Maricarmen Susano Pérez – Yo si puedo

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Maricarmen Susano Pérez
Edad: 44 años
Estado civil: casada
Hijos: 3

Mejor conocida como Mary Susano, es originaria del municipio de Hue­yotlipan. Se encontraba estudian­do la licenciatura en derecho, aunque se ha dado de baja temporal debido a que aspi­ra a un cargo de elección popular y sabe que para esto se necesita entrega, trabajo y compromiso. Es fundadora y presidenta de una asociación civil que lleva por nom­bre “Unidas manos y voces para transfor­mar”, creada en 2016. En Hueyotlipan siente que hace falta dar la cara por este lugar para que se desarrolle, se innove y deje de ser un pueblo triste. Esta mujer considera que falta fomentar acciones para que toda una sociedad sea valorada, niños, jóvenes, adultos mayores, personas con capacida­des diferentes, el campesino.

–¿Cuándo era niña qué soñabas ser de grande?

–Soñaba con ser doctora, pero mi papá nos decía: “¡No hay dinero para darles estudio, entonces lo único que yo les puedo heredar es mi apellido y mis consejos!” Y nos inculcó mucho cómo dirigirnos, cómo conducirnos. Él nos inculcó que si en esta vida nos regía­mos con un “Por favor”, un “Con permiso” y un “Gracias”, se nos abrirían muchas puer­tas y creo que sí, porque por eso he llegado hasta donde he llegado.

–¿Viven tus papás?

–No, mi papá ya murió. Nada más vive mi mamá.

–¿Cuántos hermanos tienes?

–Somos seis. Yo soy la segunda; somos cuatro mujeres y dos hombres.

–Platícanos de tu experiencia laboral, ¿dónde has estado?

–Fui directora del DIF hace diez años. Siento que ahí fue donde inició el plus para el ser­vicio hacia la gente. El servicio a la comuni­dad me hizo darme cuenta que el área del DIF es como la parte sensible, humanitaria, solidaria de una administración, porque ahí nos llegaban infinidad de casos de violen­cia, de adultos abandonados, violaciones. Infinidad de casos.

–¿Y después qué hiciste?

–Después me fui para Estados Unidos, soy deportada. Esa sí es una triste historia por­que sufrí la discriminación. Ahí fue donde me nació estudiar derecho; quise conocer nuestros derechos porque el día que a mí me agarraron los de Migración, siento que violentaron mis derechos y que no supe de­fenderme. Me hicieron firmar una declara­ción que nada tenía que ver con lo que yo había hecho, pues me dijeron “¡O la firmas y te vas hoy mismo para tu país o no la fir­mas y te quedas aquí alrededor de medio año detenida!” Firmé, sin saber ni qué firmé. Sentí mucho miedo y a la vez mucho coraje por no saber defenderme y no conocer mis derechos.

–Justamente con lo que nos acabas de decir, ¿crees que es difícil ser mujer?

–No difícil, pero sí es algo complicado. Yo fui educada en una cultura donde nos en­señaron mucho a respetar, pero no nos enseñaron cómo defendernos y, sobre todo, porque aún existen los estereotipos, los tabúes. A estas alturas mucha gente no conoce cuáles son los derechos, no tanto de las mujeres, sino del ser humano. Acá en las comunidades de Hueyotlipan veo que todavía existe mucho el machismo. Hay co­munidades muy rurales, marginadas. Me doy cuenta porque platico con las mujeres y me he encontrado con personas que son todavía violentadas.

–¿Algún otro episodio que usted haya vivido violencia?

–Sí, de niña sufrí violencia a los 11 años. En esta actualidad, [sufro] violencia política porque [por] el hecho de le­vantar la mano para una elección po­pular, he recibido la discriminación, he recibido los términos de los hombres como “Ella qué hace”, “Ella que se re­grese a hacer tortillas” “¿Ella por qué aspira a una elección popular?”. Pero todo eso a mí me fortalece, porque me doy cuenta que soy muy valiente. Me catalogan de ser muy noble, pero no se han dado cuenta, no saben que todo lo que he vivido me ha fortale­cido. Soy lo que soy gracias a todo lo que me ha pasado y quiero transmi­tir eso a las mujeres, que sí podemos salir adelante, que también tenemos derecho.

–Platícanos de la asociación civil “Unidas manos y voces para trans­formar”. ¿Cuándo surge? ¿Por qué surge?

–Surge la inquietud de seguir apo­yando porque cuando fui deportada, dije “¿Y ahora qué hago?”. En mi casa seguían buscándome, llegando solici­tudes a lo que yo me había dedicado de la convicción de servir en el DIF; de ahí nace el crear una asociación que su estatus social es “Unidas manos y voces para transformar” y ayuda a las personas con capacidades dife­rentes. Todo ha sido bajo gestión. Que esas personas que me piden ayuda nunca se vayan con un “No” [como respuesta].

–¿Qué has logrado en estos casi seis años?

–Hemos logrado darnos a conocer. Yo soy del pensar de que (sic) si no hay una solución, hay una alternati­va. He logrado que la gente vea a lo mejor en nosotros una esperanza. Por ejemplo, en una ocasión me llaman y me dicen que necesitan una andade­ra para una señora que se cayó y no tiene las posibilidades. Entonces trato de decirles “Sí”. Veo cómo le hago, to­camos puertas, la gestionamos.

–¿Consideras que es tiempo de mu­jeres?

–Por supuesto. Siento que ya nos lo merecemos porque siempre nos han subestimado, nos han minimizado y, reitero, yo no quiero sentirme superior a los hombres, creo que se ha ma­linterpretado la palabra equidad o igualdad. Todos somos iguales, todos valemos. Claro que es el tiempo de las mujeres, porque nosotras también tenemos ese derecho de levantar la voz, la mano. En la actualidad me doy cuenta de que sí existe mucho apoyo hacia las mujeres, es cosa de que las mujeres sepan o estén informadas.

–¿Tres virtudes tuyas?

–A veces es difícil como mujeres au­toanalizarnos, encontramos más de­fectos que virtudes, pero últimamente gracias a todo lo que me ha estado pasando, sí puedo decir que una virtud es la fortaleza, la confianza, el compromiso, la honestidad, la lealtad. Me encuentro muchas virtudes.

–¿Un defecto?

–¡Que soy muy confiada!. Tiendo a dar la confianza, pero cuando veo que no es valorada nada más la doy una vez, dicen, “No pierde el que la da, sino pierde el que no la supo valorar”.

–¿Qué pasatiempo favorito tienes?

–Me gusta ser muy sociable. Me gusta mucho interactuar con la gente.

–¿Alguna palabra favorita que ten­gas?

–¡Gratitud! Para mí la gratitud es algo muy importante. Recuerdo mu­cho las palabras que mi papá nos inculcó. Trabajábamos desde muy pequeños y mi papá nos decía: “Tie­nen dos manos, trabajen, pero con una tóquense el corazón y con la otra extiendan la mano. La vida da muchas vueltas y algún día ustedes necesitarán y no faltará quien les tienda la mano. En torno al altruis­mo que es a lo que me he dedicado, mi papá me decía: “Hija, este tipo de obras tú hazlas siempre con el co­razón. A veces la vida o la gente lo olvida o no lo agradece, pero quien algún día te lo va a retribuir es el de allá arriba”. Mi padre nos inculcó mucho la fe, creer en Dios.

Marisol Fernández Muñoz
Lucero Ivonne Peña Jiménez
Fotografía: Federico Ríos Macías

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