La provisión de ganado de lidia para las corridas de la Tlaxcala colonial

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Publicada Octubre 2008 Edición 11

El suministro de toros de lidia para las corridas que se granizaron en Tlaxcala durante el periodo colonial fue un derecho que el cabildo de la ciudad otorgó exclusivamente al “obligado” de la carne.

Las funciones del “obligado” de la carne, en Tlaxcala y en toda la Nueva España, consistieron tanto en proporcionar el ganado de lidia para las corridas de toros, como los animales necesarios para abastecer de carne de res y carnero a todas las carnicerías de la provincia de Tlaxcala. *El cargo de obligado lo vendía el cabildo de la ciudad cada dos años a través de subastaba pública. La puja consistía en ofrecer una mayor cantidad de carne de res y carnero, que se vendería al público, por un real, durante un tiempo determinado. La carne se media en onzas y libras (no como actualmente en kilos y gramos). Por ejemplo, en el año 1757 se presentaron dos postores: Bernardo Antonio Pineda e Ignacio Bermúdez, el primero ofreció dar en las carnicerías 5 libras y 2 onzas de carne de res por un real y 24 onzas de carnero por un real, el segundo ofertó 5 libras y 4 onzas de carne de res por un real y 25 onzas de carnero por un real. Lógicamente el segundo ganó la subasta al presentar una mejor propuesta.**

Para ejercer sus funciones los obligados se surtían de reses en las provincias de Guadalajara, Puebla, México y en la feria de Toluca, procurando conseguir las de mejor calidad, ya que el cabildo vigilaba constantemente la calidad y provisión oportuna. Por ejemplo, si el obligado no contaba con las reses apropiadas para un buen lucimiento en la fiesta brava, el cabildo reemplazaba legalmente al obligado por alguno de sus fiadores. Tal como sucedió en el año 1769 cuando al obligado Domingo Sánchez Escudero fue sustituido por su fiador Pedro Zubian porque 60 cabezas de ganado destinadas para el abasto de las carnicerías, incluyendo los toros bravos de la corrida, fueron embargados por Joseph González de Silva, principal acreedor de Sánchez Escudero.

La señora Ana María Carrillo, esposa del obligado destituido, se presentó ante el cabildo para quejarse del nuevo obligado por “denigrar el honor de su esposo”, alegando que compró nuevos toros para la corrida. Pedro Zubian, el obligado sustituto, argumentó en su defensa que se vio precisado a comprar nuevos toros porque el acreedor se negó a la salida de los animales embargados y estaba en juego su honor y desempeño como nuevo obligado.

Después de varias reconvenciones el cabildo propuso que como ambas partes aspiraban servir a un fin ilustre se lidiaran los toros de una y otra parte.**

Algunos obligados para asegurar la buena calidad de los toros bravos criaban las reses en los pastos y aguajes, mejor conocidos en aquel entonces como “llanos de Tepetates”, propios del cabildo de la ciudad de Tlaxcala, que preferentemente rentaban a los obligados para el resguardo o cría de las numerosas reses que esperan ser lidiadas o sacrificadas para el abastecimiento de las carnicerías.

Finalmente, aunque el cabildo de Tlaxcala ofreció en subasta pública el permiso legal para proveer tanto el ganado bravo como las reses para el abastecimiento de carne de res y carnero en toda la provincia de Tlaxcala, ese permiso, cargo o función fue retenido por un corto número de comerciantes de reconocida influencia económica y crediticia.

Los documentos que registran las múltiples subastas que realizó el cabildo de Tlaxcala durante del periodo colonial, para el fin ya expuesto, resguardados en el Archivo

Histórico del Estado de Tlaxcala, indican que los comerciantes Bernardo Antonio Pineda, Joseph Romero Tenorio, Joseph Pérez Carrasco y Domino Sánchez Escudero, importantes comerciantes de la época, fueron los principales postores de las subastas y por lo tanto prestigiados proveedores de toros de lidia. Sin embargo, el cabildo siempre condicionó las ganancias económicas de tales comerciantes regulando los precios del ganado y la carne y cancelando el permiso legal de abastecimiento cuando lo creía conveniente, pues el fin principal del cabildo fue recaudar el mayor ingreso fiscal y en el ramo de abastecimiento de ganado, fue recaudar los mayores ingresos mediante el impuesto que se pagaba por los animales que se introducían a Tlaxcala.**

Fue hasta el año 1812, con el movimiento de insurgencia, cuando se liberó el precio de la carne y venta de ganado.* Desde entonces cualquier hacendado y/o comerciante proveyó libremente las corridas con su ganado de lidia, permitiendo la competencia. Varias haciendas destacaron por criar a los mejores y más bravos toros de lidia de la región. Haciendas como Piedras Negras adquirieron prestigio a través de los años trascendiendo hasta nuestros días.

* Quiroz, Enriqueta “Del estanco a la libertad: el sistema de la venta de carne en la ciudad de México (1700-1812)” En: Guillermina del Valle Pavón (coordinadora) Mercadares, comercio y consulados de la Nueva España en el siglo XVIII. México 2003. Instituto Mora.

** Documentos del Archivo Histórico del Estado de Tlaxcala. Sección: Siglo XVIII.

Elizabeth Sánchez Cornejo
Foto: Archivo Revista Momento

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