Leticia Hernández Pérez -Trabajo mata grilla

Nombre: Leticia Hernández Pérez
Cargo: Diputada de la LXIII legislatura local
Estudios: Formación en el tema de género, ciencias políticas
Estado Civil: Divorciada
Edad: 47 años
Hijos: dos

Leticia Hernández Pérez pertenece al municipio de Santa Cruz Tlax­cala y desde su formación política se ha preparado en favor de las muje­res; tiene participando más de 20 años en la política. Es parte de las filas del Partido Acción Nacional, donde apren­dió sus valores democráticos y civiles. Proviene de una familia grandísima, siendo ella la antepenúltima de quin­ce hermanos, de los cuales viven once.

En el seno de su familia aprendió la importancia de compartir, pues re­cuerda que las mesas eran enormes y las cazuelas de comida también; ante la situación complicada sus padres siempre tuvieron animales en casa. En su historial de familia recuerda que su padre era panadero. Su madre ha sido un gran apoyo para su caminar como funcionaria pública y madre.

Esta mujer incursionó en la política por invitación de su ex marido. Al haber sufrido violencia doméstica es empá­tica ante dicho tema con las mujeres. Considera necesario formarse en el tema del derecho, conocer a detalle leyes y ver de qué manera se puede ir reformando aquello que hace falta todavía en Tlaxcala en el tema legis­lativo. Hoy tiene un hijo arquitecto y su otro hijo está concluyendo en la UAT enseñanza de lenguas. Considera que la paridad no es moda, la igualdad no es moda y a los varones toca entender que las mujeres no llegan a competir con ellos, sino a procurar una sociedad incluyente.

Cuando era niña ¿qué soñaba ser de grande?

Me gustaba el campo, pero no era algo a lo que yo quería dedicarme. Mi padre siempre procuró fomentarme que me preparara. Mi primer libro fue la Biblia de los niños y quedé fascinada con la lectura.

Me gustaba estudiar, aprender, leer. De niña, mi padre veía que en el traba­jo de una fábrica —era obrero— había mujeres empoderadas, independien­tes: eran las secretarias; estudié una carrera técnica en secretariado eje­cutivo, mucho influyó mi padre en eso. También me decía que no era lo único que una mujer podía aspirar. Si bien me iba a casar, tener un esposo que me mantuviera, que eso no significa­ra que me limitara. Si me veía leyendo, hablando, haciendo algo importante, no lo tenía claro en mi niñez, creo que en el camino fue como se dio el estar participando en política.

¿Es difícil ser mujer?

Hoy menos que antes. Son los estereo­tipos lo que más ha dañado a las mu­jeres. El hecho de que solamente en el ámbito privado es donde se tendrían que desarrollar, aspirar, a ser buenas madres, buenas esposas y buenas amas de casa. Hay mujeres que son felices así y de verdad mis respetos y mi admiración, pero creo que también hay un gran grupo de mujeres que no aspiran solo a eso. Aspiran a estar en política, en las artes, a estar sirviendo en la sociedad civil. Admiro muchísimo a las activistas que tenemos en Tlaxca­la, que se meten, estudian, proponen, luchan y creo que bajo ese contexto no sería difícil, pero en un contexto en donde prevalece el machismo, la mi­soginia, esos estereotipos de que las mujeres solamente deben estar para cuidar a los hijos, creo que mucho daño hace y eso lo hace difícil. Cuando ha­blamos de grupos vulnerables y nos ponen a las mujeres en ese sec­tor coincido con quien dice que no. Las mujeres no nacemos vul­nerables, es el entorno el que nos hace vulnerables. Nacemos en igualdad de derechos y condicio­nes y debería trabajarse, para que eso no sea limitativo, al contrario, siga avanzando.

¿A lo largo de su carrera ha re­nunciado a algo, de acuerdo con los estándares de la sociedad, como ser mamá, tener una pa­reja, a su familia?

No renunciado, sino sacrificado. En 2013 fui candidata a diputada local por mi distrito, que incluye Contla, Amaxac y Santa Cruz Tlax­cala, y sacrifiqué atender a mis hi­jos en esta aventura electoral, que de repente le llamo así. Los saqué de la escuela a los dos y entraron a trabajar, uno a McDonald’s y el otro en Wal-Mart; ganaban muy poquito, prácticamente para su comida y pasajes.

¿Fue esposa, es mamá y ocupa un cargo público, ¿cómo se or­ganiza? ¿De quién se apoya?

Siempre he tenido el apoyo de mi familia. Mi madre vigilando de lejos, mi madre preguntando “¿Tienes comida? Si no tienes, dile a los niños que se vengan para acá”. A unos doscientos metros de mi casa se ubica la casa de mi madre y siempre ella está al pendiente. Mis hijos aprendieron a cocinar, pues siempre procuré tener algo en el refrigerador. Si mis hijos estaban en casa, tenían que ayudarme al quehacer (barrer, la­var los trastes, trapear).

¿Hemos avanzado en equidad?

Si hemos avanzado en esa equi­dad numérica. Hoy sí tenemos congresos locales equilibrados, hombres y mujeres. Incluso en Tlaxcala, específicamente un po­quito más por las acciones afir­mativas que logramos impul­sar un grupo de mujeres, pero la equidad o la paridad numérica no significa esa igualdad sustantiva que tanto estamos buscando, fal­ta mucho por hacer. Vemos en el Congreso a diputados y diputa­das merecen todos los cargos, sólo lo reconocen superficialmente.

¿Ha vivido algún tipo de

violencia?

Sí, definitivamente creo que mu­chas mujeres en todos los aspec­tos lo que más vivimos es acoso; lo vives desde niña. Yo iba a la se­cundaria en Santa Ana Chiautem­pan y en Santa Cruz Tlaxcala to­maba un camión muy temprano y todavía estaba oscuro, entraba a las siete de la mañana y recuerdo que había hombres queriéndote manosear en el cobijo de la os­curidad. Tenía 13, 14 años. Cuando me casé por supuesto viví violen­cia, y después de 16 años de ma­trimonio decido separarme por­que estaba consciente que si no iba a terminar coja, tuerta, manca o muerta.

Son muchos miedos y entien­do muchísimo a las mujeres que viven violencia, siempre está el te­mor. Hoy vemos mujeres prepara­das, económicamente solventes, el violentador trabaja tanto en tu autoestima, es tan hábil, que de verdad te hace sentir que no va­les nada. Te hace sentir la mujer más fea, la más tonta, la que no puede sacar adelante a tus hijos, y también te replanteas y dices ¿y si de verdad no puedo?, ¿y si mis hijos se mueren de hambre con­migo si me separo de su papá? Eso es algo que muchas mujeres pensamos. Yo lo pensé muchísi­mos años, por eso no me sepa­raba, aun teniendo el apoyo de mi familia y después con el tiempo te das cuenta de que no. Sí tiene mu­cho que ver esas redes de apoyo.

En la política las mujeres vivi­mos violencia, procuramos mati­zarla, procuramos hasta engañar­nos y decir “Bueno, escogiste una carrera que se llama política y en la política hay de todo”, y sí lo viví en su momento.

Incluso para llegar a este Con­greso, cuando en la Comisión Per­manente de mi partido logramos la mayoría de los votos a favor de tu servidora, la fórmula, el dirigen­te del partido me invitó un café y prácticamente me dijo “No eres tú, no va tu equipo. Te digo que te atengas a las consecuencias”. Eso es violencia.

¿Desde su entorno qué se puede hacer para que las mujeres vi­van en condiciones de verdadera equidad?

Creo que la capacitación es im­portantísima, pero principalmente creo que hace falta desde las es­cuelas e instituciones educar con igualdad a los niños; tienen que saber que las niñas son iguales a ellos. Aquí creo que ha ayudado mucho el que haya mayoría de mujeres en este Congreso.

En las evaluaciones que hemos tenido en el Congreso vemos que las mujeres sí son de las mejores evaluadas, se desempeñan mejor, se aplican, estudian y cuando las entrevistas tienen muy claro que la igualdad debe ser parte de la ins­titución a la cual pretenden dirigir.

Hace unos meses, antes de que concluyera el 2020, hicimos una serie de foros aquí en el Congre­so, donde invité desde la PGJE, la UAT y la sociedad civil organiza­da para hablar de iniciativas que queríamos presentar, a las que llamamos “Tres metas por noso­tras”, relacionadas con la trata, la atención a víctimas y por supues­to el tema de las mujeres.

¿Qué aprendió de la emergencia sanitaria ocasionada por la CO­VID-19?

Que la pandemia de la violencia tristemente creció. Nos dejó muy claro esta pandemia una triste realidad, que el sistema de salud es un caos y que tristemente los niños confinados en casa, las mu­jeres en casa viven todavía más violencia y eso preocupa mu­chísimo, porque significa que las políticas públicas implementadas hasta este momento no han ayu­dado para que eso disminuya.

¿Tres virtudes de las mujeres?
Me considero trabajadora, sabemos escuchar, somos buenas gestionando y leales.
¿Un defecto?
Creo que a veces el tomarse muy a pecho algunas cosas y también es que hasta que no termino o no logro avanzar, no lo suelto.
¿Cuál es su pasatiempo favorito?
Adoro los silencios de las mañanas. En casa tengo una paz maravillosa, después de vivir dieciséis años en un matrimonio tormentoso, uno aspira por la paz, la tranquilidad. Soy muy de escuchar música, leer me gusta mucho y es lo que más disfruto estando en casa.
¿Cuál es su palabra favorita?
Pues definitivamente mujeres e igualdad.

Marisol Fernández Muñoz
Lucero Ivonne Peña Jiménez
Fotografía: Federico Ríos Macías
Melisa Ortega Pérez

Comparte este artículo