Mary Cruz Cortés Ornelas

Cargo: Magistrada presidenta
del Tribunal Superior
de Justicia del Estado y del
Consejo de la Judicatura
Estudios: Licenciada en Derecho,
por la Universidad Autónoma
de Tlaxcala. Maestría
en Derecho Electoral, por
la Universidad del Valle de
Tlaxcala
estado civil: soltera
edad: 43 años
Hijos: tres HIJOS

Agradece a la vida este momento por el cargo que hoy desempeña. Va de paso en el espacio público y desea que las personas así lo vean, pero en este tiempo que va a transitar ahí, está decidida a brindar confianza, sencillez, transparencia, honestidad, humildad y comunicación. Detesta las injusticias, eso significa que no le gusta ver una clase social arriba y otra clase social abajo. Con­sidera que todos tienen los mismos derechos y el acceso a la justicia debe ser totalmente igualitario.

— ¿Cómo se siente como presidenta del Tribunal Superior de Justicia del Estado?

—Muy honrada de ocupar este cargo. Muy contenta por un logro profesional. Ser magistrada es un gran honor, un compromiso con la sociedad, mi estado, las personas que conozco, mis amigos, las mujeres y los niños. Soy muy inclinada a los grupos vulnerables, a proteger a las mujeres víctimas de violencia, a las niñas, niños, adolescentes, adultos mayores. Siempre me conmuevo al ver una situación de desigualdad, ahí el compromiso es mayor.

Tendrá unos días que asumí la presidencia del Tribunal Superior de Justicia. Esta alta responsabilidad me compromete a dar lo mejor, redoblar los esfuerzos que he dado, redobla mi compromiso. Experimento felicidad, compromiso y responsabilidad.

— ¿Qué extraña de su niñez?

—A mis hermanos, siendo niños, a mis papás siendo jóvenes. Siempre he dicho que la personalidad de cada uno de nosotros como adultos deriva de nuestra niñez. Tuve una niñez muy feliz y eso se lo debo a mis hermanos.

—¿Ha sido difícil ser mujer?

—Un poco, porque tenemos una cultura donde se educa de manera diferente a un niño y a una niña. Pareciera que nos educan pensando que un hombre es más capaz que una mujer. Por mucho que uno como mujer vea un escenario difícil, debe decir: “¡No veo lo difícil, veo la parte que me va a ayudar, las capacidades, las características!”. Siempre habrá incon­venientes, trabas, eso no hay que verlo, uno debe ver cómo asumir las cosas.

—¿Cómo la ha acompañado la violencia en su vida, si es que ha existido?

—La violencia política y de género en el ámbito laboral sí me ha tocado vivirla. La he vivido más en el ser­vicio público. Yo no veía que fuese violencia, hasta que pasan muchos años y estas figuras empiezan a salir a la luz, a ser más conocidas y pienso: “¡Es justo lo que me pasaba!”. Sin embargo, por mucho que fuese difícil el escenario, me decía a mí misma: “Sí es difícil, pero tengo que poder”.

—¿Como mujer cuál ha sido el mayor reto en su vida?

—Es parte de un todo el hecho de concebirme mujer y por eso creer que no puedo lograr algo. Soy una persona de retos. A veces, cuando algo me cues­ta, pienso: “Ojalá venga un reto más difícil y a ver cómo me desempeño y si después viene algo más complicado, ¡quiero vivirlo!”, saber hasta dónde soy capaz, a nivel personal y como mujer. Ese ha sido el reto.

—¿Quiénes son sus aliadas o aliados en este proceso de ser mujer, de ser mamá, hija, hermana?

—He recibido muchísimo apoyo y mi vida ha caminado como hasta ahora por las mujeres. He encontra­do muchas respuestas en mujeres. Considero que, como muchas de nosotras, nuestro primer apoyo, primera fortaleza y primer ejemplo es nuestra mamá. En mis hermanas, en mis compañeras de trabajo.

—¿Cree que la situación ha cambiado para las mujeres?

—Ha cambiado mucho. Pero este cambio tiene que ver desde que en el núcleo familiar se educa de manera distinta, se empodera a las niñas. Ha cambiado mucho en el sentido de que hay muchas mujeres que no se ponen límites, que se ponen objetivos, que se preparan, que no por el hecho de ser mujer sienten que no pueden lograr algo.

Me parece que la sociedad ha generado un cambio importante y que vamos fortaleciendo el ámbito de las mujeres y el día de hoy encontrar titulares en los poderes del estado, en las instituciones, en los organismos descentralizados, en los autónomos, eso anima a seguir esforzándose.

—¿Desde su responsabilidad como presidenta del Tribunal Superior de Justicia, ¿qué hacer para que las mujeres tengan igualdad?

—Me desempeñé como magistrada integrante de la Sala Civil y Familiar. Ahí uno resuelve los asuntos y cada uno de ellos implica un ajuste a una familia; uno tiene que cuidar el asunto familiar, la situación integral y emocional de los niños, el estado emocional de los papás. La materia familiar es muy sensible, siempre traté de cambiar el escenario interior de una familia lo menos posible y juzgar cuidando a la familia. Desde este espacio donde estoy ahora, que ya no es una parte jurisdiccional, sino más de administrar, si bien no estoy en contacto con el trabajo jurisdiccional, sí puedo tener contacto con mis com­pañeros jueces, juezas, magistradas y consejeros de la judicatura.

Podemos ir generando desde la parte administrativa del Consejo de la Judicatura que nuestras acciones sean encaminadas a fortalecer la parte jurisdiccional y también es capacitación de conocimientos; sen­sibilizar que juzgar una materia civil y un asunto familiar no es lo mismo.

—¿Se arrepiente de alguna decisión?

—No, aun cuando he tomado algunas no acertadas. Una lección que siem­pre recuerdo en voz de mi papá es “Si no es una buena decisión o tuvo una consecuencia que no esperabas, no tienes más que asumir que fue tu decisión, asumir las consecuencias y resolver o minimizar los efectos”.

—¿Cuál considera que es una virtud de nosotras las mujeres o en su caso las suyas?

—Ver las cosas con ojos diferentes, ver la parte sensible y estricta me parece elemental, ser sororas.

—¿Un defecto?

—Soy olvidadiza; me gustaría no serlo.

—¿Cuál es su palabra favorita?

—Empatía.

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