Mujeres y niñas en la ciencia

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En el mundo hay un claro déficit de mujeres dedicadas a la ciencia. De cada diez personas dedicadas a esta actividad, sólo tres son mujeres. Las variaciones fluctúan de acuerdo con la región, como apunta Margarita Martínez Gómez, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM.

El diagnóstico principal lo ofrece la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco): “las mujeres siguen encontrando obstáculos en el campo de la ciencia: menos del 30% de investigadores científicos en el mundo son mujeres”.

Para contrarrestar esta tendencia, la Unesco ha echado a andar diferentes estrategias y acciones. Una de estas ha sido la implementación del Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, que se conmemora cada 11 de febrero.

Para la Unesco, “la igualdad entre hombres y mujeres es una prioridad global y el apoyo a las jóvenes, su educación y su plena capacidad para hacer oír sus ideas son los motores del desarrollo y la paz”.

De igual manera, considera que para afrontar desafíos como el cambio climático y los “trastornos tecnológicos” —sea lo que sea que entiendan por este concepto—, se requiere de la ciencia y toda la energía necesaria, por lo que “el mundo no puede privarse del potencial, la inteligencia y la creatividad de los miles de mujeres que son víctimas de desigualdades o prejuicios tan arraigados”.

La educación, clave para la ciencia y la tecnología

Para alcanzar la equidad entre mujeres y hombres en las ciencias, la tecnología y la innovación, antes se debe mejorar la instrucción escolar, apunta Martínez Gómez. La investigadora acota que difícilmente se van a despertar vocaciones científicas, si el profesorado carece de los conocimientos y las herramientas para transmitir y generar nuevo conocimiento.

Cada último viernes de mes, Margarita Martínez organiza talleres para niñas, en los que aborda temas relacionados con las ciencias, con apoyo de otros especialistas.

Hasta ahora, los países con adecuados sistemas educativos son los que se mantienen a la vanguardia en cuanto a la formación de investigadores y tecnólogos, con el subsecuente desarrollo de sus sistemas.

Sin llegar a los extremos de modelos como el sudcoreano o el japonés, muy

competitivos, pero también demoledoramente destructivos con los jóvenes estudiantes, se debe encontrar un punto de equilibrio. Y es que ambos países encabezan la lista negra por su alta tasa de suicidios juveniles, de acuerdo con cifras oficiales. Destacar, no quedarse estancado, suele representar una enorme presión para los jóvenes.

¿Qué hacer para alcanzar un punto medio adecuado? La clave pasa por dejar atrás el modelo aspiracionista que nos tiene sometidos en la actualidad. Si bien ya no se puede regresar hasta los tiempos en que se buscaba el conocimiento sólo por el placer de aprender, es necesario evitar la monetización del saber. Y eso sólo se puede lograr en las aulas, con docentes debidamente preparados, con una vocación genuina, que haga de la búsqueda del conocimiento y el cultivo de valores su razón de ser.

Vamos a avanzar muy poco para incluir a más niñas en el ámbito científico, si en las escuelas su profesor o profesora carece de las habilidades y competencias necesarias para alentar la curiosidad, ingrediente principal del que se sirve la ciencia para confeccionar sus menús y de muchas otras actividades y disciplinas, como las humanidades.

En su mensaje a propósito del Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay, asentó que para combatir los prejuicios desde la raíz, ese organismo multilateral “también apoya los sistemas educativos nacionales deconstruyendo los estereotipos de género que a veces se encuentran en ciertos materiales educativos o fortaleciendo la capacidad de los Estados para impartir una educación científica y tecnológica orientada hacia la igualdad”.

Datos duros

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) reporta que en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) hay 10 mil 683 mujeres incorporadas, lo que representa 37 por ciento de los 28 mil 630 integrantes. La cifra es apenas ligeramente superior a los datos manejados por la Unesco a escala global.

De hecho, la línea del Conacyt muestra una clara tendencia ascendente. Un artículo de Angélica Mendieta-Ramírez, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, recoge que al momento de su fundación en 1984, el Sistema Nacional de Investigadores contaba con mil 386 integrantes, incluyendo 283 mujeres, lo que representaba 20.41 por ciento.

Para 2014, es decir, a tres décadas de su institución, el SNI sumaba 21 mil 359 investigadores, con 7 mil 444 mujeres, esto es 34.85 por ciento. Si bien en términos relativos hubo un aumento de poco más de 14 por ciento, la cifra sigue siendo baja y, por lo tanto, insuficiente.

La Unesco refiere que la brecha de género en los sectores de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM) “persiste desde hace años en todo el mundo. A pesar de que la participación de las mujeres en las carreras de grado superior ha aumentado enormemente, estas todavía se encuentran insuficientemente representadas en estos campos”.

La Unesco agrega que entre 2014 y 2016, tres de cada diez mujeres incorporadas a las universidades u otras entidades de educación superior, se deciden por estudiar en algunas de las STEM. La mayor parte opta por humanidades, donde incluso ya son mayoría.

“A nivel mundial, la matrícula de estudiantes femeninas es particularmente baja en tecnología de la información y las comunicaciones (TIC), con un tres por ciento; ciencias naturales, matemáticas y estadísticas, con un cinco por ciento, y en ingeniería, manufactura y construcción, con un ocho por ciento”.

Hasta ahora los esfuerzos han arrojado algunos resultados. El Conacyt destaca que a través de diferentes programas ha beneficiado a 6 mil 769 mujeres en los últimos cinco años. En concreto, cuenta con los siguientes esquemas para alcanzar la equidad de género: Apoyo a Madres Jefas de Familia; Incorporación de Mujeres Indígenas para el Fortalecimiento Regional; Apoyos Complementarios para Mujeres Indígenas Becarias Conacyt; y Estancias posdoctorales para mujeres indígenas Conacyt – IDRC.

Por otra parte, a partir de un estudio efectuado por el Instituto Geena Davis, denominado “Prejuicios de género sin fronteras”, también citado por la Unesco, se evidencia “que la representación en la pantalla de mujeres que trabajan en el campo de las ciencias se limita solo a un doce por ciento. Los prejuicios y los estereotipos de género que se arrastran desde hace mucho tiempo continúan manteniendo a las niñas y mujeres alejadas de los campos relacionados con la ciencia. El mundo dibujado en la pantalla no dista mucho del mundo real”.

La Unesco considera que la diversidad en la investigación “amplía el número de investigadores talentosos, aportando una nueva perspectiva, talento y creatividad”.

Audrey Azoulay agregó que la recomendación sobre la ciencia abierta, en la que trabaja la UNESCO, contribuirá a lograr que el acceso a los estudios científicos sea más abierto e inclusivo. De paso, recordó las palabras del escritor francés Stendhal, quien en su libro Del amor, publicado en 1822, apuntó que “La plena igualdad de las mujeres sería la señal más segura de la civilización y duplicaría las fuerzas intelectuales del género humano”.

La otra mitad de la humanidad no puede quedarse sólo con la tercera parte, o menos, de todo.

Yassir Zárate Méndez

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