¿Es posible que los totonacas hayan sido los constructores de Teotihuacán?

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Publicada Diciembre 2009 Edición 25

«La etnia tutu-naku (totonaca) es la que tiene mayor número de posibilidades de haber sido la creadora del gran emporio llamado Teotihuacán”

El resultado de las ya numerosas investigaciones de arqueólogos nacionales y extranjeros ha sido la convergencia de varias hipótesis y propuestas teóricas sobre la historia y cronología de tan extraordinarios monumentos. Una de ellas sostiene que la influencia olmeca es muy importante en los majestuosos detalles de las construcciones teotihuacanas.

En esta exposición pretendemos dar a conocer a ustedes la hipótesis que propone Carlos Caballero respecto a la etnia que él considera construyó la ciudad milenaria de Teotihuacán. Pero antes, vamos a recordar quién es Carlos Caballero.

En el pasado número de octubre, José Carlos Avendaño, director editorial de nuestra revista, narró puntualmente la vida y acciones de Carlos Caballero, ingeniero químico agrícola por la Universidad de Louisiana, Estados Unidos. Ahí se destacaron las actividades silvícolas de nuestro libre pensador. Primordialmente su labor para transformar un terreno totalmente erosionado en un bosque, en el municipio de Tlaxco.

En aquella ocasión también se hizo alusión, modestamente, a los trabajos de investigación histórica de nuestro personaje referente a la cultura tutu-naku (totonaca) en las comunidades de la Sierra Norte de Puebla y en Veracruz. Ahora nos toca dar a conocer, de forma más precisa, su indagación arqueológica y las conclusiones a las que ha llegado.

Una de las hipótesis que propone Carlos Caballero sostiene que “la etnia tutu-naku (totonaca) es la que tiene mayor número de posibilidades de haber sido la creadora del gran emporio llamado Teotihuacán”.

¿PERO QUIÉNES SON LOS TUTU-NAKU?

Tutu-naku, nos explica Caballero, es el nombre original de la etnia mexicana conocida como totonaca. En su lengua original, continúa, el tutu significa tres y el naku se deriva de la partícula nak, que indica algo vital y espiritualmente profundo.

Su postulado respecto a que los tutu-naku (totonacas) tienen mayor número de posibilidades de haber sido los constructores de Teotihuacán lo respalda con la premisa de que fueron ellos quienes arribaron a ese sitio previo a la era cristiana, antes de la llegada de los grupos hablantes de la lengua náhuatl.

TEOTIHUACÁN

Los parlantes de habla náhuatl, plantea nuestro estudioso, arribaron al sitio en cuestión aproximadamente hacia el siglo V de la era cristiana para dominar y esclavizar a los tutu-naku o totonacas que ya habitaban el lugar.

Fue entonces que, huyendo del yugo de sus opresores, los totonacas marcharon hacia el actual Veracruz e iniciaron la construcción del hoy llamado complejo arquitectónico del Tajín. Posteriormente, durante el siglo XII después de Cristo, decidieron marchar a la Sierra Norte de Puebla para continuar huyendo de sus enemigos.

Por lo anterior y si bien es cierto lo que señalan los arqueólogos que el inicio de la construcción de Teotihuacán data de antes del comienzo de la era cristiana y los toltecas llegan a esas tierras siglos después, muy cerca de la destrucción de aquel sitio, argumenta Caballero, sería mucho más fácil tratar de probar que los toltecas fueron los destructores más que constructores de la sin par Teotihuacán, como muchos expertos en la materia aseguran.

La base teórica que sustenta la hipótesis de Carlos Caballero se integra de fuentes bibliográficas e investigaciones arqueológicas que realizó personalmente durante quince años en las tierras de la Sierra Norte de Puebla y Veracruz. Revisemos parte de la plataforma teórica que respalda la propuesta de Caballero.

Primero, la versión de fray Juan de Torquemada, quien durante los últimos años del siglo XVI, cuando fuera guardián del convento franciscano de Zacatlán, en la Sierra Norte de Puebla, se enteró que los totonacas afirmaban que sus antepasados habían construído las pirámides de Teotihuacán. Testimonio que no descartan como una posibilidad los reconocidos estudiosos Wigberto Jiménez Moreno y José Luis Melgarejo Vivanco.

Por su parte, el historiador alemán Walter Krickeberg, señala que el lugar de origen de los teotihuacanos fue la costa del Golfo, dadas las características craneanas, así como su conducta pacifista, entre otras características, contrarias a la cultura tolteca y azteca.

Diversos objetos y materiales arqueológicos de la zona estudiada, también han sido detenidamente analizados por Caballero, quien propone nuevas hipótesis sobre algunos detalles religiosos. Por ejemplo, “las famosas cabezas de serpientes que destacan en el templo de Quetzalcóatl, no tienen plumas de quetzal, sino que emergen de entre hojas de maíz. Son las cushi luwa totonacas, las que limpiaban de plagas de roedores al maíz”.

Otra de las reflexiones de Carlos Caballero, con un importante sentido analítico, es la relación “Tonantzin Guadalupe” y el culto a la maternidad. Al respecto hace un llamado a los expertos o historiadores interesados en lo guadalupano a emprender la tarea de llenar vacíos, actualizar sus tesis, aclarar sus propias dudas y reconsiderar todo el pasado del fenómeno guadalupano. Sobre ello no daremos más detalle, pero si a usted le parece interesante conocer más acerca de los resultados de las indagaciones de tan destacado tlaxcalteca, su trabajo bibliográfico: Tutu-Naku, raíces. Lo viejo visto con ojos nuevos, le dará noticia exacta, entre otros artículos escritos por él.

Recordemos que la búsqueda de nuestro pasado es una constante preocupación de todos los tiempos y las épocas, la utilización de recursos científicos y métodos apropiados siempre serán los que den mayor o menor veracidad a las diferentes hipótesis propuestas para explicar ese pasado.

Elizabeth Sánchez Cornejo
Foto: Archivo Revista Momento

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