Laura Yamili Flores Lozano

Cargo: presidenta municipal
de Benito Juárez, Tlaxcala.
Estudios: licenciada en Ciencias
de la Educación y maestrante
en Gobierno, Gestión y
Democracia.
Estado civil: soltera.
Edad: 37 años.
Hijos: no.

Creció en el pueblo de Benito Juárez, cuando esa localidad carecía de calles adoquinadas, rodeada de juegos que hoy son nostalgia en sue­ños y pláticas. Ha transitado por la política consciente que como mujer enfrentaría violencia. Es la primera presidenta de Benito Juárez; para esta líder no puede haber una mujer violentada en su administración. Se considera a sí misma como justa, empática y mujer de palabra.

—¿Cómo se siente en su condición de ser la primera presidenta muni­cipal de Benito Juárez?

—Me siento en el mejor momento de mi vida. Ser la primera presidenta municipal de este hermoso pueblo es un honor, un enorme compromiso. Responsabilidad triplicada por las voces que decían: “No va a llegar, porque es mujer”; hoy dicen: “No va a poder con el cargo”, “Si no puede, ninguna mujer vuelve a gobernar”.

Anhelo y sueño ver transformado a Benito Juárez y que su gente en estos tres años aumente su nivel de felicidad. Tenemos un reto im­portante de prevención contra las drogas; no vamos a permitir que en estos tres años se roben a nuestros niños y adolescentes, sino que vivan plenamente felices.

—¿Qué extraña de su niñez?

—Creo que la infancia es una etapa de completa inocencia. Crecí en Benito Juárez, en esa época sin calles adoquinadas. Los niños vivíamos una felicidad plena, sin preocupaciones, más que salir de la escuela y hacer la tarea para ir a jugar. Jugaba con otros niños al bote pateado, ángel del diablo, juegos que hoy quedan en sueños y pláticas.

—¿Ha sido difícil ser mujer?

—No es un tema de dificultad, sí de reto. Tenemos que ir contra la historia, contra estereotipos muy marcados de nuestro género. En Benito Juárez las mujeres de mi edad muchas son abuelas; es un estereotipo con el que choco porque no entro.

—¿Cómo la ha acompañado la vio­lencia en su vida política?

—La mujer que quiere entrar en política sabe que va a enfrentar violencia. Estuve consciente de eso. En el Congreso local, a pesar de que la mayoría éramos mujeres, sí vivimos violencia. Muchos casos se normalizan, porque las mujeres estamos acostumbradas y cuando vamos aprendiendo advertimos que estamos rodeadas de violencia.

En una campaña decían sobre mí: “Va a perder porque es mujer”, asi­mismo que las mujeres me hicieran comentarios como “¡Eres mujer, no vas a ganar, pero te vamos a apoyar porque eres mujer!”.

En una reunión llegó un hombre, [que] dijo: “¡Voy a votar por ti, porque están duro y duro que las mujeres, pero si no haces las cosas bien, ninguna mujer vuelve a gobernar Benito Juárez, porque contigo vamos a perder esa confianza!” Fue complicado decirle “¿Cuando votaste por un hombre dijiste que si lo hacía mal, no ibas a volver a votar por un hombre?”. Su comentario para mí fue muy impac­tante. De la manera más clara le dije: “Soy una persona, vas a votar por mí y si te fallo, fallo yo, no te fallan las demás mujeres, y no tienen por qué cargar con lo malo que yo haga”.

—¿Cuál ha sido el mayor reto en su vida?

—Ha sido convencer a más mujeres que tenemos que ayudarnos. Si todas nos apoyáramos e impulsáramos, sería más fácil avanzar.

—¿Quiénes son sus aliados o aliadas en este proceso de ser mujer, de incursionar en la política?

—Mi mamá es una mujer que se adaptó a los estereotipos norma­les, mujer trabajadora, luchadora, pero cuando me veía en política, decía: “¡Ya deja eso, por favor!”. A final de cuentas siempre ha sido la primera en impulsarme, aunque le daba miedo y no le gustaba. Siento que la familia son los primeros que nos impulsan, y de ahí vienen otras mujeres dispuestas a impulsarte. Las mujeres que recibían indicaciones de sus maridos de no votar por mí, estando solas, en la boleta se decidían por mí. Se volvieron mis aliadas.

—¿Cree que la situación ha cambiado para las mujeres?

—Lo que ha cambiado es la ley, adaptándose a ayudar a las mujeres e impulsar la igualdad. Eso obliga a que la sociedad y partidos políticos cambien. Falta mucho, una cosa es que tengamos igualdad para partici­par en elecciones y otra que aún nos está costando ganar; siguen siendo los hombres los que más ganan.

—Desde su cargo como presidenta municipal, ¿Cómo hacer para que las mujeres puedan tener mayor igualdad?

—Es cierto que a veces las mujeres llegamos a los cargos y se nos olvidan las demás, nos adaptamos a la regla social y a los estereotipos. Toca pre­dicar con el ejemplo de que no puede haber una mujer violentada dentro de mi administración por ningún mando, y dejar más mujeres al frente.

—¿Se arrepiente de alguna decisión?

—No. Si lo hiciera, sería arrepen­tirme de algo que soy.

—¿Cuál sería una de sus virtudes como mujer?

—Ser muy justa y empática.

—¿Algún defecto que tenga?

—Ser muy terca, necia y una mujer de palabra.

—¿Cuál es su palabra favorita?

—Justicia.

Lucero Ivonne Peña Jiménez
Fotografía: Federico Ríos Macías
Melisa Ortega Pérez
Vanessa Quechol Mendoza

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