Víctor Manuel Díaz Díaz: tres décadas de compromiso en las aulas

Hace treinta años, Víctor Manuel Díaz Díaz comenzó su trayectoria como catedrático de la Facultad de Ciencias Económico Administrativas, de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT). En estas tres décadas ha contribuido a la formación de cientos de jóvenes, muchos de los cuales se han colocado en importantes cargos de la iniciativa privada.

Aún refulge en la memoria de este contador público las palabras que escuchó la mañana del 2 de agosto de 1993, cuando inició su andanza, apuntalada en una experiencia previa en la actividad magisterial.

ENSEÑANZAS TEMPRANAS

La docencia fue una actividad que Díaz Díaz practicó desde que se encontraba en la licenciatura: “Cuando era estudiante, en el octavo semestre, un amigo de la universidad me hizo una invitación para dar clases en una academia”.

Afirma que desde que era estudiante, en los primeros años de la universidad sentía la inquietud de exponer, de dar un tema cuando el profesor se lo pedía.

“Ya sentía ese gusto por exponer o dar una explicación. Cuando me hace la invitación mi amigo, no dudo y acepto. Me incorporo a una academia en Apizaco, en el primer año y medio. Veo que me gusta, aunque no tenía la preparación pedagógica para dar una clase; sin embargo, tomé el ejemplo de muchos de mis maestros y traté de imitarlos, pero con mi propia forma de ser”, rememora.

Poco tiempo después, una amiga lo invitó a incorporarse al Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), el organismo del gobierno federal encargado de alfabetizar a personas que por alguna u otra razón dejaron de acudir a la escuela o no tuvieron la oportunidad de ir a una.

“Eran personas mayores que vivían en pueblitos, que tenías que ir a darles clase. Sentí ese gusto, esa alegría, esa pasión por transmitir conocimientos, pero más que nada para ayudarle a las personas, sobre todo a la gente mayor, de enseñarles a escribir, a que supieran expresar aquello que no podían hacer, porque no sabían escribir o no sabían el alfabeto”, rememora.

EL QUE HACER DEL CONTADOR PUBLICO

Años más tarde, preparó la tesis para titularse como contador público, siendo asesorado por Ricardo Guzmán.

“Cuando me asesora, veo cómo le gustaba mucho transmitir sus ideas, sus conocimientos. En ese periodo supe que él era secretario académico de la Facultad de Ciencias Económico Administrativas. Fui a saludarlo y le pregunté si había la oportunidad de dar clases en la facultad, porque cuando egresé, yo tenía esa convicción de regresarle a mi escuela algo de lo mucho que aprendí”, indica.

Fue así como tuvo una oportunidad de impartir una materia, por la que se considera “eternamente agradecido”, tanto con este profesor, como con el contador Enrique Nava, quien en ese momento era director de la facultad.

La fecha la tiene grabada a fuego en la memoria. Así lo relata:

“Claramente me dicen un 2 de agosto de 1993: ‘Víctor, te damos la oportunidad’, no sin antes cuestionarme, hacerme exámenes y si tenía la capacidad de hacerlo. Me dicen: ‘Vas por un semestre y una materia’. Yo estaba muy contento, feliz.

“Regreso a mi casa muy emocionado, pero cuando me dicen a qué grupo le iba a dar clase, sentí nervios, porque era un grupo de séptimo semestre, que ya tenía un gran avance, casi tres años y medio de la carrera.

“Para mí fue un reto. No pude dormir esa noche, porque iba a dar clases al día siguiente. Sentí mucha emoción; para mí los retos son los que me gustan. A partir de allí tuve la gran oportunidad de incorporarme a la facultad, no solamente por una materia o un semestre, sino que ahora ya son 30 años que estoy por cumplir este 2 de agosto”.

—¿Qué es lo que más recuerda de ese 2 de agosto?

—Primero, tenía mucho nervio. No sabía cómo prepararme o vestirme. Tuve en la mano el programa. Es algo que me gusta, es una materia que hasta la fecha estoy dando, que es una materia de finanzas. Leía, me preparé, pero no sabía cómo llegar al grupo, cómo expresar mis ideas, cómo presentarme, pero ya cuando estuve frente a los alumnos, me desinhibí totalmente, porque me ayudaron mucho las tablas de haber dado clases en una academia y en el INEA.

“Ya tenía el fogueo y sentí esa emoción; a partir de entonces fui otro, porque cambió totalmente mi perspectiva de cómo era como persona. Ya era catedrático y eso me ayudó muchísimo”.

—¿Se vio así, a 30 años, dando clases?

—Cuando egresé de la facultad, tenía la convicción de regresarle algo de lo que había aprendido y sí me prometí que iba a regresar, ya no como alumno, sino como maestro, cosa que cumplí, pero déjeme decirle que no tenía esa idea de cumplir 30 años. Sí me gusta, me encanta, me fascina lo que hago, aunque nunca pensé llegar a 30 años, le soy honesto. Pero estoy aquí.

—¿Qué le ha dejado como experiencia esta trayectoria de 30 años?

—Déjeme decirle que, efectivamente, ya son muchas generaciones, pero más que nada es la satisfacción enorme, desde el momento en que uno se levanta temprano, prepara sus cosas, está preparado en conocimientos, sabe de qué va a hablar y llegar a la facultad y que los alumnos te saluden, o que a veces hasta personas que no son tus alumnos, te den un saludo. Eso es muy bonito y, sobre todo, el reconocimiento que posteriormente te hacen saber cuando concluyes un programa, un curso, y te agradecen, te dan palabras de aliento. Es maravilloso todo eso en la actualidad.

—¿Alguna experiencia significativa con algún alumno?

—Me siento muy contento de que muchos de mis exalumnos, donde quiera que me llegan a encontrar o tengo la oportunidad de estar, ya sea en el banco, en una empresa, en un despacho, en cualquier lugar, me den su saludo, un abrazo, e incluso me llegan a presentar a su familia.

En este punto, hay una anécdota que trae a colación, por lo representativa. En cierta oportunidad, mientras comía con un amigo en un restaurante, se encontró con un grupo de jóvenes. Uno de ellos se acercó hasta el lugar donde Víctor Díaz departía:

“Me toca el hombro y me dice:

—Víctor Manuel Díaz Díaz.

“Si algo tengo es que me acuerdo perfectamente de la mayor parte de los nombres de mis alumnos o de su fisonomía. Volteo y le contesto:

“—Qué tal, Víctor, cómo estás. Me da gusto saludarte.

“—Cómo olvidar a mi maestro. ¿Puedo invitarle algo?  

“—Lo que gustes, Víctor.

Amablemente le invitó una copa. El joven añadió: “Siempre lo voy a recordar”. Para ese momento, su joven exalumno tendría unos ocho o nueve años de haber egresado de la facultad.

“—Yo me acuerdo de usted, porque nos insistía mucho en la forma de hablar, cómo expresarnos, cómo pedir las cosas, cómo pedir un trabajo. Me acordé de usted, de cómo hablar, de cómo pararme, de cómo expresarme y de cómo hablar y de vestirme. Sabe con quién está usted hablando.

“—Con Víctor Manuel, mi tocayo.

“—Está usted hablando con el gerente general de Kimberly-Clark, y le debo a usted esa parte, porque siempre nos decía que teníamos que llegar puntuales, bien presentables, hablar en presente, y eso me marcó mucho, maestro

En ese reencuentro, profesor y alumno mantuvieron una charla de al menos dos horas.

“Así como esa, tengo muchísimas anécdotas que me emocionan, porque siento que dejamos una esencia de nosotros como personas, pero también como profesionistas”, agrega Víctor Manuel Díaz.

MAYOR PREPARACIÓN

En 1999, Díaz Díaz se matriculó en una maestría. Era un momento “muy difícil, crucial en mi vida. Aunque ya tenía un trabajo bueno, me matriculé con la inquietud de aprender más y de prepararme profesionalmente, sobre todo porque ya daba clases. Recuerdo que mi maestro, el Dr. Reyes Huerta, me dijo: ‘El que estudie usted una maestría le va a cambiar la vida’.

“Yo me quedé pensando: ‘Sí, ojalá. Dios quiera que sí’, pero pasaron como dos o tres años después de que terminé la maestría y no veía un cambio en mi vida. De repente, un día, mi amiga, la senadora Minerva Hernández Ramos, me manda llamar y me da la gran oportunidad de ser el director administrativo del Instituto de Catastro. Para mí fue un boom increíble, porque hasta después de mucho tiempo llegó esa buena noticia.

“A partir de entonces siguieron los grandes trabajos, las grandes satisfacciones, tanto en la administración pública, como en la privada”.

—También incursiona como empresario, por llevar un despacho contable.

—Déjeme comentarle que mi esposa trabajaba en una constructora y cuando nos casamos, ella decidió dedicarse al cien por ciento a nuestras hijas, pero sin descuidar la parte del trabajo. Ella tenía ese despacho, lo había iniciado. En ese entonces compagino mi trabajo en la administración pública, junto con ella en el despacho y a partir de entonces fortalecemos la parte administrativa, contable, financiera, fiscal y como apoyo.

“Ahora con los clientes, con las empresas, es una gran satisfacción, porque me uno a mi esposa y hacemos este despacho Díaz Paredes y asociados”.

COMPROMISO Y RESPONSABILIDAD

Díaz Díaz refiere que un amigo le confió en alguna ocasión que el contador y el cura saben los pecados de sus clientes o de sus amigos. Un contador es muy importante para ayudarle a un empresario a llevar una excelente contabilidad, administrativa, contable, fiscal y financieramente.

“También decirles a los clientes que paguemos nuestros impuestos, pero más que nada es la satisfacción de llevarle una contabilidad a un cliente de manera ordenada, pulcra, puntual, para que se sientan contentos, de que sus negocios en ese aspecto van bien, no tengan que preocuparse. Ellos se dedicarán a su trabajo, pero nosotros nos dedicaremos a la parte administrativa, contable y fiscal; que ellos tengan que pagar sus impuestos, pero que estén tranquilos, que todo esté en orden.

—Como maestro, ¿cuál es la parte humana que enseña a los alumnos?

—No solamente es como maestro llegar a la universidad, pararse y hablar; también tenemos que transmitirle al alumno que sienta el gusto de por qué está en la universidad. Si le gusta, que tenga la gran capacidad, los conocimientos, las habilidades para que puedan desarrollar, cuando egresen de la carrera.

“También nosotros debemos ser muy humanos, comprensibles con los alumnos, escucharlos, porque a veces, como alumno, tenemos grandes inquietudes y queremos expresarlo, pero también como maestros podemos ayudarles”.

¿Cuál es el consejo que usted le da a sus alumnos?

—Que se sigan preparando, que independientemente de que algún día logren todo lo que se propongan, sean siempre personas sencillas, humanas, porque se está perdiendo esa sensibilidad en las personas hoy en día. Puedes llegar a ser un excelente profesionista, pero a lo mejor como persona, como ser humano, te quedes por debajo de eso. Necesitas concientizar todo lo que está pasando a nuestro alrededor. Debemos preocuparnos prácticamente de todo.   

—¿Qué le preocupa a un maestro?

—Me preocupa que cuando llegue a clases, no estén mis alumnos, por alguna situación. Que uno ponga su mayor esfuerzo, pero los alumnos no sientan esa emoción y entonces ver en las calificaciones una baja de promedios. Sí me preocuparía, porque pensaría que no estoy cumpliendo con mi trabajo.

—¿Qué consejo les daría a sus alumnos?

—Que sean unas personas que cumplan, que sean profesionistas puntuales, responsables, que cuiden mucho su imagen, porque dicen que como nos ven nos tratan en la vida profesional; que seamos muy honestos y que salgamos a la calle sin deberle nada a nadie.

—¿Cuáles son las materias que imparte?

—Son bastantes las que he impartido, pero más que nada me inclino por el área de finanzas. También he dado Contabilidad I, Contabilidad intermedia, Contabilidad financiera, Contabilidad gerencial, Autorrealización, que es una materia muy bonita, que me gusta, porque les hago ver a mis alumnos cómo ser de una manera diferente. Aunque estudiamos contabilidad, ellos pueden hacer obras de teatro y a mí también me encanta la actuación, pero ellos pueden transmitir a través de un tema, los valores, los principios, los problemas que a veces se encuentran en la vida.

—¿Qué es la contabilidad?

—Un conjunto de procedimientos y mecanismos técnicos que nos van a permitir registrar, clasificar, presentar, criticar, interpretar los estados financieros de una persona física y que le van a afectar su patrimonio, indiscutiblemente.

Y si tuviera que definir la contabilidad de la vida, ¿Cuál sería?

—Yo creo que tenemos siempre que cargar con buenas ideas, con buenos sentimientos, con valores y abordar y transmitirles a las personas lo que uno es, porque creo que hace falta mucho en este mundo actual que tengamos que transmitirles valores, principios, respeto a las personas. De qué te sirve que seas un gran profesionista, si a lo mejor pisoteas a las demás personas para lograr lo que te propongas.

—¿Cuáles son sus hobbies? ¿Qué le gusta?

—Me gusta mucho convivir con la familia. Me encanta salir a divertirme con mi familia, con mis hijas, Karla Ivanna Díaz Paredes y Ximena Alexandra Díaz Paredes, con mi esposa, Emma Paredes Ahuatzin.

“Ir a comer, ir a lugares que a lo mejor no habíamos conocido o que ya habíamos conocido, pero volvemos a ir. Me encanta ver películas; también me encanta comprar mis libros para seguir preparándome, saber lo que voy a platicar con mis alumnos a través de mis experiencias”.

—¿Practica algún deporte?

—Hace muchos años practiqué un deporte muy bonito, pero por falta de estatura y de complexión, no me dediqué al cien por ciento; siempre me ha gustado la lucha libre y el futbol. Practiqué la lucha libre. Conocí muchos luchadores de antaño y esa es una enorme satisfacción de haber conocido a gente que vi en televisión; los tuve enfrente, como la tengo aquí a usted y platicar con gente de otros lugares, como es el Toreo de Cuatro Caminos. Conocer a muchos luchadores era para mí una emoción muy grande que siento aún; todavía me fascina ese deporte, pero ya no lo practico.

—¿Quién es su ídolo?

—Indiscutiblemente El Santo. El Santo fue mi ídolo, porque aparte de ser un gran personaje, siempre supe que era un gran ser humano. Por eso le digo que aunque llegue uno a ser grande, nunca se debe perder la esencia como persona, como ser humano, porque eso hace más grande a la persona.

Si tuviera que haber escogido entre ser luchador y contador…

—Pues definitivamente me hubiera encantado las dos cosas, pero por falta de estatura y de complexión me quedé con la de contador.

—¿Algún mensaje que quiera compartir con nuestros lectores?

—Agradecerle de antemano esta entrevista, porque siento una gran emoción cumplir 30 años y espero que sean más; 30 años se dicen fácil, pero son muchas experiencias, también sufrimientos, a veces dejar a la familia, salir, pero con una gran satisfacción de transmitirle conocimiento a las nuevas generaciones.

“Me siento muy orgulloso y agradecerle infinitamente la gran oportunidad que me dieron mis maestros. Tomé muchos ejemplos de algunos de ellos, pero sobre todo agradecerle a la UAT, y en especial a la Facultad de Ciencias Económico Administrativas, que me dio el parteaguas para que hoy pueda cumplir un sueño muy hermoso y, sobre todo, cumplir 30 años como catedrático de esa facultad”.

Marisol Fernández Muñoz
Yassir Zárate Méndez
Fotografía: Federico Ríos Macías

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