Katy Verónica Valenzuela Díaz

Cargo: secretaria del ayuntamiento
de Tlaxcala.
Estudios: licenciatura en Derecho.
Actualmente cursa la
maestría en Violencia Política
en Razón de Género.
Estado civil: casada.
Edad: 36 años.
Hijos: dos hijos.

Ama de casa, esposa, madre y funcionaria pública. Su mayor reto es ser buena madre. Para desempeñar sus diversos roles, su familia ha hecho de la unión una estrategia de fuerza.

En su trayectoria en la función pública destaca su papel como síndica del cabildo capitalino en 2014 y ahora como secretaria del ayuntamiento de Tlaxcala; reconoce que la violencia la ha acompañado en reiteradas ocasiones.

Abrazó la profesión de abogada, de donde deriva su predilección por la palabra justicia.

El sentido de la frase “Voy por la vida dejando huella” es una parte innegable e importante en la vida de esta mujer. Dichas palabras son la brújula con la que desea orientar el camino de sus descendientes.

—¿Cómo se siente como secretaria del ayuntamiento de Tlaxcala?

—Me siento empoderada, porque he podido tomar las decisiones correctas en mi cargo. Apoyada en relación al equipo (sic) que se tiene y, sobre todo, respaldada por el presidente municipal.

—¿Qué extraña de su niñez?

—Los tiempos de tranquilidad sin tanta carga de trabajo. Mi niñez era llena de juegos de primos, con mucho amor y paciencia por parte de mis papás y hermanos.

—¿Ha sido difícil ser mujer?

—Sí, porque no todos tienen con­fianza en las capacidades que tene­mos como mujeres. Normalmente existen comentarios negativos de que no somos capaces, por no tener las cualidades y actitudes para des­empeñar un cargo. Además, porque tenemos diferentes papeles. Soy ama de casa, mamá, esposa y aparte mujer trabajadora. Es difícil tener ese último papel y que la figura de la mujer sea denigrada cuando detrás de esas acciones está un gran esfuerzo y compromiso.

Las mujeres tenemos la capacidad y el conocimiento, y al final tenemos que dejar de lado el miedo y la in­seguridad para crecer cada vez más.

—¿Cómo la ha acompañado la violencia?

—En el servicio público en reiteradas ocasiones, a veces en comentarios misóginos y en acciones al interior del aparato gubernamental, donde no siempre son respetadas las tomas de decisiones y son muy criticadas, por más que sean conforme a dere­cho y sean viables; son criticadas y puestas en tela de juicio.

Cuando fui síndico municipal en 2014 hubo violencia económica, violencia política en razón de género y también violencia por los medios impresos y digitales en donde se­ñalaron acciones hacia mi familia, mis hijos y mi persona. Pasó de un contexto público a lo privado. Es difícil, porque la gente hacia fuera tiene una percepción errónea, por­que no se maneja la información correcta. Es como la violencia me ha acompañado desde esa trinchera.

—¿Como mujer cuál ha sido su mayor reto?

—Ser buena madre. Que mis hijos sean buenos ciudadanos, buenos hombres, seres humanos que entien­dan que la vida no es fácil y vayan caminando por la vida con valores y dejando una buena huella en las personas que conozcan.

—¿Quiénes son sus aliados en este proceso como funcionaria, esposa, mamá?

—Mi mamá en primer término; mi papá, mis hermanos, mi esposo, mis hijos y mis compañeros de trabajo, porque también me ayudan y suman para que pueda tener un equilibrio en mi familia y trabajo.

—¿Cree que la situación ha cambiado para las mujeres?

—Sí ha cambiado, pero no ha cambiado en el contexto donde podamos tener una participación efectiva. Todavía hay mucha simulación, hay mucha conten­ción hacia afuera en las candidaturas, en puestos de toma de decisiones y al final del día eso no nos permite crecer. No hemos avanzado mucho en cuanto a la protección de mujeres en violencia y medidas preventivas y, sobre todo, en que los aparatos jurisdiccionales den sentencia con perspectiva de género. A veces está faltando que las instituciones arropemos y las mujeres tengamos estabilidad social, económica y de servicios.

—¿Desde su entorno qué hacer para que las mujeres tengamos mayor igualdad?

—Algunas veces piden constan­cias de madres solteras por algún trámite, piden algún permiso

para vender o para ser tomadas en cuenta en algún espacio. Aunque son trámites muy mínimos y que como institución estamos obligados a dar, ponemos muchos requisitos o candados. Creo que es facilitar desde esas situaciones mínimas para apoyar a las mujeres.

Apoyo a las mujeres desde la Secretaría con algún tipo de cons­tancia. Mis acciones son adminis­trativas y trato siempre de facilitar el trámite y que ellas estén seguras, porque a veces piden asesorías de a dónde acudir, qué hacer, quién las puede atender.

—¿Se arrepiente de alguna decisión?

—No, de ninguna. Si volviera a nacer tomaría las mismas decisiones que he tomado en mi vida.

—¿Cuál es la mayor virtud de no­sotras las mujeres?

—Ser amorosas, empáticas, sororas y, sobre todo, responsables.

—¿Algún defecto que tengamos las mujeres?

—Las mujeres somos muy confiadas.

—¿Tiene alguna palabra favorita?

—Mi palabra favorita es justicia.

Lucero Ivonne Peña Jiménez
Fotografía: Federico Ríos Macías
Melisa Ortega Pérez
Vanessa Quechol Mendoza

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