Israel Rodríguez Picazo – Vivir, luchar y ser feliz para vivir una vida gloriosa

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Israel Rodríguez Picazo, 22 años, Estudio idio­mas, soy campeón mundial de la World Bo­xing Federation (WBF), originario de Zacatel­co, Tlaxcala y desde hace 5 años radico en la ciudad de México.

–¿Cómo es que te decides por esta disciplina del boxeo? ¿En qué momento se atraviesa en tu camino?

–Por mis hermanos. Mis hermanos antes entre­naban box. Tengo dos hermanos: Carlos y Víctor.

A mi hermano Carlos le hacían bullying en la secundaria; estaba muy chico y delgadito [y] le hacían maldades sus compañeros: le escondían las cosas, le pegaban. [Pero] él decidió aprender a boxear. Buscó un gimnasio en Zacatelco y lo acompaña mi otro hermano mediano; mi mamá los acompaña en todos los entrenamientos y yo, como el hijo menor, no podía quedarme solo en la casa. Mi papá trabajaba y mi mamá me llevaba con mis hermanos a que entrenaran, mientras yo jugaba tazos o canicas.

Poco a poco me iban llamando para que en­trenara, así fue el gusto. Poco a poco me iba a entrenar, después me ponía a jugar basquetbol, entrenaba en el multidisciplinario de Zacatel­co, me iba a correr de repente con ellos. Esta­ba muy chico, tenía como alrededor de ocho a nueve años; entre los nueve y diez años decido enfocarme un poco más porque veía que era bueno, se me daban las aptitudes para el box y solamente era practicar. Por mis hermanos es que estoy en el box, porque ellos iniciaron. Mi hermano fue a varias olimpiadas nacionales. De ahí viene el gusto a boxear.

Yo veía que iban a la competencia, lo reco­nocían, le gustaba lo que hacía, tenía un buen cuerpo y me llamó bastante la atención. Poco a poco me iba metiendo al box. Fui a una olimpia­da nacional y quedé en segundo lugar.

–¿A qué edad?

–A los 12 años; quedé como subcampeón nacio­nal. De ahí creo que esas ganas de ser el primero a nivel nacional. Me esforcé más. Al siguiente año estaba más enfocado al boxeo. Mejoré mis téc­nicas, mi condición, mi nutrición, porque ahí todo es importante. Dije: “Voy a entre­nar hasta ser el mejor a nivel nacional”.

El siguiente año, en la siguiente olim­piada nacional, que fue en Baja California, me acompañó (sic) mi mamá y mis her­manos, que igual participaron y de toda la delegación yo fui el único que llegó a la final. Pude pelear contra un rival fuerte, pero pude llevarme la victoria a mi casa, a Tlaxcala. Quedé como campeón nacional, quedé satisfecho, pero quería más. Llegué a ir a competencias internacionales.

Me convocó el Centro Nacional de Alto Rendimiento, el CNAR; me convocó para ir al Mundial. Llamaron a los siete mejores del país en diferentes pesos; de ahí parte otro sueño que era ir al Mundial; teníamos que ganarnos un lugar. Eran tres lugares y siete competidores. Empecé a entrenar todos los días, levantarme con esas ganas para que los entrenadores nos vieran con ganas de ganar, de triunfar, y para que nos vieran con un futuro en la competencia para traer una medalla para el país, para México. Pasan dos meses de preparación y escogen a los peleadores que van a ir, me escogen a mí. Es una enorme noticia representar a mi municipio, a la región, a nivel nacional; representar a Tlaxcala y re­presentar a México. Para mí era un objetivo muy grande, muy pesado, pero confiaba en mi entrenamiento, en los conocimien­tos que me daban mis hermanos, y mi entrenador que me estaba preparando.

De toda la selección de México, fuimos cinco. Quedé en tercer lugar mundial, fue en Ucrania, a los 14 años. De ahí partió otro sueño más grande; si pude ser el tercero a nivel mundial, puedo ser el primero; sola­mente es entrenar un poco más, echarle más ganas, ser constante, ser bastante disciplinado, porque por lo que veo en este deporte, el boxeo es muy celoso, si lo descuidas por un momento, te quita todo. De ahí ese sueño, esas ganas de salir ade­lante: ser el mejor en algo.

Mis pensamientos personales eran que quería ser el número uno del mundo en algo; mi motivación de todos los días, aparte de llenarme de alegría, y de satis­facción a mi familia; que siempre estaba apoyándome. Desde los 14 años me salí de mi casa. Yo creo que para mis papás fue una decisión muy grande, que su hijo menor se vaya a la ciudad solito. Yo creo que es una decisión de tiempo y muy va­liente. Yo creo que por ellos estoy donde estoy. Ahorita soy campeón mundial de la WBF, pronto defenderé mi campeonato y obtendré otros cinturones de otras or­ganizaciones un poco más destacadas. Estamos luchando para lograr este sueño.

–Esto quiere decir que tuviste un inicio muy temprano en el boxeo.

–Sí, a los ocho o nueve años empecé, de los nueve a los diez años ya empecé a pe­lear. Iba a las peleas de las ferias. Yo soy de Zacatelco. Hacían la feria, el mole de los barrios o secciones de los municipios, [o en municipios como] Tenancingo, San Pablo; de ahí era de donde tenía peleas a nivel estatal, pero a los nueve o diez años fue cuando empecé a pelear. De los diez años en adelante fue puro boxeo, hasta ahorita. Llevo doce o trece años boxeando.

–¿Para ti qué es ser joven?

–Experimentar muchas cosas, ser respon­sable; porque uno esté chavo y todo se le hace fácil. Siento que es una responsabi­lidad; con el mundo puedes hacer lo que tú quieras, ya depende de uno, de lo que quiera hacer, y a donde quiera llegar. Para mí [ser] joven es tener la libertad de hacer lo que sea con el compromiso de saber a dón­de quiere llegar. Eso para mí es ser joven.

–¿Cuál es tu meta máxima?

–Ser campeón mundial absoluto; ser reco­nocido a nivel mundial por organizaciones importantes, que para mí son muy difíciles; y seguir estudiando, seguir preparándome, seguir conociendo el mundo y seguir ha­ciendo lo que en verdad uno quiera, pero partiendo de mi deporte, haciendo lo que me gusta, hacer lo que yo quiera.

Uno de mis sueños es unificar mis campeonatos, seguir estudiando idiomas, aprender más que solo box, más que solo la escuela, aprender idiomas; estoy apren­diendo inglés, guitarra; son como mis pa­satiempos que tengo ahorita.

Me llena de satisfacción que alguien está logrando algo, que alguien está so­bresaliendo; eso me motiva mucho en las peleas. Cuando gané publiqué que Tlax­cala si existe, y que lo que uno quiera se puede cumplir, aunque cuesta bastante, pero se puede lograr. Ser de Tlaxcala es de mis cosas favoritas. Estoy bendecido por haber nacido en Tlaxcala. Me siento feliz. Seguiré luchando, peleando por mi familia, amigos, por mis paisanos y, sobre todo, por Tlaxcala, porque quiero que so­bresalga y sea muy reconocido.

Yassir Zárate Méndez
Fotografía: Federico Ríos Macías
Melisa Ortega Pérez

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