Mercedes Ayala, heredera de una gran familia de artistas

Publicada Julio 2009 Edición 20

Abadías, ángeles, monjes, luz, aire, lluvia y movimiento, son algunos elementos de su obra pictórica.

El surrealismo es la corriente artística que más le llena, la que más le llama la atención, porque le permite plasmar en un lienzo sus sensaciones… se autocalifica como una mujer muy sensible, e incluso revela que admira mucho a las personas de su género, entre ellas Frida Kahlo.

Casi toda su vida la ha dedicado a las artes plásticas, pues el gusto por la pintura, la escultura, el grabado y la música es una tradición familiar. Su inquietud y su deseo de estar ocupada desde su infancia le permitieron descubrirse a sí misma y además la ayudaron para que en ningún momento se haya sentido “aburrida”, al contrario, siempre encontró una motivación para crear, explorar y desarrollar sus aptitudes.

Mercedes Ayala Gress recibe al equipo de Momento en su casa ubicada en el exclusivo fraccionamiento de Santa Elena, en el municipio de Panotla, para platicar sobre su vida, su desarrollo profesional y de sus expectativas.

– Mercedes es una persona que afortunadamente nació y creció en un ámbito de mucho arte, mi padre fue el maestro Carlos Ayala Vallarta y el contagio de costumbres y de creatividad se da en mí por esa cercanía tan estrecha con él. Todas las artes me encantaron desde niña, soy muy versátil, me gusta mucho la música y la danza clásica, narrar y escribir historias, y pintar.

Mercedes se acomoda en un sillón decorado de madera tallada y a sus espaldas emerge un jardín dentro de la misma sala, donde se alcanza a escuchar la caída de agua en una pequeña cascada artificial, lo que genera en el ambiente un clima de tranquilidad. En virtud de que su hermana es mayor que Mercedes, no tuvo la oportunidad de jugar con ella, pero eso no fue obstáculo para que encontrara la forma de divertirse a su manera.

“Jamás estuve aburrida en mi vida, no recuerdo momentos aburridos cuando fui niña, siempre estaba viendo qué hacer, construía alguna casa de puro cartón o de tablas y las dividía para jugar con mis muñecas”, rememora.

Mercedes es la cuarta de seis hijos del matrimonio que integraron el maestro Carlos Ayala y Amelia Gress. Cinco de ellos heredaron el gusto por la pintura.

– Aprendí mucho viendo a mi padre pintar, veía cómo combinaba los colores, me sentaba a su lado y me narraba lo que hacía a su manera, él tenía mucha creatividad y desarrollo en todo lo que era el arte.

Aun cuando Mercedes nació en Pachuca, Hidalgo, ella sólo vivió tres días en la Bella Airosa, pues de inmediato sus padres de trasladaron a vivir al Distrito Federal.

En la capital del país, Mercedes realiza sus estudios y es en la secundaria donde se inscribe en los talleres de artes plásticas que impartían “excelentes maestros de Bellas Artes, me gustaba y me fascinaba el modelado, el grabado, la acuarela… todo”.

Si bien Mercedes se casó a los 16 años de edad, el matrimonio no fue obstáculo para continuar sus estudios dentro de las artes pláticas, pues de la mano del maestro Antonio Valverde asistía a clases a Bellas Artes.

“Iba a mis clases con pañalera, caballete, paleta de mano, bastidor y bolsa de mano, tomaba dos camiones y a mis dos hijos, una niña de tres años de edad y otro de año y medio en ese entonces, pero nunca me impidió seguir adelante con mis objetivos, siempre había alguien que me ayudaba a bajar del transporte público y así me la llevé durante tres años. Afortunadamente había una guardería cerca de donde tomaba mis clases los lunes, miércoles y viernes”.

El gusto por la pintura fue cobrando cada día mayor auge hasta que un día Mercedes ya tenía muchos cuadros y su padre le propuso que los llevara a la galería para venderlos.

Mercedes llevó un par de pinturas a la galería y al cabo de un mes y medio se vendieron los dos por la cantidad de 800 pesos cada uno, “con lo cual comprobé que mi trabajo era del gusto de la gente”. A partir de ese hecho se convenció de que ese era el camino a seguir, sobre todo porque siempre le gustaron las artes.

Las obras de esta pintora que hoy día asegura que es tlaxcalteca por adopción, ya que lleva 28 años radicando en la entidad, se expusieron en el Jardín del Parque España, en el Jardín Sullivan –el cual fue fundado por su padre junto con el maestro Raúl Anguiano– y en el fraccionamiento donde vivía en Satélite.

Incluso pidió permiso para exponer sus obras en el jardín de la iglesia que estaba cerca del fraccionamiento donde vivía y posteriormente impartió clases de pintura en cinco academias.

– Mi primera exposición formal fue en 1976 en la Casa José Martí –ubicada entre la Avenida Juárez y la Alameda Central, a un costado de Bellas Artes– y desde entonces no he parado de exponer al público mis obras.

– Tendría 12 años de edad cuando pinté un cuadro ya en serio, más guiado.

– Dije: no puede ser, yo daba de saltos. Para mí fue muchísimo (dinero), siempre me había ayudado con la venta de perfumes u otros accesorios para equilibrar un poco el gasto, pero la venta de mis cuadros fue bastante halagador y bastante bien pagado.

– Un cuadro era de flores y el otro de un paisaje de mi imaginación.

– Me gusta el surrealismo y ese es el tema que abordó en mis obras, aunque sé hacer todas las vertientes de las artes plásticas como acuarelas, grabado, modelado, escultura, en fin.

Aunque su maestro le aconsejaba que explorara todos los campos de las bellas artes para descubrir qué era lo que más le gustaba, Mercedes revela que desobedecía los consejos de su mentor y “hacía cosas muy mías, muy de dentro de mí, cosas imaginadas y no vistas, lugares míos, ideas mías, cielos míos y personajes míos”.

Sin embargo, Meche –como le dicen sus allegados– tuvo que explorar todas las temáticas de la pintura como son los bodegones, flores, paisajes, marinas y figuras.

“Después de explotar todas las temáticas de la pintura, el surrealismo fue el que más me llenó y aunque también trabajé lo abstracto, a mí no me motivó en lo particular, aunque de repente hago algunas obras minimalistas”, relata.

El trabajo pictórico de Mercedes Ayala ha traspasado fronteras, ya que ha tenido la oportunidad de exponer su obra en galerías importantes a raíz de su participación en la muestra denominada “Pasión por Frida” en el Museo Diego Rivera en 1991.

“Llevé mi temática y gustó mucho; mi obra fue incluida en una exposición itinerante que duró casi tres años recorriendo museos en Inglaterra, Italia, Francia, Estados Unidos, Canadá, Argentina y no recuerdo qué otros países más”.

De manera individual ha expuesto su obra en Sevilla y Ávila, en España, y en puerta está llevar su trabajo a Madrid y a Nueva York, en este último caso en la segunda quincena de marzo de 2010, en Gallery Jordite 413, West 50th. También exhibirá su obra el 7 de julio en la Camara de Diputados del Congreso de la Unión.

Meche comenta que el contacto de Nueva York lo hizo una curadora de arte de esa ciudad estadounidense a través de su página en internet www.magress.com.

– Es algo que me sale en automático, la mente de uno se vuelve fotográfica. Lo más importante es imaginar, visualizar y plasmar una idea, suena sencillo, pero implica todo un proceso para desarrollar una mente fotográfica.

Empero, incursionar en el surrealismo requiere para el pintor documentarse sobre el tema que va a plasmar en el lienzo, así como desarrollar aspectos metafísicos, esto es, de conocimiento interior del artista.

Por ejemplo, muestra una pintura en la que se ve una abadía en la que un monje camina en medio de cuatro columnas, las cuales son distintas.

“Para realizar esa pintura tuve que estudiar sobre teología e imaginé a mi manera una abadía que me gustó mucho en Francia”, rememora.

El proceso que sigue Mercedes Ayala para pintar obras surrealistas lo describe de la siguiente manera:

“Primero debo imaginar el cuadro que quiero pintar para sentir lo que estás visualizando, luego hago un recorrido mental y le voy dando vida a eso que se te ha quedado grabado como una fotografía y posteriormente te pones frente a tu caballete con un lienzo en blanco para sacar lo que tienes dentro de ti”, explica mientras cierra sus ojos de color verde.

“El pincel es la extensión de la mano que sale de dentro de uno, no de fuera, no es exterior, es interior y es del alma, yo así lo siento y por eso hago de repente lo que hago”, continúa su monologo con los ojos cerrados.

Tras realizar esta explicación, la artista reconoce que el surrealismo es escaso entre los pintores, en gran parte porque lo clásico es más visible, pero cita a un grupo de creadores que han destacado en el estilo que más le gusta.

Algunos artistas sobresalientes en el surrealismo son René Magritte, Yves Tanguy, Paul Delvaux, Salvador Dalí, Leonora Carrington, Remedios Varo y Giuseppe Archibald.

“El surrealismo es atrevido, porque traspasa lo que aparentemente uno ve. Ese es mi mensaje y por eso lo hago, siempre he querido comunicar, mi cuadro habla, dice algo. Me encantan los monjes vestidos de blanco, azul, negro, morado, ubico al monje como un sacerdote que tiene sabiduría de experiencia acumulada en el alma”.

“En mis cuadros trato de comunicar algo, mis cuadros tienen luz porque hablo de la luz que sale de adentro, de la capacidad del desarrollo de la inteligencia, de la pureza de la luz, de ese aspecto interior”.

– Falta mucho por hacer, tengo muchas metas, muchos proyectos, pero me siento a gusto con lo que hago, porque realizo lo que más me gusta y lo que más me llena, me encanta hacer ángeles desde hace más de 30 años, antes no estaban de moda, se pusieron de moda hace 15 años.

Me gustan los ángeles porque son de luz, mis figuras son semitransparentes, medio cuerpo transparente y lo demás no, porque la vida y la muerte de un ser son lo mismo.

“Tan bello es un nacimiento como bella es una muerte, la muerte es para continuar en este aspecto, uno se transforma, la materia se transforma”.

– El surrealismo no es fácil porque hay que conocer la temática, todos los surrealistas que han existido a la fecha en su mayoría eran conocedores de un desarrollo interno del ser humano. Remedios Varo, Leonora Carrington, Sofía Bassi, Salvador Dalí fueron conocedores de amplias religiones y sus cuadros comunican algo porque lo expresado les salió del alma”.

– Ya perdí la cuenta, antes no los tenía registrados porque no existía la fotografía digital, ahora hasta con el teléfono celular los voy catalogando.

El desaparecido muralista tlaxcalteca Desiderio Hernández Xochitiotzin definió a Mercedes Ayala como una artista de alta sensibilidad como corresponde al ser heredera de una gran familia de artistas.

Meche, como le llamamos fraternalmente, es una artista de un dominio plástico magnífico y su obra ha creado la grandeza de nuestros paisajes nacionales y con gran cariño el de nuestra tierra tlaxcalteca, recreándonos con emoción aquellos monumentos novohispanos, templos, conventos, casas, solariegas, cargadas de años e historia y entre sus muros carcomidos de siglos, las esplendorosas bugambilias o jacarandas, así como esas fuentes de chorros de agua cristalina bajo un sol esplendente”

Q.D.E.P. Mercedes Ayala Gress

José Carlos Avendaño Flores
Fotografía: Narciso Palma

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