La Malinche, el escarabajo descortezador y las comunidades

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Los árboles de La Malinche tienen sed y están enfermos. El cambio climático, cuya matriz se encuentra en el calen­tamiento global, ocasionado por la activi­dad humana, sería uno de los responsables del estrés hídrico que padecen inmensas masas forestales de Tlaxcala.

Un estudio efectuado por Paul Szejner Sigal, del Instituto de Geología, de la Uni­versidad Nacional Autónoma de México (UNAM), arroja que hasta 82 por ciento de los árboles del planeta “padece cada vez más estrés hídrico, el cual está relaciona­do al aumento de la temperatura a nivel global, lo que implica que la atmósfera es cada vez más seca y compite con los ár­boles por el agua”.

La competencia por el agua debilita a los árboles y los vuelve más propensos al ataque de plagas. Aquí es donde entra el escarabajo descortezador, en particular la especie Dendroctonus mexicanus, cuyo incremento descontrolado en los bosques de La Malinche está ocasionando pérdidas de cobertura forestal en decenas de hec­táreas.

Una investigación publicada en una fecha tan temprana como 2007, por el Instituto Nacional de Investigaciones Fo­restales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), ya recogía una eventual relación entre la falta de agua, el debilitamiento de los árboles y el incremento de la plaga del escarabajo descortezador.

“El género Dendroctonus tiene la capa­cidad de atacar árboles vivos. Al respecto, se menciona que a menor vigor del árbol, mayor será la probabilidad de ataque por insectos descortezadores. Esto podría ser debido, según Hendrichs (1977) a que la resina de árboles débiles pierde sus cua­lidades protectoras naturales, además de que su olor alterado, permite al insecto lo­calizar a estos árboles”, asienta el estudio del INIFAP.

El documento añade que “una sequía prolongada, además de producir un debi­litamiento general en el árbol, provoca un cambio en la composición química de la resina, ya que incrementa el contenido de azúcares y disminuye el contenido de al­midón, este cambio favorece el desarrollo de larvas”.

Este argumento es suscrito por la bióloga y activista Dulce María Hernández Decasa, quien conversa con Momento sobre la si­tuación de emergencia que se vive en los bosques de la principal montaña de Tlax­cala y las acciones emprendidas por las comunidades para preservar su patrimonio.

Es así como el cambio climático sirve como telón de fondo a la tragedia que padecen los árboles que copan a La Ma­linche. Las variaciones en los patrones de humedad y temperatura, ocasionados por la actividad humana a una escala plane­taria, juegan un papel decisivo en el debili­tamiento de los árboles. Los árboles tienen sed y hay muy poca agua para saciarla, debido a las variaciones en los patrones de lluvia. El cambio climático en pleno.

Acciones por los árboles de la montaña

Dulce María Hernández Decasa es la pre­sidenta del comité de comunidad de San Bartolomé Cuahuixmátlac. Dicho comité tiene la misión de vigilar y garantizar la sanidad forestal. Asimismo, el colectivo pertenece al grupo “Matlalcuéyetl, comu­nidades unidas”, un organismo integrado por habitantes de una docena de localida­des asentadas en las inmediaciones de la Matlalcuéyetl, la de las faldas azules.

La conversación con esta bióloga se efectúa en el paraje denominado Cuacuatlatzi, de la comunidad de San Bartolomé Cuahuixmátlac, de donde es originaria. Es la mañana del do­mingo 30 de mayo, día de tequio, es decir, de labor comunitaria, en este caso para plantar árboles que ayuden a frenar las pérdidas que han tenido los bosques de La Malinche por la pro­liferación del escarabajo descorteza­dor. De hecho, se trata de la décima jornada de trabajo comunitario en lo que va del año.

“El objetivo es vestir a la de las fal­das azules. El problema del descorte­zador la ha desnudado. Ha desnudado el terreno, ha desnudado las omisio­nes, la corrupción, la falta de identi­dad, el desconocimiento. Ha desnu­dado todo lo que somos aquí. Y lo que queremos hacer es vestirla. Vestirla de nuevo y vestirnos a nosotros mismos con ella”, apunta Hernández.

El punto de reunión del que partió una numerosa caravana fue el centro de la comunidad de San Bartolomé Cuahuixmátlac, en medio de las dos iglesias. La iglesia vieja y la iglesia nueva. “El punto fue ahí porque para nosotros es simbólico. La zona donde nos reunimos es la zona de asam­bleas. Es algo que la gente de fuera no conoce, pero para nosotros es im­portante. Fue algo simbólico”, apunta Hernández, quien es bióloga por la UAT y maestra en ciencias por esa misma casa de estudios.

—¿Qué ha motivado a estas comuni­dades a integrar los comités como el que usted preside?

—El comité surge de una necesidad de realizar trabajos por el comba­te del escarabajo descortezador. En nuestras comunidades nos regimos a través de sistemas normativos, eso es la asamblea comunitaria; en esas asambleas se toman decisiones.

“En agosto de 2020 se efectuó una asamblea en el monte, debido al problema del escarabajo descorteza­dor. Los pobladores ya habían estado dando aviso (sic) a las autoridades sobre la presencia de plaga y se es­taba pretendiendo que se pudieran hacer los saneamientos a tiempo.

“En un primero momento se reporta­ron nueve hectáreas plagadas, que se pretendían sanar. Los trámites eran muy largos. Se hace la asamblea en el monte, se presenta el ex coordina­dor General de Ecología [Efraín Flo­res Hernández] y determinamos que necesitamos conformar este comité. En asamblea nos nombran algunos integrantes de la comunidad. En este caso, paso a ser la presidenta.

“El grupo “Matlalcuéyetl” surge de la necesidad de resolver estos proble­mas en conjunto, porque nos damos cuenta que trabajando cada comuni­dad de manera individual, no vamos a tener una respuesta tan favorable. Decidimos formar un grupo de co­munidades, al que nombramos gru­po “Matlalcuéyetl”, porque estamos asentadas alrededor de la falda de La Malinche. Lo que pretendemos es formar un cinturón”.

—¿Cuándo se instituyó?

–Desde febrero del año pasado empe­zamos a trabajar y oficialmente fue en junio; levantamos un oficio y lo man­damos al gobernador Marco Mena.

—¿Cuáles comunidades se han su­mado a este grupo?

–Se cuenta con representación en San Bartolomé Cuahuixmátlac, San Pedro Muñoztla, Tlalcuapan, Teolo­cholco, San Francisco Tetlanohcan, Teacalco, Coaxomulco y Xochiteotla.

—¿Cuál es el origen de los comités y comisiones que se han formado en las comunidades para vigilar el com­bate al escarabajo descortezador?

—Estos comités se han ido formando a través del tiempo, porque van enfren­tando estas situaciones. Las asam­bleas comunitarias, lo que hacen siempre para resolver situaciones es formar cofradías, comités o comisio­nes. Algunos fueron formados como comisiones, otros como comités, pero a final de cuentas todos estamos rea­lizando los mismos trabajos.

—¿Cuáles son esos trabajos?

—El objetivo principal fue monitorear la plaga y realizar observaciones a pie. Vivimos en las faldas de La Malinche y lo que hacemos es subir a La Malinche y detectar los brotes activos. Después, realizar los avisos de plaga a las instan­cias correspondientes, como Conafor, la Coordinación General de Ecología y la Comisión Nacional del Ambiente.

“Después de eso nos encontramos con la tarea de revisar los saneamien­tos. Revisar que los saneamientos cumplieran con la norma 017, emitida por la Semarnat. Veíamos que en su momento no teníamos la capacidad técnica para hacer los saneamientos, porque no somos pueblos de tala­montes. Nosotros no nos dedicamos al carbón o a talar árboles para vivir.

“Las actividades económicas de la región son más relacionadas con el comercio; por ejemplo, en Santa Ana Chiautempan muchos viven de algún trabajo, como una profesión, que son variadas, y también hay muchos obre­ros. Sí se trabaja el campo, pero no es la actividad principal y muchas veces se trabaja por mantener el maíz criollo.

“Nos vemos en la necesidad de vi­gilar los trabajos de saneamiento, por­que no tenemos la capacidad técnica de realizar un saneamiento. Nosotros no los contratamos al principio, llega el excoordinador y nos dice “Tiene que realizar el trabajo una empresa”.

“Nos presenta la empresa, pero cuando la presenta, ya estaban ha­ciendo derribos. La comunidad no se siente de acuerdo con esa decisión, puesto que no fue consultada previa­mente y dice “Bueno, si lo vas a hacer así y tú me dices que eres la autoridad competente, yo te voy a vigilar. Ahorita que se hizo la asamblea en el monte, ya derribaste árboles y estos no tienen signos ni síntomas”. Ese es otro trabajo que hace el comité.

“Nos damos cuenta que viene una realidad muy cruda, que es la pérdida masiva de vegetación, de árboles. El siguiente paso es realizar los trabajos de restauración. Empezamos a hablar ya de una restauración, porque vemos que viene una pérdida inmensa de ve­getación. Empezamos a formar diseños para realizar la restauración a través de proyectos. A lo largo de todas las co­munidades van a encontrar personas que tienen profesión como de biólogo, agrónomo, ingenieros en recursos na­turales, ingenieros ambientales, entre otras cosas. Y lo que ocurre es que se hace un llamado a todas estas perso­nas. Algunas de ellas se van integrando a los comités. En mi comité tenemos a varios ingenieros. Es así que la res­tauración sería la otra línea de acción”.

—¿Usted por qué se involucró en es­tas tareas?

—Yo me involucré porque desde hace mucho tiempo me asumo como una persona originaria de Cuahuixmatlac y como una persona indígena. Mis abuelos son campesinos. Mi abuelo era tlachiquero, mi abuela siempre fue campesina. Mis otros abuelos traba­jaron en la Ciudad de México mucho tiempo, pero yo me di cuenta, cuando salí a otros sitios, que mi forma de vivir y de ver la vida era diferente. Entonces me di cuenta de que era indígena. Y me sentí muy aliviada, porque sabía dónde pertenecía.

“Me involucré cuando empecé a ver que había una problemática. Yo soy bióloga de formación. Entendí la situación, la problemática. Me di cuenta de que era mi responsabili­dad adentrarme. Si tienes el conoci­miento y ves que está ocurriendo una situación y no le dices a las personas qué hacer, también eres responsable y eres parte del problema.

“Me sentí en ese momento, no res­ponsable de decir “Ah, la plaga es por mi culpa”, claro que no, sino respon­sable de dirigir, de meterme a dirigir, a dar una dirección. Por eso fue que me involucré. Y porque es mi pueblo. Este sitio a mí me da identidad. Cuan­do me preguntan, yo digo “Soy de San Bartolomé Cuahuixmátlac”.

“Soy de una población que está aquí desde hace más de 500 años. Había un templo de adoración en este sitio. Se construyó una iglesia que es una de las primeras ermitas en el estado. ¿Cómo puedo decir eso con orgullo si no me inmiscuyo en los problemas de mi comunidad y en las soluciones de la comunidad?

Una especie fuera de control

—¿El escarabajo descortezador es endémico de La Malinche?

—El escarabajo que se detecta es Dendroctonus mexicanus. Tenemos que entender que el problema no es el escarabajo. Hablamos de que México es un país megadiverso. Tenemos una gran variedad de especies forestales. De hecho, somos centro de diversifi­cación de especies forestales, y, a su vez, estas especies forestales van a contar con algunos organismos que se alimentan de ellas. Son sus propios depredadores, y estos han coevolu­cionado a través de millones de años y han estado siempre presentes.

“El escarabajo descortezador aho­ra lo vemos como una plaga, pero en realidad siempre ha sido un renova­dor de ecosistemas. Él se encarga de realizar la selección natural. Un indi­viduo, una especie forestal que no es apta para sobrevivir, pues va a ser seleccionada a través de este insec­to. Llega el insecto, lo parasita, lo infesta y este árbol muere. Los árboles que están alrededor y que tienen las condiciones o la genética adecuada para sobrevivir, van a dejar su descendencia. En realidad, el escarabajo descortezador siempre ha existido.

—¿El escarabajo descortezador tiene depredadores naturales?

—Sí, pero lo que ocurre con los de­predadores naturales es que siguen a la plaga. No vas a encontrar un de­predador natural de este escarabajo antes de que llegue el escarabajo. Va a seguir al escarabajo, porque se va a alimentar de él.

“Hay otros depredadores naturales. Uno es otro escarabajo y lo que sí les puedo comentar sobre ese escarabajo es que lo vamos a encontrar asocia­do a flores como el polocote; son flores que utilizan muchísimo los apicultores para la producción de miel.

“También se cree que los pájaros carpinteros en algún momento deben alimentarse de estos. Pero el carpinte­ro tiene una dieta amplia, no podemos esperar que solamente se alimente de descortezador”.

—¿Cuáles son las condiciones que se han presentado para que prolifere el escarabajo descortezador como lo hace ahora?

—La primera es el calentamiento glo­bal y la segunda es que hablamos de un manejo inadecuado de la plaga. El primero es el calentamiento global porque la temperatura del planeta está aumentando y está trayendo graves consecuencias. Está el pro­blema del cambio climático. Ahora ya no sabemos en qué fechas va a llover, las precipitaciones anuales ya no son las mismas y si ustedes revi­san el sistema meteorológico se van a dar cuenta de que México se está calentando. La temperatura de todo nuestro país está aumentando. Esto provoca estrés hídrico en los árboles.

“Estamos en una zona en la que los árboles necesitan una temperatura baja para sobrevivir y si la temperatu­ra aumenta, estos árboles se ven ex­puestos a estrés. Y luego, si no llueve, empiezan a sufrir estrés hídrico, lo que hace que el árbol esté débil. El árbol no va a estar en óptimas condiciones.

“A eso le sumamos que el escara­bajo descortezador va a tener con­diciones más óptimas (sic) para su reproducción y se va a encontrar con árboles débiles. Esto va a permitir que el escarabajo pueda infestar de manera más fácil a los árboles y alimentarse de ellos y reproducirse. Esta es la primera.

“La segunda cuestión es un mane­jo inadecuado. Los avisos de plaga se han venido haciendo desde el 2019. La comunidad que reportó los primeros brotes de plaga en el 2019, con nueve hectáreas, fue la de San Pedro Tlal­cuapan. Hicieron los avisos de plaga ante las instancias correspondientes. Estos avisos no fueron atendidos. No hay más. No se atendieron a tiempo.

“La plaga se extendió a través de las comunidades y también nos lle­gó a nosotros. Nosotros también hi­cimos los avisos a principios de 2020. Muchos de mis paisanos trataron de sacar sus notificaciones para hacer los saneamientos. Algunos tardaron dos o tres meses; hay alguien que tar­dó medio año en poder obtener una notificación.

“Para cuando salieron sus notifica­ciones, ellos ya no podían hacer algo que se conoce como entresacado. Ya tenían que hacer matarrasa. Y, sobre todo, ya no podían controlar nada, porque el escarabajo ya no se encon­traba allí; los árboles ya estaban ca­fés. La corteza estaba seca y ahí ya no había presencia ni siquiera de adultos. Los adultos ya habían emergido y es­taban colonizando otros árboles”.

—¿Qué es el entresacado?

—En un rodal vas a detectar un brote inicial, es decir, vas a encontrar tres, cuatro, cinco árboles que empiezan con los síntomas, que incluyen las re­sinaciones y los grumos, además de que empiezan a amarillear las ací­culas, las hojas. Tú no llegas y haces matarrasa en esas áreas. Tú derribas los árboles que presentan los signos y síntomas, como lo son 15 resinaciones.

“A partir de 15 resinaciones lo de­rribas, lo fumigas, lo descortezas, lo vuelves a fumigar, lo colocas en tro­zos y lo tienes que sacar de allí. Si el entresacado no se hace a tiempo, ese árbol va a ser un foco de infestación para sus vecinos y van a seguir con­tagiándose, al punto de que ya per­diste una cantidad de masa forestal y no puedes hacer el entresacado. Y tienes que hacer matarrasa, que es el derribo de todos los árboles”.

Las especies forestales

—¿Cuáles son los árboles endémicos de la región de La Malinche?

—Las especies endémicas las vamos a encontrar dependiendo de los gra­dientes altitudinales. A esta altura, encontramos Pinus leiophylla, Pinus teocote, un poquitito más arriba o a veces en menor proporción aquí, Pinus montezumae, Quercus rugosa, que es el encino, Quercus laurina, que tam­bién es encino. Esas son las especies, al que se suma el madroño, que no recuerdo su nombre científico. Esas son las especies que son endémicas de la región.

—¿El escarabajo arrasa parejo con todas estas especies?

—A las especies que más afecta son la Pinus leiophylla y al teocote. A mon­tezumae también lo está afectando, pero en menor medida. Incluso los ár­boles que introdujimos en esta plan­tación son montezumae.

—¿Las especies más o menos son las mismas cuando realizan labores de reforestación como la de esta jornada?

—Evitamos traer planta de Chigna­huapan, de Puebla o de otras regio­nes. A veces ese ha sido el problema de la reforestación. Se mete cualquier árbol, que pueden convertirse en es­pecies invasoras.

“Empezamos a hacer nuestros re­corridos a pie. Encontramos una plan­tación de pinos patula. El pino patula está en todo el país, porque crece de manera muy rápida, pero es una es­pecie exótica para nuestra montaña y encontramos una plantación enorme. Aceptamos que no sabemos cuándo llegó ni cómo llegó.

“Lo que creemos es que llegó a través de un programa, porque aquí no hay pino patula y aparte lo que también observamos es que está de­masiado junto. Necesita trabajos de aclareo. El pino está alto, pero está sú­per delgadito, porque la competencia es muy grande. Lo que hicimos en esta reforestación fue cuidar la introduc­ción de especies. Buscamos un vivero de la región, buscamos especies que se pudieran introducir, que no fueran exóticas y cuidamos que la planta tuviera calidad adecuada. Esta plan­ta, aunque es pequeña, tiene calidad adecuada para ser introducida. Es el árbol que tiene las condiciones ade­cuadas para sobrevivir”.

La cuestión de la tenencia de la tierra

Uno de los argumentos esgrimidos por las autoridades federales y estatales, para justificar el atraso en los sanea­mientos es el de la incertidumbre sobre quiénes son los dueños de los predios afectados. Sin una certeza en la posesión, es imposible entregar las notificaciones, alegan las autoridades.

—¿Hay certeza jurídica en la posesión de las tierras?

—Una certeza jurídica sí, porque el ar­tículo 2 constitucional nos ampara. De pronto, hay una controversia, porque hay mucho desconocimiento sobre el artículo 2 constitucional, pero ahí se habla de los sistemas normativos de las comunidades indígenas, a los que se reconoce como válidos.

“Si nosotros nos reconocemos como colindantes y si el presidente de nuestra comunidad nos extiende una constancia de posesión, noso­tros somos los poseedores de esa área, siempre que nos reconozcan nuestros colindantes y siempre que nuestro presidente de comunidad nos extienda esa constancia. Tan es así que ese tema lo fuimos a hablar a oficinas centrales de Conafor y ellos aceptaron que, en efecto, tenían que respetar el artículo 2 constitucional, para no violar la Constitución”.

Por otra parte, Hernández Decasa argumenta que una parte importante de los predios afectados se encuentra en un área natural protegida, lo que representaría un inconveniente para contar con una escritura pública.

“Simplemente te reconoces como poseedor. Eso es todo. Ellos no lo tie­nen claro, porque desconocen a la población que está en las áreas na­turales protegidas. Eso queda claro. Si ellos no tienen claro quién es el po­seedor, es porque no entienden qué poblaciones están asentadas en las áreas naturales protegidas

“Si se ponen a revisar todas las áreas naturales protegidas, van a encontrar asentaciones indígenas, no hay más. Ahí hay un desconocimien­to del artículo 2 constitucional, hay un desconocimiento de los sistemas normativos. Definitivamente no es así.

—Eso implica que las comunidades se definan a sí mismas como indí­genas.

—Así es. Las comunidades son indí­genas. Existen muchas situaciones en estas comunidades. Ustedes saben que se han implementado muchísi­mas políticas, que lo que hacen es que te venden una idea de que ser indígena es sinónimo de ignorante, más que nada. Es lo que más les pega a las comunidades indígenas; [te ta­chan] de pobre, de necio, de terco y de una persona no apta. No eres si­nónimo de desarrollo.

“Nos venden una idea de desarro­llo, una idea muy occidentalizada. Si tú, por el hecho de haber nacido en los Estados Unidos Mexicanos, te reco­noces como indígena, eres indígena.

“También hay que tener cuidado con la folclorización, porque de pronto nos dicen “No eres indígena, porque no vistes un traje típico de la región y no estás hablándome en náhuatl”. Hay que tener mucho cuidado, por­que eso es folclorizar y eso es un tipo de violencia para las comunidades indígenas. Somos indígenas porque nuestro estilo de vida es así.

“Nosotros nos regimos por lo que ustedes conocen como usos y cos­tumbres. En ningún otro lugar vas a encontrar los usos y costumbres, más que en las comunidades indígenas. Nosotros conservamos eso. Hacemos nuestras fiestas de pueblo, hacemos nuestras cofradías, por ejemplo, para realizar actividades y hacemos esto, que es el tequio. Esto de hoy es un te­quio y es una actividad indígena, y se ha realizado siempre.

“Nuestros abuelos la realizaban. El tequio se utilizaba para construir puentes; los puentes que tenemos en nuestra comunidad son hechos gracias a las faenas comunitarias, de tequios. Las iglesias se realizaron con las faenas comunitarias. Los ca­minos que se abrían antes se hacían a través de faenas comunitarias y a la fecha se siguen haciendo a través de comisiones.

“Se designa una comisión en la asamblea para pavimentar una ca­rretera, por ejemplo. Tú tienes que ha­cer las gestiones y juntar el dinero a través de cooperaciones en la comu­nidad y de las gestiones ante el go­bierno. Eso es un tequio. Entonces no nos hagamos. Somos comunidades indígenas, siempre y cuando nosotros nos reconozcamos y tengamos esa identidad bien clara.

“Puede haber personas que no se reconozcan, porque hay un problema de identidad, y no nada más en los pueblos. Es en todo el país. Hay gente que puede estar viviendo en la ciudad y son indígenas, aunque ellos mismos no se reconozcan”.

—A partir de lo que nos está expli­cando, ¿nos puede dar una definición sucinta de lo que es una comunidad indígena?

—Una comunidad indígena es un sitio en el que todavía se respe­ta la normatividad. Las comuni­dades indígenas se caracterizan por establecer su normatividad interna, llegar a acuerdos dentro de la comunidad, establecer la asamblea. En todas las comu­nidades indígenas lo que uste­des van a encontrar son asam­bleas comunitarias, donde toda la gente participa levantando la mano o pintando un punto en un pizarrón o en un trozo de papel; levantando la mano para dar su participación y llevando a cabo todas sus costumbres, los usos y costumbres.

—¿Cuáles son esas costumbres?

—Realizar el altepeihuitl, el molito de su santo patrón, subir a realizar sus tequios, faenas comunitarias, ya sea porque es por obligación, porque la comunidad te lo obliga y a la vez es por voluntad propia. A eso le decimos hacer comunidad. Eso es una comu­nidad indígena. No necesariamente tienes que hablar náhuatl, aunque sí ocurre que tenemos personas que hablan náhuatl, aunque sea en poca proporción, y estamos los que lo en­tendemos y los que utilizamos muchas palabras en náhuatl todo el tiempo.

Combate a la plaga del escarabajo descortezador

—¿El escarabajo descortezador es el principal problema que enfrentan La Malinche y los bosques o hay otras situaciones, como el desmonte o la tala ilegal?

—Sé que hay otras zonas donde sí tie­nen tala ilegal. Nosotros empezamos a ver tala ilegal, pero después de que empezó el problema del escarabajo descortezador.

“Puedo decir y dar fe que, por ejem­plo, comunidades como Xochiteotla, Tepatlaxco, Cuahuixmátlac, Muñoztla, Tlalcuapan, nunca habíamos visto ta­lamontes. Había algunos propietarios que subían y a lo mejor hacían carbón, pero de hecho es una práctica muy poco común en estas áreas. Pero no talamontes, como lo que ahorita ve­mos, que de pronto hemos tenido que subir y ver a personas que a veces ni pertenecen a la comunidad, que de hecho la mayoría de los que empe­zaron a hacer esto no pertenecían a la comunidad, no los conocíamos y de pronto llegamos y ya habían ta­lado 80 árboles; era algo que nunca habíamos visto. Era impensable para nosotros”.

—¿Es una consecuencia de la exten­sión de la plaga?

—Ahora se está dando, pero fue a tra­vés del problema del descortezador. Es una consecuencia para justificar el saneamiento. Nosotros nunca ha­bíamos visto talamontes. De hecho, en una ocasión, los de la comunidad denunciaron un camión ante Profepa y tuvo que subir Profepa en la madru­gada, por el camión.

“La gente estuvo insistiendo mu­cho, haciendo muchas llamadas, por­que nosotros nunca habíamos visto talamontes. No sabíamos cómo en­frentar el problema. De pronto que­ríamos subir todos juntos y correrlos, pero sabemos que estas personas vienen armadas. Por eso dijimos, es­tán las instancias, tenemos que hacer que suban. Tenemos que hacer una presión para que suban. Se hizo esa presión a través de llamadas. Se les mandaron fotos y les dijimos que éra­mos testigos de que tenían que hacer su trabajo. Entonces ellos subieron y tuvieron que bajar con el camión”.

“Eso fue el 17 de octubre de 2020, después de que realizamos un foro in­tercomunitario. Ese día que tuvimos nuestro foro, teníamos talamontes aquí arriba, en el monte. Fue algo muy extraño.

“Fue un mensaje a todos. Dijimos: “No vamos a permitir que vengan a talar”, pero sí se ha seguido dando, aunque en una escala menor. Suben de Texcacoac o de otros sitios. A ve­ces no los conocemos y sí han subi­do por árboles. Y a veces, más que talar árboles, suben a robar troncos que ya fueron sujetos a saneamien­to. De pronto también lo vemos como bastante ilegal. Eso no está dentro de nuestros acuerdos internos. Ha subido gente externa. Es como una operación hormiga”.

—¿Cuáles son los acuerdos sobre el uso que se le debe dar a los árboles que han sido derribados?

—Aquí yo quiero relatar dos cosas antes de hablar de los acuerdos. La primera es que el día que se presen­tó el excoordinador General de Eco­logía, Efraín Flores Hernández, vino a comentar que los árboles se tenían que vender, para poder pagar el sa­neamiento.

“Estableció un precio de 150 pesos el metro cúbico, y previamente nues­tros vecinos, los pocos que ya habían podido sacar sus notificaciones, ha­bían tenido un pago de 35 pesos el metro cúbico de madera. Él [Efraín Flores] estableció ese precio. La gente no estaba de acuerdo. Les dijo que no tenían la capacidad técnica. Nosotros aceptamos que no la tenemos, por­que no somos talamontes ni carbone­ros. No tenemos motosierras. De todas formas, nos parece un precio injusto.

“Por otra parte, estaba la refores­tación. En su momento nos dijo que él, personalmente, lo iba a hacer. Hasta la fecha no hemos tenido ni una res­puesta. La gente desconfió mucho de esa respuesta sobre la reforestación, de la recuperación de esas áreas. Él estableció un precio. Y en ese mo­mento nosotros no teníamos tan claro el panorama. Accedimos a esos pre­cios. En su momento establecimos un precio. Dijimos “Sí, pero debe de ser como de 280 pesos, 250, por lo menos, porque la gente a las que les van a hacer el saneamiento, pues tiene que reforestar.

“Él dijo que no, que ellos se hacían cargo, pero no nos mostraban la no­tificación. En la notificación se espe­cifica quién se debe hacer cargo de la restauración. La gente, con ese ar­gumento, pide que se suba el precio. Se establece en 250 en ese momento. Eso fue para todos los pueblos. Se fue presentando pueblo por pueblo.

“Se impuso una empresa, la em­presa del señor Melquiades Botello Torres, que se llama Tierra Bendita, que por lo que nos enteramos poco después, es una empresa que se constituyó en menos de un mes, a través del ex coordinador general de Ecología.

“Tuvimos que descubrir muchas cosas a través del tiempo. En ese mo­mento no teníamos esa información. Creíamos que era una empresa que pertenecía a la Asociación de Aserra­deros de Tlaxco, que están regulados y nos vino a presentar una empre­sa nueva. A través del municipio de Chiautempan se presenta él y nos viene a imponer a esa empresa.

“Nosotros dijimos “Bueno, quere­mos hacer nuestro saneamiento”. En su momento nos dijo que no tenía­mos la capacidad técnica. Se insistió tanto, que se llegó al acuerdo de que algunos dueños de los predios podían tener acceso a ese saneamiento, pero la condicionante fue que no podíamos vender ese material, lo cual nos pa­recía injusto. Muchos de ellos querían hacer el saneamiento para evitar que la plaga se dispersara y dijeron “Me puedo quedar con esa madera. La puedo tener en mi casa”.

“El saneamiento es el trabajo que se realiza para bajar la población de insecto descortezador y consiste en detectar a los árboles, observas los signos y los síntomas. Después de que detectas eso, lo que tienes que hacer es derribar el árbol. Se fumiga, descor­teza, se vuelve a fumigar, se coloca en trozos y se extrae del sitio”.

—¿Esa madera es comercialmente explotable?

—En muchos casos sí. Dependiendo del estado del árbol. Cuando el árbol ya tiene las hojas más que amarillas y cafés, la verdad es que solamen­te sirve para leña, pero mientras el árbol esté verde, tenga un diáme­tro aceptable para los aserraderos, y, por ejemplo, tenga poda natural adecuada y esté derechito, ese árbol se puede aprovechar, no solamente para hacer cajas de fruta, por ejem­plo, sino para hacer un mueble. Ese tipo de cosas la gente lo argumentó, pero como nosotros no trabajamos en Tlaxco, no tenemos ese tipo de cono­cimiento.

—¿Un árbol mal fumigado podría convertirse en un foco de infestación y esparcir al escarabajo?

—Definitivamente sí. Un árbol mal fumigado es un foco de infesta­ción. De hecho, algo que ocurrió es que en octubre nos instalan el comando de incidentes, que es un comando que viene de Conafor, y ese comando da la orden de dejar de descortezar.

“La norma 019 dice descortezado, pero ellos nos dicen que no iban a descortezar. Nosotros pedimos que nos lo mandaran por escrito, pero no lo hicieron. Nos dijeron que el comando unificado no hacía nin­gún tipo de escrito. Las empresas, cuando escucharon esta indicación, dejaron de descortezar y nos dijeron que el comando los estaba ampa­rando. Y ya no pudimos obligar en algunos casos a descortezar.

“En otros casos se les ha obligado, porque les hemos tenido que hacer entender que la asamblea manda y que si se dice que se descorteza, se descorteza. Pero desde allá arriba ese fue en su momento la indicación. Si tú fumigas encima, pues qué vas a matar, porque el escarabajo vive entre la corteza y el tronco. Es difícil acabar con él.

“Un árbol mal fumigado es un foco de infestación. El argumento de ellos es que era para hacer el derribo más rápido y la extracción más rápida, pero también les decimos que esos árbo­les son transportados a aserraderos. En muchos casos están en la zona de Tlaxco y hay que comentar que tam­bién son áreas forestales, a las que se está transportando este insecto”.

—¿Hay evidencia o pruebas que con­firmen que estas malas prácticas hayan propiciado que el escarabajo se extendiera a otras áreas?

—Pues sabemos que en otras zonas ya se ha presentado este problema. Por ejemplo, este problema empezó aquí, en La Malinche, de cierta manera, pero sabemos que ya en todo el esta­do hay escarabajo descortezador. Yo diría que sí. Mi respuesta sería pues sí, porque no se hicieron los trabajos de contención de manera adecuada.

—¿Se podrían presumir que hubo irregularidades por parte del ex coor­dinador General de Ecología, Efraín Flores Hernández?

—Le dio la vuelta a la Asociación. No entendemos por qué no buscó ase­rraderos que están regulados desde el inicio, y que están constituidos como una asociación y que están cumplien­do muchas normas. Ahí hay una si­tuación muy extraña.

“La otra situación es que no aten­dieron la plaga en su momento. En 2019 se dieron los primeros avisos de plaga y no la atendieron. Entiendo, por ejemplo, la disposición que nos mostró, supuestamente, el día que se presentó para atender la plaga. Decir: “Nadie se hace responsable, yo me hago responsable, yo voy a sacar la notificación a mi nombre, a nombre de la CGE”, pero lo que no entiendo es por qué imponer una empresa.

“Creo que pudo haber hecho el trámite y el gobierno del estado sería el titular de esta notificación general, pero lo que no entendemos es por qué imponer una sola empre­sa. Para empezar, una sola empresa no cuenta con la capacidad técnica. Para terminar, había una asociación entera de aserraderos. Creo que pu­dieron traer a más empresas para realizar los trabajos rápido, como ellos pedían revisar de verdad los trabajos. Nosotros no vimos que los trabajos fueran revisados de mane­ra adecuada. De ahí sale la necesi­dad de conformarnos como comité de vigilancia”.

—¿Qué implica la notificación?

—La notificación es el permiso de de­rribo y de saneamiento. En ella se es­tablecen los pasos a seguir y se esta­blece la norma que se debe cumplir y cómo se debe hacer este trabajo de saneamiento. Se especifica si se derriba, se fumiga, cuántas veces se fumiga. Si se debe cortar hasta deter­minadas medidas. Si se descorteza o no, y cuando se descorteza, qué ha­cer con el material que se descortezó. Si se quema, se entierra, se fumiga al aire libre. Eso es lo que implica la notificación.

—¿Cuándo se emitió esta notifica­ción para este proceso?

—Esa notificación salió el 17 de agosto de 2020 y los avisos de plaga se dieron desde octubre de 2019.

—¿Quién emite la notificación?

—La notificación es emitida a través de Conafor. Y quien tramita la notifi­cación es la CGE. La notificación está a nombre del estado.

Lo que sigue

—¿El problema del escarabajo des­cortezador tiene solución?

—Es una pregunta muy complicada. Yo no podría decir que tenga una so­lución en el sentido de que deje de existir el escarabajo, pero un control sí puede realizarse. Disminuir las po­blaciones y controlar la densidad po­blacional y la cantidad de árboles que se pueden perder, sí se puede hacer.

—¿Cómo se puede lograr eso?

—Pues aplicando la norma 019 al pie de la letra y dejando de burocratizar tanto los trámites. Algo que aplaudo es que oficinas centrales de Conafor acepta nuestros derechos, porque lo que ellos quieren hacer es realizar el saneamiento a tiempo y finalmente nosotros no les estamos quitando la autoridad. Ellos siguen siendo autori­dad y lo respetamos, porque ellos van a venir a revisar los saneamientos.

“Ellos tienen que dar fe y constan­cia, y revisar que los hagamos bien. Si los hacemos mal, ellos tienen toda la autoridad de multarnos. Sí hay so­lución. ¿Cómo? Reconociendo los de­rechos indígenas, emitiendo de esta manera las notificaciones a tiempo, sin tardar dos o tres meses”.

—¿Cuánto sería el plazo ideal?

—Lo ideal serían 15 días y realizando las revisiones. Nos pueden venir a re­visar nuestros saneamientos esos 15 días. Ese es su trabajo y para eso se les paga. Y nosotros estamos dispuestos a afrontar cualquier situación y a co­rregir nuestros errores. Nosotros que­remos, y es cuando hablamos de eso, hablar de trabajar en conjunto. Cuan­do hablamos de trabajar en conjunto, nos referimos a eso: tú eres autoridad para revisar nuestros trabajos y reví­salos. Haz tu trabajo. No te estoy impi­diendo nada. Ven y revísalos, y écha­me la mano para que los haga bien.

—¿Cuáles podrían ser los beneficios de una jornada de reforestación como la de este día?

—Los beneficios son muchos. El tra­bajo colectivo, por ejemplo. De pron­to vivimos de una manera muy indi­vidualista, y debemos entender que las soluciones tampoco las va a tener solo el gobierno. Y de hecho el gobier­no somos toda la población y nosotros tenemos también responsabilidades. El esfuerzo por realizar estos trabajos no es decir “El gobierno tiene toda la culpa”. No es así.

“De hecho, realizar estos trabajos tiene el objetivo de decirle a la gente que todos somos responsables. Todos somos responsables. Si hay calenta­miento global, todos somos respon­sables. Si se puede hacer algo entre todos, todos somos responsables de hacerlo, todos somos responsables de venir y hacer una acción. No solamen­te es reclamar.

“De pronto nos soltamos a recla­mar, pero qué hacemos. El trabajo colectivo habla de eso, de trabajar para el bien común, de los demás, no solamente para mi propio beneficio. Yo creo que ese es un trabajo, que, por ejemplo, en las comunidades in­dígenas siempre se hacía, se ha ve­nido haciendo, en algunos casos se ha venido perdiendo y que nosotros, por ejemplo, tratamos de recuperar, y también genera identidad. La identi­dad es muy importante.

“Cuando hay pérdida de identidad, la verdad es que tú vas a querer ser chino o argentino o rapero, cuando en realidad eres mexicano y tienes identidad a través, por ejemplo, de la Matlalcuéyetl. Eres tlaxcalteca. Noso­tros somos tlaxcaltecas.

“Tener identidad te da estabilidad emocional, incluso. Te da un sentido de pertenencia y te da una satisfac­ción. No necesitas andar buscando por otros lados. Sabes de dónde eres y te da pie para realizar otras cosas en tu vida”.

Solidaridad comunitaria

Mariana Chocolatl tiene un nom­bre que parece ideado por Gabriel García Márquez. Mariana es una jo­ven originaria de Atempan, aunque radicada en Apetatitlán. Ella cursa el sexto semestre de Antropología en la UNAM.

Mariana, como otras decenas de personas, acudió al llamado que hi­cieron los integrantes del comité de San Bernabé Cuahuixmátlac para participar en el décimo tequio del año.

—¿Qué te animó a venir a esta faena comunitaria?

—Ya había visto que habían hecho otros tequios y ahorita tuve la opor­tunidad de venir. Siento que es una forma de ayudar a las comunidades, y en general al estado. Eso fue lo que me motivo a ayudar.

—¿Qué sabes acerca de la problemá­tica del escarabajo descortezador?

—Estoy consciente de que se trata de algo complicado. El escarabajo es natural, pero se ha salido de control y también está la tala. El estado y el gobierno no le han puesto el interés que necesita y los pobladores tienen que hacer más trabajo para refores­tar, para limpiar.

—¿Qué beneficios deja una acción como el tequio?

—Además de reforestar, o sea, lo ob­vio, como que estamos ayudando al medio ambiente. También ayuda a generar comunidad y saber que se está haciendo algo, a pesar de que el apoyo no se vea tanto, pero se ve una organización de las comunida­des, que en verdad se está pensando a largo plazo y no solo como “Vamos a poner arbolitos”.

También he visto que no solo vienen de las comunidades, sino de otros municipios. Creo que eso nos indica que hay interés por parte de gente de todo el estado en ver bien a la Malintzi.

—Desde la disciplina que estás estu­diando, qué papel crees que juega La Malinche para las comunidades.

—Es una parte muy importante de la identidad de los tlaxcaltecas. Creo que eso también es lo que motiva a que vengan aquí. Saben que es parte de ellos, que le debemos algo, porque nos ha dado vida.

—¿Qué te pareció la respuesta de la gente?

—Bien. No sabía que iba a venir tan­ta gente. Me sorprendió verlos. Es la primera vez que vengo. Espero poder seguir participando.

—¿Crees que el problema del esca­rabajo descortezador tiene solución?

—Sí, yo creo que sí. Va a tomar tiem­po, va a tomar recursos, pero si se actúa como lo están haciendo desde ahorita, yo creo que sí puede ser, solo que tiene que ser rápido. Tenemos que responder ante esto, porque es una emergencia. Por eso tiene que ser rápido.

“Tenemos que tomar más en serio la situación y ampliemos los tequios y la organización de las comunidades; que sepamos lo que están haciendo y también que el gobierno se tome más en serio esto. Que no lo olvide”.

Yassir Zárate Méndez
Fotografía: Federico Ríos Macías

Comparte este artículo

Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on linkedin