Georgina Cortés Flores

Empresaria.
Estudios: Licenciatura en Arquitectura
y Especialidad en
Diseño de Interiores.
Estado civil: Soltera.
Edad: 34 años.
Familia: Dos hijos.

Georgina Cortés Flores es madre y profesionista. Arquitecta de profesión, actualmente trabaja por su cuenta realizando proyectos de interiorismo y arquitectura. En diseño de interiores su capacidad creativa la sitúa en decorar espacios e intervenir en interiorismo; además, amuebla y hace una composición de colores, mobiliaria, acabados e iluminación para crear el ambiente deseado.

En su vida la violencia ha repre­sentado un impulso, un aprendizaje significativo al igual que cada expe­riencia pasada. Su mayor reto: hacer de sus hijos buenas personas. Para ella, las mujeres siempre dejan huella.

—¿Cómo se siente donde está ahora?

—Me siento plena, segura. Me gusta la etapa que estoy viviendo porque me siento realizada, tanto en el tema familiar, como en el profesional. He podido combinar las dos etapas de mi vida y ha sido bastante satisfactorio.

—¿Qué extraña de su niñez?

—¡Jugar! Jugaba a que tenía bebes.

—¿Ha sido difícil ser mujer?

—No lo llamaría difícil. Creo que las mujeres venimos a hacer un papel muy importante en este mundo. Tenemos una responsabilidad muy fuerte; en primer lugar porque tenemos hijos y porque formamos personas y seres humanos para me­jorar la sociedad. En cuanto a ser profesionista tampoco lo veo difícil porque creo que nosotras actuamos desde el corazón y nos mueven más los sentimientos.

—¿Cómo la ha acompañado la violencia en su vida?

—La violencia ha sido parte de mi vida. Ahora lo veo como un apren­dizaje, [porque] si no hubiese pasado eso, no estaría donde estoy. Ha sido un impulso para salir adelante, para quererme, respetarme y poner límites. Porque cuando damos mucho amor permitimos muchas cosas y creo que me ha enseñado a ponerme [a mí] como prioridad.

—¿Como mujer cuál ha sido el mayor reto en su vida?

—El mayor reto son mis hijos, para hacer de ellos buenos humanos y sacar adelante un hogar.

—¿Quiénes la han acompañado en este proceso de ser mamá y profesionista?

—Mis amigas han sido un motor para este proceso, al igual que varios amigos y una parte de mi familia.

—¿Cree que las condiciones han cambiado para las mujeres?

—Creo que los roles sí han cam­biado. Muchas mujeres llevan el sustento a su casa, hay mujeres que son profesionistas y antes era el hombre el que proveía y ahora no, porque existimos mujeres que nos preparamos estudiando y nos gusta ganarnos la vida trabajando; siempre dejamos huella.

—¿Desde el trabajo que realiza, qué haría para que las mujeres puedan tener igualdad?

—En el ramo en el que trabajo el 90% son hombres, ya sean carpin­teros, albañiles, herreros y demás. Creo que podría cambiar un poco en el aspecto de tratar de humani­zar más a mis colaboradores y que ellos también ayuden e impulsen a sus esposas.

—¿Cuál considera que es la mayor virtud de las mujeres?

—Que hacemos las cosas con pasión, amamos sin límites. Somos fuertes y valientes, autosuficientes e inde­pendientes. Algo que nos caracteriza es que somos empáticas y siempre pensamos en el otro antes que en nosotras mismas.

—¿Un defecto que tengamos las mujeres?

—No lo llamaría defecto, se puede decir que somos perseverantes, o como dirían por ahí, caprichudas, pero creo que eso es también una virtud, porque al final así es como logramos las cosas.

—¿Tiene una palabra favorita?

—Me encanta la palabra confort. Desde mi profesión me gusta que las personas vivan dentro de un confort y cuando estén en los espacios que diseño, puedan sentir esa tranquilidad o esa emoción de paz, de confort, de que estén disfrutando el espacio.

—¿Se arrepiente de alguna decisión que haya tomado en su vida?

—Si me arrepintiera no estaría don­de estoy y no sería lo que soy. He vivido momentos malos y buenos. Creo que todos esos momentos me han forjado, entonces, no cambiaría nada.

Lucero Ivonne Peña Jiménez
Fotografía: Federico Ríos Macías
Melisa Ortega Pérez
Vanessa Quechol Mendoza

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