María de los Ángeles Mendoza Arteaga – Fortaleza, valentía y confianza en mí misma

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María de los Ángeles Mendoza Arteaga
Estado civil: Soltera
Hijos: Dos hijas y dos nietos
Estudios: Psicología. Diplomado en Gobernabilidad y Política por la UNAM y George Washington University. Diplomado en La Habana en psicología aplicada y desarrollo humano y no discriminación con enfoque de género. Estudios adicionales sobre imagen pública, violencia de género, parte general del desarrollo del ser humano. Tiene una certificación sobre coach en desarrollo
humano.

Es originaria de la Ciudad de México y lleva 30 años viviendo en Tlaxca­la. Estudió relaciones públicas en la Universidad del Valle de Puebla, pero en aquel tiempo le surgió el deseo de estudiar psicología para entender su propia vida y después entender el mundo. Su formación no ha sido lineal, sus intereses se fueron transformando al pasar del anhelo por convertirse en profesora hasta encontrar su vocación en la palabra que se comparte a los demás.

Muchas mujeres pueden sentirse identi­ficadas con ella, ya que cuando decide di­vorciarse ésta fue una vivencia muy fuerte, con la que descubrió que no tenía la capa­cidad de enfrentarse a algo nuevo y resultó aún más difícil con dos hijas pequeñas em­pezar a sacar adelante todo sola.

Mujer de corazón altruista y de proyec­tos e iniciativa, se siente orgullosa y satisfe­cha de haber fundado el Consejo Nacional de Mujeres Emprendedoras y Profesionistas (CONAMEP); también forma parte del Con­sejo de Organizaciones Civiles en Tlaxcala. Desde hace aproximadamente veintisiete años ha tenido la fortuna de trabajar en el servicio público.

María de los Ángeles Mendoza Artea­ga se considera una mujer empática, una mujer hecha en la sociedad civil, siempre la misma esté donde esté, sin pose, con su vida puesta ahí para la gente. Es un libro abierto y la satisfacción más grande para ella es transmitir confianza y que la gente crea en su persona.

–Cuando era niña ¿qué soñaba ser de grande?

–Soy la mayor de mis hermanos y her­manas; eran como mis alumnos y me en­cantaba jugar a darles clases y también lo hacía con los amiguitos. Yo soñaba con ser maestra, pero no pude entrar a la [Es­cuela] Normal en ese entonces, cuando era la Normal de Maestros en México. Me dediqué a dar cursos pequeñitos a niños desde muy jovencita, luego me dediqué a dar catecismo. Me encantaba que la gente estuviera escuchándome todo el tiempo. Ya de grande, cuando iba a la escuela y asistía a las conferencias que me invitaban conocí la semiología, al doctor Alfonso Ruiz Soto, que es quien fundó esta parte en México y tenía un auditorio lleno de cinco mil perso­nas. Yo dije “¡Quiero ser como él!”. Yo decía: “¡Quiero estar en un escenario, quiero dar conferencias, quiero ser la mejor conferen­cista de todas!”

–Consideras que es tiempo de las mujeres?

–Para mí, en lo personal siempre ha sido el tiempo. Las mujeres no hemos tomado las oportunidades como queremos. Las muje­res no nos reconocemos a sí mismas (sic). El problema de nosotras es que cuando queremos hacer algo no creemos en no­sotras, nos da miedo todo porque también estamos acostumbradas a que alguien nos diga qué hacer, para dónde ir, con quién ir, a qué dedicarnos. Somos muy fáciles de influenciar por la manera emocional en que nos manejamos. Siempre hay influencias en las mujeres y cuando una mujer empieza a creer en sí misma y se olvida de las opinio­nes, empieza de verdad a crecer.

–Y si tenemos ahora, digamos que un poco de condiciones incluso hasta por ley, ¿qué hacer para involucrarlas, para invitarlas, para motivarlas, para inspirarlas?

–Esa parte de “ahora por ley” la paridad en general tanto en política como en la administración pública que tiene que ser 50/50, creo que es un avance de otras mu­jeres valientes, otras mujeres con carácter, otras mujeres con reconocimiento personal

(porque si tú no te reconoces, no vas a esperar que nadie lo haga) que han logrado abrir esa brecha. Ahora creo que nos toca a las demás que vamos atrás, que vamos como camuflajean­do todo, ya nos toca aceptar que te­nemos ese espacio, que no vamos a competir con los hombres, que vamos a lograr algo por nosotras, por toda nuestra experiencia. Es importante que tomemos esos espacios porque los va a tomar alguien más y no son mujeres precisamente.

–Tu cercanía con las mujeres ha sido de manera constante como tú lo has mencionado desde un principio y a mí me gustaría que nos platicaras justa­mente del Consejo Nacional de Muje­res Emprendedoras y profesionistas. ¿Cuál fue el objetivo?

–Cuando se crea CONAMEP es porque me doy cuenta al estar haciendo con­ferencias y pláticas hacia las muje­res violentadas con el tema clásico de todos los DIF estatales: “¡Vamos a sensibilizar y a concientizar a todas las mujeres para que ya no sean vio­lentadas!”. Las mujeres levantaban las manos y tímidamente pedían no hablarles más del tema, planteaban: “¿Quién va a mantener a nuestros hi­jos, si no tenemos experiencia, si no acabamos de estudiar, si nuestros hi­jos son pequeños y no hay quién los cuide?”. Y dije “¡Tienen razón! ¿Qué es lo que quieren?” “Queremos que al­guien nos ayude a salir de esto, a no depender de un hombre porque nos da de comer y un techo y nos puede venir a golpear, nos humilla, nos mal­trata y aparte nos es infiel y tenemos que servirle y aguantarlo y no es por los hijos, es para que le den de comer a mis hijos y para que tengan techo seguro y esa seguridad no se acabe. Queremos generar”.

Se crea CONAMEP para que todas ellas emprendan. Nace a raíz de las necesidades reales de las mujeres que hoy son las mismas, pero más grandes. Se crean los “Foros, Mujer y negocios” de manera privada con conferencias con gente muy talentosa y preparada en temas de emprendimiento, nego­cios, liderazgo, autoestima. Invitába­mos a varias empresas que generaran empleos, dinero y tuvieran todos los elementos necesarios juntos.

–Nos puedes platicar un poco tu ex­periencia laboral, es decir, tú comen­tabas que has estado también en la institución pública, ¿cuál ha sido tu experiencia?

–He trabajado desde hace veintisiete años en el servicio público. En el hoy ex Instituto Electoral. Trabajé en el Con­greso del Estado como subdirectora de Relaciones Públicas en la LVII Le­gislatura. Trabajé en ITAES, en COESPO (Consejo Estatal de Población) como directora general. Trabajé en Puebla en la Dirección de Mercados de la Se­cretaría de Economía. Estuve cuatro meses trabajando en Estados Unidos dando conferencias en empresas par­ticulares sobre liderazgo y ventas. Fui directora de Capacitación en la Comi­sión de Derechos Humanos. En el Poder Judicial de Tlaxcala y también en la Coordinación de Prensa y Relaciones Públicas con el gobernador Álvarez Lima. He trabajado en los tres poderes.

–¿De acuerdo con tu experiencia, qué es lo que falta en las instituciones?

–Falta un exceso (sic) de sensibilidad social, falta una alianza con la gente. “Falta el que realmente no digan lo que van a hacer, sino que lo hagan”. La gente tiene un hartazgo muy fuer­te porque las personas que llegan se olvidan de las personas.

–¿Ha sufrido violencia?

–Desde luego que viví violencia, mal­trato psicológico, violencia familiar; después me salgo de ese círculo. Sí fue una etapa difícil de unos años. Soy una mujer que ha padecido absoluta­mente todas las cosas que todas las mujeres viven; violencia, acoso, dis­criminación, pobreza, falta de trabajo, falta de oportunidades.

–¿Cuáles son tus fortalezas?

–Creo que una de las más grandes es mi seguridad. La seguridad que tengo en hacer las cosas. La confianza que tengo en mí, el amarme, el respetarme, el no permitir que nadie pase por enci­ma de mi dignidad. El respetar a los de­más, los puntos de vista. El ser solidaria con las mujeres, practico la sororidad con las mujeres. Soy empática.

–¿Una debilidad?

–Creo que es mi familia. Mi principal debilidad son mis padres, mis hijas. Para quienes vivo, para quienes quiero ser siempre un buen ejemplo y quiero que ellos vean siempre en mí alguien a quien admirar y reconocer. Creo que la mayor debilidad sería defraudar a mis padres y a mis hijas.

–¿Cuál es tu frase favorita?

–Tengo una frase que me encanta y dice “La ignorancia radica en el des­conocimiento de nosotros mismos”.

–¿Cuál es tu pasatiempo favorito?

–Soy muy adicta (sic) al trabajo, soy muy adicta (sic) a crear proyectos. Me encanta leer, no hay una noche que a lo mejor no lea por lo menos tres páginas por muy cansada que esté. Me encanta leer sobre desarrollo, so­bre semiología. La semiología es una maravilla, es lo que me ha dado ab­solutamente todos los cimientos para el control emocional. Leo mucho sobre inteligencia emocional, a Daniel Gole­man que es el fundador de ese tema; leo todo lo que tiene que ver con las inteligencias, tenemos muchos tipos de inteligencia, pero la más impor­tante es la emocional, “todo lo que tú quieras lograr si no tienes una esta­bilidad emocional, no logras o no lle­gas o nada más intentas”. Puede decir alguien he intentado todo, pero no se debe de intentar, se debe hacer. Hay personas que dicen “estoy dispues­to a empezar de cero”, perdón, pero nunca vamos a empezar de cero. Yo nunca empezaría de cero, empiezo desde ahorita desde mi experiencia, mis fracasos, mis aciertos, mis errores. Empiezo de ahí a escribir otro capítulo cada vez mejor, cada vez más firme, cada vez con más madurez.

–¿Qué estás leyendo ahorita?

–Estoy leyendo mucho sobre política. En este momento leo la historia de las mu­jeres que llegaron a ser líderes y cómo llegaron a controlar un estado, un país.

–¿Qué es lo que te ha sostenido en tus tiempos difíciles?

–Dios; soy una mujer de mucha fe. Tengo mucha fe en Dios, todos los días le agradezco a Dios.

Marisol Fernández Muñoz
Lucero Ivonne Peña Jiménez
Fotografía: Federico Ríos Macías
Melisa Ortega Pérez

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