Infantil de Tlaxcala.

―¿Cómo recuerda su infancia?

―Fui la quinta de seis hijos, el “jamón del sándwich”; pesó sobre de mí la carga que tuve hacia arriba y un poco menor hacia abajo. Me vi obligada a resolver mis propios conflictos, con mis propios recursos; esto me hizo independiente y desapegada.

―¿Qué leía cuando era niña?

―Leía el periódico y disfrutaba de leer mis libros de texto. Yo fui la generación del inicio de los libros gratuitos, aún recuerdo cuentos que ahí leí.

―¿Una anécdota que nos comparta de su adolescencia?

―No me gustaba que me obligaran a acompañar a mi hermana la mayor, era muy guapa y me decían: “Adiós, cuñada”, “Cuídame a tu hermana”.

―¿Cuándo se da cuenta de su vo­cación por la docencia?

―Cuando era niña tuve dos maestras en la primaria que admiré mucho y soñaba ser como ellas.

―¿Cuántos años tenía cuando inicia a trabajar como docente y dónde?

―Hice examen en la Nacional de Maestros y no quedé. Ingresé al Instituto Politécnico Nacional y cuando cursaba el primer año (a los 18 años), Inicie a trabajar en un laboratorio de una secundaria.

―¿Cómo decide trabajar en la administración pública?

―Nunca me lo propuse, el destino me colocó ahí. Y tuve que ser profesional, abrí una brecha de género, había muy pocas mujeres en la administración pública en Tlaxcala, no fue fácil, pero lo logré.

―¿A qué retos se ha en­frentado como mujer?

―En muchos casos me ha tocado ser la primera mujer en el cargo y fui objeto de descalificaciones desde lo oculto, sin dar la cara “grilla”.

―¿Cuál es su libro favorito?

–La rueda de la vida, de Elisabeth Kübler-Ross, es el legado de esta ex­traordinaria psiquiatra y primera tanatóloga; La madre, de Máximo Gorki; Ensayo sobre la ceguera, de Saramago.

―¿Cree en el destino?

―Sí, cuando era mucho más joven, siempre decía: “Nunca trabajaré en un psiquiátrico, ni en un recluso­rio, ni en un hospital, y menos con niños”, y mira.

―¿Ser docente implica vocación y por qué?

―Ser docente es un gran compromi­so social, es darle forma a la nueva mujer o nuevo hombre en este país.

―¿Cómo decide ser voluntaria en el Hospital Infantil de Tlaxcala?

―Después de jubilada, quería contar cuentos a los niños hospitalizados. México y, en 2010 ingreso como volun­taria al Hospital Infantil de Tlaxcala.

―¿Qué la alentó a escribir un libro de ayuda para los padres de niños con cáncer?

―Dejarles a ellos una guía inspirada en anécdotas, historias, reclamos, confesiones, vivencias y sabiduría de mis grandes maestros: mis pa­cientes, mis niños.

―¿Quién edita su libro? Háblenos del proceso de publicación.

―Apenas había empezado a arrastrar el lápiz y lo compartí con uno de mis hijos, quien me alentó a seguirle. Al término del primer borrador mis hijos me ofrecieron darme de regalo la impresión. Quien se encargó de todo fue la editorial Malix, desde luego bajo mi supervisión.

―¿Qué ha significado para usted escribir este libro?

 ―Un reto, un compromiso con mis niños, los que recuperaron su salud y los que brillan en el firmamento.

―¿Qué espera de esta publicación?

―Que llegue a los papás y mamás de niños enfermos que caminan solos, pretende ser, de manera modesta, una guía que los aliente a seguir y les advierta los peligros que puedan encontrarse.

―¿Dónde se puede adquirir?

―En eso estamos, por ahora solo conmigo. Mi Facebook es Celi Carro y mi celular es 2461114870.

―¿Cuál es su reto en la vida?

―Atender a mis pendientes, cerrar cír­culos e irme en paz cuando llegue mi fin.

―¿Cómo ha vivido la pandemia?

―Como a todos, nos tomó por sorpresa, nos obligó a reaccionar, a enfrentar y madurar. Cuidarnos y cuidar a los demás es tarea conjunta como sociedad.

―¿La contingencia sanitaria influyó en su proceso creativo?

―Sí, me dio tiempo para reflexionar sobre la finitud de la vida.

―¿Habrá un antes y un después para los padres que conozcan su publicación?

―Yo esperaría que sí, las opiniones de madres y padres, personal de salud y quienes lo han leído, son favorables.

―¿Si tuviera la oportunidad de guardar en una cápsula del tiempo algo suyo, para abrirla en 50 años, qué guardaría?

―Guardaría frases con las que crecí, frases que se repitieron en lo verbal y tuvieron un efecto muy importante en mi vida, como: “Hay que pre­pararte y estudiar para servir a tus semejantes”, “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, “Sueña ahora y conviértelo en realidad”.

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