Laura Yamili Flores Lozano – Unidad y firmeza

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Nombre: Laura Yamili Flores Lozano
Cargo: Ex Diputada de la LXIII legislatura local
Estudios: Licenciada en Ciencias de la Educación. Maestría en gobierno, gestión y democracia
Estado Civil: Soltera
Edad: 36 años

Laura Yamili Flores Lozano ha an­dado un camino intenso en la po­lítica. Palpó ese tiempo en donde las mujeres sólo participaban en las brigadas, en las porras, repartiendo propaganda, pero jamás en los cargos públicos. Considera importante reto el romper los techos de cristal en los que están las mujeres, pues en teoría las dejan subir, pero se marca un límite, ese es un reto y otro lo es el atacar la violencia política que se cree que no existe.

Considera que no se puede ser completamente feliz o estar viviendo una vida plena, si no hacemos lo que nos gusta o queremos y desarrollán­donos en la parte profesional distin­guiendo lo importante de lo urgente. Ha vivido violencia y acepta que no es culpa de la mujer vivirla; considera que lo primero es aceptarla y buscar ayuda si se necesita o si se puede salir adelante reconocer que vivimos vio­lencia y tenemos que buscar vivir de otro modo.

Cuando era niña ¿qué soñaba ser de grande?

Siempre me gustó poder trabajar di­rectamente con la gente, de ahí que decidiera ser maestra y la vida me puso siempre en lugares para poder participar dentro de la política.

¿Es difícil ser mujer?

Yo no le pondría la palabra difícil, más bien yo diría que ser mujer es un gran reto. Retos que tenemos que enfren­tar y por supuesto no hay mujeres que puedan decir que tuvieron una vida fá­cil. Ser mujer es una vida de reto.

¿A lo largo de su carrera ha renuncia­do a algo, de acuerdo con los están­dares de la sociedad, como ser mamá, tener una pareja, a su familia?

Sí, por supuesto. Afortunadamente las leyes han ido cambiando con los años, pero cuando inicié mi carrera hace 15 años para participar en la política, por supuesto que tuve que renunciar a un estándar para empezar. La política en ese momento era solo y exclusiva para los hombres.

¿Cómo se organiza?

Creo que lo más importante para todos es llevar una agenda muy clara, preci­sa y, sobre todo, marcando lo urgente y lo importante, porque a veces por desgracia no son lo mismo. Hay que ir haciendo ese balance para lograr sacar adelante todas las actividades que tenemos, desde la parte profesio­nal hasta la personal, ya que creo que van ligadas.

¿Hemos avanzado en equidad?

Sí, por supuesto; creo que las leyes han avanzado y es un hecho que las mujeres están participando. Ha ha­bido avances, pero falta muchísimo, de entrada, mucho tiene que ver con la educación y con cultura. Por ejem­plo, en la parte política las mujeres ya tienen acceso, ya están las leyes que sean 50 y 50, pero todavía cuesta mu­cho convencer a las mujeres de parti­cipar. Cuesta mucho que la sociedad acepte a las mujeres gobernantes.

¿Ha vivido algún tipo de violencia?

He vivido violencia laboral, vio­lencia política, recientemente. De niña, esa violencia, que no sabías en ese momento que te estaban violentando, pero que ahora con los años, con la modificación de leyes e información, entiendes que desde muy niña se ha vivido vio­lencia. Creo que no ha habido o no existe, no he conocido una mujer que diga que no ha vivido violen­cia en algún momento de su vida. Por supuesto, como mujer que soy, claro que he vivido violencia.

¿Desde su entorno qué se puede hacer para que las mujeres vi­van en condiciones de verdadera equidad?

Desde donde estoy he sido una fir­me impulsora de leyes que favo­rezcan a las mujeres. Cuando tra­bajamos con las organizaciones civiles sobre la Ley Olimpia, me di cuenta lo complicado que es para esas leyes que favorecen directa­mente más a mujeres, porque al final la Ley Olimpia es para todos, todavía hay mucha resistencia para lograr pasarlas. Me atrevería a decir que si no hubiera sido una legislatura de mayoría de muje­res, la Ley Olimpia no se hubiera aprobado en el sentido en el que está aprobada.

¿Qué aprendió de la emergencia sanitaria ocasionada por la CO­VID-19? Aprendí a valorar lo que tenemos. La necesidad de trabajar en comu­nidad. Que no podemos aislarnos del mundo. Lo pasamos, estuvimos encerrados un tiempo, pero des­pués tuvimos que salir y lo único que servía era poder trabajar en comunidad usando cubrebocas, cuidándonos entre todos; la sana distancia era la única forma. Yo podía cuidarme sola, pero si los demás no hacían lo que les tocaba, ocurrió lo que en muchos lugares, incluso aquí en Tlaxcala lo vivimos con la segunda ola de contagio, cuando todos conocimos a alguien que falleció por COVID, algún ami­go, un familiar, un cercano, por eso en comunidad, en conjunto tene­mos que trabajar.

¿Tres virtudes de las mujeres?
La organización, somos buenas administradoras y además tenemos una calidad humana, así nacimos, es por nuestra naturaleza.
¿Un defecto?
No diría que las mujeres tenemos un defecto, creo que nos han educado de cierta forma, es complicado romper esas barreras que nos dijeron. Por ejemplo, las esposas, cuando se casan dan por hecho que ellas son las indicadas para planchar, lavar, cocinar, cuidar y atender al marido, etc. Es un estereotipo que nos metieron en la cabeza. Nos cuesta mucho separarnos de ese rol, aunque estudies o te involucres en otra cosa, aunque trabajes el triple. Es muy complicado para una mujer pedirle al esposo que él cocine porque ella va a trabajar, prefiere levantarse a las tres de la mañana y dejar el rol cubierto.
¿Cuál es su pasatiempo favorito?
Me gusta mucho leer. Amo las series de televisión.
¿Cuál es su palabra favorita?
La que me gusta mucho usar es justicia. Me gusta mucho decir “Es que eso no es justo” y poder defenderlo, expresarme.

Marisol Fernández Muñoz
Lucero Ivonne Peña Jiménez
Fotografía: Federico Ríos Macías
Melisa Ortega Pérez

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