La sensibilidad humana de Graciela Orozco

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Publicada Octubre 2012 Edición 59

Esta destacada actriz es tlaxcalteca de corazón, pero chilanga de vida

En su longeva trayectoria como actriz ha obtenido múltiples reconocimientos y premios, pero para ella lo más importante es que la recuerden por las emociones que generó a los espectadores través de su trabajo, no tanto por su nombre.

A sus 76 años de edad y después de realizar los papeles de la Melibea en la Celestina, la Inés del Tenorio, la Jacinta de Fuente Ovejuna, la Jimena del Cid y la Discreta Enamorada, por citar sólo algunos, ahora le gustaría encarnar el personaje de Pelagia de la novela La madre del escritor ruso Maxim Gorki, pues fue una mujer con actitud revolucionaria, con ganas de vivir y de conseguir la plena libertad de la sociedad.

“No soy la gran artista ni el temperamento único, pero mientras tenga fuerza y haya un lugar donde pueda sembrar justicia, despertar cosas bellas entre la gente y plasmar mi sensibilidad como ser humano, lo haré”, sentencia Graciela Orozco, actriz nacida el 24 de septiembre de 1936 en Santa Ana Chiautempan, aunque desde los seis meses de edad fue llevada al Distrito Federal, de manera que asienta: “soy tlaxcalteca de corazón, pero chilanga de vida”.

Actualmente, Chela Orozco, como también se le conoce en el medio artístico, realiza el montaje de la obra “Invención de la Santa Cruz por Santa Elena”, escrita en náhuatl por Manuel de los Santos y Salazar, pues está interesada en rescatar la riqueza del teatro del siglo XVIII de Tlaxcala.

Así que la actriz concede la entrevista a Momento en una pausa que hace en el ensayo de la obra que dirige en el municipio de Santa Cruz Tlaxcala, a fin de hablar sobre su vida personal y su trayectoria profesional en el teatro, cine, televisión y la radio.

La vida de Graciela está marcada por dos personajes reales: Ricarda Enriqueta Muñoz Pérez y María Pérez, madre y abuela, respectivamente, de ella.

“Mi madre me enseñó a amar este pueblo de Tlaxcala, me enseñó a hablar el náhuatl, su lengua, nuestra lengua, además tenía una sensibilidad extraordinaria por todo lo artístico y me enseñó poesía desde que tenía 5 años de edad. Me aprendí unos poemas larguísimos que ella me enseñaba”, rememora.

En el caso de su abuela, “si mi madre era así, tenía que haberlo heredado de mi abuela, a quien recuerdo vestida con unos delantales largos, de cuadritos, llenos de holanes, enseñándome la música fina a través de los cilindreros. A ella le encantaba el cilindro, creo que le traía un grato recuerdo, porque la veía sentada extasiada en el jardín donde tocaban o paradita en la calle, me llevaba de la mano. Esa sensibilidad, sentirla a través de la piel, es maravilloso”.

Graciela no conoció a su padre (José Hernández) y sólo sabe que fue oriundo de Ocotlán, Tlaxcala, que fue un maestro rural que luchó por sus compañeros, “pero también sé que fue muy enamorado y entonces entre los asuntos políticos y el enamoramiento, pienso que fue asesinado por ambas cosas”.

Por esta causa su madre se fue a vivir de Chiautempan a la ciudad de México y en la capital del país se acoge al techo de su hermana, donde Graciela conoce al esposo de su tía, de quien aprendió a leer la gran literatura. “Tenía seis meses de nacida cuando mi madre se fue al Distrito Federal, así que soy más chilanga que tlaxcalteca, soy tlaxcalteca de corazón, pero chilanga de vida”.

–¿Por qué decide entrar al mundo de la actuación?

–Por la sensibilidad que mi madre y mi abuela me dejaron, ninguna de ellas era actriz ni nada, mi madre era maestra rural también, pero lo artístico lo tomé de mi madre y la sensibilidad de mi abuela; los libros de literatura los conocí por mi tío, de quien llevo su apellido, soy Graciela Orozco por mi tío. Cuando conozco los libros, descubro que ese mundo es maravilloso.

–¿Qué edad tenía cuando decide dedicarse a la actuación?

–Mi mamá me llevó a recitar a un evento médico una poesía de Rubén Darío que se llama “Margarita está linda la mar”, entonces tenía 5 años de edad. Después, gracias a que mi abuela era religiosa, viviendo en la colonia Moctezuma, se formó el grupo denominado Juventud Católica en la iglesia del Perpetuo Socorro, al cual ingresé y aunque no soy tan religiosa como mi abuela, siempre traigo una imagen de la virgen del Perpetuo Socorro colgada en mi cuello –la muestra– porque es la que realmente da inicio a mi carrera, no tanto por el sentido religioso.

Más tarde, descubre el mundo del teatro con las grandes compañías españolas que llegaron a principios del siglo XX a México, así que empieza a formar un cuadro artístico en la parroquia del Perpetuo Socorro cada ocho días.

A los 17 años de edad, Chela tiene la oportunidad de irse de gira con la compañía de teatro clásico español del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), porque María Idalia, una periodista de Excélsior que también era actriz, contrae nupcias y le conceden la oportunidad de trabajar llevando los papeles de dama joven porque así se llamaba en ese entonces.

“Hice el papel de la Melibea en la Celestina, la Inés del Tenorio, la Jacinta de Fuente Ovejuna, la Jimena del Cid, en fin, grandes, grandes personajes, la Discreta Enamorada y cuando hago esto, descubro también la belleza del verso con los españoles, de manera que yo me formo en la compañía de teatro clásico español en verso”.

Recuerda que en alguna temporada ella hacía el papel de Jimena con Sergio Bustamante, mientras Ofelia Guilmain hacía el mismo personaje llevando como compañero a Ignacio López Tarzo de manera paralela, debido a que “el director de la compañía nos puso a las dos parejas a hacer la misma obra, cuando no lo hacía una, lo hacía otra, y alternábamos”.

La experiencia adquirida en lo que fue su primera gira de trabajo le permitió darse cuenta que necesitaba estudiar actuación porque “uno no puede ser empírico, falta la academia en donde sea, en talleres o en escuelas formales”.

Es así que ingresó a Bellas Artes, donde concluyó su carrera “con maestros maravillosos todos, aprendí la mística teatral y la disciplina para crear a sus personajes… cuando a uno le conceden un personaje, hay que pensar en él profundamente y se trabaja con toda la pasión en nuestro interior”.

–¿Por qué incursiona como directora teatral? –, se le pregunta.

–La mayoría de los actores tiene la intención de que su creatividad vaya más allá de la actuación, esto es, crear una obra de teatro y personajes porque es algo inusitado, porque es la pasión de la mayoría de los actores. El deseo de tener un teatro propio es de todos.

–¿Por qué sigue en contacto con Tlaxcala cuando prácticamente toda su vida la ha realizado en la capital del país?

–No regreso a Tlaxcala, siempre he estado en contacto con mi tierra, jamás he dicho soy polaca. Nunca me he ido de mi tierra, aunque me crié en México, yo conocí Tlaxcala a los 10 años de edad y es maravilloso el olor, la tierra, los árboles, admirar el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl y La Malinche, los verdes de mi estado, no me he podido ir y abandonar esta belleza, pero sobre todo la gran riqueza literaria en lengua náhuatl que tiene mi tierra.

Su abuela y su madre son los dos personajes más importantes en la vida de la actriz

Incluso, Graciela reconoce que su aspecto físico no es el que explotan las televisoras comerciales, pero su talento y pasión por la actuación le han permitido destacar en el medio de la actuación.

“Desgraciadamente el tipo mexicano no tiene gran oportunidad en la televisión porque se entiende que son empresas que venden belleza y no arte, pero los directores se tienen que apoyar con gente con gran preparación actoral para poder complementar a los chicos y chicas guapas”.

Cita que Televisa le dio la oportunidad de trabajar y ahí aprendió a dirigir programas de televisión. Después se fue a laborar a Canal 13 donde hizo personajes que le llegaron al pueblo, “porque todos los días tengo manifestaciones maravillosas del público que me reconoce, me da bendiciones, esto es el mejor regalo para un actor, que la gente te reconozca, te felicite. A veces ni saben mi nombre, pero ni me importa, lo que me importa es lo que dejo, uno se va, la gente es muy olvidadiza, nos vamos a olvidar de los nombres, pero nos van a recordar de aquello que hicimos sentir”.

Entre las series de televisión en las que ha participado Graciela están: “Lo que callamos las mujeres”, “Un día, siempre hay un día”, “Un favorcito compadre”, “Ojalá volvieras para decirte cuánto te odio”, “San Antonio de cabeza”, “La mejor familia”, “Cambio de vida”, “Problemas en el paraíso”, “Los Sánchez”, “Club eutanasia”, “Ellas, inocentes o culpables”, “Romántica obsesión”, “La chacala”, “Al norte del corazón”, “A flor de piel”, “El combate”, “Volver, volver, volver”, “Mi hermana la nena”, “San Simón de los magueyes” y “Tres caras de mujer”.

–¿Y su trabajo en la radio?

–Para los actores la radio es un caso especial, porque nos permite hacer un esfuerzo muy grande para decir una ver­dad a través de un micrófono y que la gente que lo está escuchando cree su propio universo.

“En el cine damos la imagen, damos la historia y todo está dado, pero en la radio uno puede escuchar y ser la gen­te más fea del mundo, pero con una voz agradable que cree un personaje o una voz terrible que crea miedo, el radioes­cucha va a crear su propio universo y se le permite crear a él también”.

Graciela desea que el público la recuerde por las emociones que les generó con su trabajo

–¿Qué ha hecho en la radio?

–Radio comedias, algunas veces noti­cias hace mucho tiempo y programas que obtuvieron premios.

–¿Hay algún personaje que haya inter­pretado con el que se haya encariñado?

–Traicionaría a mis personajes si dijera que me gustó uno más que otro, todos tienen una dificultad, todos son distintos, una Melibea que es una niña soñadora, hermosa, dulce; una Jimena fuerte, que lucha con el personaje más bello del tea­tro español que es el Cid, es una mujer fuerte. Pero tenemos a otra mujer más fuerte todavía que es Laurencia, esa niña que levanta a todo un pueblo por justicia, eso es maravilloso, se debe tener mucha garra, mucha fuerza, plantarse muy bien, sentir que la tierra y la fuerza de la tierra le entre a uno hasta que salga.

A los 51 años de edad, Graciela re­cuerda que hizo un personaje de una niña que tiene 13 años de edad en una obra que se llama “Los Perros” de Elena Gabo, “entonces cómo puedo decir que me gusta más un personaje que otro u otro”, se pregunta.

“Imagínate, a los 51 años de edad hago el personaje de una niña de 13 años violada, lastimada, vejada. El di­rector me decía que tenía que hacer ese papel porque tenía mucha experiencia de vida, pero me daba temor de que el pú­blico se riera de mi trabajo, sería debut y despedida, pero cuando llegó el momen­to, a la mitad de la obra, decir que tenía 13 años, el público estuvo en silencio y había lágrimas, entonces dije: ya la hice”.

Recientemente, Chela hizo un perso­naje propio de su edad en la obra “Las viejas vienen marchando” de la empresa OCESA, quien reunió a cinco actrices y a ella le tocó realizar el papel de una viejita que nunca se casó y sus compañeras se quejaban del marido.

“Ella está triste porque no tiene expe­riencia matrimonial y quería tener la expe­riencia, entonces le organizan una fiesta en la que le llevan a un striper y va a pa­sar la noche con él, la viejita llega vestida de novia con una prenda que adquirió en la Lagunilla y es la que cuida al cura de la colonia, es un personaje precioso… todos los personajes tienen un encanto y uno debe tener todo el respeto a esos personajes para crearlos con verdad”.

–¿Hay algún personaje que no haya he­cho y que le gustaría interpretar?

–Me gustaría realizar el personaje de la novela La madre de Máximo de Gorki y también hacer la Celestina porque ya estoy en edad.

Refiere que en la novela La madre, Maxim Gorki crea el personaje de Pelagia, una mujer con actitud revolucionaria, con ganas de vivir y de conseguir la plena libertad de la sociedad.

“Es una mujer que lucha por un pueblo, a una edad avanzada toma conciencia de la situación en la que está la sociedad. Aquí en México, en este momento político, con 75 años de dictadura, me dan ganas de hacer el papel de La madre para levantar a la gente y piense que tenemos un país riquísimo, pero que ha sido saqueado por los apellidos extranjeros que no piensan en el pueblo, antes no han desaparecido las comunidades indígenas. Sor Juana Inés de la Cruz decía que su país es saqueado y lo seguimos saqueando en los aspectos cultural, económico, artístico y técnico”.

Por ello, afirma que quisiera tener la capacidad para levantar a la gente como lo hizo Pelagia en la novela La madre, quien a los 60 o 70 años de edad toma conciencia y se levanta contra todo. “En México hemos tenido mujeres fuertes, pero desgraciadamente no han llegado a hacer una conciencia de verdad profundad de lo que es nuestro pueblo”.

Menciona que en el teatro los actores pueden decir muchas cosas, “pero también tenemos gente que nos va a callar.

–¿O sea que también los actores de teatro son víctimas de la censura?

–Totalmente somos víctimas de la censura y además se suben a golpear a los escenarios cuando determinados grupos se sienten aludidos, hemos padecido asaltos a escenarios, golpes y todo, responde Chela con un tono de indignación.

–¿Eso es decepcionante para ustedes en el siglo XXI?

–Yo viví casi todo el siglo pasado y me duele profundamente volver a cosas que por desgracia se generan por tener un sistema corrupto. Por ser tan rico nuestro país, todo mundo se corrompe, deberíamos ser un eje en el mundo, tenemos petróleo, riqueza cultural, arqueológica, hay fruta que se echa a perder de la zona sur del país, tenemos todo, pero no tenemos un pueblo realmente justo y un sistema que eduque a nuestra gente para que despierte y sea inteligente para que pueda vivir.

–¿Qué le gusta más: el cine, el teatro, la radio o la televisión?

–Todos tienen su encanto, pero naturalmente el teatro, no hay nada como el teatro.

–¿Todavía siente usted nervios al subir a un escenario?

–Yo me muero de los nervios, entra uno al escenario con un miedo enorme, espantoso, ver cientos de ojos mirándolo a uno a la hora de estar diciendo cosas muy serias o en otras ocasiones cosas muy cómicas, chistosas, pero no sabe uno como los contrala conforme avanza la obra.

“El teatro es tan cercano que se siente toda la energía de la gente que está presente y eso es lo interesante. Lo interesante es lograr que la gente sienta lo que uno está sintiendo y queriendo transmitir”.

–¿Qué influye para que acepte usted un papel que le ofrecen?

–Nunca he dicho que no a un papel… no es cierto (ataja), una vez me invitaron a participar en la Pulquería y dije que ese papel no me gusta, matarile, rile, lo, no estoy hecha para eso. Sin embargo, he trabajado en cortos cinematográficos con los grandes personajes de mi generación, quienes son un encanto, maravillosos y difíciles, pero me dicen: maestra, tú no hables, sólo di sí o no (en relación a las palabras soeces que se utilizaban en el cine mexicano de la década de los ochenta).

–¿Entonces con base en qué acepta un papel en una obra o programa?

– Tiene que decir algo noble, algo justo, algo que deje mucho amor.

–¿Tiene alguna anécdota en su carrera que recuerde de manera especial?

–Me va a matar Sergio Bustamante, pero es una anécdota muy chistosa. Cuando hacíamos el Cid, Nacho, como es alto y muy bien formado, el ropaje del Cid tiene que enseñar las piernas y le iba muy bien a Nacho. Sergio es más bajito de estatura. En una escena en que Jimena dice: “rey Fernando, caballeros, oíd mi desdicha inmensa, de Rodrigo de Vivar adore siempre las prendas, en el momento en que Rodrigo ha matado a su padre”.

“Entonces, en un teatro lleno, digo: “rey Fernado, caballero, oíd mi desdicha inmensa, de Rodrigo de Vivar adore siempre las piernas”. Me di cuenta del error, pero seguí con el monólogo, cuando llego a la presencia del rey y me arrodillo, los compañeros que hacían el papel del rey y el de consejero, quienes llevaban barbas largas, las barbas papaloteaban de la risa”.

Agrega que Sergio tenía que entrar en ese instante con todo su ejército triunfante, “pero nada más vi las banderolitas que antes de entrar volaron para regresarse. Dijeron: yo no salgo. Se bajó la capa para entrar con la gente. Yo lloraba por aguantar la risa para decir mi parlamento. El público no se dio cuenta porque todos seguimos serios. Después me insultaron, me patearon, me dijeron de todo porque los hice reír en plena obra”.

–¿Fue usted una persona enamoradiza?

–Siempre el personaje central, dulce, bonito y fuerte debe ser muy bello. Yo soy indígena y tengo todo en contra. Yo tuve muchos muy pocos amoríos en mi vida. Me casé con un hombre que no tenía nada que ver con el teatro, muy inteligente, pero no congeniamos, era hijo de alemanes, no hubo click como dicen. Me divorcié y después conocí gente bonita, un arquitecto que decoraba los grandes hoteles de México, siempre busqué una gente de arte, no de mi profesión. Conocí gente de música, toda la gente cuando es muy sensible te deja algo bello.

–¿Admira usted a algún actor o actriz?

–Admiro a Arturo Beristaín, a Sergio Bustamante, a Ignacio López Tarzo y a Roberto Sosa, padre e hijo. De actrices, a Magda Guzmán, Carmen Montejo, Ofelia Medina

De la generación actual hay muchas buenas actrices, muchas jóvenes que van a dejar historia en México.

–¿Qué opina de que ahora se da preferencia a los cuerpos esculturales y a las caras bonitas en lugar del talento actoral?

–Está bien que busquen rostros y cuerpos bonitos, si eres comerciante vas a presentar lo mejor que tengas, pero para eso buscan el respaldo del decorado, si la prenda que vas a vender es linda, hay que allegarla de cosas lindas.

“Hay que entender que las empresas televisivas venden belleza, noticias impactantes, eso es lo que le gusta al público, el chisme, porque así son las empresas. Por eso doy gracias a las dos televisoras por la oportunidad que me dieron. El cine trata de crear arte, de exponer a los valores nuevos, ahí sí tiene más incursión la gente indígena y la gente de barrio. El cine es más serio, más crítico como el teatro. La radio es más de entretenimiento como la televisión.

–¿Usted ya pensó en retirarse?

–Cumplí 76 años de edad en septiembre, mientras tenga fuerza y haya un lugar donde pueda dejar mi sensibilidad y despertar algo bello en alguien, estaré ahí para sembrar la justicia y la ética, aunque no soy la gran artista ni el temperamento único.

Si bien Graciela es de origen tlaxcalteca, puntualiza que su plan de vida es seguir en el Distrito Federal porque allá vive su familia y están las personas con las que ha convivido la mayor parte de sus 76 años de vida.

José Carlos Avendaño Flores
Fotografía: Richard Xochitiotzin

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