Geovanny Pérez López – Resistir, insistir, persistir y nunca desistir.

Nombre: Geovanny Pérez López

Profesión: Estudiante del Doctorado Interinstitucional de Derechos Humanos, Maestra en Educación Abogada. Facilitadora en resolución de conflictos

Cargo: Consejera Consultiva de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Tlaxcala

Estado civil: unión libre

Edad: 36 años

Hijos: tres hijas

La rebeldía que tuvo desde niña hoy es una de sus grandes fortalezas. Conoció la violencia a través de historias de mujeres. Considera que el sistema patriarcal es responsable de que las mujeres crean el mito de su incapacidad.

No es para nada una servidora pública de escritorio, pues la comisión que preside, de Educación, Derechos Humanos y Cultura de la Paz, le da la posibilidad de salir y capacitar sobre un tema que le parece indispensable para escuchar y luego proponer.

—¿Cómo se siente ahora en el cargo que ocupa?

—Me gusta, porque estoy haciendo lo que siempre he hecho, que es trabajar por los dere­chos humanos, ahora desde el servicio público.

—¿Qué extraña de su niñez?

—Nada. Mi niñez fue muy feliz. La libertad que ahora vivo es parte de esa niñez.

—¿Ha sido difícil ser mujer?

—Desde niña fue muy complicado el cuestio­namiento permanente: “¿Por qué te subes a los árboles?”, “¿Por qué quieres estudiar derecho?”, “¿Por qué quieres tal cosa?”. Siempre he elegido esta rebeldía que traigo desde niña, para ge­nerar cambios en lo que no estoy de acuerdo.

Desde la infancia ha sido batallar con mi nombre. Porque no se espera que dentro del nombre ‘Geovanny’ aparezca una mujer. Mi mamá, al elegirlo, dijo: “¡Quiero que seas di­ferente!”. A partir de ahí traigo una historia bien definida de ser diferente.

—¿Cómo la ha acompañado la violencia en su vida?

—En mi familia no viví violencia, mi hogar ha sido muy amoroso. Mi mamá insistía en decir: “No tienes por qué marcar diferencia entre hombres y mujeres; puedes hacer lo que tú creas y lo que tú quieras. No puedes permitir que haya violencia hacia ti, pero tampoco hacia otras personas”. Conocí la violencia a través de historias de otras mujeres, lo cual me parece injusto. Creo que, si en mi hogar no viví violencia, puede haber muchos hogares libres de violencia.

—¿Como mujer cuál ha sido su mayor reto de vida?

—Ser madre a partir de la construc­ción social que se tiene del maternaje; conciliar lo profesional, familiar y la demanda de tiempo y educación para mis hijas, porque mientras estudiaba y trabajaba, ya tenía hijas.

—¿Quiénes son sus aliadas o aliados en este proceso de ser mujer, compa­ñera de vida, madre, profesionista?

—Mi familia y mi compañero de vida. Todas mis hermanas, mis compañeras.

—¿Cree que las cosas han cambiado para las mujeres?

—Se ha avanzado, pero se sofistica un poco más la violencia. Se hacen más visibles situa­ciones que antes no. Pareciera que entre más avanzamos y los derechos avan­zan, más violencia hay. Tiene que ver mucho este sistema que no permite que las mujeres gocemos plenamente de nuestros derechos.

—Desde su entorno en esta institución, ¿qué hacer para que las mujeres puedan tener mayor igualdad?

—Trabajar en la con­ciencia a la ciudadanía en general, el diálogo, la comunicación, en otras formas de relacionarnos como seres humanos, por­que se cree que hay asuntos específicos para las mujeres, que debemos ocuparnos de nuestros derechos y que somos responsables de que sucedan en la realidad, y no es así. Generar conciencia de que mientras las mujeres podamos gozar de nuestros derechos, se verá reflejado en un desarrollo colectivo, no solo para las mujeres.

—¿Se arrepiente de alguna decisión?

—No, de ninguna. He tomado malas decisiones, pero han sido experiencias de lo que no debía hacer. Importante es no repetir esa mala decisión.

—¿Cuál considera que es la mayor virtud que tenemos las mujeres?

—Ser inteligentes y capaces. Sobre todo esa capacidad de persistir, de estar insistiendo y seguir creyendo que podemos.

—¿Un defecto que considere tene­mos las mujeres?

—No sé si podría decir que hay un defecto de las mujeres. Consideraría que viene de lo que el sistema pa­triarcal me ha hecho y nos ha hecho creer: que como mujeres no somos capaces de hacer muchas cosas.

—¿Cuál es su palabra favorita?

—Lo que tú creas, lo puedes hacer.

—¿Nos puede platicar acerca del trabajo que desarrolla en la Comi­sión Estatal de Derechos Humanos?

—Estoy a cargo de la Comisión de Educación, Derechos Humanos y Cul­tura de Paz. Mi trabajo ha abarcado la parte interna y externa de la Comisión, porque para quienes hacemos las ins­tituciones también es importante un trabajo personal que se vea reflejado al atender a las personas. En ese sentido, he realizado diagnósticos, dedicado a proponer capacitaciones que más que solo brindar teoría han sido procesos de sensibilización y formación donde nos escuchemos como personas.

No soy servidora pública de escritorio; es importante el trabajo de escritorio y arrastrar el lápiz me encanta, porque soy analítica, pero las principales cosas que puedo hacer son salir, escuchar, ver, sentir lo que pasa, para ponerme a escribir y proponer. He ido a escuelas, ayuntamientos, con servidores y servidoras públicas de diversas instituciones y de manera interna aquí en la Comisión. Agradezco que las comunidades abran sus espa­cios, porque hay comunidades donde ya no creen en las instituciones y se les hace extraño que llegue alguien a la comunidad a escuchar, proponer cómo resolver alguna situación o a brindar información.

Marisol Fernández Muñoz
Lucero Ivonne Peña Jiménez
Fotografía: Federico Ríos Macías

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