La adopción de niños, ya no es tabú: DIF

Publicado en Agosto 2010 edición 33

“Su mundo se hizo blanco, cambio mucho el ambiente colorido de México. Adaptarse a hablar japonés, aprender el idioma, las costumbres, la comida, en fin, fue algo muy complicado para Maribel”: Mariko Goto

Así vistió Maribel al festejar su mayoría de edad según las tradiciones de Japón.

El colorido paisaje al que estaban acostumbrados los ojos de la pequeña Maribel, de repente se transformó en uno de color blanco y con mucho frío. Su situación personal también cambió radicalmente, pues de vivir en un albergue de niños abandonados, pasó a formar parte de una familia que la acogió con mucho amor e ilusión a miles de kilómetros de su tierra natal.

Hace 17 años, Maribel fue adoptada por una familia japonesa cuando ella apenas tenía 3 años de edad. Su infancia se desarrolló en Hokkaido, una isla del Japón que se ubica al norte de este país asiático y donde nieva mucho.

Maribel lo único que recuerda de su niñez es que tenía otros dos hermanos, pero por su adopción ya no supo más de ellos y ahora, a sus 21 años de edad, ella es una enfermera que atiende a adultos mayores en Japón y que regresó a Tlaxcala en junio pasado para conocer las instalaciones del Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), lugar donde fue entregada en adopción por la entonces primera dama del país, Cecilia Occelli de Salinas, así como para conocer el estado y el país, pues mantiene su nacionalidad mexicana.

Maribel fue adoptada por el matrimonio integrado por Hidenori y Mariko Goto, quienes tienen tres hijas: Ai, Megumi y Maribel. El viaje a Tlaxcala lo realizan el padre Hidenori, la madre Mariko, la hermana mayor Ai y Maribel. Debido a que ninguno de los cuatro habla español, Teresa Kasuga Osaka, empresaria que lleva varios años radicando en México, asume el papel de intérprete durante la entrevista con la familia Goto.

Teresa Kasuga explica que hace 17 años Maribel fue adoptada por la familia Goto después de más de 10 años de esfuerzo. Refiere que Mariko vivió tres años en el Distrito Federal como esposa de un maestro del Museo Mexicano Japonés y tenía dos hijas: Ai y Megumi.

Mariko también fue hija adoptada a los 2 años de edad y cuando murió su madre, de cáncer, ella estaba en México y no pudo despedirla. Sin embargo, Mariko relata que su madre se le apareció como una luz intensa y le dijo: “Yo te cuidé y te eduqué; tú también tienes que cuidar y adoptar a una niña de México”.

A raíz de esta vivencia, Mariko se propuso firmemente la idea de adoptar a una niña mexicana y ya de regreso a Japón estuvo escribiendo cartas al presidente de México y a la embajada de México. Así se pasaron muchos años, pero la solicitud no era atendida.

Teresa Kasuga agrega que Mariko le pidió, a través de una amiga, que si la podía ver en Japón y en un encuentro que tuvieron en Tokio le enseñó todas las cartas que había escrito al gobierno mexicano y todas las respuestas que le habían dado respecto de su petición de adopción de una niña.

Gracias a que Teresa Kasuga tiene una empresa en Tlaxcala y apoya al DIF estatal, en 1992, cuando Samuel Quiroz de la Vega era el gobernador, le contó el caso de su amiga durante una comida, de manera que el entonces mandatario se comprometió a dar seguimiento a los trámites y que la familia Goto cumpliera con todos los requisitos.

Entre los requisitos que debió cubrir la familia Goto fueron enviar fotografías de las condiciones en que se encontraba su casa, comprobante de ingresos del esposo, carta de antecedentes no penales, por citar algunos.

El matrimonio Goto cubrió todos los requisitos y viajó a Tlaxcala para realizar la adopción de manera formal. El día que se entregaría a Maribel, por circunstancias de la vida Cecilia Occelli de Salinas realizó una visita a la tierra de Xicohténcatl e hizo la entrega oficial de la niña a Mariko, acto que se difundió en varios medios de circulación nacional.

Maribel estuvo durante un mes en periodo de adaptación con la familia asiática y en ese lapso sus nuevos padres se percataron que la pequeña era muy dada a agarrar un trapo para limpiar los cuartos y hacía como si lavaba ropa, esto es, tenía una actitud de trabajar, pero ignoraban cuál había sido su situación antes de ser adoptada. Tras aprobar el periodo de adaptación, la familia Goto se llevó a Maribel a Japón cuando ya había cumplido 4 años de edad. A 17 años de distancia, Maribel mantiene su nacionalidad mexicana porque Mariko siempre le dijo que quería que se sintiera orgullosamente tlaxcalteca y mexicana.

Incluso, en la escuela cuando participaba en competencias deportivas se colocaba la bandera tricolor. Su madre adoptiva le dijo que era mexicana, nunca le encubrió su pasado.

Por se parte, Mariko rememora que a Maribel le costó trabajo adaptarse a la vida de Japón, en virtud de que en la zona norte del país nieva muchísimo. “De repente su mundo se hizo blanco, cambió mucho el ambiente colorido de México. Adaptarse a hablar japonés, aprender el idioma, las costumbres, la comida, en fin, fue algo muy complicado para ella”.

El deseo de Mariko es que Maribel funja como un puente o vínculo entre México y Japón. “La he mantenido como mexicana y ahora ella como adulta decidirá si adopta la nacionalidad japonesa o si continúa siendo mexicana. Si ella quiere venirse a vivir a México, no me opondría, pero lo malo es que sólo habla japonés”.

Agrega que inscribió a Maribel en una guardería y tenía muchos amigos por su carácter alegre, aunque no se comunicaba con ellos por la barrera del idioma.

En la primaria aprendió a hablar japonés, aunque para ello primero fue inscrita en un grupo con niños con dificultades para hablar japonés, después entró al sistema de educación normal.

El orgullo de Mariko es que Maribel estudió la carrera de enfermería para auxiliar a personas de la tercera edad, al igual que su hija Megumi, quien cursó un año más porque no aprobó el primer examen y Maribel lo pasó a la primera.

Hoy día, Maribel trabaja con personas de la tercera edad, que es gente con problemas de salud que supera los 75 años de edad. Como fruto de su labor ya tiene su propio coche y además ella pagó su boleto de avión para venir a Tlaxcala.

–¿Qué recuerdas de tu niñez cuando llegaste a Japón? –, se le pregunta a Maribel.

–Lo primero que me acuerdo es haber tocado la nieve, eso me impactó mucho. Me di cuenta que había llegado a un lugar completamente diferente y me dijeron que eso era Japón. Me encantó jugar con la nieve, responde en japonés.

–¿Qué recuerdas de Tlaxcala ahora que estás de

regreso?

–No recuerdo nada de Tlaxcala, porque me fui de aquí a los 3 años de edad. Por eso mi sueño era conocer el DIF, Tlaxcala y México.

–¿Qué te parece Tlaxcala?

–Me gusta mucho el paisaje, me gusta ver las casas que son de diferentes colores, pienso que debe ser un lugar muy bonito.

–¿Te gustaría aprender a hablar español?

–Si, (responde en españo).

Por su parte, la señora Goto resalta que la experiencia de la adopción le cambió el rumbo de su vida. “Me di cuenta que todos los niños son de alguna manera hijos de todos nosotros, no son ajenos. Todo el mundo tiene que ser realmente una familia, entonces no habrá guerras y va a ser una sociedad pacífica”.

Mariko refiere que al principio la relación con Maribel no era fácil, “pues como no entendía lo que yo le decía, ella estaba muy frustrada, se enojaba, tenía reacciones violentas, pero poco a poco fue aprendiendo el idioma y empezamos a comunicarnos”.

El deseo de Mariko es que Maribel funja como un puente o vínculo entre México y Japón. “La he mantenido como mexicana y ahora ella como adulta decidirá si adopta la nacionalidad japonesa o si continúa siendo mexicana. Si ella quiere venirse a vivir a México, no me opondría, pero lo malo es que sólo habla japonés”.

Comenta que el viaje a México que realiza Maribel es para que se sienta orgullosa de sus raíces y que vea todo lo maravilloso que hay en este país. Por eso también visitó Teotihuacán y Chichén Itzá.

Para Ai, la hermana mayor, la llegada de Maribel a la familia no fue una situación incómoda, debido a que ya tenía una hermana. Sin embargo, dijo en ese entonces: ¡qué bárbaro!, el paquete en el que se está metiendo mi mamá, me pregunté cómo íbamos a ir moldeando a Maribel”.

En la imagen aparece –de izquierda a derecha– Hidenori, Teresa Kasuga, Maribel, Mariko y Ai, en instalaciones del DIF estatal.

Por último, Maribel se ha propuesto estudiar español y a partir de ello desarrollar muchas cosas. Recuerda que tenía dos hermanos, un hombre y una mujer. “En una ocasión me vino a la mente la imagen de mi hermano, él me dijo que mi hermanita ya había fallecido y pienso que ya no está en el mundo. No sé donde viví en Tlaxcala”.

Ella ha soñado que por la ventaba entra un jaguar y se acuesta con ella, pero nunca le da miedo el animal.

LA ADOPCIÓN DE NIÑOS YA NO ES UN TABÚ: DIF

Por su parte, la titular de la Procuraduría de la Defensa del Menor, la Mujer y la Familia del DIF estatal, Yeymi Guadalupe Velázquez Rodríguez, señala que la adopción en Tlaxcala ya se ha complementado porque se han hecho varias campañas en las que se ha dado difusión a este procedimiento y como consecuencia los tlaxcaltecas ya lo ven como algo normal, ya no existen los tabúes de lo que dice la gente sobre los niños adoptados.

Los requisitos de adopción se establecen en los código Civil y de Procedimientos Civiles del estado de Tlaxcala. Los requisitos para adoptar un niño son muy sencillos: acta de matrimonio, estudio socioeconómico y psicológico –fundamentales– de la pareja, carta de antecedentes no penales, estudios médicos para ver si no tienen una enfermedad congénita y comprobante de domicilio.

Como parte del estudio socioeconómico, se realiza una visita al domicilio de la pareja interesada para ver las condiciones de seguridad.

Una vez que se cumple con todos los requisitos, el expediente de la pareja es analizado por un Consejo de Adopción, el cual está integrado por la presidente honorifica del DIF, la directora del organismo, el titular de la Dirección de Asistencia a Población Vulnerable, la procuradora de la Defensa del Menor, la Mujer y la Familia, un psicólogo y un trabajador social, con el objetivo de decidir si la pareja interesada es viable o no para adoptar a un menor.

“Afortunadamente en Tlaxcala tenemos más solicitudes de adopción que niños en el albergue, pues aunque en este lugar se tiene a muchos niños, no todos son susceptibles de adopción. Muchos están por problemas legales de pareja y por eso no son susceptibles de adopción”, refiere en entrevista la funcionaria pública.

Los resultados de los estudios psicológicos son fundamentales porque ha habido parejas que aparentemente se ven muy bien, pero no cumplen adecuadamente con este requisito.

Los niños que son susceptibles de ser adoptados son los que están en estado de abandono después de seis meses, por ejemplo, los bebés que abandonan sus padres y pasan seis meses y no son reclamados. Si ya están registrados, se solicita la pérdida de la patria potestad y si no se registran y el DIF solicita su tutela para que sean tomados en cuenta en el proceso de adopción.

“La adopción de niños no es un trámite sencillo, pero afortunadamente el Poder Judicial nos ha apoyado mucho en el proceso y nos ha acortado bastante los tiempos”, resalta Velázquez Rodríguez.

A diferencia de lo que comentan algunas parejas interesadas en adoptar a un niño en el sentido de que son muy tediosos los trámites, Yeymi Velázquez enfatiza que no se debe pensar de esa forma, “porque hablamos de seres humanos, la institución debe tener la certeza de que los candidatos cumplan con todos los requisitos de tipo legal, pero también que se atienda la parte social y psicológica”.

Uno de los inconvenientes que se presentan en los procesos de adopción es que la gran mayoría de las parejas quieren bebés, pero el DIF no tiene tantos bebés como quisiéramos y entonces la pareja se queda en espera hasta que llegue un bebé y que tenga resuelta la situación jurídica.

“Entonces, no es un trámite sencillo ni tedioso, porque estamos hablando de niños”.

Como parte de las tareas para agilizar los trámites de adopción, el DIF estatal ha sostenido reuniones con el presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado (TSJE) y con los jueces, a quienes los han llevado a recorrer el albergue con el fin de que los menores les cuenten sus vivencias, sobre todo los niños que están en el rango de 5 a 6 años de edad, para que se le dé celeridad al procedimiento, ya que la estadística establece que los pequeños con menos de 6 años de edad son susceptibles de adopción, ya que después de esa edad es muy difícil que una familia quiera adoptar a un menor.

“Maribel estuvo durante un mes en periodo de adaptación con la familia asiática y en ese lapso sus nuevos padres se percataron que la pequeña era muy dada a agarrar un trapo para limpiar los cuartos y hacía como si lavaba ropa”

Cuando Mariko adopto a Mribel, su hija Ai –a la izquierda– pensó que su madre se había metido en un asunto muy complejo para educar a su nueva hermana.

“Hay tabúes entre las parejas que aún no logran vencer, piensan que mientras más pequeños se les adopte, más se van a acoplar a la familia”.

No obstante, Yeymi Velázquez considera que los niños hasta los 10 años de edad se pueden integrar a la familia, pues se les da atención psicológica para que se vayan integrando a su nuevo hogar.

“Hemos tenido casos de éxito en el que una pareja se llevó hasta tres niños, la más chiquita tenía 7 años de edad, se les ha dado seguimiento y los pequeños están totalmente integrados a su nuevo hogar”.

ESTADÍSTICAS SOBRE ADOPCIÓN

El año pasado se registraron 40 adopciones en Tlaxcala, debido a que se aplicó un nuevo sistema para reintegrar a los niños a un núcleo familiar En 2008 fueron alrededor de ocho casos.

Este año, el DIF estatal tiene 50 parejas interesadas en adoptar a un menor, que ya cumplieron con todos los requisitos, pero a julio de 2010 sólo tenía seis niños susceptibles de ser entregados a una familia.

El estudio socioeconómico que se realiza a las parejas tiene como objetivo garantizar que los niños vivan en buenas condiciones y tengan acceso a la educación en su nuevo hogar, por ello los interesados deben acreditar que poseen por lo menos una propiedad.

En cumplimiento con el marco legal, damos un seguimiento de seis meses al menor adoptado y además se imparte cada 15 días a la pareja un taller denominado Escuela para Padres, con una duración de un año. A los niños se les imparte otro taller para reforzar los valores entre ellos, mientras que a los padres se les dan pláticas para evitar la violencia y saber qué hacer en ciertas situaciones.

La funcionaria del DIF estatal informa que como resultado del seguimiento que se da a los menores adoptados, sólo se ha presentado un caso en el que el niño no se acopló al ritmo de vida y costumbres de su nueva familia, de modo que regresó al albergue. Fue un niño de 6 años de edad, pero ahora ya está con otra familia y está contento.

Finalmente, Yeymi Velázquez expone que ella no está de acuerdo con las adopciones internacionales, pues considera que se debe priorizar a los tlaxcaltecas. “En el estado tenemos mucha gente que necesita de un hijo para formar una familia. Si son tres hermanitos, hay que procurar que una misma pareja se lleve a los tres para que no se dividan. El Tratado Internacional sobre el Derecho de los Niños lo prohíbe, no es algo simple, los niños están protegidos por muchas instancias”.

El 95 por ciento de las adopciones en Tlaxcala han sido con parejas de este estado y el 5 por ciento restante con familias de Puebla –dos casos– y Querétaro –uno.

José Carlos Avendaño Flores

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