Triunfos, sueños y visión de vida – Marcela González Castillo

En una interesante conservación que sostuvo la Revista Momento con la diputada Marcela González Castillo, conocimos más sobre ella, en términos personales y profesionales. En esta charla se abrió a nuestros lectores y nos platicó sobre sus triunfos, sueños y visión de vida.

—Háblenos de usted, ¿Cómo se describe Marcela González, la mujer?

—Para empezar, debo decirte que me da gusto poder dirigirme a tus lectores. Me considero una mujer alegre, independiente, libre, activa, firme y amorosa.

Me gusta leer sobre desarrollo personal, cuidar mi mente, cuerpo y alma; cuido mi alimentación y mi salud. Me encanta la naturaleza, cocinar, pasar tiempo con mi familia y creo en el poder de las palabras.

Estudié administración de empresas y por eso me gusta mucho la planeación. Soy una mujer metódica y ordenada.

—¿Cuáles considera que han sido los momentos que han marcado su vida?

—Para mí, como para muchas mujeres, ha sido impor­tante encontrar el equilibrio entre mi familia y el trabajo.

Les platico que cuando iba en la universidad, yo trabajaba y estudiaba al mismo tiempo, por lo que terminar y haberme pagado mis estudios ha sido de las mayores satisfacciones de mi vida. Esto me ayudó a formar mi carácter y saber que cuando te propones algo, lo puedes lograr.

Vengo de una familia en donde me criaron de forma tradicional; me enseñaron a llevar las responsabili­dades del hogar y a preservar la estabilidad entre los miembros de mi familia. Cada miembro de la familia tiene un lugar.

Conocí a mi marido cuando cursábamos la prepa­ratoria y desde entonces Alfonso, además de ser mi pareja, es mi mejor amigo; después de la preparatoria nos hicimos novios y ocho años después nos casamos.

Después de tres años de matrimonio, nació Alfonso, mi primer hijo. En ese momento decidí ser mamá de tiempo completo; poder elegir fue una bendi­ción, porque dedicarme a estar con él y con Esteban, mi segundo hijo, fue una etapa muy bonita que disfruté mucho.

Otro recuerdo que me hace pensar en cosas significativas de mi vida es el aprendizaje que logré al colaborar con el doctor Alfonso Sánchez Anaya y la licenciada Maricarmen Ramírez, quienes fueron para mí una gran escuela.

Estar cerca de ellos me permitió aprender mucho. Entre los grandes aprendizajes de esa época está el que cuando eres honesto, tienes voluntad y sabes trabajar en equipo, se pueden hacer grandes cambios para ayudar a otras personas.

Uno de los momentos que marcaron mi vida fue disfrutar la experiencia de ser la coordinadora política en la campaña de nuestra hoy gobernadora, Lorena Cuéllar Cisneros. Eso me permitió conocer a una mujer com­prometida y con un amor profundo a Tlaxcala; te quiero platicar que ella no me conocía y sin conocerme me dio su confianza y cariño. Es una mujer con mucha experiencia. Ella ha sido una gran maestra para mí y ha sembrado en muchas mujeres la semilla de que nosotras podemos ser factor de cambio.

—Como una mujer de éxito, ¿qué consejo podría dar a las mujeres tlaxcaltecas?

—Les aconsejo tomar en sus manos su destino, no permitir que nada ni nadie decida por ustedes, porque cuando crees en ti y sigues a tu corazón, puedes lograr cualquier cosa que te propongas.

—¿Cuáles considera sus mayores fortalezas y cualidades?

—Mis mayores fortalezas son la perseverancia, la constancia, la dis­ciplina; soy una persona con energía y curiosidad y no olvido que estamos en este mundo para hacer lo mejor.

—¿Cuál es su misión de vida?

—Mi misión es contribuir al bienes­tar, trabajar por la comunidad en la que vivo y por el cuidado del medio ambiente. Creo que en la medida en que tomemos buenas decisiones, podemos generar el bien común, porque creo que si le va bien a los demás, te va bien a ti; y si cuidamos y respetamos nuestro ambiente, nos va bien a todos.

—Como diputada local y al tener la responsabilidad por dos años conse­cutivos en la Junta de Coordinación y Concertación Política del Congreso del estado, ¿cuáles considera que han sido sus logros personales?

—Mira, la política es un oficio muy noble que nos permite servir, y ser diputada es una gran responsabili­dad, ya que las leyes que creamos y reformamos tienen impacto sobre la vida de miles de personas; saber que cada ley y cada reforma implican decidir sobre la vida y actividades de los demás, es una responsabilidad que he aprendido a llevar con orgullo.

Cuando llegué a la Junta hubo mucha especulación y diversas expectativas sobre mí; sin embargo, creo firmemente que el compromiso y el trabajo siempre dan buenos resultados y la producti­vidad del Congreso impulsada desde la Junta, da cuenta de ello.

Es un honor ser presidenta de la Junta y, con ello, ser la primera mujer en la historia del Congreso del estado en ser reelecta para dos periodos consecutivos. Justamente por ello agradezco la confianza y el respaldo de mis compañeras y compa­ñeros diputados, sobre todo porque muchos de ellos cuentan con amplia experiencia política.

Esta legislatura ha sido muy especial, porque es la legislatura del diálogo respetuoso, de la eficiencia y la productividad; una legislatura transformadora y con visión de futuro.

—¿Cómo se ve en el futuro?

—Me veo haciendo lo que más me gusta, buscando las mejores condi­ciones de vida para las personas. Soy una persona que se ve buscando el bien común, independientemente del lugar o espacio donde me encuentre. Estoy segura de que la vida me ha colocado en esa ruta.

—Ya que usted le apuesta mucho al cuidado del medio ambiente, ¿qué legado deja a Tlaxcala en esa materia?

—Esta legislatura le dejará a Tlaxcala el marco normativo ambiental más moderno de México; esto es gracias a la confianza de las y los diputados que han acompañado estas propues­tas, para conservar nuestros recursos naturales e impulsar una conciencia colectiva que nos permita heredarle a nuestras hijas e hijos un mejor planeta.

—¿Nos regala un mensaje final para los lectores de la Revista Momento?

—Quiero agradecerles por haberme dado la oportunidad de estar en sus casas a través de la revista. Mi mensaje final es el de invitarlos a encontrar la felicidad en los pequeños detalles.

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